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Darling Praga


Al contrario que Sabina, yo no he ido a Praga a escribir una canción, sino a pasar las vacaciones con mi familia en esa maravillosa ciudad y en Viena. Me doy cuenta de que siempre que elegimos viajar a algún sitio, inconscientemente, nos sale un sitio atravesado por un río, tal vez un símbolo, aunque no se me ocurre de qué, si no es del paso del tiempo, pero hoy no quiero hablaros de eso, sino de la impresión que Praga ha producido en mí.

Trataré de no ser convencional, que la ciudad es tan cosmopolita, tan turística y tan internacional, que ya se ha dicho todo sobre ella, y es fácil encontrar miles de datos e imágenes en la red. Huiré de los tópicos y os dejaré ver algunas de mis fotos.

 

Empecemos por esa profusión de art nouveau tan presente en la ciudad. La llamada Casa Municipal, junto a la Torre de la Pólvora, alberga un café, un restaurante de nombre impronunciable, una sala de conciertos y un bar, todo repleto de muestras modernistas.

 

 

 

(Restaurante Plizenska)

 

 

(Detalle de la carta de una cafetería)

 

 

 

 

(Lámpara del Café Americano, en la Casa Municipal)

 

Lo mismo ocurre en pleno centro de la ciudad, con el hotel Europa, en Plaza Wenceslao, cuya cafetería te hace sentir una decadente atmósfera de hace un siglo.

(Cafetería del Hotel Europa)

 

 

Nuestro hotel estaba enfrente, en la misma plaza donde Vaclav Havel lanzó un incendiario discurso en noviembre de 1989, desde el balcón de la editorial Melantrich. Pese a que fue el detonante de la “revolución de terciopelo”, no he conseguido fotos del evento. Sí que os traigo el balcón, hoy con la prestigiosa editorial desaparecida y con una librería donde se anuncia la Alicia en el País de las Maravillas, en formato de dibujos animados, con fotos de la película de Burton.

(Balcón de la desaparecida Editorial Melantrich)

 

Praga, pese a la antigüedad de sus venerables piedras, barrios, iglesias y puentes, rezuma un aire de modernidad absoluta. Tal vez el mejor exponente sea el edificio conocido como Ginger & Fred (de 1996), en que una doble torre junto al río parece bailar como Ginger Rogers y Fred Astaire.

(Ginger y Fred bailan junto al Moldava)

 

Esta síntesis de modernidad y vetustez la vimos palpable en dos esculturas que encontramos en nuestro peregrinaje urbano. En la galería Lucerna, junto a uno de los cines más antiguos de la ciudad, encontramos esta escultura en cartón piedra.

(Escultura en el pasaje Lucerna)

 

Y en el Museo de Franz Kafka, vimos “esto”, que quedó inmediatamente bautizado como “Próstata”.

(Todos sonreían y fotografiaban esta extraña escultura en los jardines del Museo Franz Kafka)

 

Nada que decir de la cerveza: buenísima, variada, barata y abundante. Tal vez se beba en exceso, pues hemos visto a mucha gente tirada en la calle, con su hatillo, sus perros y su borrachera crónica, que en esto de la marginalidad, por lo que se ve, la globalización tiende a igualar Praga con cualquier placeta de Granada.

(Placa sobre una fábrica cervecera en una de las tabernas más antiguas de Praga)

 

Y no puedo acabar de hablar sobre Praga, sin hablar de música y no es sólo Smetana, sino miles de actividades, de las que me quedo con una llena de frescura, de inmediatez y viveza: la jazzband Bridge Group que toca intermitentemente sobre el Puente de Carlos. Hay que ver al percusionista (YouTube ofrece varios vídeos buscando Jazz on Charles Bridge), que con una simple tabla de lavar y dedales suple abundantemente toda una batería. O en el mismo puente, cuando la luz de la ciudad cambia al atardecer, un hombre que interpreta melodías lánguidas con copas de agua, mientras por debajo pasa majestuoso el Moldava.

 

Praga es una ciudad llena de puentes entre ambos lados del río, pero además es un puro puente entre el pasado y la actualidad. Una ciudad encantadora hasta el empacho, aunque no puede existir empacho alguno en una ciudad cuyas comidas empiezan por un chupito del famoso Becherovska, un licor con saborcillo a hierbas y canela, que te deja el estómago como para empezar a comer otra vez. Puro prodigio de ciudad.

Alberto Granados

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5 comentarios el “Darling Praga

  1. El filtro tan personal e ilustrado con el que describes tu visión de “la ciudad más bella del mundo”, hacen de tu crónica un caleidoscopio de luz, matices y sonidos más propios del viajero curioso y sensible -título que te enmarcamos- que del turista convencional. Es un viaje pendiente (aún no la conocemos, aunque sí mis hijos, siempre adelantándose) y nos provocas una sana envidia por ralizarlo pronto, antes de que cualquier metamorfosis kafkiana nos reduzca al estado de las esculturas de su Museo que has fotografiado. Bienvenido de nuevo a la Blogosfera:
    se te echaba de menos.

  2. Buena descripción… aunque la ciudad más bella del mundo es…

  3. No sé por qué no he conseguido insertar el vídeo de YouTube, pero os lo enlazo: http://www.youtube.com/watch?v=di8InPnpEJk

  4. Alberto, haces una hermosa y fresca recreación de esta ciudad a la que siempre quiero volver.
    Celebro que lo hayas pasado bien tu y tu familia.
    Praga es además de Kafka y Smetana, Dvorak y Canetti y tantos otros que me olvido. Sé cómo es recordar Praga y tu has contribuido a actualizarla en mi memoria.
    Gracias!!!

  5. Bonito viaje y una buena forma de escapar del tumulto que ha sido nuestra Semana Santa este año.

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