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La gratuidad de los libros de texto


Los políticos, a veces, adoptan medidas sociales que, incluso naciendo de las mejores intenciones, llevan, desde el primer momento, el estigma del conflicto, ya sea porque una determinada iniciativa surja sin el enfoque idóneo, ya sea porque la medida pase, interesadamente, a la palestra política y sirva de arma en la lucha electoral. Una de esas medidas, siempre rodeada de polémica, es la gratuidad de los libros de texto en los centros educativos, que se incardina en las medidas de protección a la familia, que en su momento (un momento dulce, en lo económico) supusieron un paquete modélico y avanzadísimo de prestaciones sociales.

Cuando la Consejería de educación implantó dicha medida, yo era secretario de un centro de Primaria y me eché las manos a la cabeza, pues incluso aceptando el calado social de dicha gratuidad, vi todo un futuro lleno de problemas. Partiré de la base de que la medida me parece una medida social muy importante: siendo la educación obligatoria hasta los dieciséis años, la administración autonómica andaluza, pionera en esto, ofrecía una cantidad para que los centros educativos administraran los llamados “cheques-libro”, nominales para cada niño o niña, por un importe prefijado de los libros, que no del material complementario (cuadernillos, atlas, diccionarios, mapas…) y necesario, a veces indispensable, para una enseñanza actualizada y moderna.

No era solamente gratuidad, sino una idea enormemente educativa desde el punto de vista de los valores: el libro tenía que durar cuatro años, para cuatro alumnos diferentes, y eso exigía un profundo respeto por lo público, una necesidad de fomentar el cuidado por “lo que es de todos”. Lo malo es que esos libros tenían que estar tan inmaculados que no se podían subrayar, ni esquematizar con notas al margen, ni completar con definiciones o datos, todo ello necesario para abordar las diferentes técnicas de estudio, que también deberían ir aprendiendo nuestros críos.

La medida ha supuesto también la desaparición de miles de pequeñas papelerías-librerías, que han echado el cierre porque se les ha matado la gallinita de los huevos de oro, el ingreso que les permitía sobrevivir el resto del año, pero eso, a fin de cuentas, era a base de ganar dinero con un artículo de primera necesidad, como es el material educativo de nuestros hijos.

Lo peor de la medida, es que, siendo necesaria, se abordó de una forma desenfocada, pues en muchos casos resulta innecesaria, pues son muchísimas las familias que pueden (y, en consecuencia, deberían) pagarse los dichosos libros de sus niños, tal y como ha venido pasando toda la vida. En estos casos, el ahorro equivale a un viaje recreativo, a unas noches de hoteles con encanto o cualquier otro capricho, que me parece perfecto, siempre que cada cual se lo pague de su peculio, en vez de con el ahorrito de los libros de los dos o tres vástagos. En cambio, hay familias que deberían percibir, no sólo el importe del lote de libros, sino también un vale de material para cuadernos, diccionarios, atlas y otros materiales que el cheque-libro no tiene en cuenta.

(Imagen de lazarza.net)

 

Otra pega: con el cheque-libro, los centros se ven verdaderamente limitados en su capacidad de implantar los libros según criterios pedagógicos, ya que se cae en las editoriales-oferta: te llega la editorial X y te ofrece el lote completo de libros por el precio del cheque, incluyendo hasta libros que no son suyos (normalmente, religión e inglés, que son más específicos). Lo que se llama aquí “hacer un mocho”. El centro se ve obligado a aceptar dichos libros, no siempre idóneos, por una simple cuestión de supervivencia económica, ya que euro que sobrepase el montante de  los cheques-libro, euro que abona el centro de los fondos de “gastos de funcionamiento”, situación que no se puede asumir, dado lo exiguo de las partidas presupuestarias.

Finalmente, considero que la medida es abiertamente injusta. No se puede tratar a todo el mundo de la misma forma y el cheque-libro no puede ser por la misma cuantía para un  hijo de un jornalero de la campiña sevillana, que para el de un rentista con una posición socio-económica desahogada.

Respecto a que la medida iba a ser germen de futuros problemas, ya tenemos a las AMPAs quejándose porque los centros piden cuadernillos de trabajo y otros materiales complementarios. He sido maestro de Primaria durante treinta y nueve años. Concretamente de lengua inglesa. Me pregunto (y les pregunto a estos padres y madres,) cómo quieren que se trabaje dicha área sin el pertinente cuadernillo de trabajo y un buen diccionario hecho con criterios didácticos; cómo se puede ver la geografía sin un buen atlas; cómo la lengua sin un buen diccionario, por qué se ha de prescindir de materiales complementarios, si luego las familias despliegan una cantidad de gastos estúpidos impensables (habría que ver el dineral de las primeras comuniones, por poner un ejemplo)… ¿Desean estos padres y madres desentenderse de la responsabilidad económica que conlleva la enseñanza obligatoria de dos o tres hijos o hijas y que la Junta corra con todos los gastos? Lo veo muy fuerte, muy falsamente  reivindicativo y muy poco social.

Y de nuevo volvemos a una percepción falsa de la escuela que últimamente está cundiendo, en buena medida por culpa de la propia Consejería (me duele especialmente por mi calidad de docente y de socialista). Se va más a la escuela como centro asistencial que como centro educativo. Importa mucho más el número de días de aula matinal, de comedor y de actividades (prestaciones sobre las que gravita la posibilidad de trabajar de los dos cónyuges) que sobre la calidad didáctica; la gratuidad absoluta, que las posibilidades educativas; la comodidad, sobre la posibilidad. Creo que hace falta un poco de rigor y que cada palo vaya aguantando su vela, en vez de colgárselas todas a la Consejería, especialmente, en tiempos de economía crítica. No puede consentirse que la medida se vuelva contra los centros, que es tanto como decir contra la propia Consejería, que ha desarrollado un ingente esfuerzo en materia educativa y asistencial. Hago una llamada a la cordura de todos.

Alberto Granados

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4 comentarios el “La gratuidad de los libros de texto

  1. Querido amigo, una excelente reflexión. La linealidad nunca es progresista. Es fácil de aplicar pero la justicia no está ahí. Quizá tampoco en las becas, pero al menos… No sé. El café para todos nunca me ha gustado.

  2. En tu otro blog no hace mucho releyendo comenté algo parecido a lo que dices tú sobre lo de que preocupa más las horas que están los niños en el centro que la calidad recibida en las clases. Y es que hay clases y clases y algunas pueden y otras no llegan, y las que no llegan racanean en la educación de sus hijos pero no en las cosas prescindibles que los equiparan a los más pudientes.
    Cuando yo estudiaba en trabajos manuales se nos enseñó, entre otras cosas, a reciclar libros. Éstos se pasaban a los hermanos menores al acabar el curso y si no tenías lo frecuente era donarlos al colegio para que otros niños pudieran utilizarlos.
    Ahora estamos en la era tecnológica, pronto ni habrán libros que comprar, pero sí otro tipo de elementos didácticos. Si no hemos podido solventar la precariedad de muchas familias, ¿podremos asumir la compra de materiales más caros?.
    Y yo no me quiero hace pesada, pero no hay que olvidar que la educación de hoy es el futuro de ellos.La educación recibida fuera y dentro de las aulas, los conocimientos,la autonomía adquirida.
    Creo que nos hemos vueltos unos profesionales de la queja, y hacemos muy poco por colaborar en la educación de nuestros hijos relegando en los profesores toda responsabilidad futura.

  3. Jesús, la medida es magnífica, pero debería tener otros criterios que nielaran diferencias.
    Kape, te veo muy en ñínea. Es que aquí ya nos estamos creyendo que se tiene que subvencionar todo y hay cosas que, incluso suponiendo un enorme sacrificio para las familias, son prioritarias.
    Abrazos

  4. […] mí incomprensible pasión irracional por el fútbol, la Memoria Histórica… Una entrada sobre la gratuidad de los libros de texto en Andalucía es, después de el mencionado relato “Guernica”, la entrada más visitada. En […]

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