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Beatificación


Un par de días y Granada se convertirá en un referente del catolicismo oficial con motivo de la beatificación de Fray Leopoldo de Alpandeire, un fraile mendicante que recorrió las calles de nuestra ciudad hasta hace sólo unas décadas pidiendo limosna para tantas familias desfavorecidas y allegando fondos (parece que, en ocasiones, bien importantes) a la orden religiosa a la que dedicó su vida.

Con tal motivo, nuestra ciudad estará llena de creyentes que abarrotarán la base aérea de Armilla. Se ha estado preparando un operativo para acoger los autobuses en el ferial, ahora vacío, y se ha cedido la base aérea de Armilla (propiedad del Ejército del Aire) como escenario de la ceremonia, que se presume multitudinaria, si se parte de la cifra de fieles que han estado acreditándose para asistir (la acreditación cuesta unos euros, al igual que la mochila del fraile).

 

El próximo beato cuenta en Granada con una multitud de enfervorecidos fieles que visitan regularmente su tumba, ponen exvotos, compran sus escapularios, donan limosnas, rezan y piden solución a sus problemas, consuelo a sus infortunios… y dan testimonios sin fin de los milagros atribuibles a Fray Leopoldo, que cuenta con una calle (entre Constitución y la zona de RENFE, es decir, bastante céntrica). Esta mañana he pasado por la puerta de su “empresa” y la policía local estaba llevándose los coches estacionados, pues el tráfico sufrirá nuevas restricciones con ese motivo. Me figuro que los dueños de los coches retirados por la grúa habrán considerado la desaparición de su vehículo como otro milagro del frailecillo limosnero.

Como no creyente, veo toda esta credulidad como una superstición, pero eso es cosa de cada quien y estoy dispuesto a respetar escrupulosamente las creencias de cada individuo, e incluso a que estas creencias supongan el uso (o tal vez, el abuso) de espacios públicos. Pero una vez superado el nivel individual, la fe de cada uno, el resto de todo este tinglado me parece una maniobra mediática de la jerarquía católica, tan propensa a hacer caja y de paso darse un buen baño de multitudes enceguecidas por la liturgia, entregados a priori a la causa de ver a su fraile beatificado. No dudo de que este hombre, siempre entregado a los demás en una época francamente negra y carente de escrúpulos, se pueda considerar un santo, un hombre bueno, una gran persona. Todas las demás adherencias me huelen a una descarnada necesidad de la iglesia católica de protagonizar alguna ceremonia que conduzca a las ovejas descarriadas, a la grey, hacia algo parecido al acatamiento, a la sumisión sin fisuras a los dogmas y milagrerías, a esa piedad de garrafón, tan contraria a la falta de piedad católica para con los homosexuales o las mujeres que se han visto abocadas al aborto, para quienes sólo hay anatemas y posturas abiertamente non sanctas.

 

(Imagen tomada de contralasinrazon.bitacoras.com)

 

Yo, como es habitual en estas multitudinarias manifestaciones de piedad, me quedaré en mi casa, no molestaré a nadie, no ofenderé a nadie y reivindicaré mi derecho a ver en todo esto una estrafalaria pantomima, más propia del Medievo que de nuestros tiempos. O sea: al césar, lo que es del césar.

Alberto Granados

11 comentarios el “Beatificación

  1. Cuando llegue a esta tierra, a mediados del 54, este hombre ya no salia a pedir, estaba muy enfermo. Los frailes tenían… sosias, ahora dirían clones… y se parecían todos. La gente creía que, años después. seguía vivo.

    A propósito de curas y cosas así, que asco lo de los curas belgas. Y aqui les damos jabón… y dineros.

  2. Menudo negocio!!. Ayer, en el dentista, me encontré con una pareja que estaba anulando una cita porque iban a la beatificación. Me comentaron lo de las acreditaciones y lo moderna que se había vuelto la iglesia ( me recordó a la canción de Carlos Cano ),que habían hechola operación por internet y que ya tenían sus dos sillas reservadas. Mira que si en medio de tanto fervor religioso a la señora le da un dolor de muelas ,se acordará del dentista o le pedirá al Santo la curación?

  3. Las masas necesitan dioses, santos y futboleros. Da igual lo que le sirvan. Lo único que importa es que los medios sepan hacerlo con habilidad. Y para eso la iglesia es única. Su enorme experiencia va del siglo IV al XXI y, aunque ya no posee armas tan eficaces como la Inquisición, todavía goza de inmenso poder. Poco importan las escandaleras pedófilas de Irlanda, Bélgica, Estados Unidos etc. etc. (en España se impone la ley del silencio sobre este particular). Para el fervoroso católico todo eso no cuenta.
    No deja de ser significativo que en un país que, cuando le interesa, presume de laico, el ministerio del Ejército haya cedido los terrenos de Armilla para este acto. Ante tal alarde de fanatismo propagandístico cabe preguntarse: ¿se diferencia mucho el nacional-catolicismo de antes del supuesto laicismo de ahora? La ministra Chacón tiene la palabra.

  4. Totalmente de acuerdo, Alberto. Yo, como tú, reivindico mi derecho a no participar de pantomimas varias. Si Fray Leopoldo, que ejercía la mendicidad en favor de los pobres, viese el dispositivo que se ha montado a su alrededor no creo que se sintiese del todo agradado. Los homenajes han de ser acordes con el personaje homenajeado: si Fray Leopoldo dio su vida por los pobres, que ahora los “donativos” obligatorios por asistir a su beatificación se destinen a alguna obra social (a ser posible estatal, no eclesiástica, que el oscurantismo en sus cuentas ha llevado a la ruina incluso a cajas de ahorro) o proyecto de cooperación.

  5. Los fanatismos, sean de la orden que sean, siempreme han dado repelús. Sacan extrañas conductas de personas a las que creías cabales.
    ¿No os habeis fijado, que de un tiempo a esta parte cada vez se “beatifican” a más personas?, como dice Alberto, es la necesidad de recoger a las ovejas descarriadas y en tiempos de crisis hay mucho indeciso que necesita respuestas, un algo a lo que acogerse. Yo he oido comentarios del tipo: cuando iba más a misa y creía más en dios, todo me iba mejor…..
    A mi todo ese fervor febril me pone los pelos de punta, aún respetándolo

  6. Qué empacho sotanas, por amor de Dios…

  7. Foces, les damos dineros porque durante la transición se dejaron muchos abos sueltos (judicatura, concordato con la Corrupta Sede, fuerzas armadas… Ahora lo seguimos pagando: opinas en contra y dicen que es una persecución de los progres.

    Si le duelen las muelas, Mª Fernanda, será un milagro del santico.

    Francisco, llevas rtazón. Es una pura contradicción. Igaul que ver a concejales de izquierdas en las misas y procesiones de las Angustias. Dicen que n haverlo es perder votos. Hora es de cambiar algunos postulados, que parece que estamos en un eterno medievo.

    Juan Andrés; puro negocio y ya está. Lo demás son adherencias.

    Kape, que cada cual piense y crea en lo que quiera, que eso no me importa. Lo malo es que la iglesia se ha erigido en un poder civil paralelo, que presiona sobre temas sociales tales como aborto, divorcio, homsexuales, heerosexuales (qué manía con el sexo)… Ahí se convierten en auténticos militantes. ¿Nos tenemos que tragar sus postulados?

    Jesús, te llevo veinte años de sotaneo.

    Alejandra: Laus deo!

  8. Lo aviso, que lo sepan los que quieren acabar con esto de las clases sociales -Lola Flores dixit-, la beatificación de Fray Leopoldo ha resultado mucho más de andar por casa que la de San Josemaría Escrivá de Balaguer. Han sobrado sillas, el marco muy comparable con un descampado aereonáutico, los discursos pobres y con poco fundamento teológico. La beneficiada por el milagro más difícil, en pantalones… En esto del santoral, también hay pobres y ricos. Así cómo va uno a querer ir al cielo, lugar que parecía regirse por valores inamovibles y resulta que no, que se rige por el mercado.

  9. En el sillón se está de puta madre, tocayo.

  10. Don Pablo, no me seas ingenuo. ¿Has llegado a pensar que este frailecico podía tener el mismo cahé que un fusilado por los rojos (hordas marxistas) o que uno del Opus? Los caminos del señor son tan inexcrutables como el sentido clasista de esta jerarquía católica, en que todos somos iguales, pero unos son más iguales que otros.

    Albert Good, donde se ponga un buen sillón, que se quite una beatificación.

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