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¡Musho Motril!


Cualquier veraneante de la Costa tropical tendrá que pasar por Motril alguna mañana: alguna gestión administrativa, alguna compra, algún asunto de notaría, banca o registro (normalísimo en una zona donde se compran y venden cientos de apartamentos), médico, taller de coches… Pienso que no existe el verdadero veraneo sin pasar dos o tres mañanas en Motril. El complemento perfecto de la tórrida mañana motrileña era, hasta hace unos años, tomar café en la desaparecida cafetería Rex, cubierta de fotos de los cafetales que poseía el dueño y suponían un trozo del Caribe en plena vega de Motril.

Motril es una auténtica ciudad de 60.000 habitantes (censo de 2009), cabecera de comarca y casi capital de la zona de la costa. Tiene una serie de anejos que últimamente pugnan por ser municipios independientes, aunque de momento sólo han llegado a ELAs (Entidades Locales Autónomas), un estado administrativo cercano al limbo de los creyentes, que equivale para los incrédulos a algo así como “ni chicha ni limoná”, que nos ha subido los impuestos y bajado la calidad de los servicios básicos urbanos.

Motril, que siempre ha tenido el prurito de ser capital de algo, se desangra ahora con la añoranza de las épocas pasadas, cuando en toda la vega se cultivaba la caña de azúcar y el excelente ron Montero se embotellaba en clara competencia con las marcas antillanas; cuando era una ciudad próspera y de buen tono, clasista y conservadora;  cuando el Rey Balduino de Bélgica veraneaba aquí, en su finca Astrida, reviviendo en algunos cierta envidia del Santander de principios de siglo, donde veranearon hace décadas infantas y Borbones; cuando mantuvo un periódico (El Faro de Motril) que hoy persiste como publicación mensual que, eso sí, sostiene una revista literaria de gran calidad, “Pliegos de Alborán”, dirigida por el poeta José Lupiáñez; cuando tenía varios cines; cuando los motrileños sentían un orgullo localista que se definía con el eslogan “¡Musho Motril!”, que ha dado lugar a tantos chistes.

(Imagen tomada de rairsoft.com)

 

Si ese grito de “Musho Motril” significó un ansia de autoafirmación, de cierta visión autosuficiente, no cabe duda de que la realidad se impuso siempre y la gente sencilla acuñó otra interjección polivalente, el “¡Foh!”, con el que otro tipo de motrileños, más realistas, menos autocomplacientes, expresan desde la incredulidad hasta el fatalismo, la impotencia, la resignación o la aceptación irrevocable del infortunio.

Motril, siempre ambigua, siempre entre el “Musho Motril” y el patético “Foh”, siempre acomplejada y frustrada en muchas pretensiones antiguas, es una ciudad de contrastes. Está a escasos kilómetros de las cumbres de Sierra Nevada, pero ofrece un microclima subtropical en que se cultivan aguacates, mangos y otras frutas caribeñas. A medio camino entre Almería y Málaga, su puerto se ve yugulado por la inexplicable ausencia de infraestructuras, lo que le resta tráfico marítimo y genera paro y descontento, aunque ha copiado de Almería el falso milagro de los cultivos del plástico, que está generando unos beneficios inmediatos a cambio de un galopante proceso  de desertización.

Hasta en lo lingüístico son diferentes los motrileños. Motril y una buena parte de su comarca pertenencen a la zona dialectal de lo que Dámaso Alonso llamó “la Andalucía de la E”, ya que termina ciertas palabras en una inexplicable “e” que se burla del sistema fonológico. Se me hace irrenunciable contar el chiste paradigmático de este fenómeno, según el cual, una madre y su hija ven una película porno y la chica dice:

-Mame, ¡mire usted qué pene!

Y la madre, más escéptica, responde:

¡Qué pene, no! ¡Qué alegríe!

Motril es un paradigma de buenas gentes que se debaten entre la amabilidad más obsequiosa y los modales más inexplicablemente bordes. Gente que abandona su propio negocio para acompañarte a las puertas de la competencia o comerciantes que generan un amplio anecdotario de falta de tacto, delicadeza y “excelencia”. Es el Motril que me gusta, ambiguo, contradictorio, plural y lleno de contrastes. Musho Motril, aunque (¡Foh!) tenga algún defectillo bastante menor.

Alberto Granados

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9 comentarios el “¡Musho Motril!

  1. Muy gracioso… yo note el efecto E, primero en Almeria, !tite! !alpargate! y si, en Motris. Y una viejecilla persignandose al paso de los Reyes Magos… si, Motris es especiá.

  2. Pero falta una parte del dicho, paisano… (y mierda par shaquetah -con perdón y qepd- ¿no?)

  3. Foces, por esta zona se decía “Mame, dame pesetes pa comprar papes”. Otra zona de la Andalucía de la E es Puente Genil, en Córdoba.

    María, no me “líes”. El Chaquetes era el presidente del Motril club de fútbol, y cuiando perdía le decían eso. Por cierto, trato de meterme en tu blog y no me deja. ¿Eres quien yo creo, lianta?

  4. Mmmmm…¿lianta? un bastante, sí. Lo de lah papeh eh máh zalobreñero que motrileño ¿no?. En mi mente el “Mucho Motríh” y lo que seguía son indisolubles. Como lo es hablar de Motril y hacérseme la boca agua pensando en las bizcotelas de Las Delicias, el pulpo del Vicky, la Torta Ráh de Videras, la leche rizá de Perandrés o la Cazuela de San Juan de La Costa del Sol. O el Orejones y la Juanita. O pasear el uniforme de “las monjas” por Los Jardinillos y Las Palmeras. Motrileña de casi puera cepa que salí. Nadie es perfecto.

    Lo del blog ha sido una pequeña incidencia técnica, puede usted pasar cuando guste.

  5. Siempre había supuesto que Motril era más pequeño y es que no hay que suponer, hay que informarse.
    Me ha divertido el chiste.
    L “e” final también se la he escuchado a los murcianos pero el sonido es casi neutro.
    Flexibilidades del idioma.
    Un petó!

  6. Foces, ya sé que no estás para chistes, pero comprende que los reyes magos son para santiguarse y más. Un abrazo y arriba esos ánimos. Yo también he estado hoy de entierro.

    María, te había confundido con una antigua lectora mía que firmaba como Lía y yo llamaba Lía lianta. Perdona. Sigo sin poder entrar a tu blog.

    Glória, Motril es divertidamente especial. Estuve a punto de incluir un largo anecdotario, pero eso da para otro post.

    Abrazos

  7. Hablando de entierros…
    Esto me ha pasado dos veces, en los velatorios de mi abuelo y mi abuela. En Motril no se te acerca alguien a darte el pésame y decirte “lo siento mucho” o te acompaño en el sentimiento. No. Simplemente se te acercan, se te ponen al lado y te dicen sin mirarte “digo… loh cohoneh…”.

  8. me gusta. Mucho Motril.
    Eso lo digo yo a mis hijas, nacidas en Motril porque han nacido en verano, pero criadas en los madriles.
    Un saludo de un emigrante

  9. Celebro que te motive mi post. Yo no soy motrileño, pero veraneo por la zona desde hace veinte años y bajo mucho, incluso en invierno.
    Quedas invitado a este blog. Si me permites, creo que lo más vistoso son los relatos.

    Un cordial saludo,

    AG

    PS Desde hace unos meses también colaboro con Pliegos de Alborán, la separata cultural de El Faro de Motril. Si deseas ver lo que hago en esa revista, busca los Pliegos en la página del poeta y profesor José Lupiáñez.

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