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Microrrelatos (2)


1

Nos reencontramos y, cuando me presentó a su esposa, ella y yo intercambiamos una imperceptible mirada cómplice al saludarnos. Me habría gustado poder explicarle a mi amigo que la conocí cuando estaba recién casada con uno de mi grupo, que fuimos amantes, que me daba un placer enloquecedor, que nunca pude creer que lo nuestro se hubiera acabado, que siempre pensé que en cualquier momento renacería…

-Mucho gusto, Julia. ¿Qué tal? –dije con la apariencia más fría que pude y volví la cara para preguntarle a mi amigo cómo le había ido durante los últimos treinta años.

2

El nuevo compañero de mi ex-mujer me abordó inesperadamente y entró en materia sin ningún preámbulo.

-Deberías entrar en razones y firmar ya el divorcio. Nos queremos y…

Mientras me explicaba el gran amor que sentían, lo observé. Vestía con pésimo gusto, y tenía el aspecto de ser un pardillo, de ganar la tercera o cuarta parte de mi sueldo, de que iba a durarle no más de seis meses… Era la venganza perfecta, servida en bandeja.

-Me has convencido. Tenéis derecho a la felicidad. Dile que estoy dispuesto a firmar el divorcio siempre y cuando… -y ahí les apreté las condiciones económicas.

3

Iba desesperado, dispuesto a tirarse al paso del metro, pues su vida no tenía ningún sentido. Oyó el pitido del tren, que se acercaba imparable, tomó aire, y, al mirar a su izquierda, vio a una chica que, con todo el aspecto de la desesperanza absoluta, estaba empezando  la carrera hacia las vías, a punto de tirarse bajo el convoy. Giró el cuerpo, la detuvo entre sus brazos y le explicó que la vida es algo maravilloso que merece la pena.

4

Sospechaba que su papá había muerto. Llevaba muchas semanas adivinando una atmósfera de tensión sofocante, de ver llorar a su madre, de estar al cuidado de la abuela, de que le trajeran juguetes tan pronto como él los pedía…, así que al ver las ojeras y el traje de luto de mami, y a los titos tan trajeados y serios, adivinó que era su gran momento y, plenamente consciente de lo que había pasado, preguntó:

-Mami, ¿cuándo se va a poner bueno papá?

5

Cada mañana, tras salpicar la ducha de deseos culpables, se ponía las vestiduras sagradas y decía misa, pidiendo a los fieles que no se dejaran llevar por las tentaciones. Amén.

6

Siempre quiso ser don Manuel Azaña, así que se metió en un partido político, escribió algunos libros, fundó ateneos y revistas, participó en tertulias… lo malo es que hubiera podido estar en cualquier otro partido, escribir libros totalmente opuestos, fundar una peña taurina o un club de fútbol o decir a sus oyentes exactamente lo contrario.

7

La tutora de su hija la había llamado, la quinta vez en cuatro meses escasos de curso. Nuevas quejas del comportamiento. El riesgo de que esa inconsciente diera un paso que no tuviera remedio… Le dio las gracias, volvió a casa y aguantó la bronca de la niña porque se le había olvidado plancharle la camiseta fucsia, la que usaba para hacer la calle.

8

Siempre me habían humillado y vejado, se habían reído de mi falta de carácter, me habían amargado la vida y sólo se mostraban amables cuando necesitaban que yo les diera pistas sobre las dudas para los deberes o los exámenes. Para el último examen les di todas las pistas equivocadas. No sabían que esa misma tarde nos mudábamos a la otra punta del país.

9

En el colegio le costó mucho trabajo aprender a escribir correctamente su nombre. A todos nos parecía una chica fea, torpe y sin posibilidades. Le perdí la pista en el instituto y, obviamente, jamás pisó la universidad. Hoy me ha dicho que hizo un módulo de peluquería, que montó una empresa de cosméticos y que le va muy bien. También me ha dicho que mirará mi currículum y, si me necesita, me llamará para ese puesto de trabajo que he ido a solicitar a la desesperada.

10

Todas las tardes iba a la estación por si alguien se bajaba de algún tren que viniera de algún lugar y le decía algo amable.

Alberto Granados

10 comentarios el “Microrrelatos (2)

  1. Las miradas cómplices se producen, sólo, en los 3 años siguientes a la ruptura de la relación (informe Hönnesy). A los treinta años, las miradas son de inspección de obra vieja.

  2. Todas las historias me han sugerido, además de la obvia realidad presente, la esperanza. A que ella se acuerde de él y tuviera fresca la huella, a que el padre no hubiera muerto, a que la hija no fuera déspota y la entendiera, a que la política le deja hacer lo que le diera la gana……todas menos la del cura que es simplemente hipocresía.
    ¿Saldrá de aquí un relato completo? de alguna de ellas, me refiero, merecen la pena ser desarrolladas, o eso me ha parecido a mi. La del intento de suicidio la más sugerente para mi gusto;-)

  3. Como Kaperusita también me quedo con la del intento de suicidio.

  4. Me quedo con la diez.Me encantó el de la peluquera

  5. Me gustan estas incursiones monterrosianas tuyas sin dinosaurios antediluvianos con despertador. Este juego de espejos cotidianos nos refleja imágenes fugaces, pero nítidas, de la realidad. Para mí no es nada desdeñable este género en auge de literatura concentrada (en contra de la opinión de Javier Marías). Por quedarme con uno, me apunto también al del doble suicidio frustrado, tan calderoniano (“Cuentan de un sabio que un día…”).

  6. A Javier Marías que le den,y mira que adoro su obra.Viva Juanjo Millás,los microrelatos que propone en la ventana son maravillosos

  7. Don Pablo, la obra vieja también necesita miradas cómplices.

    Kaperusita, Jorge y Miguel, la del suicida es como la vida misma. No sé por qué tratamos de soltar sermones a todo el mundo incluso cuando el contenido de dichos sermones nos está matando… Debe ser la fuerza del lenguaje oficial…

    María Fernanda, la de la peluquera es la nueve y es muy real, lamentablemente.

    Yo, amigos, me quedo con la segunda: la del buen rollito cíncio para apuntalar las capitulaciones del divorcio.

    Acabo de colgar otra historia terrible.
    Abrazos

  8. Alberto:
    otro género que se te da estupendamente. Todos los microrelatos publicados me han parecido buenos pero me quedo con el 3, el 5, el 7 i el 8 (no, esto no es ningún bingo) con mención especial para el número 6 que es sencillamente brillante.
    Un abrazo.

  9. Eres muy prolífico en brevedades, y todas son grandes

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