6 comentarios

“El siglo que se nos fue”, de Franciso Gil Craviotto


En los últimos dos años, se ha producido un proceso de acercamiento al escritor Francisco Gil Craviotto, del que siempre he recibido un trato generoso y deferente, lleno de detalles. También me hizo descubrir algunos escritores desconocidos para mí, como es el caso del enorme poeta local José Carlos Gallardo.  Además, hace dos años, me atreví a insertar en mi blog una reseña de su anterior novela “El oratorio de las lágrimas” (Ed. Alhulia, Salobreña, 2008). A estas alturas, siento por él una mezcolanza de respeto, reconocimiento y afecto, es decir, algo muy parecido a una verdadera amistad (si él me permite la licencia).

 

 

 

 

 

Así las cosas, resulta evidente, me he alegrado mucho de que publique un nuevo libro, “El siglo que se nos fue” (Ediciones Carena, Barcelona, 2010), cuya presentación tendrá lugar este viernes, día 3 de diciembre (20,30 h.), en el Centro Artístico.

Se trata de un libro compuesto por siete  relatos que, en siete momentos del siglo XX, nos presentan un recorrido nostálgico por esa centuria de las dos guerras mundiales, de los grandes dictadores, la bomba atómica, la guerra fría y otras gigantescas convulsiones que han hecho del cambio un extraño motor de la Humanidad, algo que se produce con una celeridad vertiginosa, desconocida hasta ahora en la Historia.

Hoy quiero dedicar este post a una reseña breve y provisional de este nuevo libro, en primer lugar, porque lo he leído con auténtico deleite, pues es variado y ameno como pocos; en segundo lugar, porque reseñar a un escritor como éste es siempre estimulante, ya que es uno de los patriarcas de las letras granadinas, animador de tertulias, crítico en revistas literarias, un excelente “cuentero” (estaría mal decir “cuentista”, dadas las connotaciones de la palabra), además de un gran columnista y un inmenso cirujano de perfiles cuando abre en canal las almas de los personajes cuyas semblanzas escribe.

El propio autor avisa al lector del tono nostálgico de su libro: “Ya lo dijo Machado: se canta lo que se pierde. En las páginas que siguen he tratado de rememorar, a través de unos personajes que aman, sufren y a veces rozan la felicidad, aquel tiempo para siempre perdido y acaso, como añadiría Proust, un instante retrouvé.”.

Sabio diagnóstico, pues es exactamente eso lo que encontraremos en el libro: unos personajes arquetípicos, unas situaciones netamente humanas, unas relaciones de poder que atenazan vidas y enajenan felicidades, todo ello, en un ambiente de pasado en sepia, de recuerdo ennoblecido por la capacidad evocadora del autor, y siempre partiendo de lo que para mí constituye una premisa en la narrativa gil-craviottiana: el objetivo de sus libros es la denuncia de la injusticia, de la credulidad, del poder como instrumento corrupto y corruptor. Es, ante todo, un escritor ético, defensor de sus valores y denostador de los opuestos. En estas coordenadas, sólo su maestría narrativa lo salva de un maniqueísmo en el que hubiera sido muy fácil caer, ya que se ocupa profusamente del tópico machadiano de “las dos Españas”.

El primer relato, “La Filipina”, tiene  lugar durante el momento histórico del noventayocho, cuando la pérdida de las colonias, y los años inmediatamente posteriores. Un prisionero de la guerra de las Filipinas, que casi todo el mundo da por desaparecido, regresa al pequeño pueblo de El Aljibe del Marqués, donde dejó novia y familia. Vuelve casado con una bellísima mujer tagala, a la que rodean mil misterios. Esta mínima comunidad rural se ve sacudida por la presencia del soldado, ahora reconvertido en héroe, y su mujer, pero nada es lo que parece y las pasiones, la lujuria, el abuso del poder, la naturaleza humana, en suma, todo se desboca y da lugar a una serie de situaciones dramáticas

La época de la República aparece en el segundo relato, “El Astillita”, título que alude al hijo de un cacique, absolutamente inmoral, cuyo apodo responde al refrán de que “de tal palo, tal astilla”. El hijo supera con creces al padre en maldad, egoísmo, arbitrariedad y capacidad de hacer el mal. Siempre en este autor, el arquetipo del cacique aparecerá revestido de una enorme capacidad para permanecer al margen de los postulados éticos, de la decencia y la dignidad. Su poder será siempre capaz de contaminar a los empleados, curas, sacristanes, beatas, alguaciles y militares que lo rodean y apoyan.

La arbitrariedad de las delaciones de la posguerra, la inmensa capacidad de convertir en un infierno la vida de dos personas absolutamente honestas, aparece en el tercer relato, “Rufina”. El final del cuento es patético: los personajes mueren sin saber qué inculpación les amargó la vida.

Doña Remedios es la viuda de un médico represaliado en la guerra. Sospecha que los inductores de la muerte de su marido son el cura y el cacique, pero se dice a sí misma que no puede ser, ya que sobrevive dándole clases de solfeo y piano a  “Mariquita Pérez” (el título del cuarto relato), una niña de aspecto parecido al de la muñeca de igual nombre, tan popular durante la postguerra, que precisamente es hija del cacique. Le resulta difícil elegir entre mantener intacta su dignidad o sobrevivir.

 

 

(El Sr. Gil Craviotto, a mi lado, en un evento literario en Nueva Gala)

 

 

El quinto relato, “Dos maestros”, opone los dos sistemas educativos seguidos por los maestros anterior y posterior a la contienda: el primero es un digno heredero de la Institución Libre de Enseñanza y el segundo es el sacristán, lleno de buena voluntad, pero sin preparación alguna. Paradójicamente, este sobrevive, mientras el primero ha sido represaliado.

La emigración en busca de más amplios horizontes para vivir es el tema del penúltimo de estos cuentos. “Pepe el Gallina” es un joven que se ahoga en el ambiente rural de esos años, cerrado y asfixiante, por lo que decide irse a París. Allí descubrirá que, como en el Buscón, no basta con cambiar de lugar, si no se cambia de manera de pensar.

El libro se cierra con “Teresica”, un retrato de una beata que cree ver la voluntad de Dios hasta en lo más sórdido y cruel. Toda una crítica al nacionalcatolicismo de aquellos años.

Estos relatos transcurren en un ambiente rural ennoblecido por la evocación. Son pueblos figurados,  pero de una geografía anímica tan próxima, que parecen los pueblos de nuestras propias vivencias, los mismos personajes populares que vimos  en las calles de esa época, los mismos paisajes.

La narrativa de Gil Craviotto derrocha inmediatez, cercanía, complicidad. Sus personajes, situaciones y tramas son tan cotidianos, y a la vez tan terribles, que parecen historias de las que oíamos entre silencios y miradas cómplices, cuando en nuestras casas se intentaba soslayar que nadie era libre para hablar en voz alta de ciertos temas. Viene bien recordar aquel tiempo definitivamente escapado de nuestras conciencias, ese siglo que se nos fue, excepto en la magia de este evocador libro. El autor, citando a Machado, dice que “se canta lo que se pierde”. Yo añado que se recobra lo que se escribe con tanta pasión, ironía, ternura y sabiduría como Gil Craviotto despliega en este imprescindible libro.  

 

Alberto Granados 

6 comentarios el ““El siglo que se nos fue”, de Franciso Gil Craviotto

  1. Un título que promete mucho y que, al parecer lo da, vistos los elogios que le dedicas. Otro libro interesante que me recuerda -cada día es uno u otro- que no puedo leerlo todo. Por cierto, la edición es preciosa.
    Te he dejado un pequeño comentario en “Cuaversos”.
    Un beso.

  2. He quedado abrumado ante tanto elogio. ¿Será verdad que mis libros tienen todos esos méritos? Por un lado, mi sencillez se resiente; por otro, no me atrevo a desmentir a mi buen amigo Alberto, uno de los mejores amigos que tengo. Sólo cabe agradecer y pedirle al padre Zeus que no me cale la vanidad ni el orgullo. Es algo que siempre he procurado evitar. Antes de terminar, con toda humildad, quiero añadir que, si bien es cierto que yo he abierto en la vida de Alberto ciertos horizontes -la poesía de José Carlos él nos recuerda-, son muchos más los horizontes que él ha abierto en mi vida. Acaso algún día los enumere. Gracias de todo corazón y un fuerte abrazo.-F. Gil Craviotto

  3. Pues sólo nos queda leerlo y felicitar a Gil Craviotto y también a Alberto Granados no sólo por el libro y por su espléndida reseña, sino por la amistad que impregna y complementa esta hermosa entrada.

    Abrazos.

  4. Mira tú por donde, ya me urge leerlo… Gracias a tu reseña, querido.

    Bexos con sabor a tequila 😉

  5. […] o presentaciones de libros, exposiciones…. Entre las reseñas, la del libro de relatos “El siglo que se nos fue” , de mi admirado Gil Craviotto,  “Morir en Granada”, del escritor motrileño Joaquín Perez […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: