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Viena


A riesgo de que me digáis pesado, hoy os traigo la segunda etapa de mi viaje: Viena, la vieja capital del Imperio austro-húngaro, una ciudad pensada en primera instancia para emperadores y aristócratas y, en segunda, para turistas, ya que todo huele a explotación turística. De nuevo, trataré de ser poco convencional y no contaros batallitas, sino impresiones de mi escapada vienesa. No quiero contaros nada que aparezca en cualquier guía, así que me ahorro los miles de palacios, jardines, iglesias, cúpulas de pátina verdosa, estatuas conmemorativas y retablos.  Tampoco os mencionaré la insospechable programación de eventos musicales (me hubiera gustado asistir a alguna ópera, pero en fechas de semana santa sólo había conciertos de pasión y réquiems), ni os explicaré nada de la ciudad histórica, mil veces vista en películas y reflejada en reportajes.

 

(Fachada principal de una de las casas)

 

(La casa, vista desde el patio interior)

 

Prefiero hablaros de algo mucho más reciente, como son unas casas cercanas al canal del Danubio, reformadas en 1986 por el pintor, escultor y arquitecto Friedrich Hundertwasser, que decidió prescindir de las líneas rectas y desdibujar los límites entre el dentro y el fuera, así que todo son curvas (como en nuestro Gaudí) y árboles que traspasan ventanas impensables o salen de lo más centrado de un balcón, mientras la fachada se desgrana en colores y contrastes deslumbrantes por su sencillísima belleza.

 (En esta casa, predominan blancos y negros y los árboles salen de las ventanas…)

 

 

 

 

(Bellísima portada)

 

También quiero hablaros del Museum Quartier, donde se ha propiciado una de las mayores concentraciones museísticas del mundo. Frente al monumento a María Teresa, una zona amplísima y rehabilitada, alberga una serie de museos y exposiciones temporales que hacen envidiar más tiempo disponible. No estoy hablando de fruslerías. Una de las exposiciones albergaba nombres tales como Gustav Klimt, Egon Schiele, Kokoschka, Egger Lienz, Anton Kolig, Kolo Moser, Waldmüller… Todo el expresionismo austriaco se agrupaba en las salas de Leopold Museum, como si no pasara nada y tal acumulación no representara un tesoro de innegable valor, al margen de los gustos y tendencias personales.

(El patio del MQ y las instalaciones del espermatozoide -a la izquierda- y el tracto rectal -derecha)

 

El Museum Quartier, también ofrece instalaciones en el gigantesco patio. Un taller de un artista holandés (lamentablemente no consigo recordar el nombre) había dejado dos instalaciones sobre el organismo humano: un espermatozoide azulado y un bar que representaba el tracto rectal (sinceramente, me pareció un poco repugnante y no habría entrado a tomarme una cerveza).

Una de las cosas que siempre visito en cualquier ciudad son los mercadillos: aquí también he paseado por Naschmarkt, una zona llena de vida y colorido, olores, texturas, frutas, verduras, aliños y productos de todas las culturas, carnes y pescados, mariscos… todo en una abigarrada mezcolanza colorista y pintoresca. En muchos de los puestos, también cocinaban los productos, así que podías comer directamente. Me recordó Candem Town, o Trocadero. Junto a este mercado, la casa colorista de Oto Wagner construida en 1919 y conocida como Majolica Haus y un café de los más típicos de la ciudad, el Drechsler, donde tomamos unos de esos cafés con nata y bombón que tanto gustan a los vieneses.

 

(Puestos del mercadillo)

 

La ciudad “expende” música, así Mozart, Strauss y Haydn parecen ubicuos hasta el hartazgo y copan los vestíbulos de los hoteles, los cafés, muchos comercios, donde el hilo musical te ofrece música o donde la calle aparece llena de tarjeteros con sus barrocos compositores, con la misma frescura con que aquí se venden camisetas de Guti.

(Los geniuos de la música, en versión postal)

 

 

 

(Donde se pongan los amores de una emperatriz, que se quite la Pantoja)

 

La otra línea comercial a explotar es, como no, el mito de la emperatriz Sissi, cuya imagen también se desparrama en bolsas de supermercado, en tarjeteros, en cajas de bombones y en flyers de cualquier restaurante para turistas. Es la variante austriaca y aristocrática de esos grande amores trágicos que en nuestra sociedad cañí no pasarían de tonadillera y famoso o torero y cantaora. Aquí, además de dimensiones imperiales, el amor frustrado por la muerte, adquiere dimensiones de mercadotecnia de gran calado. Y en medio de todo esto, Zara, de don Amancio, también ubicua y llena a rebosar, justo frente a la bellísima catedral de San Esteban.

(Tres plantas del bellísimo edificio son de Amancio Ortega)

 

No puedo terminar esta entrada sin hablaros del saborcete que me dejó la noria del Pratter, donde Joseph Cotten y Orson Wells casi se matan en “El tercer hombre”. Hoy día, el viejo parque de atracciones ofrece una atmósfera decadente y pasada de moda, que conecta plenamente con mi manera de ser.

 

 

 

 

Falta la cítara de Anton Karas:

 

 

 

(Cartel de una escuela de danza salida de otra época, frente a la noria)

 

Y el Danubio, que aparece canalizado y partido en dos brazos por una isla convertida en zona de ocio (léase de botellón) de la juventud, de los que hacen jogging, de los que tienen perros que pasear, de los jubilados y de alguna buscona en espera de clientes. Resulta que el río ni es azul, ni majestuoso, que todo era un mito y que no parece un río para un vals, sino para una sesión de hip-hop.

Un último apunte: los austriacos deben estar muy hartos de la incultura que hace que muchos confundan su país, lleno de grandeza histórica, con Australia, de fonética parecida, pero de trayectoria histórica muy diferente. El caso es que han diseñado una camiseta que todo el mundo lleva y los turistas compran masivamente: esta que os enseño.

 

Imposible encontrar más contrastes entre lo serio y lo hilarante, lo clásico y lo actual. Vamos, “lo que es” la vida misma, sólo que en alemán, que esa es otra: lo que nos hemos reído consultando el plano y buscando Kintokonienstrasse, Kelejengasse o Nisesabenplatz. Inolvidable viaje. 

Alberto Granados

6 comentarios el “Viena

  1. Nene que fenomeno eres ademas de buen fotografo,espero que tanto tu,Fuen y tus hijos lo hayais pasado de P.M.Se acerca el Mayo florido de Cordoba y tengo unas cuantas fotos desde las cruces hasta la portada de feria pasando por los patios y balcones te las mandare aunque no se si seran por e-mails o por aqui.Todo muy bonito en el extranjero pero aqui aun hay vida que mamamos continuamenteRepito que espero que os lo hayais pasado estupendamente.Yo tenia preparado ese viaje con mi santa para este verano pero al haber doble boda tendre que posponerlo para otra ocasion.Tu amigo siempre Alfonso

  2. Ración doble de envidia : por el viaje en sí y por lo bien que escribes, pugnetero. Para contrarrestar el pecado capital, un amistoso y fraternal abrazo.

  3. Realmente los edificios son bastante fuera de lo común. Se los pasaré a mi hijo que está últimamente obsesionado con ver edificios raros. ¿Por qué le dará a los hijos por esas cosas?

    Me alegro de que hayas disfrutado.

  4. precioso.

  5. Bien contada esa otra Viena menos conocida y predecible. Quizá el año que viene vaya de nuevo a esa ciudad. Apunto varias de las cosas que cuentas en esta entrada para visitarlas. Gracias!!!!!!!!!!

  6. Bueno yo me encanté ante el palacio Belvedere. El que pretende imitar a Gaudí es una broma. Me pareció una ciudad a veces cursi pero en general hermosa y arrogante. Tu estupenda crónica me ha devuelto al Prater y a las vueltas en noria cinematográfica. Agradezco la cítara.
    Gracias Alberto.

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