Deslealtad
Trato de ponerme en su piel, en su cerebro, incluso en su secretísimo kit personal de ambiciones (me parece perfectamente válido ser ambicioso, en política como en cualquier otro campo de la vida). Trato de entenderla, de calcular qué extraño mecanismo la ha llevado a dar los extraños pasos que ha dado. Lo intento pero no lo consigo.
Por las fotos del diario Ideal, no porque me suenen los apellidos, sé que apenas la conozco, pero que he asistido a un par de reuniones junto a ella… Allí, los asistentes hemos manejado planteamientos, estrategias, idearios del partido. Hemos hablado de líneas de actuación de cara a la campaña de las municipales. Nos hemos abierto de capa pensando siempre que estábamos entre compañeros, entre correligionarios, y que eso era un compromiso, un vínculo invisible, pero fuerte como una cadena de acero irrompible. Vínculo que ella ha traicionado sin el más mínimo escrúpulo.
Cuando vi las listas de la candidatura municipal del PP el pasado lunes, no até el cabo, pues los apellidos no me decían nada, pero el periódico online avanzó por la noche la noticia. El titular decía: “Del PSOE, a la candidatura que encabeza el popular José Torres Hurtado”, que venía acompañada por un “la candidata número 15 del PP capitalino, fue militante socialista hasta hace un par de semanas” e incorporaba la foto por la que la identifiqué. Sencillamente, me sentí dolido. Me pareció una jugada sucia, desleal, desvergonzada. Una traición y una falta de escrúpulos pocas veces vistas en esta ciudad, que da para mucho ver. Supongo que mi ex-compañera ha recibido una oferta (me pregunto si la ha propiciado ella misma) más tentadora en el PP que en el PSOE, y que la ha aceptado, operándose en su conciencia política un vertiginoso cambio que la lleva de socialista hasta el día 15, a candidata con el PP el 28: 13 días para consolidar un cambio ideológico de tamaño calado.
Anoche en Facebook lo comentábamos: el cambio dice mucho de la consistencia ética de la chica, de la confianza que pueda generar… en una ciudad como Granada, provinciana y chismosa, donde va a quedar marcada en todos los campos. Yo tengo muy claro que, en política, si no te sientes bien en un partido en el que has ingresado por voluntad propia, te vas a tu casa y se acabó. Nunca entenderé eso de marcharse de uno para ingresar en otro, salvo si se supone un desvergonzado oportunismo. Mucho menos, si ese partido al que se va, es el antagonista de aquel del que se viene. Eso me resulta totalmente inaceptable por falso, venal, artificioso e irreal: no se puede ser hoy socialista y mañana popular. Los comentarios online de la noticia también hablan de otro “desplazamiento” sindical desde CCOO a otro sindicato, en que actuaba como liberada. También los blogs de Chirino y de Pablo se ocupan de ella.
Encima de todo, hoy el diario habla de que en la Asamblea del pasado diciembre pidió turno y pidió al candidato socialista, Paco Cuenca, que ayudara a la ciudad a acabar con Pepe Torres (el alcalde en cuyas listas aparece ahora). No la recuerdo, pero en las asambleas, suelo salirme de cuando en cuando por evitar el tedio que me producen los excesos verbales.
Tengo que preguntarme por el lumbreras que aceptó a esta mujer en las listas municipales del PP. Señalan a Sebastián Pérez, al que se le ha colado este difícil gol, que habla de sus capacidades, pero eso, a fin de cuentas, es cosa de ellos. A mí lo que me duele es el engaño.
Esta mujer ha cometido un gravísimo error y se ha suicidado políticamente. Intento ser benévolo con su ligereza, no hacer más leña del árbol caído, pero es que me siento traicionado. Una ciudad como Granada no le va a perdonar que nos haya tomado el pelo. Yo tampoco.
Alberto Granados