Alberto Granados

Archive for the tag “Revolución de los claveles”

Abril 74

Abril está resultando un mes muy reivindicativo, muy militante: el mes del último parte de guerra, el mes de la República, el mes en que he colgado mi artículo sobre Mariana de Pìneda, el mes en que he leído el pequeño libro “Indignaos” (hablaré aquí sobre este asunto: amenazo), el mes de la Revolución de los Claveles… Parece que no vamos a guardar las ganas de lucha hasta pasado el Día de la Cruz, pero es que el calendario trae esas cosas.

Hoy os traigo al recuerdo la revoluçao dos cravos, de la que os hablé hace un año. Para evitar repeticiones, lo hago con una canción: la que Lluis Llach compuso sobre la lucha, entonces inaplazable como ahora.

(Soñemos, nos dice Llach en esta imagen del blog fernandolucini en blogspot)

La canción dice así:

Companys, si sabeu on dorm la lluna blanca,
digueu-li que la vull
però no puc anar a estimar-la,
que encara hi ha combat.

Companys, si coneixeu el cau de la sirena,
allà enmig de la mar,
jo l’aniria a veure,
però encara hi ha combat.

I si un trist atzar m’atura i caic a terra,
porteu tots els meus cants
i un ram de flors vermelles
a qui tant he estimat,
si guanyem el combat.

Companys, si enyoreu les primaveres lliures,
amb vosaltres vull anar,
que per poder-les viure
jo me n’he fet soldat.

I si un trist atzar m’atura i caic a terra,
porteu tots els meus cants
i un ram de flors vermelles
a qui tant he estimat,
quan guanyem el combat.

Compañeros, si sabéis donde duerme la luna blanca
decidle que la quiero
pero que no puedo acercarme a amarla
porque aún hay combate.

Compañeros, si conocéis el canto de la sirena
allá en medio del mar,
yo me acercaría a buscarla
pero aún hay combate.

Y si un triste azar me detiene y doy en tierra
llevad todos mis cantos
y un ramo de flores rojas
a quien tanto he amado.

Compañeros, si buscáis las primaveras libres
con vosotros quiero ir
que para poder vivirlas
me hice soldado.

Y si un triste azar me detiene y doy en tierra
llevad todos mis cantos
y un ramo de flores rojas
a quien tanto he amado.
Cuando ganemos el combate.

 

(Portada del disco de aquel concierto mítico: Enero de 1976, en el Nou Camp)

Viendo cómo está España, cómo se lleva al juez Garzón al banquillo, cómo se enseñorea la extrema derecha, cómo el mundo de las finanzas se carga las conquistas sociales y le sale gratis… Viendo cómo todo invita al pesimismo, comparto la reflexión de Llach: aún hay combate.

Alberto Granados

Claveles de abril

Nosotros nos guardábamos de los idus de marzo, y de la “gristapo” (aquellos grises de la Policía Nacional), y de la Secreta (yo siempre les parecía a mis compañeros de carrera el poli infiltrado) y del TOP (el terrible Tribunal de Orden Público, al que se refirió el otro día Jiménez Villarejo, al valorar a algunos miembros de CGPJ). Nos parecía que el régimen tenía que caer algún día, pues ya era algo obsoleto e insostenible, aunque era aún muy peligroso. Cuando hablábamos de la larguísima duración, siempre salía la referencia portuguesa: el Estado Novo de Oliveira Salazar llevaba desde 1926 en el poder y, aunque nuestro vecino nos era tan desconocido como medio mundo censurado, siempre andábamos en comparaciones.

(Tomado de kalipedia.com)

 

Por eso nos chocó y admiró tanto, que aquel 25 de abril de 1974, los claveles se impusieran a la sinrazón. Fue uno de los motivos épicos de mi generación, un icono como el Guernica, la foto del Che o los retratos de distintos tonos de Marilyn Monroe hechos por Warhol. La clásica foto de los fusiles terminados en un clavel, dio la vuelta al mundo y se nos quedó cara de ser los últimos de nuestro contexto europeo. De hecho, cuando nos cruzábamos por los pasillos del entonces colegio universitario de Jaén, cantábamos con aire de complicidad. “Nos quedamos solos…”. Ya éramos, en efecto, la última dictadura del occidente europeo y mirábamos maravillados, como los niños en el circo, el milagro de un ejército que, en vez de amenazarnos con un golpe de estado, era apoyado por el pueblo en una revolución. Claveles y fusiles, pueblo y ejército, unidos contra Marcelo Caetano, el siniestro sucesor de Salazar.

 (Tomado de calimeradas)

 

 

Apenas pasada la medianoche del 25 de abril, Radio RenascenÇa emitió la señal pactada por los militares que preparaban el golpe: “Grándola, vila morena”, un tema musical de José Afonso, prohibido por el régimen. Las tropas salieron a la calle y el pueblo, se unió a ellos. El salazarismo cayó casi sin víctimas (se habló de cuatro muertos) y Portugal asombró al mundo entero y nos dejó con unas ansias de democracia definitivamente imparables.

La melodía que acompañó a la revolución “dos cravos” pasó a ser un tesoro, que se copiaba de casette en casette con los tristes medios de entonces: “Grandola, villa morena /terrra de fraternidade…” nos cantaba José Afonso, con voz de párroco dirigiéndose a sus catecúmenos, al tiempo que aquí soñábamos con tener coche (aquellos Seat 121), algo de dinero, viajes (“el extranjero”, enunciado así, ya era una paraíso soñado más que un territorio donde emigrar), ligues (se intuía que el sexo ya era posible)… y algo de libertad. Fue el aroma que aquellos claveles de abril dejaron en nuestro país.

Portugal vivió un período convulso, con dos o tres intentonas golpistas, y estuvo a punto de la guerra civil, pero en un par de años se votó una nueva constitución democrática y se sacudió la tutela de los militares que habían propiciado el golpe, entrando en una envidiable normalidad, mientras que aquí sólo se podía hablar de  “asociacionismo político”, un sucedáneo de los partidos, que –hay que recordarlo- estaban totalmente prohibidos (con la excepción del Movimiento Nacional, es decir, el fundado por los adláteres de Franco con el fin de revestir de ideología lo que era simplemente una sucia dictadura, llena de crímenes e injusticias). Y se hablaba también de “apertura”, en vez de hacerlo de democracia.

Hoy día, visto que el fascismo puro y duro es capaz de sentar en el banquillo al juez Garzón, como si esto que hoy os comento nunca hubiera tenido lugar, como si estos treinta y seis años no hubieran servido para nada, da la sensación de que la historia, terca e irreductible, se hubiera parado y ese parón nos dejara olor a cloaca en vez de aromas de claveles de abril.

Alberto Granados

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