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Los genios también sufren


Durante el verano de 1985, vi en televisión un making off de las sesiones de grabación de la versión operística de “West Side Story”, dirigida por el propio autor de la partitura, Leonard Bernstein. Para ser exactos, el libreto del álbum  habla de una versión “a medio camino entre Broadway y la ópera”. No suele interesarme la programación de televisión, pero dado que esta es una de “mis” películas, devoré el programa y lo disfruté a más no poder: la música, la coreografía, la puesta en escena de la película (Robert Wise, 1961) forman parte de mi educación estética y sentimental. Si además se ofrece en una versión con grandes figuras, mucho mejor, y estoy refiriéndome  a la soprano neozelandesa Kiri Te Kanawa y a José Carreras, en los papeles protagonistas de María y Tony; a Tatiana Troyanos como Anita, así como  una importante orquesta sinfónica (no se especifica cuál en los créditos del álbum) y el propio Bernstein dirigiendo todo el conjunto, desplegando un gusto vitalista por su propia partitura, un bailecillo que acompaña al movimiento de la batuta, unos deliciosos gestos de complicidad con sus músicos, una sensación de dominar el cotarro. Todo ello me resultó sorprendente y me encantó, así que compré el doble álbum… y me decepcionó.

Me decepcionó por el sonido, que no por la música. Es uno de estos trabajos en que el ingeniero de sonido te obliga a acercar el oído a los altavoces en unos pasajes que apenas se oyen, mientras que debes correr al equipo y bajar el volumen en otros porque los vecinos pueden sentirse obligados a llamar a la policía. Cuando lo vi en CD también lo compré… y observé que seguía teniendo el mismo injustificable fallo. Pero al margen de este defecto “de forma”, el fondo es sensacional y lo he oído muchas veces, siempre recordando el programa de las sesiones de grabación: la suma de tantos talentos en el plató puede dar lugar a descubrir esa parte humana de los grandes divos y figuras públicas, siempre arropados por el glamour del papel couché, por esa costra que da la fama, como si fueran tan diferentes a nosotros mismos.

Y resulta (el programa era la prueba tangible) que los divos también lo pasan mal, se equivocan, pasan vergüenza, hay tímidos intentos de quitar hierro, vacilaciones, gestos, displicencias… igual que cualquier de nosotros con nuestro vecino latazo, el pariente inoportuno, el desconocido viandante incómodo con quien nos cruzamos.  Os recomiendo estar atentos a los mil gestos que aparecen en el vídeo para captar lo que digo.

Hoy traigo dos fragmentos de esta ópera moderna. El “Tonight” del balcón, lleno de reminiscencias del Romeo y Julieta shakespeariano, tomado de la película (todo un lujo volver a ver a esa Natalie Wood que se rompe de ternura) y el “Tonight”  del ensemble, este ya de la grabación del álbum, con la regañina a Pepesito Carreras incluida.  Ver a Bernstein regañarle a José Carreras diciéndole “Pepe, Pepesito”  es todo un lujo que nos aproxima al divismo, que nos hace sentirnos cercanos a estas personas excepcionales. Resulta que ellos también tienen su corazoncito, que los ricos también lloran y los genios también sufren, se equivocan, se ganan una bronca del jefe… Como tú y como yo.

Alberto Granados

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5 comentarios el “Los genios también sufren

  1. Efectivamente, esas historias humanizan a los intocables!!

  2. Hombre, Alberto, una vez más constato otra coincidencia en la red hidrográfica de nuestra educación sentimental. Esta película, la música de Leonard Bernstein, la coreografía, Natalie Wood (me rompió el corazón en ésta y también en Esplendor en la hierba de Elia Kazan), me marcan indeleblemente en un momento de mi primera juventud en el que la sensibilidad se va definiendo. Si miras en el perfil en mi blog, allí está West side Story entre los films de mi “riografía”. Por lo demás, si los genios no sufrieran, tal vez serían monstruos. La gente como nosotros prefiere sus “genios” de carne y hueso. Un abrazo, amigo.
    Y saludos a tanta gente maja que pasa por auí.

  3. Eso es lo bueno, que los vemos como mitos y son de carne y sueños. En cualquier caso, el vídeo de Bernstein dirigiendo, los gestos de Kiri ante la regañina, sin saber si debe meterse o no, el gesto de incertidumbre al final, hasta que el maestro hace el adedmán de “Vale”, los bailecillos…… es la otra dimensión de la magia de los creadores. Me encanta.
    Alberto

  4. Ees cierto que tendemos a “endiosar” a aquellos a los que admiramos de una u otra forma, pero como bien dices son personas que lloran, rien, se sienten solas y temen no estar a la altura de lo que se espera de ellos. Básicamente todos tenemos valores propios, un algo para lo que estamos especialmente preparados y no solemos darle mérito, o poco.
    Buenísima película, con ella aprendí a amar el género musical, pese a que la versión de la que hablas la desconozca por completo.

  5. Me encantan los artistas pero no me siento lejana de éllos. Al contrario tiendo a pensar que sin mi, nuestras sensibilidades de nada serviría tanta creatividad. Entre ellos y nosotros creamos el llamado “acto artístico”. De su condición humana nada hay que pueda ser discutido. Bernstein tuvo serios problemas homo-hétero-emocionales, Josep Carreras estuvo enfermo justo cuando también lo estuve yo por vez primera. Troyanos murió antes de llegar a los 60 y Kanawa debería callarse forever. Gemte maravillosa y dotada que ha tenido el mérito de saber gestionar y administrar su o sus dones para que otros pongamos los aplausos. Y el final, el mismo o parecido para todos.
    Alberto coincido contigo en que el disco tenía un pésimo sonido. La versión tampoco era la de mis sueños. me quedo con las voces genuinas, nada impostadas de la película.

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