El golpe, treinta años después
El pasado domingo, el suplemento Domingo de El País ofrecía un amplio reportaje sobre los treinta años de aquel 23F en que se produjo el intento de golpe protagonizado por Tejero. Llevo todo este tiempo recordando aquella noche. Llevo todo este tiempo queriendo saber qué fue realmente lo que pasó, qué pasó con el hombre del maletín y qué contenía este, quiénes estaban en la trama civil, cuántos golpes de estado se estaban preparando (parece ser que había varios), quién estaba destinado a ocupar la cúspide del nuevo poder (militar, por supuesto) y, sobre todo, por qué desistió en el último momento…
(Porada de El País del 24 de febrero: supuso mucho para todos)
(Una poética visión de Peridis)
Son muchas interrogantes, tal vez demasiadas y me figuro que no viviré lo suficiente para saber las respuestas, aunque el hijo de Tejero decía que cuando su padre lo deseara, se pondría en contacto con la prensa. ¿Qué tendrá que decir el viejo militar? ¿Qué habrá pensado cuando se haya visto miles de veces zarandeando a Gutiérrez Mellado, protagonizando una de las escenas más ominosas de nuestra reciente historia? ¿Qué habrá pasado por la cabeza de las decenas de guardias civiles que participaron en el asalto al Congreso? ¿Tendrán una sensación de alivio al considerar la que les hubiera podido caer o, por el contrario, sentirán profundamente el fracaso de su aventura?
(El panel correspondiente al golpe)
(Teléfonos y transistores de los de aquella larga noche. Y la cámara de
Barriopedro, cuyo carrete guardó en su ropa interior)
(Cabeceras de la prensa del día siguiente.
Fotografías mías de la exposición “Tiempo de Transición”)
Y por encima de todas las preguntas, ¿cómo estaríamos hoy si el golpe hubiera triunfado? ¿En qué habría quedado aquella Constitución recién nacida que defendió tan valientemente El País?¿Qué habría pasado con Santiago Carillo, Felipe González, Suárez y los políticos significativos de entonces? ¿Hasta dónde habría avanzado el régimen de libertades de que gozamos? ¿Cómo seríamos en la actualidad?
Creo que España seguiría siendo un país atrasado, teocrático, censurado y autoritario. No existirían leyes como la del divorcio o el aborto y el mapa autonómico sería una mera descentralización administrativa, de carácter logístico más que político. La cultura seguiría coartada y sujeta a auténticas trabas, la derecha estaría aún más crecida que la actual, con la creencia absoluta de ser unos elegidos en los que lo natural es el poder… Cierro los ojos y me vuelven imágenes que mi memoria mantiene indelebles.
Ayer mismo, el periodista Martínez Soler enlazó en su blog un artículo mío y nos descalificaron llamándonos a ambos “ultraizquierda pijaprogre nostalgica” (sic), y eso que ambos hablábamos en nuestras correspondientes entradas de un suceso de 1966, que si llegamos a hacerlo sobre el Presidente Rodríguez Zapatero, habría que ver en lo que queda la cosa…
Hay veces que creo que el tejerazo nos sacudió las conciencias a las dos Españas y radicalizó más que nunca la conciencia política, las ganas de enfrentamiento tan largamente cultivadas por el franquismo, el cainismo grabado a sangre y fuego en nuestra esencia española. Hay veces que me entra el miedo: en (muchas) ocasiones, veo fascistas.
Alberto Granados










