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La Cohta Tropicáh


LA COHTA TROPICÁH

Inicio hoy una nueva categoría de mi blog, llamada ” En chanclas (Crónicas de un veraneante en la costa granaína)”, destinada a unas desenfadadas reflexiones sobe el hecho único, irrepetible y auténticamente diferencial, de veranear en la llamada Costa Tropical (para el granaíno medio, la cohta, sin más precisiones ni adjetivos), es decir, en puntos de veraneo tales como Almuñécar, La Herradura, Motril, Salobreña y algún otro pueblecito más modesto.

Si hay mucha gente que piensa en las vacaciones de verano como en una ruptura con la cotidianeidad, una terapia para superar el agobio de lo rutinario, un elemento de riesgo que aporta al espíritu algo de desafío ante lo nuevo, algo que te ayuda a sentirte definitivamente vivo, si toda esa concepción existe, también es cierto que está la visión del granaíno medio, que prefiere bajarse a su cohta de toda la vida, donde conoce cada palmo de la playa, el modo de pillar buen emplazamiento para plantar la sombrilla y extender la toalla (eficazmente vigiladas por el abuelo desde las ocho de la mañana), dónde debe aparcar el coche para que el municipal no lo sancione, dónde está ese invernadero en que le venden los tomates a precio de saldo o dónde se compra el pescado más fresco…  El granaíno medio se siente como en el claustro materno cuando es consciente de que conoce desde que era niño a Manolo el panadero (pronúnciese “panaero”) y le pide que las tortas de la merienda no estén quemadas, que los ahelicos luego no las quieren; o a Pepe el del kiosco de prensa, al que le gorronea las noticias fundamentales del Marca o del Ideal (ya sabéis los fichajes del Granada, recién ascendido a Segunda), o a Paco el del bar, que le pone las tapas que le gustan sin tener que pedirlas…

 

Al granaíno medio le gusta hacer de sus vacaciones una continuación de su rutina y de su atasco permanente en una ciudad tan promiscua como la nuestra, así que persigue estos puntos de la cohta que le reconfortan con los mismos atascos, la misma falta de aparcamiento, los mismos abusos en los precios, la misma promiscuidad, en definitiva. Lo mismo de siempre… todo exactamente lo mismo que cuando venía con su familia, hecho un crío, y besó por primera vez a aquella chica en la  verbena del patrón, allá por el… hace memoria… sí: en 1974… ¡cómo pasa el tiempo! Y mira de reojo a la misma chica, su mujer de toda la vida, ya marchita por los años y tan cambiada…

Hay quien señala que dar una vuelta por Almuñécar en verano es  encontrarte a la misma gente que saludas en Puerta Real o en el Corte Inglés, sólo que aquí van en chanclas y con lo michelines sin camuflar. También hay quien señala que para ese viaje (el de ver a la misma gente de todos los días) no se necesitan alforjas. Craso error: el granaíno medio se traslada de la ciudad a su apartamento de la cohta con una impedimenta bien considerable. Pero eso será el objeto de otra crónica en chanclas, que me voy a gorronear la prensa en el kiosco de Pepe, a comprar las tortas (sin quemar) en lo de Manolo el panadero y a tomarme un café en lo de Paco, que me pone el cortado tal como yo lo quiero. Es que para eso llevo viniendo toda la vida aquí, a la Cohta Tropicáh, la de los granaínos.

Alberto Granados

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7 comentarios el “La Cohta Tropicáh

  1. Me ha encantado, no lo hubiera descrito mejor. Espero que lo pases bien y disfrutes de la cohta. Y dale recuerdos a Juan si también anda por allí.

  2. Jolín con la cohta!!Los que vivimos en esta tierra fronteriza no sabemos del stres que supone ir a las playas peninsulares.Somos unos privilegiados:tenemos cábilas alquiladas y disfrutamos de calas salvajes sin gente ni coches.Por lo demás,algoparecido:las verduras y la frutas en Mimón,el pescaíto del Largo y elpan del Busi.Nos falta el kiosco de prensa;aquí sólodeproductos de la tierra,pal que le guste…En fin,cada uno se adapta a lo que tiene más a mano.Los días de poniente,desde mi cala magrebí se ve Sierra Nevada;me fijaré bien la próxima vez,quizá se vea alguna sombrilla.

  3. Los jiennenses de interior teníamos la cohta del Guadalquivir en la Sierra de Cazorla, cuando era sierra virgen y bella. Desde Villacarrillo viajábamos al Charco de la Pringue para darnos un baño en sus congeladas aguas y entregarnos después, con nuestra dulce sangre, a los golosos tábanos que nos salpicaban la piel de una cosecha de “habas” a prueba de antihistamínicos y corticoides. Desde entonces, uno de los conceptos que menos claro he interiorizado es el de “pasárselo bien”. Superada esa etapa,vamos de playa en playa y de costa en costa como el veraneante errante. Así hasta que me aclare.

    ¡Buen verano a todos!!

  4. Poreso, por eso mismo no quiero veranear en Graná: las piedras, los atascos, los de siempre… Agggggggggggg.

  5. Jajajajajaja. Lo has clavado. Justo de eso hablaba con una amiga del FB esta semana pasada. Es que lo has clavado!!!!!!!!!!

  6. Bueno, la serie sólo ha empezado, pero venrán más episodios, así que los locales guardad vuestro diagnóstico para más adelante y los foráneos id aprendiendo cómo zomoh loh granainoh…
    Abrazos

  7. […] mi gente, mi trayectoria. A fin de cuentas, ese es el espíritu maléfico del veraneo en esta cohta granaína, en que cada uno se reconoce en su […]

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