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Árboles


Mañana se celebra el Día del Medio Ambiente, dedicado este año a la biodiversidad. Me parece un magnífico pretexto para traer a esta Antología un texto cuyos personajes son los árboles de la fraga de Cecebre. El relato es el que abre “El bosque animado”, de Fernández Flores (un gran libro, casi olvidado si no fuera por la película de José Luis Cuerda) y nos muestra un comportamiento casi humano de los árboles:

EL POSTE DE TELÉGRAFO

 

 

Un día llegaron unos hombres a la fraga de Cecebre, abrieron un agujero, clavaron un poste y lo aseguraron apisonando guijarros y tierra a su alrededor. Subieron luego por él,  prendiéronle varios hilos metálicos y se marcharon para continuar el tendido de la línea.

Las plantas que había en torno del reciente huésped de la fraga permanecieron durante varios días cohibidas con su presencia, porque ya se ha dicho que su timidez es muy grande. Al fin, la que estaba más cerca de él, que era un pino alto, alto, recio y recto, dijo:

-Han plantado un nuevo árbol en la fraga.

Y la noticia, propalada por las hojas del eucalipto que rozaban el pino, y por las del castaño que rozaban el eucalipto, y por las del roble que tocaban las del castaño, y las del abedul que se mezclaban con las del roble, se extendió por toda la espesura. Los troncos más elevados miraban por encima de las copas de los demás y, cuando el viento separaba la fronda, los más apartados se asomaban para mirar.

-¿Cómo es? ¿Cómo es?

-Pues es -dijo el pino- de una especie muy rara. Tiene el tronco negro hasta más de una vara sobre la tierra, y después parece de un blanco grisáceo. Resulta muy elegante.

-¡Es muy elegante, muy elegante!- trasmitieron unas hojas a otras.

-Sus frutos -continuó el pino, fijándose en los aisladores- son blancos como las piedras de cuarzo y más lisos y brillantes que las hojas de acebo.

Dejó que la noticia llegase hasta los confines de la fraga y siguió:

-Sus ramas son delgadísimas, y tan largas, que no puedo ver dónde terminan. Ocho se extienden hacia donde el sol nace, y ocho hacia donde muere. Ni se tuercen ni se desmayan, y es imposible distinguir en ellas un nudo ni una hoja ni un brote. Pienso que quizá no sea esta su época de retoñar, pero no lo sé. Nunca vi un árbol parecido.

Todas las plantas del bosque comentaron al nuevo vecino  y convinieron en que debía de tratarse de un ejemplar muy importante. Ninguno se atrevía a dirigirse a él, y él, tieso, rígido, no parecía haber notado las presencias ajenas. Llegó el verano y los pájaros se hicieron entre la fronda tan numerosos como las mismas hojas. El eucalipto, que era más alto que el pino y que los más viejos árboles, daba albergue a una pareja de cuervos y estaba orgulloso de haber sido elegido, porque esas aves buscan siempre los cúlmenes muy elevados y de acceso difícil.

Un día se decidió a conversar con el poste y le dijo:

-He notado que no adoptó usted ningún nido, señor. Quizá porque no conoce aún a los pájaros que aquí viven y no ha hecho su elección…

-¿Para qué quiero yo sostener nidos de pájaros y soportar sus arrullos y aguantar su prole? ¿Me ha tomado usted por una nodriza? Puesto que usted me habla de ello, le diré que repruebo esa debilidad que induce a los árboles de este bosque a servir de hospederos a tantas avecillas inútiles que no alcanzan más que a gorjear. Sepa de una vez para siempre que no se atreverán a faltarme el respeto amasando sobre mí briznas y barro. Los pájaros que yo soporto son de vidrio o de porcelana y no les hace falta plumaje de colorines, ni lanzarán un trino por nada del mundo. ¿Cómo podría yo servir a la civilización y al progreso si perdiese tiempo con la cría de pajaritos?

Estas palabras circularon enseguida por la fraga y los árboles hicieron lo posible para desprenderse de los nidos y para ahogar entre sus hojas el charloteo de los huéspedes alados que iban a posarse en las ramas.

Los pareceres de aquel vecino tan raro y solemne influyeron profundamente en los árboles. Las mimbreras se jactaban de tener parentesco con él, porque sus finas y rectas varillas semejábanse algo a los alambres; el castaño dejó secar sus hojas porque se avergonzaba de ser tan frondoso;  distintos árboles consintieron en morir para comenzar a ser serios y útiles, y todo el bosque, grave y entristecido, parecía enfermo, hasta el punto de que los pájaros no lo preferían ya como morada.

Pasado cierto tiempo, volvieron al lugar unos hombres muy semejantes a los que habían traído el poste; lo examinaron, lo golpearon con unas herramientas, comprobaron la fofez de la madera carcomida por larvas de insectos, y lo derribaron. Tan minado estaba que, al caer, se rompió.

El bosque hallábase conmovido por aquel tremendo acontecimiento. La curiosidad era tan intensa, que la savia corría con mayor prisa. Quizá ahora pudieran conocer, por los dibujos del leño, la especie a que pertenecía aquel ser respetable, austero y caviloso.

-¡Mira e infórmanos!- rogaron los árboles al pino.

Y el pino miró.

-¿Qué tenía dentro?

Y el pino dijo:

-Polilla.

-¿Qué más?

Y el pino dijo:

Polvo.

-¿Qué más?

Y el pino anunció, dejando de mirar:

-Muerte. Ya estaba muerto. Siempre estuvo muerto.

Aquel día el bosque, decepcionado, calló.  Al siguiente, los pájaros volvieron. La fraga recupero de golpe su alma ingenua en la que toda la ciencia consiste en saber que, de cuanto se puede ver, hacer o pensar sobre la tierra, lo más prodigioso, lo más profundo, lo más grave es esto: vivir.

 

(WENCESLAO FERNÁNDEZ FLORES: El bosque animado)

 

Apostemos por lo vivo y el medio en que nos desenvolvemos. Os recomiendo este otro texto, casi fundacional de la ecología: la carta del jefe indio Seattle al Presidente de los Estados Unidos, que os enlazo, para que veamos la diferencia entre vida y supervivencia.

Alberto Granados

4 comentarios el “Árboles

  1. Alberto, como hoy vamos de textos ajenos, que te comente Gloria Fuertes:

    EN LOS BOSQUES DE PENNSYLVANIA

    Cuando un árbol gigante se suicida,
    harto de estar ya seco y no dar pájaros,
    sin esperar al hombre que lo tale,
    sin esperar al viento,
    lanza su ultima música sin hojas
    -sinfónica explosión donde hubo nidos-
    crujen todos sus huesos de madera,
    caen dos gotas de savia todavía
    cuando estalla su tallo por el aire,
    ruedan sus toneladas por el monte,
    lloran los lobos y los ciervos tiemblan,
    van a su encuentro las ardillas todas,
    presintiendo que es algo de belleza que muere.

  2. Siempre estuvo muerto…..Pues sí, ahora solo nos rodeamos de la naturaleza cuando salimos a comer al campo y sabe a poco. No deberíamos dejar que los bosques mermen, ni comerles terreno ni arrasarlos, los necesitamos.
    No conocía lo que hoy has compartido, Alberto, y me ha dejado un buen sabor de boca.

  3. Los árboles nos cobijan, nos dan frutos, son habitáculo de pájaros y nos protegen de lluvias inclementes ya que, como esponjas, sus copas retienen el agua que causaría inundaciones.
    Árboles: Siempre cerca.
    Gracias Alberto.

  4. Miguel, un buen porem, que por cierto no conocía.

    Kaperusita, Fernández Flores, al margen de su ideología netametne fascista, era un magnífico escritor. Su “El bosque animado” es un libro de relatos entretejidos muy divertidos y de una gran calidad literaria. La película sólo cogió a unos cuantos personajes y algunas de las tramas, pero hay otros cuentos que no se podrían llevar a la peli pues son sobre animales.

    La pena es que no haya tanto respeto por los árboles, que siempre se sacrifican a la especulación.
    Árboles siempre cerca, Gloria, si nos dejan.

    Abrazos

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