Alberto Granados

Archive for the month “febrero, 2012”

Un hombre en la ciudad

Al grupo de la web de AMM, muy especialmente a Maties y José Carlos.

Hace unos meses recomendé en la web de Antonio Muñoz Molina un fado de Carlos do Carmo. Maties, uno de los comentaristas habituales, muy entendido en música, me dio la razón al alabar la calidad de dicha pieza. Hace pocos días me decía que me agradecía el descubrimiento de esa música, de la que yo soy un devoto oyente.

Os traigo hoy dicho fado, perteneciente a un álbum de 1995 “Um homem na cidade”. El texto es del poeta portugués José Carlos Ary dos Santos y la música corre a cargo de José Luis Tinoco.

Agarro a madrugada

como se fosse uma criança,

uma roseira entrelaçada,

uma videira de esperança.

Tal qual o corpo da cidade

que manhã cedo ensaia a dança

de quem, por força da vontade,

de trabalhar nunca se cansa.

 

Me aferro a la madrugada

como si fuese una criatura, 

un rosal entrelazado, 

una parra de esperanza. 

Igual que el cuerpo de la ciudad, 

que por la mañana temprano ensaya la danza

de quien, por fuerza de voluntad,

de trabajar nunca se cansa.

  Carlos do Carmo, imagen tomada del blog de wordpress festivalvimus

Vou pela rua desta lua

que no meu Tejo acendo cedo,

vou por Lisboa, maré nua

que desagua no Rossio.

 

Voy por la calle de esta luna

que en mi Tajo enciendo temprano;

voy por Lisboa, marea desnuda

que desemboca en el Rossio.

 

Eu sou o homem na cidade

que manhã cedo acorda e canta,

e, por amar a liberdade,

com a cidade se levanta.

 

Yo soy un hombre en la ciudad

que por la mañana temprano se levanta y canta

y, por amar la libertad,

con la ciudad se levanta.

 

Vou pela estrada deslumbrada

da lua cheia de Lisboa

até que a lua apaixonada

cresce na vela da canoa.

 

Voy por la calle deslumbrada 

de la luna llena de Lisboa

hasta que la luna apasionada

crece en la vela de la canoa.

 

 

 Madrugada en Lisboa. Imagen tomada de Concha Huerta (conchahuerta.com)

Sou a gaivota que derrota

tudo o mau tempo no mar alto.

Eu sou o homem que transporta

a maré povo em sobressalto.

E quando agarro a madrugada,

colho a manhã como uma flor

à beira mágoa desfolhada,

um malmequer azul na cor.

 

Soy la gaviota que derrota

todo el mal tiempo en alta mar.

Soy el hombre que transporta 

la marea pueblo en sobresalto.

Y cuando me aferro a la madrugada

cojo la mañana como una flor 

deshojada en la niebla triste,

una margarita azul en el corazón.

 

 O malmequer da liberdade

que bem me quer como ninguém,

o malmequer desta cidade

que me quer bem, que me quer bem.

 

La margarita azul de la libertad

que me quiere bien, como nadie,

la margarita de esta ciudad

que me quiere bien, que me quiere bien…

 

Nas minhas mãos a madrugada

abriu a flor de Abril também,

a flor sem medo perfumada

com o aroma que o mar tem,

flor de Lisboa bem amada

que mal me quis, que me quer bem.

 

En mis manos, la madrugada

abrió la flor de abril también 

la flor sin miedo perfumada 

con el aroma que tiene el mar,

flor de Lisboa bien amada 

que me quiso mal, me quiere bien.

Al traducir el poema de Ary dos Santos se pierde un juego de palabras presente en buena parte del texto portugués: la margarita (malmequer/bem me quer, o sea: mal me quiere / me quiere bien) y su contraste con la idea de que la ciudad lo ama y le ofrece sus madrugadas.

El fado viene de la raíz latina “fatum” (es decir, hado, sino, destino) y tiene siempre algo de atormentado o fatal. Yo, sin verle la alegría de unas bulerías, le veo un sentido de plenitud absoluta. Debe ser que soy “un penas”.

Alberto Granados

Cuaversos de bitácora. El amor: sentimiento, pasión, literatura…

En la megafonía de la librería Nueva Gala sonaba ayer “Las flechas del amor”, de Karina (aunque hubiera podido oírse una sonata, una apasionada aria operística, toda una sinfonía doliente o cualquier otra balada de música ligera). Una clienta, el librero y yo hicimos comentarios y bromas. La señora dijo que su hijo adolescente no cree en el amor, que ya ha tenido experiencias y no se lo cree. Ginés asegura que ya encontrará la horma de su zapato. Yo me imagino al chico dentro de veinte años. Puede ser un hombre feliz o desgraciado, un padre de familia convencional o alguien destrozado por una “malquerencia”, un frívolo picaflor, un marido ejemplar… De lo que sí estoy seguro es de que, si es emocionalmente normal, no permanecerá indiferente a ese extraño impulso que lleva ocupando tantas horas en el espíritu del ser humano, generándole tantas satisfacciones junto a tanto sufrimiento y reflejándose en la creación artística de miles de formas.

Nadie es insensible a los dardos del diosecillo caprichoso que levanta pasiones torrenciales. Los poetas (¡ay, los poetas!) han tocado el tema miles de veces. Hoy os traigo dos poemas amorosos que me gustan mucho.

En primer lugar, Nicolás Guillén nos trae una visión de la pasión amorosa, ese impulso que nos hace sentirnos como piedras de horno:

Andrés Himsalam, “Pasión” (2008)

PIEDRA DE HORNO

La tarde abandonada gime deshecha en lluvia.
Del cielo caen recuerdos y entran por la ventana.
Duros suspiros rotos, quimeras lastimadas.
Lentamente va viniendo tu cuerpo.
Llegan tus manos en su órbita
de aguardiente de caña;
tus pies de lento azúcar quemados por la danza,
y tus muslos, tenazas del espasmo,
y tu boca, sustancia
comestible y tu cintura
de abierto caramelo.
Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios;
de pronto entran tus ojos traicionados;
tu piel tendida, preparada
para la siesta:
tu olor a selva repentina; tu garganta
gritando –no sé, me lo imagino-, gimiendo
-no sé, me lo figuro-, quemándose- no sé, supongo,creo;
tu garganta profunda
retorciendo palabras prohibidas.
Un río de promesas
desciende de tu pelo,
se demora en tus senos,
cuaja al fin en un charco de melaza en tu vientre,
viola tu carne firme de nocturno secreto.
Carbón ardiente y piedra de horno
en esta tarde fría de lluvia y de silencio.

(Nicolás Guillén)

El segundo poema es de Miguel Hernández y ya ha aparecido aquí:

René Magite, “Los amantes”

SONETO FINAL

Por desplumar arcángeles glaciales,
la nevada lilial de esbeltos dientes
es condenada al llanto de las fuentes
y al desconsuelo de los manantiales.

Por difundir su alma en los metales,
por dar el fuego al hierro sus orientes,
al dolor de los yunques inclementes
lo arrastran los herreros torrenciales.

Al doloroso trato de la espina,
al fatal desaliento de la rosa
y a la acción corrosiva de la muerte

arrojado me veo, y tanta ruina
no es por otra desgracia ni otra cosa
que por quererte y sólo por quererte.

(Miguel Hernández)

Vuelvo a pensar en el chico de la señora que compraba libros. Lo veo en un futuro lleno de zozobras amorosas y de los momentos de felicidad. Es lo hermoso: esa ambigua dualidad que conlleva el sentimiento amoroso. Quien lo probó lo sabe.

Alberto Granados

Imágenes de Granada. 14: Las paredes hablan

Las paredes de Granada son todo un mundo de historia, pero también de mensajes, de proclamas, de humor y de sabiduría,  de rabia e incuria, de tal modo que hace falta alguien que aborde esta poco estudiada disciplina.

En primer lugar están las placas del callejero, que siempre tienen un sólido fundamento histórico o costumbrista y a veces una anécdota curiosa. Las placas del callejero granadino son siempre de cerámica de Fajalauza y llevan la imagen de una granada coronada sobre el nombre de la calle. Me encantan algunos de esos nombres del callejero, que listó, clasificó y comentó Julio Belza en su libro “Las Calles de Granada” (Granada, Editorial Comares, 1997).

Los hay que designan un elemento urbano o un accidente: “Aire”, “Pilar Seco”, “Pie de la Torre”, “Aljibe del Gato”, “Muladar de Doña Sancha” o “Aljibe de la Vieja”. En otros casos, el origen es meramente costumbrista: “Cuesta de las Arremangadas” (tan empinada que obligaba a las mujeres a “arremangarse” las faldas para poder subirla), “Cuesta de las Cabras”, “Hornillo de los Vagos”, “Placeta del Mentidero”, “Placeta de las Estrellas” o “Convalecencia”.

Otras placas designan calles en las que hubo un huerto, un árbol, un cauce de agua, una iglesia o algún otro elemento ya desaparecido: “Moral Alta” (idónea para días de ánimos bajos), “Clavel”, “Gallo” (en realidad, se llamó siempre Gallo del Viento y hace referencia a una veleta de un palacio árabe hoy desaparecido), “La Tiña” (por el Hospital de la Tiña que aún resiste en pie en sus cercanías), “Calle del Agua” o “Jazmín”. Otras veces, la calle hace referencia a antiguas actividades gremiales: “Placeta de las Yeserías”, “Pernaleros”, “Tundidores”, “Tinajilla”, “Tinte”,  “Alpargateros”, “Horno de Marina”…

En otras ocasiones, las placas hacen referencia a situaciones anecdóticas o legendarias: especial mención merece el llamado “Paseo de los Tristes”, que tras tan romántico nombre esconde el hecho de que era el camino obligado para llegar al cementerio de San José, detrás de la Alhambra. O el “Callejón del Beso”, que hace referencia a una extendida leyenda.

Estas placas  y sus curiosos y sugerentes nombres hacen pensar en una forma de vida ya olvidada, en una arcadia definitivamente perdida y, por eso mismo, idealizada, como si fuera cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor (Les Luthiers aseguran que fue simplemente anterior).

A veces, las paredes chillan a través de las pintadas, que son  auténticos gritos que expresan rebeldía, reivindicaciones, aforismos, simple estupidez (ya está bien de pintadas estúpidas en fachadas nobles) o gracejo. También abundan las pintadas de contenido soez, injurioso o chusco: me las ahorro, que este blog siempre ha sido serio. No voy a olvidar a las preciosistas pinturas del arte urbano, que tienen en El Niño de las Pinturas un auténtico genio creativo. Haría falta ya que se diferencien estas obras de arte efímero de las firmas de grafiteros que, sin ningún valor artístico, manchan la ciudad hasta límites inimaginables.

La pintada que recojo a continuación no tendría nada de particular si no fuera que la fotografié el pasado 21 de diciembre, es decir, al día siguiente de la toma de posesión de don Mariano como Presidente del Gobierno. Todo un record de velocidad:

A veces, los azulejos de cerámica local o la placa conmemorativa hacen un callado homenaje a alguna figura de la vida pública granadina: las casa natales o vitales, las plazas dedicadas, los reconocimientos…

La poesía también cabe en nuestras paredes, pues Granada siempre fue una ciudad volcada en la poesía, desde el romancero fronterizo o nombres como los de García Lorca  hasta las dos tendencias poéticas más importantes de la actualidad, surgidas precisamente en nuestra ciudad (las poesías de la diferencia y de la experiencia). Nuestras paredes también reflejan ese gusto por la poesía.

Granada, tan indolente y pasiva, tan resignadamente callada en muchas cosas, está llena de mensajes y gritos en sus paredes. Tal vez eso signifique algo que yo vengo sospechando desde hace tiempo: que somos pura contradicción, lo cual es la demostración palpable de que estamos vivos.

Alberto Granados

NOTA: Todas las imágenes utilizadas han sido fotografiadas enlas calles de Granada, excepto la del Martinete de Nochebuena, que está en el interior de la Peña flamenca “La Platería”.

Muybridge y sus ensayos de “movimiento” fotográfico

 

A Javier Berasaluce

El nacimiento del cine nos descubrió que la acumulación de veinticuatro imágenes por segundo producía una falsa percepción del movimiento. Los psicólogos de lo sensorial habían hablado ya de inercia óptica o persistencia retiniana (las imágenes no se borran inmediatamente de nuestra retina, por lo que una rápida sucesión de imágenes estáticas puede producir sensación de movimiento). Es el fundamento del propio cinematógrafo y de algunos viejos juguetes y pasatiempos ópticos: plenakistiscopio, fenatisquiscopio, fantascopo, zóotropo, estroboscopio… que al hacer girar una serie de imágenes a gran velocidad simulaban objetos moviéndose.

Disco de un fenakistoscopio “La pareja bailando el vals”. Imagen tomada de Encore Editions.

En el campo de esa llamada cronofotografía, destacan los trabajos del fotógrafo inglés Edward Muybridge (más conocido por Eadweard Muybridge desde que se asentó en los Estados Unidos a mediados del XIX). Recibió el encargo de investigar sobre una polémica surgida entre dos ricos aficionados a las carreras de caballos: cuando el caballo va a todo galope, ¿existe un momento en que las cuatro patas están en el aire a la vez? Tan insustancial discusión y un buen montón de dinero le permitieron realizar su experimento conocido como “el caballo en movimiento”: instaló una serie de cámaras a lo largo del recorrido de un caballo. Previamente, había inventado un mecanismo para abrir los obturadores en el momento del paso del caballo: éste iba rompiendo unos delgados alambres atravesados en la pista y con ello, haciendo la fotografía. Quedó claro que existe un momento en que las cuatro patas del equino están en el aire, pero sobre todo, quedó abierta la puerta a la experimentación con la fotografía y a la cámara lenta del futuro cine.

Muybridge: Disco para fenotoscopio con las fotos del experimento del caballo

El galope de Daisy

Más adelante, Muybridge descompuso el movimiento en imágenes curiosísimas. He aquí algunos de sus trabajos.

Niña trayendo un ramo a una mujer (1884-85)

Animal locomotion 1887

Eadweard Muybridge: Título y fecha desconocidos

Mujer cubriéndose los hombros con un pañuelo

Dar la vuelta sorprendida y echar a correr 1884

Dos hombres batiéndose

 Montando a caballo

Mujer echando un cubo de agua a otra mujer 1884-85

Dejo para el final la que me parece más interesante: un chica bajando una escalera. Creo que consigue un efecto sorprendente.

Eadweard Muybridge (1830-1904) Mujer bajando una escalera

Estamos en los tiempos en que un ordenador y unas cámaras complejísimas pueden obtener cualquier resultado fotográfico, pero los pioneros me parecen mucho más interesantes, por eso os traigo estas relajantes imágenes esta mañana de sábado.

Alberto Granados

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