Alberto Granados

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El golpe, treinta años después

El pasado domingo, el suplemento Domingo de El País ofrecía un amplio reportaje sobre los treinta años de aquel 23F en que se produjo el intento de golpe protagonizado por Tejero. Llevo todo este tiempo recordando aquella noche. Llevo todo este tiempo queriendo saber qué fue realmente lo que pasó, qué pasó con el hombre del maletín y qué contenía este, quiénes estaban en la trama civil, cuántos golpes de estado se estaban preparando (parece ser que había varios), quién estaba destinado a ocupar la cúspide del nuevo poder (militar, por supuesto) y, sobre todo, por qué desistió en el último momento…

 

 

 

(Porada de El País del 24 de febrero: supuso mucho para todos)

 

 

 

 

(Una poética visión de Peridis)

 

 

 

Son muchas interrogantes, tal vez demasiadas y me figuro que no viviré lo suficiente para saber las respuestas, aunque el hijo de Tejero decía que cuando su padre lo deseara, se pondría en contacto con la prensa. ¿Qué tendrá que decir el viejo militar? ¿Qué habrá pensado cuando se haya visto miles de veces zarandeando a Gutiérrez Mellado, protagonizando una de las escenas más ominosas de nuestra reciente historia? ¿Qué habrá pasado por la cabeza de las decenas de guardias civiles que participaron en el asalto al Congreso? ¿Tendrán una sensación de alivio al considerar la que les hubiera podido caer o, por el contrario, sentirán profundamente el fracaso de su aventura?

 

 

 

(El panel correspondiente al golpe)

 

 

 

 

(Teléfonos y transistores de los de aquella larga noche. Y la cámara de

Barriopedro, cuyo carrete guardó en su ropa interior)

 

 

(Cabeceras de la prensa del día siguiente.

Fotografías mías de la exposición “Tiempo de Transición”)

 

 

 

Y por encima de todas las preguntas, ¿cómo estaríamos hoy si el golpe hubiera triunfado? ¿En qué habría quedado aquella Constitución recién nacida que defendió tan valientemente El País?¿Qué habría pasado con Santiago Carillo, Felipe González, Suárez y los políticos significativos de entonces? ¿Hasta dónde habría avanzado el régimen de libertades de que gozamos? ¿Cómo seríamos en la actualidad?

Creo que España seguiría siendo un país atrasado, teocrático, censurado y autoritario. No existirían leyes como la del divorcio o el aborto y el mapa autonómico sería una mera descentralización administrativa, de carácter logístico más que político. La cultura seguiría coartada y sujeta a auténticas trabas, la derecha estaría aún más crecida que la actual, con la creencia absoluta de ser unos elegidos en los que lo natural es el poder… Cierro los ojos y me vuelven imágenes que mi memoria mantiene indelebles.

Ayer mismo, el periodista Martínez Soler enlazó en su blog un artículo mío y nos descalificaron llamándonos a ambos “ultraizquierda pijaprogre nostalgica” (sic), y eso que ambos hablábamos en nuestras correspondientes entradas de un suceso de 1966, que si llegamos a hacerlo sobre el Presidente Rodríguez Zapatero, habría que ver en lo que queda la cosa…

Hay veces que creo que el tejerazo nos sacudió las conciencias a las dos Españas y radicalizó más que nunca la conciencia política, las ganas de enfrentamiento tan largamente cultivadas por el franquismo, el cainismo grabado a sangre y fuego en nuestra esencia española. Hay veces que me entra el miedo: en (muchas) ocasiones, veo fascistas.

Alberto Granados

Baeza

El 20 de febrero de 1966, un grupo de intelectuales intentó hacer un homenaje a Antonio Machado en Baeza. Unos meses antes, habían formado una comisión para madurar el evento y organizarlo con el sigilo que la situación política exigía. Habían cursado cartas en secreto, habían escrito discursos, poemas, se habían preparado grabados y hasta un busto del poeta, realizado por el escultor Pablo Serrano. La comisión estaba  integrada, entre otros, por el propio, Pablo Serrano, Ángel Hernández Jiménez, Aurora de Albornoz, José Manuel Caballero Bonald, Fernando Ramón, Valeriano Bozal y el fiscal Jesús Vicente Chamorro. Mi profesor de literatura del colegio del Sacromonte (no recuerdo en nombre, pero sí el mote: “el Palanca”) también asistió y fue mi primera referencia de los hechos.

(El País, lunes 11 de abril de 1983)

 

Según este hombre, muchos filólogos, muchos universitarios y muchísimos admiradores de Machado habían ido a Baeza, bien temprano, para el homenaje, pero a medida que se iban acercando, se fueron alarmando por la cantidad de controles de la Guardia Civil. Mucha gente ya estaba en Baeza, pero a ellos no les permitieron continuar. Alguien protestó, hubo malos modos y se lió. Los de Baeza, lo contaban mucho tiempo después diciendo “Hubo más palos que en la aceituna”. Más de un intelectual salió de la noble ciudad por entre los olivos, con los zapatos, el traje y la corbata hechos jirones y la clarísima conciencia de lo que era una dictadura. 

En 1983, concretamente el 10 de abril (o sea, pasado mañana hará exactamente 27 años), con una democracia recientemente estrenada,  la misma comisión consiguió llevar a cabo el homenaje. Había tales ganas de recobrar tanta libertad perdida, que la gente acudió masivamente. Esta vez, el busto de Pablo Serrano ya estaba instalado en el paseo que da al valle del Guadalquivir, por donde tantas veces paseara don Antonio, y el fiscal Chamorro, mucho más viejo y más sabio, leyó un emotivo discurso. Asistieron Alberti y Paco Rabal, que leyeron textos muy emotivos.

El evento cobró una intensidad inusual: sólo dos años antes, los golpistas de Tejero estuvieron a punto de silenciar de nuevo la recién conquistada democracia, apenas seis meses antes, el PSOE había ganado las elecciones… Se percibía un importante cambio social, así que la gente vio en el acto de Baeza una oportunidad de defender la libertad, de ahí que nos reuniéramos toda una multitud.  Obviamente, yo fui a Baeza, me emocioné con el acto y tomé unas fotos que hoy os ofrezco, ya desvaídas por el tiempo y por la escasa calidad de mi cámara de entonces. No pude acercarme más, pues la gente lo ocupaba todo, así que al fiscal, a Alberti o a  Paco Rabal, casi no se les ve.

 

 

 (Varios aspectos del acto)

 

 

 

 

Tras los discursos, hubo un paseo hasta el busto, y después hasta el Instituto donde enseñó el poeta, hoy convertido en sede de la Universidad de Verano de Andalucía.

 (En el claustro de su instituto)

 

 

 

 

 (El busto de Machado, obra dePablo Serrano)

 

 

 

 

Veintisiete años después, cuando muchos de los que entran a este blog creen que siempre ha existido el actual régimen de libertades, quiero traer el recuerdo de ambos homenajes, el frustrado y el que presencié en el 83. Para los escépticos y los revisionistas del franquismo, para los que censuran a los políticos (yo siempre he dicho aquí que prefiero una democracia, aunque funcione mal, que una dictadura, aunque funcione bien), para los dubitativos y desafectos. Para que no se pierda la memoria.

Alberto Granados

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