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LOS AMANTES


Siempre se ha dicho que el arte imita a la naturaleza, a la realidad y, por ello, las implicaciones y coincidencias entre ambos ámbitos son sorprendentes. Tal vez sea que la creación artística se ocupa, básicamente, de todo aquello que está en la misma base del espíritu humano y por eso los estados de ánimo, los sentimientos, las angustias, las pulsiones de cada uno de nosotros se convierten en motivo artístico, en el leitmotiv de una gran tragedia, en modelo plástico o en tema musical y dan lugar a una hermosa tragedia, una ópera, un cuadro o una sinfonía.

Uno de los motivos más repetidos en el arte, es el del amor imposible. Está claro que un sentimiento tan apasionado como el amor, da mucho juego artístico, pero si además esa fuerza se ve contrariada por alguna imposición, el conflicto fatalista da para mucho más. Y un amor al que se oponga una diferencia social, de edad, de religión, de etnia o una vieja y enquistada rencilla familiar, puede dar fertilísimos frutos creativos. Y sorprendentes conflictos en la vida real.

La línea creativa que se ocupa de un amor contrariado que termina en tragedia empieza, para nosotros, con La Celestina, donde Calisto y Melibea parecen ser víctimas de la oposición entre cristianos viejos y judíos, pero inmediatamente llega a la corte de Isabel II y Shakespeare usa un molde parecido para convertir a los dos amantes en arquetipo literario: su Romeo y Julieta se repetirá en cine, ópera, ballet, musicales… e incluso globalizará el conflicto, pasando a ser cosa de otras latitudes geográficas y de otros grupos sociales o étnicos.

(Imagen tomada de artelena.files.wordpress.com)

Sin pretender ser exhaustivo, yo he visto las versiones cinematográficas de Zeffirelli (1968) y de Baz Luhrmann (de 1996, con Leonardo di Caprio), así como su variante gitana, “Los Tarantos” (1962), del catalán Rovira Beleta. Las diferencias entre Montescos y Capulettos pasaron a ser cosa de pandilleros marginales en “West Side Story” (de Robert Wise, 1961).

(Imagen tomada de ethnikoi.org)

 

Peor es cuando la realidad imita al arte, y nos ofrece un drama en vez de una creación, como sucedió con una tristísima historia de amores contrariados en medio de la guerra de Yugoslavia en 1993. Me refiero a la muerte de Bosco Brkic, un serbio ortodoxo, y Admira Ismic, musulmana, que tuvieron la desgracia de quererse en un infierno lleno de odios raciales, estupidez compulsiva y francotiradores que distraían su tedio disparando contra todo lo que se moviera en la semiderruida Sarajevo.

Cuando preparaban su huida al barrio serbio de Grbavica, para seguir hacia Belgrado y poder ser felices, Bosco fue abatido por un disparo y la chica corrió a abrazar su cadáver. También dispararon sobre ella. Sus cadáveres estuvieron ocho días descomponiéndose al sol, ya que ningún bando hizo nada para pactar un alto el fuego momentáneo que hubiera permitido retirar los cadáveres y sepultarlos decentemente. Nadie se fiaba de nadie y sólo por la presión mediática hubo, al fin, un momento en que los cadáveres fueron retirados con ciertas garantías.

La historia, junto a la terrible foto, dio la vuelta al mundo y alimentó una leyenda, dada la similitud con la tragedia de Shakespeare. Pronto, la prensa los llamó “Romeo y Julieta de Sarajevo” y dieron materia para un musical que se estrenó cuando la paz volvió a la vieja ciudad yugoslava. También se convirtieron en el símbolo del sufrimiento que la guerra acarrea para la población civil y se creó una fundación, y una página web, dieron materia para un reportaje televisivo… y después cayeron en el olvido. Mañana, 19 de mayo, es el aniversario de sus estériles muertes, poco glamourosas, pero reales, que esta vez fue la realidad quien imitó al arte.

Alberto Granados

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7 comentarios el “LOS AMANTES

  1. Y la necesidad que tiene el ser humano en buscar iconos que reafirmen sus ideales, para ser frenados cuando la cordura cede y los instintos gobiernan.
    Voy a ser algo cínica y pensaré en qué hubiera pasado de no ser abatidos, puede que se hubieran amado y divorciado posteriormente. Entonces esa imagen, ahora, no valdría nada, sería una más. Cuántos Romeos y Julietas anónimos habrán, tantos como necesidades de salir a respirar un aire más limpio entre tanta ponzoña.
    Tú no entiendes este mundo, Alberto, pero es que este mundo tampoco nos entiende a nosotros, alucina fijo. Y yo es que ya no quiero entenderlo, me resulta imposible.

  2. A veces sucede. Es el culmen del amor puro, morir en sincronía. Quien, que de verdad sienta amor, quiere superar a su pareja.
    Aun sin consumar su amor, lo lograron los amantes de Teruel.
    Otra cosa es la crueldad de las guerras, que a causa de los bajos instintos, hacen hacen aflorar en otros, valores escondidos. Llevas razón, la realidad imita al arte.
    Tocayo

  3. Una guerra con una enorme carga literaria, para lo bueno y, sobre todo, para lo malo.

  4. Kape, te veo de bajón. Arriba, que no está el tiempo para desánimos.

    Alberto, es una triste historia llena de connotacines artísitcas, sólo que aquí el final trágico no es un truco cinematográfico, sino dos críos de la edad de mis hijos, muertos por la barbarie.

    Jesús, casi más cinamatográfica que literaria: Srevreniska, Territorio comanche, La vida de las palabras…

  5. Alberto:
    Seguramente estos amantes no han pervivido porquè no hablaban en endecasílabos octosilábicos o similar. Si has leído el Dorian Grey recordarás que el envarado y bello señorito se emociona con una representación de Romeo y Julieta y, sin embargo, la muerte de dos pobres y jóvenes amantes en el Londres de su época, no le inspira el menor sentimiento. Sólo el arte de Skakespeare ha mantenido vivos a los de Verona.
    Necesito tiempo para leer tu relato “Patera”. Llegará. Gracias.
    un abrazo.

  6. a aquella guerra la llamé “la guerra de la media calle”.

  7. Glòria, es cierto, estamos llenos de contradicciones. Nos metemos con el pañuelo de la mujer islámica, pero no con las sotanas o los trajes de cura; nos repugna la ablación, pero nadie se ha cuetionado la circuncisión; nos conmueve lo mediático, pero tenemos a los indigentes en nuestra puerta y nos molesta su sola presencia…

    Foces, ¿te acuerdas de que bautizaron una avendia como de los Francotiradores?

    Saludos, amigos

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