7 comentarios

La mano y la llave


Apenas apagado el eco del 150 aniversario de Washington Irving, recién desmontada en la Alhambra la exposición sobre su obra, no está de más incluir en esta Antología uno de sus fragmentos más conocidos: la leyenda de la mano y la llave. Transcurre cuando el viajero Irving conoce y contrata como guía a Mateo, quien se denomina a sí mismo el hijo de la Alhambra. He aquí el texto:

“Nos encontramos ahora en una profunda y estrecha cañada, poblada de elegante arbolado, con una pendiente alameda y algunos senderos en torno, bordeada de bancos y adornadas fuentes. A la izquierda, por encima de nosotros, divisamos las torres de la Alhambra; a la derecha, al lado opuesto de la hondonada, otras torres que se alzaban sobre una rocosa eminencia. Eran, según nos dijeron, las Torres Bermejas, así llamadas por su color rojizo; nadie conoce su origen y son de una época muy anterior a la Alhambra. Unos suponen que fueron construidas por los romanos; otros, por alguna errante colonia de fenicios. Subiendo por la empinada y sombría alameda, llegaos al pie de una gran torre morisca, cuadrada, a manera de barbacana, que es el principal acceso a la fortaleza. Junto a ella vimos otro grupo de veteranos inválidos, unos de ellos montando la guardia en la puerta, en tanto que los otros, envueltos  en sus andrajosas capas, dormían en los bancos de piedra. Se llama esta entrada la Puerta de la Justicia, por el tribunal que se constituía bajo su pórtico en los días de la dominación musulmana para la vista inmediata de las pequeñas causas; costumbre usual en los pueblos de Oriente, citada con frecuencia en las Sagradas Escrituras: “Pondrás jueces y escribanos en todas las puertas, y juzgarán a mi pueblo con justo juicio” (Deuteronomio XVI, 18).

 

 

El gran vestíbulo o pórtico de entrada está formado por un gran arco árabe, en forma de herradura, que sube hasta la mitad de la altura de la torre. En la clave de este arco hay grabada una gigantesca mano, y en la portada, dentro ya del vestíbulo, hay esculpida una gran llave. Los que se llaman conocedores de símbolos mahometanos aseguran que la mano es el emblema de la doctrina; los cinco dedos representan, según ellos, los cinco mandamientos principales de la fe islámica, esto es: ayuno, peregrinación, limosna, ablución y guerra santa contra los infieles. La llave, afirman, es el emblema de la fe o del poder: la llave de Daoud o David transmitida al Profeta: “Y pondré sobre tus hombros la llave de la casa de David, y abrirá y nadie cerrará, y cerrará y nadie abrirá” (Isaías, XXII, 22). También nos dijeron que esta llave fue esmaltada de brillantes colores, a la usanza árabe, en oposición al símbolo cristiano de la cruz, en aquellos días en que eran dueños de España o Andalucía. Representaba el poder de la conquista de que estaba investido el Profeta: “El que tiene la llave de David, el que abre, el que abre y nadie cierra, el que cierra y nadie abre” (Apocalipsis, III, 7).

 

 

Sin embargo, el legítimo hijo de la Alhambra nos dio una interpretación distinta de estos emblemas, más de acuerdo con las creencias populares, que atribuyen algo misterioso y mágico a todo lo que se relaciona con los moros y alimenta toda clase de supersticiones respecto a esta vieja fortaleza musulmana. Según Mateo, era tradición transmitida desde los más antiguos habitantes, y que él conservaba de su padre y abuelo, que la mano y la llave eran una mágica invención de la que dependía la suerte de la Alhambra. El rey moro que la construyó fue un gran mago, o, según creían otros, se había vendido al diablo y edificó la fortaleza por arte de encantamiento.  Por este motivo ha permanecido en pie durante siglos, desafiando tormentas y terremotos, en tanto que la mayor parte de las restantes construcciones moriscas quedaron en ruinas o desaparecieron. Añade esta tradición que el mágico hechizo durará hasta que la mano del arco exterior baje y coja la llave; entonces, todo el edificio saltará en pedazos y quedarán al descubierto todos los tesoros que allí escondieron los moros.” (Washington Irving, “Cuentos de la Alhambra”, Miguel Sánchez Editor, Granada, 1973).

 

 

 

Siempre me pareció un hermoso texto, lleno de magia. Por eso hoy lo comparto con vosotros.

Alberto Granados

NOTA: Las tres fotos son mías.

Anuncios

7 comentarios el “La mano y la llave

  1. Buenas fotos, buen texto… con tintes mudarras…

  2. Yo aprendí a leer con Cuentos de la Alhambra así que esta entrada me parece entrañable. Muchas cosas me quedan por ver de España, y sin duda la que más me apetece conocer es la Alhambra y su historia vista desde allí mismo, no la contada en los libros.
    A mi también me parece hermoso y mágico:)

  3. Esto empieza bien. ¡Qué fácil parece escribir así! No debe serlo tanto cuando algunos nos enredamos en nuestras propias palabras, errando por laberintos y senderos que se bifurcan. Gracias por el regalo, Alberto.

    (El blog que aparece en el hipervínculo -Tourmagique- sólo es un blog de pruebas -el del curso del CEP- y está en el dique seco :Yo sigo en Riografía).

  4. Muchas veces me he preguntado qué sería antes, si la leyenda o el cuento de Irving.

  5. Un gustazo saludarte por aquí, amigo.

  6. […] la Justicia, con su grabado de la mano en el pórtico exterior y el de la llave en el interior. La leyenda, recogida por Irving, es hermosa y la reproduje hace unos meses en este […]

  7. es preciosa la alhambra y viva el betis

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: