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Cuaversos de bitácora: El latido de África


Anoche asistí a la segunda y última sesión del ciclo “Poesía y Música en los conventos”, una iniciativa que consiste en usar los conventos de nuestro patrimonio como auditorios ocasionales para eventos musicales  y poéticos. La iniciativa “Poesía en los conventos” ha contado este años con dos sesiones: “La espiritualidad de la India” (el pasado día 23 en el monasterio de la Concepción) y la de anoche, “El latido de África”, en el Perpetuo Socorro. La curiosa iniciativa ha sido coordinada por el poeta Pedro Enríquez (por cierto, el próximo día 16 presenta en Nueva Gala su nuevo poemario), Yolanda López y Antonio Praena y está patrocinada por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía (Pedro Benzal, el Delegado Provincial, estaba allí).

Varios lectores (Dolores Cervera, Blanca Durán, Pedro López, Agustín Ndour y Mar Ontiveros) leyeron poemas del continente africano. Me comentó Pedro que eran diversos los autores y procedencias, pero no sé decir más. Además de la poesía, Roots Africa Percusión, un grupo formado por cinco senegaleses, altos como torres, vestidos con unas majestuosas túnicas de algodón blanco, cantaron unas melodías muy básicas y se acompañaron por todo un lujo de percusión, que hizo bailar a más de uno. Fue, verdaderamente, sentir el latido mágico de África. Lamentablmente, olvidé llevarme la cámara (me arrepentiré toda la vida).

Yo tenía previsto empezar hoy con los poetas de la antología de Castellet, pero anoche volví a casa “muy africano” y he buscado estos poemas en negro.

POEMA KUBA

No hay aguja sin punta penetrante
No hay navaja sin hoja afilada
La muerte llega a nosotros de muchas formas.
Con nuestros pies andamos por la tierra del chivo
Con nuestras manos tocamos el cielo de Dios
Algún día futuro, en el calor del mediodía,
seré llevado en hombros
a través del pueblo de los muertos
Cuando muera, no me entierren bajo los árboles del bosque,
le temo a sus espinas.
Cuando muera, no me entierren bajo los árboles del bosque,
le temo al agua que gotea.
Entiérrenme bajo los grandes árboles umbrosos del mercado
Quiero escuchar los tambores tocando
Quiero sentir los pies de los que bailan.

(Poema anónimo del pueblo Kuba, Congo central)

 

OFRENDA

 

Y aquí en la llanura que habito
mi mano es ancha sobre mi puerta
dadme mi ración de fruta
aunque yo no sepa de qué árbol viene
dadme mi ración de llanto
aunque yo no sepa qué corazón consume
No tardéis
ya estoy lejos de mis fuentes
No tardéis
puedo ser útil
ya arreglé mis uñas
rasuré mi cabeza
estoy limpio ante la noche.

 

 

MUCHACHA

¡Muchacha, menea bien!
¡Muchacha, menea bien!
¡Muchacha, menea bien,
zarandea tus senos!

¡Salud, muchacha!
Los tambores son tus tambores.
¡Que Amma proteja tu cuerpo,
tus piernas, tus ágiles piernas
y tus ágiles brazos!
¡Acércate a los tambores!
Linda cabeza,
todos los ojos te miran.
Tienes buena leche.
Todos los ojos te miran.
Calzas hermosas sandalias.
Llevas una calabaza en la mano,
una linda calabaza.
Todos los hombres te miran.
Todas las mujeres te miran.
Todos los niños te miran.
Todos tus amantes te miran.
Tu carne es hermosa,
tus piernas son hermosas,
tus brazos son hermosos.
Toda tú eres hermosa.
Has hecho hermosas cosas,
muchacha,
has hecho hermosas cosas.
La voz de los tambores
está en tus oídos.

Acercaos a la muchacha, jóvenes.
Poned cauris en sus manos.
¡Está bien!
¡Es una hermosa muchacha!

(Canto Dogón)

Tras los poemas y la música, Pedro Enríquez se despidió del público con un divertido “Hasta el año que viene si Dios y la Junta quieren”. Esperemos que sí. Amén. A la salida, dulces de los conventos de Granada. ¿Alguien da más?

Alberto Granados

6 comentarios el “Cuaversos de bitácora: El latido de África

  1. El latido de África traspasó los muros del Perpetuo Socorro, toda una experiencia. Y que gozada ver como la gente se dejaba envolver. ¡Enhorabuena!

  2. Buenísimo, Alberto, realmente un artículo excelente. Quedamos todos con el baile dentro, los tambores sonando aún después de horas después, todavía los siento, y qué decir de los textos, por cierto, el POEMA KUBA lo leyó anoche Mar Ontiveros. Música, lectores, asistentes, espacio…, realmente se sintió el latido de África. Un fuerte abrazo.

  3. Muy buena la iniciativa de la poesía en los conventos y la de traer poesía africana al Blog. Ojalá que sí. Que esté de Dios y de Griñán.

  4. Acabo de ver en “Lira Negra” (el nº 21 de la mítica y entrañable colección Crisol de Aguilar, 1962) el grabado con que ilustras tu post. Y es que, casualidades de la vida, esta mañana he leído en el Instituto (invitado como “profe emérito”) el conocido “Sensemayá” (Canto para matar una culebra) del cubano Nicolás Guillén. Vale la pena evocar -e invocar- aquí esa otra poesía negra (la americana, la afrocubana), heredera de estos latidos africanos.

    Soy un negro.
    Oscuro por las noches oscuras.
    Oscuro como el corazón de mi África.

    He sido un esclavo:
    César me ordenó limpiar sus escaleras,
    cepillé las botas de Washington.

    He sido un trabajador:
    bajo mis manos se erigieron las pirámides;
    hice mezcla para el edificio Woolworth.

    He sido un cancionero:
    Desde África hasta Georgia
    llevé mis canciones de tristeza,
    inventé el ragtime.

    He sido una víctima:
    los belgas me cortaron las manos en el Congo.
    Se me lincha ahora en Texas.

    Soy un negro.
    Oscuro omo la noche oscura.
    Oscuro como el corazón de mi África.

    (Langston Hughes)

  5. Yolanda, encantado de verte por aquí. Siéntete como en tu casa y comenta, que eso gusta. Mis felicitaciones a Pedro y a ti (incluyamos también a Praena, es de justicia) por hacer posibles eventos tan soberbios como el de anoche.

    Pedro, mi entrada no es ni buena ni mala: lo bueno o malo de los miércoles es la poesía que elijo. Soy muy prolijo, pero me gusta que los posts de poesía sean cortos y sin demasiadas explicaciones: la poesía debe hablar por sí misma.

    Jesús, te lo perdiste. Puedes pillar un remake el 16 en Nueva Gala. Por cierto, hay nuevos proyectos en el horizonte de esta sala cultural.

    Miguel, has acertado: Lira Negra. El problema de los poemas de este libro es que son básicamente americanos y yo los quería africanos por los cuatro costados.
    Tu aportación, como siempre, magnífica. Y Nicolás Guillén lo conozco muy bien (incluido Sesemayá, por un disco de cuando Ana Belen era “la sonrisa del PC”: La paloma de vuelo popular.
    Amigos, abrazos mil.

  6. Muy bellos los poemas que transcribes. También me gusta el que transcribe Miguel. En cuanto a Sensemayá de Nicolás Guillén, tiendo más a escuchar su música compuesta por Silvestre Revueltas.

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