CUAVERSOS DE BITÁCORA: CABALLERO BONALD
Durante el pasado mes de mayo, ha tenido lugar en Granada la VII edición del Festival Internacional de Poesía, al que ha vendió, entre otros muchos autores, el flamante premio de poesía García Lorca, José Manuel Caballero Bonald.
Confieso que siempre me ha atraído más el Caballero Bonald novelista que el poeta, especialmente desde que un amigo que hacía la tesis doctoral sobre su narrativa me fue introduciendo en el complicado universo novelístico del jerezano. Hoy he sacado mi vieja antología del grupo de los 50, la que preparó García Hortelano en editorial Taurus en 1978. De ahí proceden estos poemas.
MI PROPIA PROFECÍA ES MI MEMORIA
Vuelvo a la habitación donde estoy solo
cada noche, almacén de los días
caídos ya en su espejo irreparable.
Allí, entre testimonios maniatados,
yace inmóvil mi vida, sus tributos
de tornadizo empeño.
La madera,
el temblor de la lámpara, el cristal
visionario, los frágiles
oficios de los muebles, guardan
entre sus rudimentos el continuo
reflujo de los años, la espesura
carnal de la memoria, toda
la confluencia simultánea
de olvidos y deseos que me asedian.
Mundo recuperable, lo vivido
se congrega impregnando las paredes
donde de nuevo nace lo caduco.
Reconstruidas ráfagas de historia
juntan los desperfectos del amor.
(Oh habitación a oscuras, súbitamente diáfana
bajo el fanal del tiempo imprecatorio).
Suenan rastros de luz por dentro
de la noche. Estoy solo y mis manos
ya denegadas, ya ofrecidas,
tocan papeles (este amor, aquel
sueño), olvidadas siluetas, vaticinios
frustrados.
Allí mi vida a golpes
la memoria me horada cada día.
Imagen ya de mi exterminio,
se realiza de nuevo cuanto ha muerto.
Mi propia profecía es mi memoria:
mi esperanza de ser lo que ya he sido.
(Imagen de viktorgomez.blogspot)
TODO, NADA ESTÁ ESCRITO
Quise buscar palabras, gritos
en estado de alerta, la materia
prima del sueño.
¿Adónde ir,
llamar? Quemar mi historia,
¿en qué papel?
Todo está lleno
de luz: nada está escrito.
Quise contar los días
malgastados, restablecer
lo venidero en la espesura
febril de lo vivido. ¿Cómo
poder buscarme, merecerme,
a mi sueño un alfabeto
puro?
Nada se salva
de las sombras: todo está escrito.
Mi palabra no es mía, vive
nutriéndose, manchándose
de ajena vanidad. El tiempo
es quien lleva mi mano,
quien conduce las aguas
remotas que me asedian. Estandarte
de todo lo que escribo, van
los años guiándome, perdiéndome
por los puentes del sueño.
¿Qué
soy yo: furia callada
contra la fortaleza del vacío,
violado espejo en cuya niebla
bebe la boca de la fe? Libre,
jamás lo fui. Tiempo, costumbre,
horaria soledad, estáis aquí
escribiendo lo que yo no sabría.
DEL DIARIO DE KAFKA
Si ahora de pronto optase
por no escribir (o no pudiera) y diera
el día por perdido, posponiendo
para quién sabe cuándo, y además
qué importa, la metódica
copia de mi agresividad
contra mí mismo, ¿pensaría
como Kafka (conocido empleado
de seguros) que esa dudosa obligación
no cumplida, se me iba a convertir
de alguna burocrática manera
en la razón de una desdicha irreparable?
Releer estos poemas parece rejuvenecerme o al menos me devuelve al momento de su primera lectura hace ya más de treinta años. En cualquier caso, el jerezano merece estos humildes cuaversos.
Alberto Granados


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