Alberto Granados

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CUAVERSOS DE BITÁCORA: CABALLERO BONALD

Durante el pasado mes de mayo, ha tenido lugar en  Granada la VII edición del  Festival Internacional de Poesía, al que ha vendió, entre otros muchos autores, el flamante premio de poesía García Lorca, José Manuel Caballero Bonald.

Confieso que siempre me ha atraído más el Caballero Bonald novelista que el poeta, especialmente desde que un amigo que hacía la tesis doctoral sobre su narrativa me fue introduciendo en el complicado universo novelístico del jerezano. Hoy he sacado mi vieja antología del grupo de los 50, la que preparó García Hortelano en editorial Taurus en 1978. De ahí proceden estos poemas.

MI PROPIA PROFECÍA ES MI MEMORIA

 

Vuelvo a la habitación donde estoy solo

cada noche, almacén de los días

caídos ya en su espejo irreparable.

Allí, entre testimonios maniatados,

yace inmóvil mi vida, sus tributos

de tornadizo empeño.

La madera,

el temblor de la lámpara, el cristal

visionario, los frágiles

oficios de los muebles, guardan

entre sus rudimentos el continuo

reflujo de los años, la espesura

carnal de la memoria, toda

la confluencia simultánea

de olvidos y deseos que me asedian.

 

Mundo recuperable, lo vivido

se congrega impregnando las paredes

donde de nuevo nace lo caduco.

Reconstruidas ráfagas de historia

juntan los desperfectos del amor.

(Oh habitación a oscuras, súbitamente diáfana

bajo el fanal del tiempo imprecatorio).

 

Suenan rastros de luz por dentro

de la noche. Estoy solo y mis manos

ya denegadas, ya ofrecidas,

tocan papeles (este amor, aquel

sueño), olvidadas siluetas, vaticinios

frustrados.

     Allí mi vida a golpes

la memoria me horada cada día.

 

Imagen ya de mi exterminio,

se realiza de nuevo cuanto ha muerto.

Mi propia profecía es mi memoria:

mi esperanza de ser lo que ya he sido.

 

 

 

 (Imagen de viktorgomez.blogspot)

TODO, NADA ESTÁ ESCRITO

 

Quise buscar palabras, gritos

en estado de alerta, la materia

prima del sueño.

                   ¿Adónde ir,

llamar? Quemar mi historia,

¿en qué papel?

                 Todo está lleno

de luz: nada está escrito.

 

Quise contar los días

malgastados, restablecer

lo venidero en la espesura

febril de lo vivido. ¿Cómo

poder buscarme, merecerme,

a mi sueño un alfabeto

puro?

         Nada se salva

de las sombras: todo está escrito.

 

Mi palabra no es mía, vive

nutriéndose, manchándose

de ajena vanidad. El tiempo

es quien lleva mi mano,

quien conduce las aguas

remotas que me asedian. Estandarte

de todo lo que escribo, van

los años guiándome, perdiéndome

por los puentes del sueño.

                              ¿Qué

soy yo: furia callada

contra la fortaleza del vacío,

violado espejo en cuya niebla

bebe la boca de la fe? Libre,

jamás lo fui. Tiempo, costumbre,

horaria soledad, estáis aquí

escribiendo lo que yo no sabría.

 

 

 

 

DEL DIARIO DE KAFKA

 

Si ahora de pronto optase

por no escribir (o no pudiera) y diera

el día por perdido, posponiendo

para quién sabe cuándo, y además

qué importa, la metódica

copia de mi agresividad

contra mí mismo, ¿pensaría

como Kafka (conocido empleado

de seguros) que esa dudosa obligación

no cumplida, se me iba a convertir

de alguna burocrática manera

en la razón de una desdicha irreparable?

 

 

Releer estos poemas parece rejuvenecerme o al menos me devuelve al momento de su primera lectura hace ya más de treinta años. En cualquier caso, el jerezano merece estos humildes cuaversos.

Alberto Granados

Poesía en Granada

El pasado sábado, cuando tomé el 4 para ira al Parque de las Ciencias, me encontré que el autobús estaba empapelado de poesía. Agarrado a una de las barras, leí un poema de Derek Walkott, aunque no recuerdo el título. En total, había seis poemas pegados a las ventanillas, con el texto hacia dentro, por lo que cada uno de ellos será leído, aunque sea de forma distraída, por cientos de usuarios. Por unos días, las líneas de autobús granadinas son líneas que llevan, inadvertidamente, a diversas paradas de la poesía. Es una hermosa idea, aunque no sé evaluar los efectos culturales de dicha iniciativa. Creo que, cuando menos, la poesía dejará de ser estos días un reducto excluyente para gente “selecta” y se convertirá en algo próximo al madrugón, a la prisa, al retraso y el malhumor cotidianos, es decir, a la vida misma. Es el VII Festival Internacional de Poesía, que está teniendo lugar en Granada entre los días 10 y 15 de mayo, que contará con la presencia de un gran número de poetas de medio mundo, entre ellos dos Premios Nobel: Derek Walkott (premiado en el 92) y Herta Müller, la nobel de 2009. El programa es absolutamente tentador.

 

Para ir abriendo boca, os traigo un poema Derek Walkott (no he conseguido ningún texto de Herta Müller). Si alguno de vosotros tiene más textos, siempre podéis insertarlos como comentario.

 

MAÑANA, MAÑANA, de Derek Walcott

Recuerdo las ciudades que nunca he visto

 exactamente. Venecia con sus venas de plata, Leningrado

con sus minaretes de toffee retorcido. París. Pronto

los impresionistas obtendrán sol de las sombras.

¡Oh! y las callejas de Hyderabad como una cobra desenroscándose.

 Haber amado un horizonte es insularidad;

ciega la visión, limita la experiencia.

El espíritu es voluntarioso, pero la mente es sucia.

La carne se consume a sí misma bajo sábanas espolvoreadas de migas,

ampliando el Weltanschauung con revistas.

 Hay un mundo al otro lado de la puerta, pero qué inquietante resulta

encontrarse junto al propio equipaje en un escalón frío cuando el alba

tiñe de rosa los ladrillos, y antes de tener ocasión de lamentarlo,

 llega el taxi haciendo sonar una vez la bocina,

deslizándose hasta la acera como un coche fúnebre y subimos.

(De vivir-poesia.com)

 Alberto Granados

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