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El eterno retorno


No me cabe duda de que cuando Nietzsche esbozó su antiquísimo tópico filosófico-literario del eterno retorno, fue, necesariamente, al volver de las vacaciones estivales, aunque hay veces que pienso que fue en una Nochevieja, rodeado de compadres y el cerebro macerado en cava. Son dos momentos del año en que ponemos orden en nuestras vidas y nuestras almas, como si el tiempo fuera un concepto reciente y el universo aún estuviera por estrenar.

Tal vez somos esclavos de nuestra rutina y tenemos el deber de ser “hombres /mujeres de provecho” tan metido en nuestro espíritu, que las alegrías y jaranas de las vacaciones de verano o las comilonas y excesos navideños nos suponen un resto de culpabilidad, esculpido a fuego en nuestras conciencias, que consideran estas conductas como algo moralmente nocivo, algo a extirpar rápidamente, que ya se sabe que la ociosidad es la madre de todos los vicios, según la moralina con que nos acunaron. Por eso, ese pequeño luterano que todos llevamos dentro nos tira de las orejas y nos hace llenarnos de buenos propósitos al volver de la playa, tanto como al empezar cada año. Es el pistoletazo de salida de nuestra parte buena que nos requiere a volver al redil y a las buenas costumbres (¡como si tomarse unas cañas con sardinas o echar una larga y generosa siesta no lo fueran!).

He aquí una breve lista de los propósitos de todos los eneros y de todos los septiembres. Podéis imprimirla y os ahorráis un tiempo y una dedicación que ya hago yo por mis lectores (veréis que me desvelo por vosotros):

Dejar el feo vicio de fumar, que además no está nada bien visto últimamente: eso es un magnífico propósito para estas fechas, en que todos los fumadores (¡yo lo fui y lo echo de menos cada minuto de cada día!) recapacitan y reconocen que han estado un mes de ocio en el que no se han quitado el cigarrillo de los labios. Y, sobre todo, les ha salido por un pico, que fumar no es barato.

Perder los kilos que la cerveza ha ido poniendo alrededor de nuestras barrigas (¡ya es insoslayable que son barrigas, o incluso panzas o buches, pues otros sinónimos -tripa, vientre, estómago…- se quedan cortos y sus connotaciones hace tiempo que se quedaron tan pequeñas como los pantalones de la temporada anterior).

Hacer deporte y vida sana, para lo que habrá que ir a alguna tienda de deportes donde equiparse, tienda cuyos precios serán tan abiertamente abusivos como disuasorios. A fin de cuentas también sirve pasear y resulta más barato. Lo malo es que hay muchos días en que el calor, el frío, la lluvia, el viento o una simple indisposición pasajera nos dejan atados al sillón de orejas, pero eso son los  imponderables de cualquier actividad humana. En cualquier caso, concedámosnos el beneficio de la duda y hagamos una porra contra nosotros mismos: fijemos el número de días que nos va a durar tan noble propósito. Con el producto de la porra, siempre se podrá uno tomar una caña y comprar un paquete de Ducados o Fortuna (a elegir).

Llamar a todos esos amigos a los que apenas veo, pese a que cada vez soy más consciente de que la vida urbana es espantosamente solitaria, aunque tengo cientos de amigos a un golpe de llamada telefónica gratuita (¡para eso tengo tarifa plana, por mucho que se moleste y me diga que abuso la Telefonica –con acentuación llana, por favor, que los esdrújulos no tienen imagen de marca-). Tengo que llamarlos a todos, e incluso proponer una vez más que nos veamos todos, aun sabiendo que sería un desastre, un cataclismo humano, en el que te reflejarías en las calvicies, sobrepesos, miopías, arrugas, canas… de todos esos amigos del alma, capaces de echarme a tierra la moral de combate y que , en consecuencia se quedarán (hasta nueva necesidad) en el listín de teléfonos, que para malos rollos, yo ya tengo los míos.

 

Por cierto, que de este año no pasa comprar un nuevo directorio y actualizar las direcciones, teléfonos fijos y móviles, direcciones electrónicas, etc. de todos mis amigos, que el directorio que tengo junto al teléfono, además de no aparecer cuando se necesita, tiene más tachones que un manuscrito de Lope, ahora tan de moda. Además, aún mantiene al Jacinto con la Paqui y al Juan Antonio con Silvia, cuando hace ya… sí, por lo menos cuatro o cinco años que se separaron y ya tiene cada quien su nueva pareja (por cierto, tendré que comprobar si tengo esos nuevos teléfonos).

Y no voy a olvidar llamar a mis titos y titas, últimos vestigios de mi niñez, de mi pasado arcádico y feliz… Bueno… este… ¿Yo fui realmente un niño feliz? ¿No quedé conmigo mismo en que fui un crío triste, reprimido y asfixiado por el entorno familiar, puritano y estricto? Igual es mejpor dejar las cosas como están y los llamo en otra ocasión, ¿no?

Me estoy haciendo un lío. Creo que tantos buenos propósitos tendré que meditarlos antes de empezar con ellos, que tampoco estoy en edad de cambios precipitados, que ya lo dijo Ignacio de Loyola: “En tiempos de tribulación, no hacer mudanza” y estos días son de tribulación profunda, que el chiringuito ha cerrado. ¿O es que eso no arruga a cualquiera ante sus propios buenos propósitos? Es que no somos de hierro.

Alberto Granados

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10 comentarios el “El eterno retorno

  1. A propósito de llamar a los amigos, recuerda lo que decía el recientemente fallecido Antonio Gamero: “Si tienes penas no se las cuentes a los amigos. Que los divierta su puta padre” (Con perdón).

  2. Si cada vez que he hecho propósitos de ese tipo los hubiese cumplido,hoy seria por lo menos deportista de élite! Gran post Alberto! Un abrazo!

  3. miguel, sin perdón: lo leí en la necrológica (ahora se llaman obituarios) de El Pais y me pareció una frase de ponerle marco.

    Juan Andrés, ¿ya en Granada? Un abrazo y gracias por tu benévola crítica.

  4. Hola Alberto; te has esmerado en la lista, es bastante completita. Tan solocoincido en lo de dejar de fumar, ya me toca. Por lo demás, soy cervecera entregá, más aún con los calores,no engordo ni atá y soy adicta al deporte. Jamás olvido a quien tengo que llamar; por otrolado, con la family ya se sabe : se mantine lo que hay que mantener.
    Mi propósito principalpara este nuevo curso es no meterme en fregaos que me quiten tiempo y dedicarme a lo que realmente me de satisfacciones. El resto, que me olvide.

  5. Más que un nuevo directorio, cómprate una agenda con planning para poder tener claro todas las cosas pendientes. Creo que te ayudará mucho más 🙂

    Por cierto: ¿quién habló de la cuesta de Enero existiendo el Tourmalet de Septiembre?

    Un saludo

  6. Me he reido!!! yo soy muy típica, cada enero quiero dejar de fumar, pero ya lo conseguiré…..
    Lo de la vida sana no, ahí no tengo yo ramalazos postnavideños, si acaso cuando me da la neura de hacer algo nuevo pero la desecho en seguida que no quiero ser caprichosa sin motivos.
    Mi gran propósito cada comienzo de año es ir más alcine y leer más libros, y cada año subo unos puntos.
    Un abrazo Alberto, que me has hecho reir:)

  7. Se te ha olvidado empezar un coleccionable, que mira que cada año sacan un montón de chismes para coleccionar, y otro más: hacer todo aquello que quisimos hacer durante las vacaciones y que no hicimos porque estabamos sin hacer nada

  8. María fernanda, lo de “cervecera entregá” es todo un logro que yo plagiaré sin el más mínimo escrúpulo, que para eso estamos los amigos. Que disfrutes de todo eso que te da satisfacciones, que esto son cuatro días.

    Albert Good, las cuestas ya no son lo que eran. desde la crisis hay 365 días de cuesta de enero, y algunos meses son de categoría especial.

    Kaperusita, llevas razón: en lo de hacer las cosas que s deben de hacer “no se debe ser caprichoso sin motivos”. Todo un tratado de ética que debiera copiarte Savater.

    Tercero, genial lo de los coleccionables. Puede ser que tenga en mi casa mil cachivaches, todos inicio de colección, todos gratuitos o a precio de inicio-de-colección, todos de septiembre. Es lo que tienen estas cosas de inicios.

    Amigos, gracias y un abrazo

  9. Y empezar un coleccionable. Un septiembre sin una colección es sumergirse demasiado abruptamente en el día a día

  10. También, Jesús, retomar la lectura de los blogs de siempre. Por cierto, que trato de poner comentarios y se pierden: en Calahonda he estado con el portátil de mi hijo, que no tiene las cookies de todas las cosas mil veces repetidas que este sí ha guardado. El resultado, cientos de comentarios de mes y medio que no han llegado a su destino. Los últimos días, ya los copiaba antes de perderlos: me ha pasado con varios de vosotros. Un abrazo

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