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“Los Cachorros”


Hace días, el prolífico Jesús Lens preguntaba en su blog por la última novela de Vargas Llosa, “El sueño del celta”. Algunos de sus lectores le hicimos comentarios y Alberto Bueno decía no haber leído aún nada de este peruano universal. Le hice alguna recomendación y volví al post varias veces para ver si había nuevos comentarios, más aportaciones o aclaraciones. Eso fue el detonante para sacar de las baldas algunas de sus novelas y revisar el tono de algunas de sus obras.

Tal vez debo aclarar que conocí a Vargas Llosa a través de una buena amiga que me prestó, a los dieciocho o diecinueve años, “La ciudad y los perros”. Lo hizo con la unción con que se entrega un trozo de ala de ángel. Me decepcionó, pero la buena mujer no desfalleció y me la volvió a prestar un par de años después. Ahora ya la encontré una obra maestra. Su antimilitarimo (yo acaba de hacer la mili), la originalísima estructura con saltos atrás y adelante en el tiempo y en el espacio, me deslumbró. Ahí empecé a leer a “don Mario” (así se llamba a sí mismo en “La tía Julia y el escribidor”) y siempre me he enfadado cuando se le ha acusado de ser un autor “de derechas”.

Tal vez sea un hombre de ideas conservadoras y de la alta burguesía peruana, pero es tan cosmopolita, tan “viajado” y tan abierto, que ya me gustaría que nuestra derecha se le pareciera, siquiera vagamente. Un hombre que ha atacado salvajemente las dictaduras del cono sur (“Conversación en la Catedral” o “La fiesta del Chivo”), el militarismo (“La ciudad y los perros”, “Lituma en los Andes” o “Pantaleón y las visitadoras”), la educación de los colegios de curas (“Los Cachorros”), las políticas de exclusión indigenista (“La historia de Mayta” o “El hablador”) está atacando la línea de flotación de las derechas homologables por estos pagos.

En cualquier caso, al margen de su encasillamiento ideológico, que es cosa suya, su literatura es genial, el nobel está más que merecido, yo me he alegrado mucho más que cuando se lo dieron a Yasunari Kawabata (por poner un ejemplo) y la pregunta de Jesús me ha hecho releer y rebuscar en sus textos.

(Imagen tomada de biografiasyobras.blogspot)

Hoy quiero ofrecer en esta sección, Antología (que casi siempre se dedica a poesía), uno de los fragmentos que más me conmocionó en aquella época: un monólogo interno, caótico (llega a ser tan caótico, que crea una intencionada falta de concordancia entre sujeto y verbo en la frase: “Ellos lo estábamos vengando…”) y precipitado, como el discurrir de los pensamientos mezclados de varios personajes. Se trata del momento en que Judas, el perro del Colegio de los Hermanos, castra a Cuéllar y trunca su biografía para siempre.

La obra se publicó con el título de “Los cachorros”, pero originalmente se iba a llamar “Pichula Cuéllar”, en una clara alusión a la castración. El título fue laminado por la censura en aquel lejano 1967 en que se publicó y después se ha mantenido. Aquí lleváis el pasaje reseñado, con la esperanza de que sirva de acicate para re/leerlo:

 

(Imagen tomada del blog de Jesús Lens, Pateando el Mundo)

A veces ellos se duchaban también, guau, pero ese día, guau guau, cuando Judas se apareció en la puerta de los camarines, guau guau guau, sólo Lalo y Cuéllar se estaban bañando: guau guau guau guau.  Choto, Chingolo y Mañuco saltaron por las ventanas, Lalo chilló se escapó mira hermano y alcanzó a cerrar la puertecita de la ducha en el hocico mismo del danés. Ahí, encogido, losetas blancas, azulejos y chorritos de agua, temblando, oyó los ladridos de Judas, el llanto de Cuéllar, sus gritos, y oyó aullidos, saltos, choques resbalones y después sólo ladridos, y un montón de tiempo después, les juro (pero cuánto, decía Chingolo, ¿dos minutos?, más hermano, y Choto ¿cinco?, más mucho más), el vozarrón del hermano Lucio, las lisuras (¿en español, Lalo?, sí, también en francés, ¿le entendías?, no, pero se imaginaba que eran lisuras, idiota, por la furia de su voz), los carambas, Dios mío, fueras, sapes, largo largo, la desesperación de los Hermanos, su terrible susto. Abrió la puerta y ya se lo llevaban cargado, lo vio apenas entre las sotanas negras, ¿desmayado?, sí, ¿calato, Lalo?, sí y sangrando, hermano, palabra, qué horrible: el baño entero era purita sangre. Qué más, qué pasó después mientras yo me vestía, decía Lalo, y Chingolo el Hermano Agustín y el Hermano Lucio metieron a Cuéllar en la camioneta de la Dirección, los vimos desde la escalera, y Choto arrancaron a ochenta (Mañuco cien) por hora, tocando bocina y bocina como los bomberos, como una ambulancia. Mientras tanto el Hermano Leoncio perseguía a Judas que iba y venía por el patio dando brincos, volantines, lo agarraba y lo metía en la jaula y por entre los barrotes (quería matarlo, decía Choto, si lo hubieras visto, asustaba) lo azotaba sin misericordia, colorado, el moño bailándole sobre la cara.

(Imagen tomada de mistico51.blogspot)

Esa semana, la misa del domingo, el rosario del viernes y las oraciones del principio y del fin de las clases fueron por el restablecimiento de Cuéllar, pero los Hermanos se enfurecían si los alumnos hablaban entre ellos del accidente, nos chapaban y un cocacho, silencio, toma, castigado hasta las seis. Sin embargo ese fue el único tema de conversación en los recreos y en las aulas, y el lunes siguiente cuando, a la salida del Colegio, fueron a visitarlo a la Clínica Americana, vimos que no tenía nada en la cara ni en las manos. Estaba en un cuartito lindo, hola Cuéllar, paredes blancas y cortinas cremas, ¿ya te sanaste, cumpita?, junto a un jardín con florecitas, pasto y un árbol. Ellos lo estábamos vengando, Cuéllar, en cada recreo pedrada y pedrada contra la jaula de Judas y él bien hecho, prontito no le quedaría un hueso al desgraciado, se reía, cuando saliera iríamos al Colegio y entraríamos por los techos, viva el jovencito pam pam, el el Águila Enmascarada chas chas, y le haríamos ver estrellas, de buen humor pero flaquito y pálido, a ese perro, como él a mí.

Alberto Granados

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9 comentarios el ““Los Cachorros”

  1. aunque escribiera… que te digo yo.. el quijote ? este mario no me ha caido bien nunca… me refiero a mario no a su obra que… sobre gustos… ya sabes.

  2. Si no recuerdo mal, fue Pantaleón y las visitadoras la primera novela que leí de don Mario, en una muy buena edición del Círculo de Lectores, con una portada espectacular. Luego, mi padre -a instancias mías- me regaló un magnífico volumen editado por Aguilar (1ª edición, 1973) que bajo el título “Obras escogidas Novelas – Cuentos”, incluía La ciudad y los perros, La casa verde, Lo cahorros , Los jefes y otros tantos relatos. De ellos di buena cuenta en poco tiempo, dada mi voracidad lectora de entonces. Ahora lo tengo delante con el propósito de releerlo. Por lo que respecta a tu reseña-semblanza, magistral como es costumbre.

  3. Taibo me decía que “conversación en la Catedral” es fundacional. Voy por la mitad del Celta. Gustándome, aunque no emocionándome.

  4. A mi me ha pasado igual: la he visto una novela con poca alma. Coinversación en la Catedral (que es un bar y no una iglesia, es la historia de una conversación entre un joven periodista y el chofer de su padre, que resulata ser (el chico lo va descubriendo a lo largo de las quieintes páginas) un cabronzao de mucho cuidado, además de otros vicios. No sé si será fundacional, pero es una novela cósmica. El valor corruptor del poder, las dictadura y su cruel injusticia, el ser humano, en definitiva. Grande, muy grande. Y qué decir de “La guerra del fin del mundo”, que parece una profecía sobre Lula?
    Este don Mario merece que le deidques un año.

  5. Creo que el Nobel a Vargas Llosa es merecidísimo. Alguien puede decir el nombre de otro escritor actual que se lo merezca más? He leído varios libros suyos y ninguno me ha decepcionado. De los últimos, “El Paraiso en la otra esquina” es maravilloso. No sé porqué tanta crítica a su evolución y posición política, que me parece coherente. Que pobreza intelectual la nuestra si solo leyéramos a escritores de similar ideología a la propia o solo leyéramos libros de escritores que nos caen bien o son buenas personas

  6. Libros de gloriosa lectura el de Cuéllar o La ciudad y los perros. Yo me emocionaba. Después supo hacerme reir con enorme gracejo en La tía Julia y el escribidor, en Pantaleón y las visitadoras, menos en Los cuadernos de Don Rigoberto o el de la Niña Mala que no me gustó nada. También lo había pasado en grande con la lectura de Lituma en los Andres y me quité el sombrero después de devorar La fiesta del chivo. Mi candidato era otro escritor porque Vargas, el personaje, es tan simpatico como reaccionario. No me gusta cuando presume de descender de conquistadores españoles. Algún indio se cruzaría en los caminos de esos ancestros. Indio o India, claro. Probablemente no leeré el último por exceso de deberes lectores.
    Crónica estupenda de aquel tiempo que, en parte, aún dura.
    Un petó, Alberto!

  7. Quise decir Lituma en los Andres. So sorry.

  8. Otra vez lo he escrito mal: ANDES!!!

  9. A mí la que menos huella me ha dejado ha sido “Quien mató a Palomino Molero”, las dos eróticas no me han gustado y lamento discrepar contigo, querida Glòria: Travesiras de la NIña Mala es toda una gran novela de amores de las que ya no escribe nadie, con un personaje central soberbiamente dibujado entre lo desvalido y lo perverso, entre lo tierno y lo pendón, alguien a quien no sabes si odiar o abrazar…. A mí me gustó mucho

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