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Playa


El ámbito idóneo del veraneo es la playa por mucho que otras propuestas intenten quitarle ese indiscutible protagonismo. Es cierto que cada cual es dueño (y responsable) de sus propias opciones y que en esto del veraneo cada listillo le arrima el ascua a su sardina, por lo que hace tiempo que se cantan las excelencias del propio pueblo (reencuentro con tu familia, tu pasado, tu intrahistoria: ¡qué horror!), o la montaña (enmoquetada, sin bichos y alicatada hasta el techo, como de Google), el camping (la columna empieza a doler a las cuatro de la madrugada en la cama; a qué hora empezaría a doler en el duro suelo) y otras ideas parecidas, contra las que no tengo nada, pero que no cuadran con mi definitiva e inequívoca opción: la playa. Me pongo, decididamente, en la piel de un veraneante playero, que esa es la función de estas crónicas en chanclas.

Cada mañana, cruza la distancia hasta la arena, avanza con su sillita, su sombrilla, un bolso o riñonera con cámara, teléfono, el Marca, las llaves y dinero. Pasa por delante del chiringuito (se merece otra entrada) y se sitúa aproximadamente en el mismo sitio de siempre, rodeado de las mismas familias de siempre y viendo el mismo mar de siempre. Esta rutina no le produce cansancio. Para nuestro anónimo veraneante , el ir y venir de las olas, el cambio de forma de las nubes, el fuego de una chimenea o el juego de los niños son, en sí mismos, espectáculos inagotables.

 

Se entretiene, al borde de la playa, en observar a la gente, en adivinar biografías, en buscar cosas que comentar con su  mujer. Observa, intrigado, la distinta forma de desvestirse de ellos y ellas. ¿Por qué ellos se desvisten de pie, nada más llegar y en un instante, mientras que ellas lo hacen en dos fases (de pie y después sentadas), lentamente y cuando ellos ya han vuelto de darse dos o tres chapuzones? Insondable arcano que llega a pensar que tenga algo que ver con el instinto de seducción.

 

La playa, además de todos estos contenido sociológicos, ofrece espectáculos impagables: los bikinis y pareos multiplicados por sí mismos, que para eso son del mismo mercadillo; las reuniones multifamiliares con barbacoa incluida (a veces provocan un efecto contrario al buen rollito y salen trapos sucios a partir de tercer copazo); los padres que intentan volar cometas para entretener a su prole y terminan por hacerle polvo el juguete a sus inconsolables niños; los chicos morenos sin-papeles que vienen vendiendo camisetas de la Roja y artesanía de Senegal hecha en Parla; el paso de avionetas publicitarias (Don Pipón, Ruiz Mateos, Marina d’Or, Hiperdeluz, y este año, para alucinar y como novedad, Comisiones Obreras anunciando la huelga general, así, con artes de empresario: ¡vivir para ver!); los helicópteros y barcos de la Policía Nacional, de la Guardia Civil, de protección Civil… que siempre le hacen soñar con algo de aventura: un alijo de droga, una patera, un naufragio bonito y entretenido, algo para comentar durante meses en la sordidez del trabajo rutinario… De cuando en cuando, aparece algo más insólito: un buen catamarán, un yate envidiable, un parapente, una bandada de delfines, en fin, esas cosas que entretienen tanto.

 

A una hora prudente, nuestro veraneante anónimo y su “parienta” mandan a los niños con la abuela y se van al chiringuito, a por juna cerveza y unas migas o tal vez un exquisito Calvente con algo de pescaíto, antes de volver al apartamento para comer y echar la siesta.

La playa es todo un universo rico, inabarcable, cálido y humano. Algo irrenunciable. Por eso, tanta trascendencia le produce a nuestro veraneante una invencible pereza: ¡anda, que ir a hacer todos los días lo mismo! ¡Qué latazo!

Alberto Granados

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3 comentarios el “Playa

  1. Para l@s que amamos el mar,nada mejor que la playa.Mañana me voy a una magrebí,Saidia,14 km de playa salvaje,no me despojaré de mi ropa por fases,me habré bañado seis veces antes de que me miren dos,no conoceré a la gente que me rodea,no habrá prensa…ésta sí que es una playa!!

  2. Saidia me produce envidia, Marifé. Y por mí no lo dejes: sigue el ritual desnudatorio que creas más conveniente, con la cadencia exacta, con el ritmo necesario, con la prisa exacta… Tal vez halles recompensa…

    Alejandra, celebro que te guste mi playa. He leído tu correo y te agradezco tus elogios. A escribir. Lo haces muy bien.

    Abrazos,

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