Alberto Granados

Archive for the month “febrero, 2011”

El 28 de febrero

Hoy, 28 de febrero, los andaluces celebramos nuestra fiesta autonómica. La fecha elegida tiene mucho de reivindicativo, pues es la misma del día en que la ciudadanía andaluza se pronunció en referéndum sobre la aprobación de la iniciativa autonómica por el artículo 151 de la Constitución, en vez de hacerlo por el 143, más limitado en competencias.

El gobierno de Adolfo Suárez, de UCD, quería otorgar las altas más competencias sólo a las llamadas “comunidades históricas”, es decir, al País Vasco y a Cataluña. Esta extraña situación era debida a que la derecha vio siempre con desagrado el desarrollo del mapa autonómico, acostumbrada a la idea unitaria e imperial de la dictadura, por lo que coló en la Constitución lo que, en términos periodísticos se llamó “doble vía”, la rápida, para las comunidades históricas (las dos mencionadas, que habían llegado a tener Estatuto de Autonomía durante la República) y la vía lenta para las demás, que obtendrían una autonomía más pobre, lenta  y gradual.

(Octavilla de propaganda del “SÍ”, del PCA)

Hubo un verdadero desagrado por parte de los andaluces, que salimos a la calle y fuimos duramente reprimidos. Llegó a darse el caso de que el mismo gobierno que convocaba el referéndum, lo boicoteaba propugnando la abstención (“Andaluz, este no es tu referéndum”, decía el surrealista eslogan institucional de la campaña), caso insólito en la historia de las democracias europeas. El propio Ministro Manuel Clavero Arévalo dimitió de su cargo y abandonó el partido de Suárez por el profundo desacuerdo que suscitó la postura oficial de UCD. Es que a la derecha española de entonces, mucho más dialogante que la de ahora, el mapa autonómico les suponía un auténtico sarpullido en el alma (incluso ahora, Aznar desautoriza el desarrollo competencial de las comunidades autonómicas).

Convocado el referéndum con verdaderas ganas de que fracasara, se preparó una papeleta tan confusa, tan críptica, que parecía estar formulada en sánscrito o cualquier otro idioma desaparecido hace milenios:

“¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo

ciento cincuenta y uno de la Constitución a efectos de la tramitación por el

procedimiento establecido en dicho artículo?”

Sí / No

 

Rafael Alberti se tomó a broma el enunciado de la pregunta y escribió, en su línea más panfletaria, una nueva copla de Juan Panadero burlándose de los planteamientos del referéndum:

 

Las exigencias del 151 eran desmedidas, pues tenía que obtener la mayoría en todas las circunscripciones (las ocho provincias), por lo que se dio un arreglo sacado de la manga, ya que las provincias de Almería y Jaén, se dijo, no habían obtenido la mayoría absoluta de síes, así que la presión popular hizo que hubiera cierta flexibilidad en la interpretación del resultado.

Yo hice de interventor por el PCE en una mesa en Jaén. Por UCD iba un interventor que estaba de Diputado del Congreso y no hacía más que lanzar puyazos “al joven comunista”. Bien que medró él después, con su bufete de en Madrid…

Hoy día, treinta y un  años después, con un segundo Estatuto aprobado (de nuevo con la nefasta intervención entorpecedora de la derecha, que sigue considerando Andalucía como un feudo a recuperar), parece que el desarrollo competencial ha estado ahí siempre, pero no, ni mucho menos, que hubo que defenderlo y la represión costó más de una vida. Como siempre, aclaro que estas puntualizaciones las hago para los olvidadizos, los revisionistas, y los que dicen creer, interesadamente, que las diferencias entre la derecha y la izquierda no existen, que todos son lo mismo. ¡Y un referéndum!

Alberto Granados

Esplendor en la hierba

(Fotograma del filme, tomado de plumasdecaballo punto com)

 

Durante años he sido un cinéfilo empedernido, de esos que no aguantaba más de  tres días sin echarme una película al cuerpo. Creo que la raíz de mi afición venía de aquellas matinées infantiles en el cine Imperio de mi pueblo (que ahora que lo pienso, el nombre de la destartalada sala era todo un síntoma) o en los tres cines de verano, que establecían una feroz competencia. Era el tiempo de quedar con los amigos para vernos en el cine, al que íbamos casi a diario. Después he pasado al extremo opuesto y me cuesta trabajo arrancar para ir a una sala, no tengo paciencia para aguantar dos horas pendiente de una trama y mi afición se ha desvanecido, lamentablemente. De hecho compro y compro DVDs que después no encuentro el  momento de ver…

(Fotograma tomado de espacio punto sktb3000 punto net)

 

Durante mi adolescencia, en aquellos lejanísimos sesenta, afloraron películas admirables que marcaron verdaderos hitos en la historia del cine. Fue una época en que las grandes productoras competían entre ellas haciendo vistosísimas producciones llenas de masas de extras, con un metraje larguísimo y con el sagrado principio del star system como motor del proceso: inolvidables son “La hija de Ryan”, “Lejos del mundanal ruido”, “Los girasoles”, “Doctor Zhivago”, “El mayor espectáculo del mundo”.

Hace unos días, en casa salió una conversación sobre el poema que una bellísima Natalie Wood recitaba en clase en aquel melodrama tan lleno de ternura que Elia Kazan dirigió en 1961: “Esplendor en la hierba”. Es una de la estancias que forman la oda “Intimations and inmortality”, de William Wordworsth. Dice así:

(Fotograma tomado de tanpersonal punto com) 

 

 

 

“Aunque nada pueda hacer volver la hora
del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos, pues encontraremos
fuerza en el recuerdo,
en aquella primera simpatía
que habiendo sido una vez, habrá de ser por siempre,
en los consoladores pensamientos que brotaron
del humano sufrimiento
y en la fe que mira a través de la muerte,
Gracias al corazón humano, por el cual vivimos,
gracias a su ternuras, a sus alegrías, y a sus temores,
la flor más humilde, al florecer, puede inspirarme
ideas que, a menudo, se muestran
demasiado profundas para las lágrimas”

 

Lo leía en clase una Deanie Loomis (Natalie Wood) frágil, insegura, aterrorizada por tener que hacerle frente a la vida y al amor que siente por Bud Stamper (Warren Beatty), llena de zozobra y de ternura, que estaba a punto de perderlo todo por la fragilidad de su espíritu, por su incipiente neurosis, que le hará pasar su juventud en un manicomio, para terminar, en la última secuencia con una sonrisa de aceptación de lo fatal.

He visto esta película muchas veces y sigue emocionándome aunque ya han pasado cincuenta años. Será que se trata de un clásico inmortal, como ese esplendor en la hierba que el recuerdo mantiene vivo.

Alberto Granados

CUAVERSOS DE BITÁCORA: Por la libertad

Que estos cuaversos de bitácora sirvan, al menos, para conjurar los golpes de estado, la injusticia, la violencia, la explotación, la desigualdad y otras lindezas que hemos sido capaces de ir creando para destruirnos.

PARA LA LIBERTAD (Miguel Hernández)

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad, siento más corazones
que arenas en mi pecho dan espuma a mis venas;
y entro en los hospitales, y entro en los algodones,
como en las azucenas.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada,
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño,
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida;
porque soy como el árbol talado que retoño:
aún tengo la vida.

(Imagen tomada de la web alfonsomerlos punto com)

ROMANCE DEL PRISIONERO (Anónimo)

Que por mayo, era por mayo
cuando hace la calor
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor
cuando los enamorados
van a servir al amor
sino yo triste y cuitado
que vivo en esta prisión
que ni sé cuando es día
ni cuando las noches son
sino por una avecilla
que me cantaba al albor
matómela un ballestero
dele Dios mal galardón

RESOLUCIÓN (Jaime Gil de Biedma)

Resolución de ser feliz

por encima de todo, contra todos

y contra mí, de nuevo

-por encima de todo, ser feliz-

vuelvo a tomar esa resolución.

Pero más que el propósito de enmienda

dura el dolor del corazón.

(René Magrit, “Los amantes”, 1928)

DECIDME COMO ES UN ÁRBOL (Marcos Ana)

Decidme como es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire
recítame un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre
decidme como es el beso de una mujer
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo
Aún las noches se perfuman de enamorados
que tiemblan de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa?
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa
22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas
su olor, su aroma
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.
Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron,
no puedo seguir
escucho los pasos del funcionario.

Que estos cuaversos de bitácora sirvan, al menos, para saber lo que vale la libertad, la importancia de no perderla.

Alberto Granados

El golpe, treinta años después

El pasado domingo, el suplemento Domingo de El País ofrecía un amplio reportaje sobre los treinta años de aquel 23F en que se produjo el intento de golpe protagonizado por Tejero. Llevo todo este tiempo recordando aquella noche. Llevo todo este tiempo queriendo saber qué fue realmente lo que pasó, qué pasó con el hombre del maletín y qué contenía este, quiénes estaban en la trama civil, cuántos golpes de estado se estaban preparando (parece ser que había varios), quién estaba destinado a ocupar la cúspide del nuevo poder (militar, por supuesto) y, sobre todo, por qué desistió en el último momento…

 

 

 

(Porada de El País del 24 de febrero: supuso mucho para todos)

 

 

 

 

(Una poética visión de Peridis)

 

 

 

Son muchas interrogantes, tal vez demasiadas y me figuro que no viviré lo suficiente para saber las respuestas, aunque el hijo de Tejero decía que cuando su padre lo deseara, se pondría en contacto con la prensa. ¿Qué tendrá que decir el viejo militar? ¿Qué habrá pensado cuando se haya visto miles de veces zarandeando a Gutiérrez Mellado, protagonizando una de las escenas más ominosas de nuestra reciente historia? ¿Qué habrá pasado por la cabeza de las decenas de guardias civiles que participaron en el asalto al Congreso? ¿Tendrán una sensación de alivio al considerar la que les hubiera podido caer o, por el contrario, sentirán profundamente el fracaso de su aventura?

 

 

 

(El panel correspondiente al golpe)

 

 

 

 

(Teléfonos y transistores de los de aquella larga noche. Y la cámara de

Barriopedro, cuyo carrete guardó en su ropa interior)

 

 

(Cabeceras de la prensa del día siguiente.

Fotografías mías de la exposición “Tiempo de Transición”)

 

 

 

Y por encima de todas las preguntas, ¿cómo estaríamos hoy si el golpe hubiera triunfado? ¿En qué habría quedado aquella Constitución recién nacida que defendió tan valientemente El País?¿Qué habría pasado con Santiago Carillo, Felipe González, Suárez y los políticos significativos de entonces? ¿Hasta dónde habría avanzado el régimen de libertades de que gozamos? ¿Cómo seríamos en la actualidad?

Creo que España seguiría siendo un país atrasado, teocrático, censurado y autoritario. No existirían leyes como la del divorcio o el aborto y el mapa autonómico sería una mera descentralización administrativa, de carácter logístico más que político. La cultura seguiría coartada y sujeta a auténticas trabas, la derecha estaría aún más crecida que la actual, con la creencia absoluta de ser unos elegidos en los que lo natural es el poder… Cierro los ojos y me vuelven imágenes que mi memoria mantiene indelebles.

Ayer mismo, el periodista Martínez Soler enlazó en su blog un artículo mío y nos descalificaron llamándonos a ambos “ultraizquierda pijaprogre nostalgica” (sic), y eso que ambos hablábamos en nuestras correspondientes entradas de un suceso de 1966, que si llegamos a hacerlo sobre el Presidente Rodríguez Zapatero, habría que ver en lo que queda la cosa…

Hay veces que creo que el tejerazo nos sacudió las conciencias a las dos Españas y radicalizó más que nunca la conciencia política, las ganas de enfrentamiento tan largamente cultivadas por el franquismo, el cainismo grabado a sangre y fuego en nuestra esencia española. Hay veces que me entra el miedo: en (muchas) ocasiones, veo fascistas.

Alberto Granados

Pánico en Europa

Lo que hoy entendemos por Occidente es un conjunto político basado en los elementos culturales que Europa ha ido forjando desde sus remotos orígenes. Conceptos como democracia, monarquía, república, religión católica o protestantismo, parlamentarismo, constitución… son los pilares del pensamiento occidental, que fue asentándose durante siglos con el sentimiento de que este era el mejor de los mundos posibles, un ámbito cultural incuestionable y poderoso, al que se tendrían que plegar los demás ámbitos ideológicos y culturales: países asiáticos y el mundo árabe, fundamentalmente.

Mientras nuestra vieja Europa se afanaba en esquilmar a las colonias, tanto en población y cultura autóctonas, como en el aspecto económico, no tuvo la preocupación de aculturar definitivamente a ciertos países, a años luz de nosotros en desarrollo y cultura en la época de la ocupación colonial: aquellas poblaciones servían para prepararles el té a los milords y miladys británicos, a acompañar al hombre blanco en las cacerías africanas y, sobre todo, servían de mano de obra barata, a veces esclavizada (la excelente novela “El sueño del celta”, de Mario Vargas Llosa, se ocupa de mostrar inquietantes similitudes entre el África congoleña y la América amazónica en esa constante que es la despiadada explotación del ser humano a cargo del hombre refinado, europeo y accionista de una compañía comercial).

(Mapa del imperialismo del XIX, tomado del blog  

annalesdehistoria en blogspot)

 

Los europeos se cargaron las culturas autóctonas argumentando sus modelos llenos de barbarie, pero instauraron una barbarie aún mayor y, sobre todo, muy rentable. Para ello, convenía mantener en su atraso a las poblaciones indígenas, fomentar en esos pueblos un sentimiento de inferioridad, de ser siervos de los señores coloniales, representados por las grandes compañías, voraces en su desmedido afán de riqueza. Dejaron a los indígenas en un sincretismo religioso-cultural, que no llegó  a ser suficiente.

Cuando, a lo largo del siglo XX, todo el montaje colonial se ha venido abajo, los nuevos estados han descubierto la magnitud de su miseria, la imposible recuperación de su inmensa deuda externa, la llamada de su propia cultura, en otras épocas pisoteada por el colonizador… Y ahora claman por su riqueza perdida, por sus desdibujadas señas de identidad, por su propia esencia, pisoteada durante tres, cuatro o cinco centurias.

(Bin Laden, en una imagen tomada de la web curiosidades punto org)

 

En estas coordenadas surge un mecanismo de ultra-afirmación cultural que, en casos extremos ha servido, para que aparezcan elementos tales como el terrorismo islamista radical, los nacionalismos extremos (estoy pensando en el caos de la antigua Yugoeslavia), unas corrientes migratorias exigiendo un futuro que se les ha esquilmado y una sensación de inseguridad que dejan a Europa en una perpleja falta de respuestas.

Pienso que si durante los siglos XVI al XIX se les hubiera dado alas a estos ámbitos geopolíticos y se le hubiera tratado como a iguales, estos pueblos no arrastrarían la insalvable miseria económica ni las ganas de revancha histórica. Habrían tenido acceso a sus propios recursos, se sentirían iguales y no verían en los países europeos una tabla de salvación, pues habrían llegado a unas cotas razonables de desarrollo económico. Tampoco habrían aparecido los condicionantes teocráticos asociados a la política, de manera que no habría que temerles a estas realidades.

Hoy día occidente duerme intranquilo y con un ojo abierto: vigilando los avances de los estados teocráticos y sus yihads y los núcleos terroristas, los flujos migratorios, la pérdida irrecuperable de autoridad y prestigio. Hoy Europa siente pánico: sabe que el final de su hegemonía ideológica y cultural está cerca…

Alberto Granados

Jam session

El “Diccionario del Jazz” (Philippe CARLES, André CLERGEAT y Jean Louis COMOLLI, Anaya & Mario Muchnik, Madrid, 1995) define el término jam session como “reunión de músicos que no trabajaban habitualmente juntos y que, sin líder, programa definido, ni partituras, improvisaban a partir de temas o estructuras armónicas conocidas por todos”.

Los autores continúan enumerando características de una jam session, que resumo:

Un cierto parentesco o afinidad estilística y conceptual.

Está constituida por una sucesión de solos, inicialmente del mismo instrumento predefinido, lo que genera un desfile de variantes, estilos y un innegable grado de competitividad, de desafío y deseo de ganar un combate musical imaginario.

La sucesión de estos riffs se sostiene con un fondo musical del resto del conjunto, en una concepción tomada de los conciertos de música clásica en que un solista contrasta con una mínima parte de la orquesta para después hacerlo con todo el conjunto.

Imagen tomada de allposters punto es: una jam session con músicos

tales como Duke Ellington, Dizzy Gillespie o Mezz Mezzrow

 

En su origen, las jam sessions tenían lugar después del horario oficial del club y sólo era una manera de medirse y contrastarse con otros músicos. Después, comprobada su vistosidad, pasaron al propio espectáculo y actualmente no hay actuación de jazz en que cada miembro del grupo no haga su particular riff, en una sucesión vagamente comparable al espíritu competitivo e improvisador de sus orígenes, aunque muy agradable para el espectador, que prodiga sucesivamente sus aplausos al pianista, saxo, trompeta, bajista o batería.

Hoy os dejo una jam sesión en que los trompetistas Sean Jones y Marcus Printup hacen diabluras durante el Festival de Jazz de Vitoria en 2006.

Buen fin de semana.

Alberto Granados

Imágenes de Granada. 2. Monasterio de San Jerónimo

Lamentablemente, el monasterio de San Jerónimo ha ocupado estos días espacio en los medios, no por su belleza, sino por la noticia de su deterioro: derrumbes y humedades que amenazan la belleza del monumento.

Os copio del volumen 5 de “Granada en tus manos”, que lleva por título “Centro Histórico (II)” y que firman Ricardo Anguita Cantero, José P. Cruz Cabrera y José Manuel Gómez-Moreno Calera (Diario Ideal, Granada, 2006). Los autores mencionan que el monasterio fue fundado por los Reyes Católicos en reconocimiento al monje jerónimo fray Hernando de Talavera, que cristianizó la ciudad. Más adelante, los autores dicen: “Desde los siglos XVI al XVIII su crecimiento espiritual y arquitectónico le llevan a configurarse como uno de los monasterios más notables de la ciudad, contando con varios patios y corrales, cuadras, bodegas, hospedería y gozando de grandes posesiones rústicas, consiguiendo al mismo tiempo convertirse en uno de los polos de crecimiento urbano más significativos y aristocráticos de la Granada moderna. Con la llegada del convulso s. XIX las cosas cambiaron radicalmente. Primero fue saqueado por las tropas francesas, la tumba del patrocinador profanada, sus banderas y objetos robados y las piedras del campanario utilizadas para hacer el Puente Verde (bien que se sospecha recientemente que se encontraba bastante maltrecho). Pero más perdió en la Desamortización de Mendizábal y las revueltas sociales decimonónicas, ya que pasó a ser cuartel militar; parte de sus patios, corrales y huertas fueron segregados  y vendidos y su tesoro artístico quedó muy mermado…”. Hablan después del incendio que destruyó su techumbre en 1926 y de la vuelta a su uso monacal con las religiosas del extinguido monasterio de santa Paula (hoy día un lujoso hotel), que son quienes lo habitan actualmente.

Hay que decir que el entorno, las calles de San Juan de Dios y San Jerónimo, fundamentalmente, constituyen un denso conjunto de palacetes en lo que se llamó el barrio de la Duquesa, donde se encuentran casas ilustres hoy ocupadas por el Registro de la Propiedad, el Conservatorio de Música, el Colegio de Notarios… o la monumental pieza que constituye el Hospital de San Juan de Dios.

Renuncio a dar datos técnicos de los elementos arquitectónicos del monumento (sería una mera copia de alguna fuente autorizada), que podéis ver en este enlace, para pasar a insertar las imágenes, que es el objetivo de este post.

(Dos vistas generales, desde la estación de Renfe y desde las

inmediaciones de la Biblioteca de Andalucía)

 

 

 

(Fachada lateral)

 

 

 

(Distintos aspectos de la portada de la iglesia)

 

 

(Distintas vistas de la iglesia)

 

 

(El claustro)

 

 

 

(El refectorio)

Es obvio que no conozco la parte destinada a clausura, pero el conjunto es verdaderamente espectacular. Esperemos que se pueda actuar a tiempo y la iglesia y el monasterio se salven del deterioro.

Alberto Granados

CUAVERSOS DE BITÁCORA: Manuel Altolaguirre

El pasado sábado, el diario Público entregó, dentro de su colección “Voces Críticas”, el libro de Manuel Altolaguirre “El caballo Griego”, una especie de memorias. Sólo he tenido tiempo de darle un vistazo, lo que me ha llevado a revisar su poesía. Hoy os traigo tres de sus poemas. Empiezo por una que leí cuando tenía quince años o poco más, y desde entonces me acompaña: Playa.

 

 

 

 

(Joaquín Sorolla: Barcas varadas en la playa de Valencia, 1909)

 

 

PLAYA

A Federico García Lorca

Las barcas de dos en dos,
como sandalias del viento
puestas a secar al sol.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

Sobre la arena tendido
como despojo del mar
se encuentra un niño dormido.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

Y más allá, pescadores
tirando de las maromas
amarillas y salobres.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.

 

 

 

 

 

LAS CARICIAS

¡Qué música del tacto
las caricias contigo!
¡Qué acordes tan profundos!
¡Qué escalas de ternuras,
de durezas, de goces!
Nuestro amor silencioso
y oscuro nos eleva
a las eternas noches
que separan altísimas
los astros más distantes.
¡Qué música del tacto
las caricias contigo!

 

 

 

(Imagen tomada de: literarte punto wikispaces punto com)

 

 

 

FIN DE UN AMOR

No sé si es que cumplió ya su destino,
si alcanzó perfección o si acabado
este amor a su límite ha llegado
sin dar un paso más en su camino.

Aún le miro subir, de donde vino,
a la alta cumbre donde ha terminado
su penosa ascensión. Tal ha quedado
estático un amor tan peregrino.

No me resigno a dar la despedida
a tan altivo y firme sentimiento
que tanto impulso y luz diera a mi vida.

No es culminación lo que lamento.
Su culminar no causa la partida,
la causará, tal vez, su acabamiento.

 

 

 

Las barcas de dos en dos y los poemas de tres en tres, como tiene que ser en un miércoles de cuaversos.

 

 

Alberto Granados

Elogio del vino

Hoy os ofrezco en mi particular Antología de textos el elogio del vino que hace la vieja Celestina al comienzo del noveno acto de la célebre Tragicomedia de Calixto y Melibea, de Fernando de Rojas. Sempronio y Pármeno acuden a la casa de la vieja alcahueta, donde los esperan sus prometidas Elicia y Areúsa. La anciana los invita a comer:

CELESTINA.- ¡Muchachas, muchachas! ¡Bobas! Andad acá abajo, ¡presto, presto!, que están aquí dos hombres que me quieren forzar.

ELICIA.- ¡Mas nunca acá vinieran! ¡Y mucho convidar con tiempo, que ha tres horas que está aquí mi prima! Este perezoso de Sempronio habrá sido causa de la tardanza, que no ha ojos por do verme.

SEMPRONIO.- Calla, mi señora, mi vida, mis amores, que quien a otro sirve no es libre. Así que sujeción me releva de culpa. No hayamos enojo, asentémonos a comer.

ELICIA.- ¡Así, para asentar a comer, muy diligente! ¡A mesa puesta con tus manos lavadas y poca vergüenza!

SEMPRONIO.- Después reñiremos; comamos ahora. Asiéntate, madre Celestina, tú primero.

 

 

 

CELESTINA.- Asentaos vosotros, mis hijos, que harto lugar hay para todos, a Dios gracias. Tanto nos diesen del paraíso cuando allá vamos. Poneos en orden, cada uno cabe la suya; yo, que estoy sola, pondré cabe mí este jarro y taza, que no es más mi vida de cuanto con ello hablo. Después que me fui haciendo vieja, no sé mejor oficio a la mesa que escanciar, porque quien la miel trata siempre se le pega de ella. Pues de noche, en invierno, no hay tal escalentador de cama. Que con dos jarrillos de éstos que beba, cuando me quiero acostar, no siento frío en toda la noche. De esto aforro todos mis vestidos cuando viene la Navidad; esto me calienta la sangre; esto me sostiene contino en un ser; esto me hace andar siempre alegre; esto me para fresca; de esto vea yo sobrado en casa, que nunca temeré el mal año, que un cortezón de pan ratonado me basta para tres días. Esto quita la tristeza del corazón más que el oro ni el coral; esto da esfuerzo al mozo y al viejo fuerza; pone color al descolorido; coraje al cobarde; al flojo diligencia; conforta los celebros; saca el frío del estómago; quita el hedor del anhélito; hace potentes los fríos; hace sufrir los afanes de las labranzas; a los cansados segadores hace sudar toda agua mala; sana el romadizo y las muelas; sostiene sin heder en la mar, lo cual no hace el agua. Más propiedades te diría de ello que todos tenéis cabellos. Así que no sé quién no se goce en mentarlo. No tiene sino una tacha, que lo bueno vale caro y lo malo hace daño. Así que, con lo que sana el hígado, enferma la bolsa. Pero todavía con mi fatiga busco lo mejor para eso poco que bebo, una sola docena de veces a cada comida. No me harán pasar de allí salvo si no soy convidada como ahora.

PÁRMENO.- Madre, pues tres veces dicen que es bueno y honesto todos los que escribieron. CELESTINA.- Hijo, estará corrupta la letra, por «trece», «tres».

Fernando de Rojas, “La Celestina” (1499)

Todo una genialidad, un parlamento que siempre me pareció realista, cínico y sublime: un canto al placer y la sensualidad que trataba de ser un manifiesto por la vida, por el abandono de la tenebrosa y triste Edad Media. Estoy preparando el texto, hoy domingo, a la hora de comer y delante tengo una copa de rioja. Estoy de acuerdo. ¡A tu salud, vieja y sabia Celestina!

Alberto Granados

NOTA: Hace casi cuatro años, escribí esta reinterpretación de la vida amatoria de la pareja protagonista:  http://blogs.ideal.es/rigolettobloguero/2007/7/24/eterna-melibea

Piropos

La palabra piropo tiene la raíz griega “pyros” (= fuego), de ahí que se entienda como una fogosa expresión de admiración por la belleza (normalmente de una mujer), en cuyo caso estaríamos muy cerca del género epigramático, cuando no de una soez exhibición de pretencioso poder masculino, en cuyo caso estamos ante un claro acoso de componente genérico, de falocracia imperante, aunque nadie ha tratado nunca de corregir esta práctica, ni de descodificar su sentido misógino.

Las artes plásticas se han ocupado del piropo, así que he buscado estas imágenes, bastante expresivas, sobre dicha conducta.

Las dos primeras imágenes son de Ricardo Baroja (1871-1953), el hermano del escritor:

“El café” o “La cupletista y los chulos”, de Ricardo Baroja

 

 

“El piropo”

(Ambas imágenes tomadas del sitio fcom.us.es)

Otro piropo, este del fotógrafo mejicano Nacho López:

(Imagen tomada del blog antoncastro en blogia)

Una fotógrafa americana, Ruth Orkin, fotografió  este piropo en su imagen “American girl in Italy” (1951). De esta foto se ocupó Pablo Alcázar en su blog Espacio aéreo, hace sólo unos días.

(Imagen tomada de lamandarina punto turegano punto net)

 

 

 

Otro piropo, pero este cambia de medio: un piropo marinero (si hay salves marineras, ¿por qué no puede haber piropos en alta mar?). Foto de Fulvio Roitier.

(Imagen tomada del blog antoncastro en blogia)

O estos otros piropos:

(Imágenes tomadas del blog mijatovic5 en wordpress)

 

(“El piropo” de Catalá Roca)

 

 

(Miserachs, 1960. Imágenes tomadas de blog portalalmanzora en blogspot)

 

 

Una última perla, sacada del blog Colombianadas:

 

 

 

De todas estas incendiarias manifestaciones de deseo, me quedo con la de un albañil en el Jaén de los setenta, que, a punto de caerse del andamio desde una altura considerable, le gritaba desaforadamente a una chica que pasaba por la calle.

-¡Loli Mari!, ¡Loli Mari! ¿Te llevo el culo hasta esa esquina?

Eso se llama gracejo cañí. Lo que sí parece un factor común en todas las imágenes es el ademán de cortejo, un gesto único sobre el que los etólogos y antropólogos deberían pronunciarse. También los primatólogos, quizás.

Vosotras opináis, señoras. ¿Agasajo o falta de respeto? ¿Se agradece o molesta? ¿Epigrama o agresión? Vuestro es el veredicto.

 

Alberto Granados

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