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Rebajas


Acabo de llegar de mi paseata mañanera y he pasado por Mesones: pese al frío y la lluvia, miles de personas (mayoritariamente mujeres) llenaban esta comercial calle (para los foráneos: todo son tiendas de moda, zapaterías, lencerías, tiendas de regalos…). Había una descomunal aglomeración que hacía difícil mantener el ritmo de mis paseos. Era algo como de día del Corpus, como de semana santa o de cabalgata de reyes, pero  el calendario sólo señala el inicio de las rebajas: media Vega y toda la ciudad está comprando las gangas, esas maravillas que hemos convertido en necesarias y hemos acudido a esos templos del consumo que son las tiendas y, especialmente, las tiendas de las grandes superficies o las franquiciadas, las que te revisten de un glamour especial tan sólo con llevar la bolsa, bien visible, ostentosamente visible, que además de comprar cosas, las rebajas deben servir para que se te vea que las has comprado.

(Imagen tomada de reporterafashion.com)

 

Se comenta que hay quien ya lleva estudiadas previamente las prendas que se va a comprar. Que, en algunos casos, se han comprado durante las navidades (una manera de hacer la “reserva”) para devolverlas hoy y, acto seguido, volver a comprarlas con el nuevo precio rebajado (parece ser que esta maniobra requiere una hermana, amiga o vecina cómplice).

Es como si hubiéramos hecho un cambio de era histórica en sólo veinticuatro horas y que, tras el empacho dulzón de bondad prefabricada de las navidades, se ha levantado la veda y volvemos a ser depredadores: abandonamos las sonrisas, los parabienes, las bienintencionadas felicitaciones, el empalago de ser atentos, cariñosos y amables con todo el mundo… y sacamos a la fiera: a ver quién me va a quitar el mp4 que tengo visto en tal tienda, o quién se va a atrever a llevarse el jersey de la tienda cual, al que le tengo echado el ojo, o la falda azul plisada, o los vaqueros, o la chaqueta, o esos tacones que me probé hace unos días, o… Más de una vez, tres pares de manos se aferran a una prenda y tiran como tres fieras se disputan los despojos de la presa recién capturada.

Del villancico hemos pasado al eslogan, de la bonhomía a la moral de “subsistencia”, del Evangelio a Niestzche… y todo por el poder mágico de las rebajas.

Se dice que la libido se activa en los machos por el efecto de unos efluvios que emanan del cuerpo de la hembra, efluvios que percibimos inconscientemente y que encienden nuestro deseo. Estas feromonas son una llamada irrefrenable, algo irreprimible, que nos predispone “a haber contentamiento con fembra plazentera”, que diría nuestro Arcipreste de Hita.

Viendo las caras de los compradores llego a pensar que las tiendas emanen unas “escaparamonas”, también llamadas “rebajamonas”, capaces de activar hasta el paroxismo nuestro deseo de proveernos de cosas, nuestro instinto de propiedad. Si no, no se explica el ademán libidinoso que he visto en los rostros de los compradores de Mesones (mayoritariamente mujeres) cuando miraban los escaparates como si les fuera la vida en ello.

Alberto Granados

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11 comentarios el “Rebajas

  1. Pues si, tienes razon… yo estoy investigando las rebajas ideologicas, de ideas… de futuro… lo mio es mas patente.

  2. En tiempos de rebajas, suspender las andanzas, como hubiera dicho San Ignacio de Loyola, de estar hoy en la calle Mesones.

  3. A veces les echo el ojo a algunas prendas de temporada y vuelvo a por éllas cuando se inician las rebajas. Si hay suerte y ha permanecido algo en stock me ahorro un importante porcentaje. Está claro que los comercios tasan sus productos previendo las rebajas por tanto, a precios muy hinchados, si se puede, hay que esperar a que adelgacen. El año pasado, una blusita que marcaba 160 E en Noviembre, me la lleve en enero por 80 E. que, con un poco de suerte, debía de ser su precio de tasación real.
    Más que escaparatemonas y rebajamonas, per,íteme el chiste fácil: Mas barato para estar, dentro de lo que cabe, monas.
    Una abraçada!

  4. Au revoir Navidad. Bienvenidas, rebajas. En fin. La pregunta es ¿cuánto vale el tiempo?

  5. Yo debo ser una excepción porque jamás voy de rebajas. Primero porque detesto ir de compras, segundo porque tengo un absoluto desinterés por la moda y la vestimenta en general y tercero porque como bien apunta Jesús, el tiempo para mi es oro y no pienso dejarlo escapar entre empujones, olores malsanos por el fervor y un desorden que a mi me pone los pelos de punta.
    Eso sí, hay que reconocer que en las rebajas compras mucho más barato y total, para aparcarlo una vez pasada la moda…

  6. Don Foces, aparte del alegrón de volver a verte por aquí, te digo que más rebaja ideológica ya es imposible. Pero eso es harina de otro blogar.

    Don Pablo, la cita contrastada dice: “No ir de rebajas en tiempos de tribulación”.

    Glòria y Kape, yo confieso que me dejo cada año un par de cosas (pantalones, jerseys, cosas así) para las rebajas. Pero no voy estos primeros días. Nunca he sido presumido, ni me obsesiona la ropa, así que huyo de aglomeraciones e insitintos depredadores.

    Jesús, el tiempo… últimamente me obsesiona. Siento que voy pisando un campo de minas y que en cualquier momento…

  7. Alberto, tienes toda la razón, se me había trasconejado, la frase de Don Ignacio.

  8. Querido Alberto, gracias a tu post he descubierto que, con respecto a las rebajas, soy una una frígida carente de escaparamonas y rebajamonas… Tendré que buscar ayuda profesional… jejeje

    Muy divertido tu post. Gracias

  9. Alejandra, cuídate, que se han visto casos de cortarse las venas con la tarjeta del Corte Inglés si no se ha podido usar todo lo que conviene. El que avisa no es traidor (es avisador, en todo caso).
    Salud

  10. Trampas, trampas que nos ponen para que todo funcione. Lo cierto es que de la navidad, las rebajas, las procesiones, la primavera, el agosto, los puentes, las tradiciones y etc. vive todo el mundo. Como funcionaraían los mercados sin las feromonas? Buen post, Rigoletto

  11. La pregunta, Tercero, no es esa, sino : ¿Cómo funcinarían los clientes sin estas tendencias prefiguradas? Neuróticos… Figúrate a cualquier mujer que tú conozcas sin tarjeta del Corte Inglés y sin las rebajas del verano o las de enero… Impensable…

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