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Guernica


NOTA PREVIA: El 26 de abril de 1937 (hoy hace 73 años), a eso de las cuatro de la tarde, la villa de Guernica sufrió uno de los bombardeos más vergonzosos de la historia. Por entonces, bombardear sistemáticamente a la población civil era aún una práctica extraña en los usos de la guerra. Sirva este modesto relato de recuerdo a tan vil episodio de nuestra historia.

 

 

Juan lleva segando casi desde el amanecer, pues hoy no ha llovido, el monte está lleno de pasto nuevo y las vacas necesitarán el heno durante el largo invierno. Nota que le van pesando los años, que está un poco cansado y decide hacer un descanso. Comer un poco, echarse un trago y fumarse un pito es todo un lujo en mitad de una dura jornada que aún está muy lejos de acabar, pues se ha propuesto llegar segando hasta los abedules. Aguantará el hambre y sólo cuando alcance la meta que se ha propuesto tomará su almuerzo, que ya será muy tarde. Distraídamente mira todo lo que lleva segado, que no es poco, observa los montones verdes que tendrá que engavillar y bajar hasta el caserío. Con eso, le llegará la hora de recogerse, que abril está acabando y las largas tardes permiten prolongar la labor. 

 

 

 

 

 

(La casa en llamas)

 

Mientras fuma, se ve a sí mismo casi treinta años antes, cuando se vino desde el lejano sur, un sur lleno de hileras de olivos y de miseria, en busca de un futuro. Recuerda que se le acabó el dinero cuando ya casi estaba para llegar a Bilbao, así que tuvo que ir ofreciéndose para trabajar en los distintos pueblos. Fue cuando le sobrevino aquella fiebre, cuando pasó la noche al raso, detrás del nogal, tosiendo y abrasado por la calentura. Mirentxu lo oyó y se dirigió hacia él, con la hoz en la mano, creyendo que podía suponer algún peligro y lo encontró muriéndose. Recuerda su extrañeza, el contacto con su cuerpo, el roce con sus pechos, el olor a hembra mientras le ayudaba en el camino hacia el pajar, donde lo cuidó durante varios días. Tras restablecerse le ofreció su ayuda en las faenas del campo y ella aceptó, más por la atracción recíproca que había empezado a surgir que por cobrarse los cuidados.

 

 

(La mujer herida)

 

 

Ella sola se ocupaba del caserío, pues los padres estaban muy viejos y el hermano se había marchado a Buenos Aires, un año hacía ya y no había vuelto a dar señales. Mirentxu estaba presa de aquella situación, por eso le dijo aquella noche:

        -Quédate conmigo. Necesitas una mujer y yo no te voy a fallar nunca. Además yo… yo me siento sola y necesito tus abrazos –se lo dijo mientras el vestido iba cayendo y mostraba su cuerpo desnudo, ofrecido por derecho, sin disimulo, ni pudor, ni culpa. La quiso desde ese momento, por eso nunca llegó a Bilbao ni volvió a sus cielos andaluces. Se fue haciendo vasco. Era respetado en los caseríos vecinos y en la misma villa cuando bajaba con el mulo a comprar y vender y se tomaba algún chupito con los otros campesinos. Llevaba en Guernica… desde 1908, casi treinta años, que se dice pronto. Se había casado, tenía tres hijas y dos nietos.

 

 

 

(La mujer del quinqué)

 

Le gustaba eso de solucionar cualquier problema con un simple apretón de manos y un vaso de vino, eso de respetar la memoria de los mayores, eso de pasar ante el árbol como si se pasara ante el origen de la propia vida. Ya apenas recordaba nada de su Andalucía, sólo el brillo azul del cielo luminoso y los verdes pálidos de los olivos, pues lo demás era recuerdo de su vida en Guernica, donde había creado una familia, un bienestar, una vida.

 

 

 

(El guerrero muerto)

 

 

Mirentxu y él, a base de trabajo, sacaron adelante el caserío, compraron nuevas tierras, criaron una familia…  lo habían mejorado y ampliado todo con mucho esfuerzo y ahora, con el trabajo de los yernos y la ayuda de todos, se defendían bastante bien, sólo que la guerra… La guerra también llegó a la casa y con un yerno requeté y otro cenetista… Juan recuerda que tuvo que poner paz muchas veces y hablarles muy claro a sus hijas:

-Antes que nada, sois hermanas, ¿sabéis? Lo que hagan vuestros hombres en el frente es cosa de la guerra, pero no de la casa, que no se os olvide nunca.

 

 

 

(El caballo desbocado)

 

 

¡La guerra! ¿Qué se iba a conseguir con esa guerra? Los problemas se solucionan trabajando, afrontando las dificultades, poniendo buena voluntad, pero no con una guerra que sólo va a conseguir abrir heridas que tardarán siglos en cicatrizar. Nadie quería la guerra, eso estaba claro, pero ahí la tenían, particularmente él, con un yerno en cada bando y trabajando por tres para que en su casa no hubiera estrechez, para  no fallarle a esa Mirentxu, a la que adoraba, aunque nunca se lo hubiera dicho.

Juan da la última calada al cigarro que ha fumado sentado bajo un roble. A su lado, el morral, la escopeta –los tiempos no están para salir desarmado al campo- y una botella de txacolí de su lagar, a la que ha dado un par de generosos tragos. A ese vino no se acostumbrará nunca. Echa de menos aquel montilla que bebía en la taberna de su pueblo, con sabor a tonel, con una tapa de chicharrones, de tocino fresco, unas alcaparras o pescado frito en aceite de oliva… mientras su hermano cantaba unos buenos fandangos…. En eso sí que salió perdiendo –piensa-, pero no puede quejarse de lo que la vida le ha dado. Ya sólo falta que acabe la guerra. Él salió de su tierra harto de señoritos zánganos y caciques sin entrañas; creyó que la República lo iba a arreglar todo, pero siempre fue un hombre de orden y las barbaridades que se oían… la guerra convertía a los hombres buenos en alimañas despiadadas. Que se acabara pronto, eso es lo que hacía falta.

 

 

(La paloma con el ala rota)

 

Cuando Juan va a volver al tajo se oculta bajo el roble porque oye un avión. Lo ve pasar: es alemán, de los de la Legión Cóndor, los mismos que bombardearon Durango hace ya un mes y sembraron el pueblo de muertos inocentes. Se comentó mucho: “¡Anda, y éstos eran los que decían ser de orden! ¡Los que iban a resolverlo todo!” –se lamentaban los vecinos. Juan se queda un momento oyendo el vuelo del Junker, cada vez más lejano, esperando que definitivamente se esfume para poder salir a campo abierto y continuar su labor. Instintivamente mira su escopeta apoyada en el tronco. Se siente protegido teniéndola cerca, pese a que sabe que es una flaca defensa frente a las bombas.

 

 

(El toro)

 

El avión lo ha puesto nervioso, le entra la prisa por terminar la faena y volver a su caserío con su mujer, sus hijas, sus nietecillos, su ganado… Empieza a segar de nuevo. Tiene que llegar a los abedules y después se tomará su almuerzo. No se siente bien. Es como si el paso del bombardero estuviera cargado de presagios. Recuerda lo que se dijo hace dos meses de la matanza de los que huían por la carretera de Málaga a Almería, que fue una carnicería… y eso que eran familias, grupos de civiles que simplemente huían; montones de ancianos, mujeres, niños, que se iban de Málaga por miedo a la aviación de los nacionales… Juan recuerda la pena que le da matar por error a un gazapillo o a una hembra cuando sale de caza o pone cepos para las alimañas. El respeto que siente por todo lo que le resulta débil o indefenso. Hay cosas que no se entienden… pero pasan. Y en una guerra, más.

Sigue segando con rabia, con unas furiosas ganas de llegar pronto a los abedules. Sólo entonces comerá y echará una cabezada, tras lo que engavillará el heno, que quedará allí hasta que el sábado, Joseba, su yerno, el único al que no han movilizado por su cojera,  suba con él y le ayude a trasladarlo en el carro hasta el establo, el mismo establo donde pasó su primera noche de Guernica cuando aquella fiebre que, por esas extrañas carambolas de la vida, marcó su futuro junto a Mirentxu. El mismo establo donde la mujer se le ofreció y él aprendió a amarla.

Juan repasa aquellos años hasta que, casi sin darse cuenta, llega a los abedules. Ha terminado de segar hierba y guarda la hoz, los dediles y la piedra de afilar. Deben de ser las cuatro o poco más y siente un hambre canina. Cuando se dirige de nuevo al roble, los oye. Parecen ser muchos, demasiados para ser un vuelo rutinario de reconocimiento. Pasan en dirección al pueblo y los ve por entre las ramas. Efectivamente, son muchos. Cubren el cielo de un ruido ensordecedor, amenazante. Intuye que va a pasar algo. Percibe todo el horror de la destrucción en su piel erizada.

 

 

 

 

 

(La madre con el hijo muerto)

Angustiado, echa a correr. Siente la necesidad acuciante de bajar hasta el fondo del cerro, subir la otra colina y asomarse al barranco desde donde verá su caserío. Son sólo unos minutos, pero le parece una distancia insalvable. A su imaginación acuden  imágenes absurdas, contradictorias, inconexas, inexplicables, llenas de un doloroso patetismo. Ve su casa ardiendo y a su mujer atrapada entre las llamas, aunque casi al mismo tiempo la ve alumbrando el corral con un quinqué que, al caer, provoca el fuego donde se van a abrasar los animales… Se oye la primera explosión allá abajo, inmediatamente seguida de todo el horror de un bombardeo metódico, sistemático, lleno de destructiva precisión.

Quisiera tener alas como sus palomas, pero se ve pegado a la tierra por la lentitud de su avance, ahora cuesta arriba. Por lo alto de un cerro ve al potro del alcalde corriendo despavorido, asustado por el ruido de la tragedia que el campesino adivina en la villa. El animal lleva pintado el ademán del espanto. Un momento después, cree percibir, lleno de confusión, que el caballo se ha convertido en un toro lleno de nobleza, fuerza y salvaje ferocidad. Los pulmones van a estallarle mientras oye los aviones ir y venir sobre su cabeza en una siniestra contradanza aérea llena de dolor y muerte. Imagina a su yerno tirado en el suelo con una flor y una espada quebrada en la mano, al tiempo que su hija,  desangrándose junto a la casa, intenta llegar hasta su marido para morir junto a él.

 

 

 

 

(La luz cenital)

Juan no sabe si lo que acude a su mente es la realidad o una galería de sueños imposibles, de impensables imágenes de una infernal barraca de feria. Oye el ruido del bombardeo, las explosiones ahí abajo, muy cerca ya, los gritos desaforados de los pacíficos habitantes de la villa de Guernica. Percibe el olor a fuego. Llega, por fin, al punto donde su caserío y el pueblo se hacen visibles y observa, horrorizado, que las imágenes terribles que han estado acudiendo a su conciencia se quedan pequeñas ante el horror que él divisa ahora. El caserío en llamas, su hija corriendo con el cuerpecillo desmadejado del nieto muerto, el pueblo convertido en un montón de escombros de donde surgen figuras fantasmales que huyen sin rumbo fijo…

Juan está parado bajo el estruendo de las sucesivas pasadas de los bombarderos, ajeno al peligro que corre. De entre la nube de humo y polvo sale una paloma que vuela torpemente hacia él con una de las alas rota. La asocia a la paz y siente en todo ello un insufrible sarcasmo del destino.  La sigue con la mirada en su vuelo entrecortado, se le escapa una absurda risa demente y lanza al cielo una salvaje blasfemia justo un momento antes de que una intensa luz cenital lo difumine para siempre.

 

Alberto Granados

Relato perteneciente a mi libro electrónico Cabos sueltos. Descarga desde Amazon la versión kindle de mi libro en este enlace:

 

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40 comentarios el “Guernica

  1. Creo que debemos recordar estas cosas, por más les pese a los hijos y nietos de los verdugos de ayer -hoy, por lo general grandes eminencias del PP-, precisamente para evitar que crímenes parecidos se puedan repetir. Más en estos días en los que estamos asistiendo a aberraciones tan atroces como la del asunto Baltasar Garzón (jueces que juraron adhesión inquebrantable al Caudillo van a juzgar al único juez que se ha atrevido a desenterrar los crímenes del franquismo) y en el que estamos asistiendo a nuevo resurgir del fascismo. Enhorabuena a Granados por este grito de alarma. La juventud debe recogerlo.-F.G.C.

  2. magnifico

  3. El horror de la guerra. Parece que a algunos les gustaría reeditar la edición.
    Yo la condeno y la condenaré siempre sin paliativos.

  4. Alberto, no quiero reiterarme, pero siento que a cada relato tuyo que leo te superas. Este me ha puesto la piel de gallina y espero que a base de recordar no se nos olvide que no siempre vivimos sin toques de queda.

  5. Alberto:
    Un bello homenaje a esta memoria de sangre y destrucción que no debemos olvidar.
    Has estado especialmente inspirado. El estupendo estilo y la fuerza del sentimiento perfectamente armonizados. ¡Bravo!

  6. La diafanidad de tu relato, este avatar histórico en 3D, hacen del blanco y negro picassianos, en su lectura literal, que el Guernica sea Guernica 73 años después: 7 + 3= 10. Esa es la nota. Puro realismo trágico. ¡Ah!, y si no fuera amigo tuyo, cambiaría mi calculada nota: 3 + 7 = 10.

  7. Querido amigo Francisco, gracias por tu comentario. Hoy me ocupo precisamente de esa idea en el otro blog. Nos reímos cuando la transición parecía desmentir que todo estuviera “atado y bien atado”, como aseguraba el dictador, pero la realidad se impone, y hoy se ve que el optimismo de esa transición resultó exagerado.

    Foces, gracias. Eres escueto en tu comentario, pero contundente.

    Alberto, toda guerra es así de ilógica. En el relato he tratado de recoger el contraste entre las buenas intenciones de un hombre cuyo interés primordial es su familia y el horror de un hecho histórico, que entonces supuso un hito en la historia infame de la humanidad.

    Kape, gracias. He tratado de que el relato pivote sobre dos elementos: la conciencia clara de un hombre honrado y el horror de la guerra.

    Glòria, creo que el relato necesita varios retoques, que no está depurado. Un blog, si es que es un género aparte, tiene ciertas convenciones, y una de ellas es la inmediatez, darle con urgencia a la tecla de “Publicar”, porque la peña está esperando. Luego ya se puede depurar el relato, aunque hay quien opina que es al revés. No sé. Gracias por tu crítica.

    Miguel, creo que no es tan bueno. Me doy cuenta de que incluso me he liado con el árbol, que unas veces es un nogal y otras un roble. Ya lo arreglaré.
    Hoy, militancia: a los pies de la Sabika.
    Abrazos mil,

    Alberto

  8. Lo he leido tarde.
    Y a una hora tardía.
    Me has hecho llorar amigo.

  9. ¡Impresionante!. Me ha emocionado de verdad; como ningún otro: Enhorabuena Alberto

  10. Alvar y David, muchas gracias.
    David, a mí me gusta más el de los disparatres, que os dediqué a vosotros.
    Un abrazo,

    Alberto

  11. No pude leerlo en su momento, asi que hoy en un ratito me he sentado tranquila y ….. me has dejado sin palabras, y con un nudo en la garganta.
    Un beso y enhorabuena.

  12. Gracias, Eva. Qué buena eres conmigo. Un beso
    Alberto

  13. Este relato, amigo Alberto, me ha sido de gran utilidad. Pertenezco a la Red Municpal de Derechos Humanos de Pasto (Colombia) y trabajo con grupos juveniles. El conflicto colombiano en algo se parece a Guernica y la juventud debe enterarse de que la vilación de los Derechos Humanos, sea cual fuere el sistema debe erradicarse y fomentar el respeto a la dignidad humana, empezando por nosotros. Felicitaciones y gracias por tan valioso aporte.
    JulioC.

  14. Francisco Gil, eso que dices es el tipico argumento demagogico y rebosante de ignorancia de un fanatico de”izquierdas”(me gustaria saber si en la vida real muestras ser tan de “izquierdas”, lo dudo mucho…)

    No soy del PP, ni simpatizo ,ni les he votado nunca, al PSOE menos, pero esos argumentos son , aparte de falsos, propios de una persona fanatica y no muy bien formada.

    El bombardeo de Guernica fue una actuacion por libre de los alemanes , lo aprovecharon como campo de pruebas del moderno armamento que estaban desarrollando.

    ¿Que fue cruel?
    Cierto, pero al fin de al cabo eran alemanes, no españoles, y esta tierra y sus gentes poco les importaban, ni Franco les importaba realmente, a no ser de por ciertas conveniencias e intereses(A Stalin tampoco le importaban gran cosa”los rojos” españoles, ya no digamos a Gran Bretaña o Francia)

    (Los Bombardeos que los alemanes sufrieron despues en Dresde o Colonia fueron bastante mas crueles y sanguinarios…)

    Asi pues, culpar a los antepasados de gente del PP ,o que les vota, es absurdo, para empezar porque ese bombardeo fue cosa de los alemanes, para continuar, hay mucha gente del PP, o que les vota, que no tienen ninguna relacion ideologica con el regimen anterior, ya que dentro del PP hay muchas corrientes de pensamiento, liberales, conservadores, democristianos…

    ¿Verias normal que se dijera que todos los antepasados de los votantes sociolistos fueron participantes directos en las Checas o tuvieron algo que ver con la represion de Stalin?(20 millones de rusos represaliados, y luego hablan de Hitler…)

    Te aseguro que los franquistas de verdad, y aun los hay, no votan, ni pertenecen al PP, y por cierto, aun hay muchos franquistas de corazon, y sus buenas razones tienen para serlo.

    • Mi madre fue testigo del bombardeo y de las mentiras coninuas durante muchos años del gobierno de Franco y allegados.
      Y yo lo soy durante toda esta dichosa transicicón de las MENTIRAS de los allegados del PP que manipulais con vuestros comentarios.
      Que la verguenza os consuma….

  15. Máximo, respecto a su refutación del comentario que me hizo en su día el Sr. Gil Craviotto, tengo que decirle que no todos los votantes del PP son franquistas, pero todos los franquistas están de la mano del PP.
    Se trata de un partido que jamás ha abjurado del franquismo, que se mosquea cuando se quitan símbolos netamente fascistas, que sienten auténtico odio, más que rivalidad política, por los partidos de izquierda, que mantienen la estatua a José Antonio…
    Creo que don Francisco acierta cuando dice que los hijos y nietos de aquellos verdugos están en el PP, que es un partido abiertamente de derechas, nunca de centro, como pretenden.
    Cuando dice que Gil Craviotto es un ignorante… me ahorro las observaciones: lea sus libros.
    Finalmente, ya que aparece por este blog, al que queda invitado, no dice una plabra del relato en sí, que es lo que a mí me interesa, como autor del mismo.
    Un saludo,

    A G

  16. Con razón tiene tantas visitas este cuento, es metaliteratura de la buena: historia, narración, arte

  17. Gracias, Agustín. Se agrdecen visita y comentario elogioso.
    Alberto

  18. ALBERTO NE HE QUEDADO SIN PALABRAS AL VER TU COMENTARIO , ME HA ECHO REFLEXIONAR SOBRE AQUELLA TERRIBLE GUERRA Y SE SUS CONSECUENCIAS , QUE A LA GENTE HUMILDE LE TOCO DE CERCA . GRACIAS

  19. Alicia, quienquiera que seas, bienvenida a este blog. Mencinas un comentario mío, pero no sé exactamente a qué te refieres, o si es al relato en sí. En cualquier caso, gracias por asomar por aquí y enriquecer el blog con tus opiniones.

    AG

  20. […] pasos”…), son lo que más me enorgullece, aunque sé que no son de antología. Hay uno, “Guernica”, que acumula prácticamente la tercera parte de las cien mil visitas. Ha sido usado en un taller de […]

  21. Hermoso simplemente tiene todo lo que una obra de arte necesita

  22. Muchas gracias, Alicia: eso de que un relatillo mío sea considerado “obra de arte” es mucho decir, pero ya que has tenido la gentileza de leerme y halagarme, permíteme recomendarte otro de mis relatos.
    Se llama “La habitación redonda” y, aunque no lo parezca, es argentinísimo: la idea me surgió oyendo a Ginamaría Hidalgo cantar “Caserón de tejas”.

    Nos seguimos viendo en los blogs (tuyo, de AMM, mío…). Abrazo desde Granada,

    AG

    https://albertogranados.wordpress.com/2010/09/16/la-habitacion-redonda/

    • bueno pues en mi clase de historia de la música estamos estudiando los aspectos que se toman en cuenta para criticar una obra de arte y como criticar me refiero al desglose y análisis de sus elementos, así que claro que este relato los cumple. en la noche leeré el otro relatoy espero poder comentarlo al final. saludos desde Mazatlán, México.

  23. Gracias por esta entrada. La influencia de Adios a las armas es notable en el Guernica…al menos bajo el punto de vista de la suposición. Estoy estudiando ahora mismo sobre ello…

    un abrazo Alberto.

  24. Bueno, no sé yo. A mí lo que realmente me importa es si te ha gustado mi relato. Y bienvenida a este blog.

    AG

  25. Enhorabuena por el relato. Me he permitido incluirlo en http://blocdejavier.wordpress.com/ hoy en el post dedicado al lienzo de Picasso citando, obviamente, la fuente.

  26. Quiero felicitarte una vez más, Alberto, por lo que nos relatas y por lo bien que expresas la armonía, el entendimiento que siempre ha habido entre vascos y andaluces pese a que algunos quieran ver lo contrario. Ese hombre andaluz, protagonista de tu relato, que entendió nuestra forma de vivir y fue bien acogido por sus vecinos y nuevos familiares , representa a muchos que vinieron a trabajar honradamente al País Vasco. Conocí a algunos que trabajaron con mi padre quien nunca permitió que se hablara mal de gente que él estimó y valoró siempre. Un abrazo.

  27. Javier, con mucho gusto comparto el relato. Pertenece a “Cabos sueltos”, un libro inédito (y registrado en Propiedad intelectual) que incluye 25 relatos en que la vida viene a ser una madeja de cabos sueltos, lo que hace que nadie consiga ser feliz del todo, sino a ráfagas vitalistas que hay que aprovechar.
    Viene a ser mi sentido de la vida, un poco fatalista y a la vez entusiasta. De paso, si eres editor o conoces a alguno…

    Teresa G, celebro que te guste esa amalgama vasco-andaluza. Creo que mi Juan está bien trazado y a Mirentxu la saco como uina campesina prudente, sabia y luchadora. No sé si el realto gustaría en Guernica. Én el blog ha sido un éxito, hasta el punto de que en dos años ha recibido algo más de 45.000 visitas, de las casi 200.000 que lleva registradas.
    Me ha encantado verte por aquí (hace que me sienta importante). Abrazos,

    Un cordial saludo,

  28. no funciona el video de youtube.

  29. Al cabo de los años nos hemos reencontrado por esos lazos que a veces el azar permite que se vuelvan a atar. Esta vez espero sea para siempre, gracias a estas tecnologías que nos abren las ventanas del mundo.
    Enhorabuena por tu relato. Es bella la historia que cuentas y a la vez humana. Creo que corren tiempos de hacer pedagogía, mucha pedagogía. Y tú aquí la haces, como el viejo maestro en el que la vida te ha convertido.
    Seguiré escudriñando en tu blog, no lo dudes, ahora que la vida me regala más tiempo. Enhorabuena amigo.

  30. Recuerda, Antonio, que siempre nos llevamos de maravilla y que la complicidad profesional y humana siempre funcionó, así que también me alegro de este reencuentro. Y ya si me dices que te gustan los relatos que escribo, pùes la maravilla en sopa.

    Un abrazo.

    AG

  31. […] libro se cierra con el relato estrella del blog: Guernica, que se lleva casi 70.000 visitas de las 322.000 que ha tenido el blog hasta hoy. La trama es bien […]

  32. Cuánto me emociona leer a los señoritos de pueblo y a sus amigos convertidos en izquierdistas concienzados de toda la vida. conmovedor.

    • ¿Qué le pasa, Sr. Romero? ¿Le escuece que yo, como autor o los comentaristas como lectores sean críticos con Franco? ¿Nos conocemos de algo? Mire, yo escribo un relato y cada cual expresa su opinión. No sé quién o quiénes son los señoritos de pueblo. Me he ganado la vida con mi trabajo desde que cumplí 20 años y le puedo asegurar que mi vida no ha sido jamás la de un señorito.
      No sé si es que me conoce de Alcaudete (a mí o a mi familia) y quiere decir que ésta pertenecía a una clase media-alta. ¿Tiene eso que ver con lo que yo pueda pensar de la vida, la política o la historia?
      Su comentario debería indicar si le ha gustado el cuento o no. Las demás consideraciones me parecen inoportunas.
      En cualquier caso, gracias por asomar por aquí.

      AG

      • Cojonudo, Alberto. No podías haber respondido mejor al Sr. Romero. No sabe este señor que hemos heredado poco y trabajado mucho. Un saludo.

  33. Además se puede ser rico y estar en contra de un genocida. También se puede estar a favor de un genocida, pero eso tiene un nombre y ya sabes que no digo tacos en “casa” de los amigos. Un saludo, Alberto. ( Soy Solete).

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