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De memes y otras memeces


La Filosofía lleva miles de años discutiendo si las ideas son innatas o adquiridas, si lo que perciben nuestros sentidos es la verdad o sólo su apariencia, si el conocimiento es algo aprehensible o sólo somos capaces de llegar a las puertas de la verdad, que siempre se nos escapa… Cuando todo este tópico filosófico parecía no interesar a nadie, un etólogo keniata, Richard Dawkins, concibe una extraña teoría que acaba con la ilusión de cualquiera que haya tenido la vanidad de sentirse creador, aunque sólo sea un instante mínimo a lo largo de su biografía: si, en nuestra vanidad, hemos llegado a pensar alguna vez que tenemos algo de lucidez, que por nuestro cerebro ha pasado un relámpago brevísimo de genialidad, que somos verdaderos “autores” de algo… Dawkins nos dice que no, que somos imitadores, eternos émulos de un conocimiento previo, esclavos de un mecanismo que él llama “replicación”, eternos manipuladores de una cultura adquirida a base de memes.

(Imagen tomada de cetr.net)

 

 

Pensemos en la forma habitual de construir nuestro conocimiento: ante un estímulo cualquiera (una noticia de un periódico, un comentario de alguien de nuestro entorno…) nuestro cerebro se forma una imagen, un concepto, del hecho en cuestión. Lo repetimos a otros en forma de comentario, consigna educativa, carta, obra literaria, blog… y, poco a poco, pasa a ser materia asumida, algo completamente nuestro, integrado en nuestra forma de pensar y de percibir la realidad. Nos creemos dueños y creadores de semejante concepción, pero Dawkins asegura que no.

Él, teórico de la evolución darwiniana, sostiene (El gen egoísta, 1976) que los genes llevan implícitos tres mecanismos de perpetuación, los mismos que lleva en sí una información cultural (divisible en ideas, conceptos, sistemas, técnicas, habilidades, costumbres, ideologías, ritos, mitos, etc.) recibida de otros individuos por enseñanza, imitación o asimilación. Tales mecanismos, válidos por igual para la transmisión de material genético, como para el conocimiento son: la longevidad (ciertas ideas tienden a permanecer en el tiempo), la reproducción (las ideas se reproducen y pasan de una generación a la siguiente) y la replicación (las ideas son capaces de copiarse a sí mismas e integrarse en nuevas formas culturales).

(Imagen tomada de pequenavia.com)

 

Si el gen supone una unidad de material genético dentro de la biología, el mem (un neologismo creado por analogía con gen, a partir de la palabra memory) es una unidad de transmisión cultural, y entra de lleno en la teoría de la comunicación, en la antropología, en la ética, la filosofía, el humanismo… y ya, en nuestra época, en las nuevas tecnologías, capaces de registrar la más mínima variación, cambio, matiz, reformulación de una idea o de una teoría.

Existen miles de millones de websites, blogs, páginas de internet. Nos cruzamos cientos de millones de correos con contenidos ideológicos, artísticos, literarios, pictográficos… El universo parece repleto de información, una información que nuestro procesador nos hace asequible en pocos segundos: Google es capaz de encontrar millones de resultados para una búsqueda en menos de un par de décimas de segundos… Identificamos los temas gracias a millones de tags o etiquetas con las que catalogamos lo que buscamos o producimos en la red… y resulta que todo, absolutamente todo, es material perpetuado, reproducido, replicado a través de memes. La poesía más sublime, el cuadro que nos enternece, la novela que nos desgarra, la escultura que nos sorprende por su armonía, la sinfonía o la ópera que nos emociona profundamente… es sólo un conjunto de memes, algo carente, al parecer, de cualquier viso de originalidad o creatividad. Todo es material atávico, a veces olvidado o en desuso por las modas, pero perpetuado en esa especie de genes culturales que son los memes.

Puede aventurarse que cuando todos los libros sean electrónicos y llenos de tags, se podrá seguir al milisegundo la trayectoria de una idea desde que existe el lenguaje escrito, y reconstruir, a través de gigantescas autopistas meméticas, las similitudes, los plagios, las influencias y los parecidos, algo tan importante en nuestra cultura humanística.

Volvemos al “Nada nuevo bajo el sol”, la cultura se convierte, no ya en el malestar que enunció Freud, sino en el agobio plagiario de los memes. Hemos salido perdiendo. Ya no es cultura, sino una memez.

Alberto Granados

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5 comentarios el “De memes y otras memeces

  1. Lo que no es copia es plagio. ¿Les suena?

  2. De salir perdiendo nada ; el bagaje cultural del individuo no se puede deslindar de su obra,seas creador o no. Otra cosa es que partiendo de éste,no se ofrezcan nuevas miradas. Hoy en díayopido, almenos, eso.

  3. Jolines Alberto, me he desmoralizado. De um plumazo he bajado a la tierra, ¡con lo idealista que yo soy!
    Puede que todo sea algo derivado de unos patrones que actuan en secuencias idénticas cada vez, pero a nadie le va a quitar la satisfacción de tener una idea que crea nueva…..aunque ahora ya sepa que no lo es….¡jo!, o ¿lo es y esa teoría no es siempre cierta?
    ¿como era aquello? “La excepción confirma la regla” :DDDDD

  4. ¡Joder! A mí me gusta más la teoría freudiana de la sublimación de la libido, según la cual -corrígeme si me equivoco, o sea, corrígeme- cualquier obra de arte sería producto de la reutilización de la energía sexual “sobrante”, no canalizada por el instinto básico. Eso mismo estaba yo explicándoles a unos jóvenes de ESO y Bachillerato que participaban en el Concurso “Poesía en el Aula”, cuando Joaquín Pérez Azaustre (que estaba a mi lado), joven poeta , novelista y articulista, en plena efervescencia creativa, me espetó a micrófono abierto y entrando al trapo de mi reflexión (hecha , naturalmente en tono humorístico, como su respuesta):

    – Entonces, según eso, ¿yo no follo?

    Pues, ¿sabes lo que te digo? Por si las moscas, a ver si no se me ocurre nada en los próximos 20 años (por lo menos ¡y por los memes!)

  5. ¿Y como prueba estas teorías el nuevo descubridor? ¿Qué meme se las ha dictado?
    Está claro, sin embargo, que cada cual tiene sus memes y los hay vulgares y selectos.
    La cultura es un malestar según Freud. Es cierto. Sólo se libran de élla quienes la ignoran. Otros se sienten molestos y algunos la sentimos incómoda por inalcanzable en su totalidad. Respiramos y crece en millones de direcciones. Hay que ver la efectividad de los memes.
    ¿Qué cosas lees, Alberto! Y encima nos las cuentas.
    Un petó!

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