CUAVERSOS DE BITÁCORA: Emilio Alzueta
El pasado viernes acudí a la Casa de los Tiros, donde Emilio Alzueta presentaba su poemario “Árbol verde de signos” (Editorial Alhulia, Colección Palabras Mayores, Salobreña, 2010). Acudí sin saber gran cosa de este poeta y me encontré con varias sorpresas. Para empezar, antes del acto, la Cuadra Dorada se llenó de suaves músicas orientales, llenas de intimismo, que tocaba el grupo Al Kauthar, un grupo de música sufí, que el próximo día 30 de mayo actuará en el Zaidín. Eran melodías dulces, lánguidas, como para buscar la interioridad y el encuentro. Había mucho más público del habitual, pero además se notaba algo poco convencional: sus facciones, los elegantísimos mantos que cubrían a las mujeres, el gesto de recogimiento (ojos cerrados, máxima tensión) mientras se recitaban los poemas, todo junto, creaba una la atmósfera que después se aclaró: el libro, de una sensibilidad poética extraordinaria, es el poemario de un sufí y el acto, además de la exposición de una exquisita poesía, era un encuentro de sufíes.
Sabéis de mi descreimiento en materia religiosa, así que me resultó extraño participar en un acto lleno de tintes místicos, pero la incontestable fuerza de la poesía acabó con mis recelos y me dejé envolver por la magia de la palabra. También me dejo llevar por Juan de la Cruz o por Teresa de Ávila, poetas que ya se dejaron llevar, a su vez, por la mística sufí, al decir de la crítica, encabezada por Saíz Rodríguez y Marañón.
Hoy os traigo a estos “cuaversos de bitácora” unos poemas de dicho libro. Sé que leídos en la frialdad de una pantalla, sin el calor ritual del acto de la presentación, os sonarán de una manera más desapasionada de lo que me sonaron a mí, pero cuento con vuestra complicidad para suplir esa desventaja:
FORMAS DE LA LUZ
Crecieron las ramas,
verdearon las hojas,
buscando la luz
del agua celeste.
Se hundió la raíz
más honda en la tierra,
buscando el venero
de la luz oscura.
Se abrieron mis labios
buscando tu cuerpo,
luminosa playa
de mar invisible.
Se cierran los ojos
-¿la noche? ¿la muerte?-
buscando la luz
que alumbra los sueños.
GERMEN DE LUMBRE
Las palabras: semillas
de luz.
Ábrelas.
Escribir: apartar
la cáscara vacía,
el sonido, el sentido,
entrar
en el silencio.
POÉTICA
¿Para qué un poema?
Si quiero responderte,
debo enseñarte antes
a mirar.
VISITACIÓN
Una alondra cruzó
junto al camino.
Nunca estuvo tan cerca
lo celeste.
Aclaro que yo seguiría insertando algunos poemas más, pero autor y editor me autorizaron a insertar tres o cuatro, así que aquí lo dejo, que para muestra es suficiente. Hondura, sutilísima sensibilidad, sencillez… Un clásico recién publicado: hay veces en que la poesía es un arma cargada de venerable pasado.
Alberto Granados


Si alguien siembra luz y un bello cuerpo se ilumina en su desnudez, la cosecha poética está asegurada. Sufi no, sobre.
Miguel, siempre tan nota. Un abra.
Alber
¡Qué ocurrentes sois!
Alberto me ha encantado tu introducción porqué he podido percibir el espíritu de la atmosfera que tan bien te preparó para la lectura de los hermosos poemas que transcribes.
Una alondra cruzó
junto al camino.
Nunca estuvo tan cerca
lo celeste.
Inevitable pensar en la dulce fragilidad de un haiku.
Un petó!
Llego aquí desde el jardín, por casualidad, y me encuentro con que Emilio ha escrito un libro. Una sorpresa, la verdad. Este hombre fue mi profesor de inglés en la EOI. Y el prólogo de Lupiáñez, mi profesor de literatura en 2º de BUP.