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El poder de la palabra


Tal vez sea el evangelista Juan el primero en indicarnos el valor y el poder de la palabra, cuando nos dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Jn 1, 1-3), que es decir mucho, ya que en una concepción teocéntrica, identificar la palabra, ni más ni menos que con el propio Dios, es, desde luego, darle una importantísima prevalencia.

En filosofía, no hay mucho acuerdo en si es antes el pensamiento o la palabra. Se ha dicho tradicionalmente que el pensamiento sólo sabe operar con palabras previamente existentes y que no puede inventar o relacionar conceptos si no existen antes las palabras que los designan. Bien es cierto que hay quien asegura que las ideas ya vienen innatas y que no necesitan del lenguaje para aflorar en nuestra mente. Ardua disyuntiva.

(Imagen tomada de iluistrandodibujos.blogspot)

 

Revisando mis anotaciones sobre Vargas Llosa, me encuentro con un fragmento de su “El hablador” (1987) en que toda una tribu amazónica del siglo XX, sentados en círculo, atienden las explicaciones cosmogónicas del hablador, que les cuenta toda una filosofía panteísta con la que pretende explicar a los indígenas su origen, su pasado, su sentido de la existencia. También es americano el “Popol Vuh”, el libro del indígena quiché o Libro Sagrado de los Mayas, otra cosmogonía en la que los Creadores dotan a sus criaturas de diferentes lenguajes con la única finalidad de que alaben a quienes los crearon.

Scherezada, la deliciosa embaucadora de “Las mil y una noches”, mantiene su cuello intacto gracias a su labia, a su capacidad de seducir mediante la palabra, como los sacerdotes de cualquier religión o los políticos de cualquier partido.

Es indudable que la palabra tiene un poder mágico que, no sólo nos diferencia de los animales, sino que guarda mil tentadores misterios que descubrir. ¿Qué decir de la creación literaria, que consiste en deslumbrar con la palabra, en trascender la mera anécdota revistiéndola de palabras  especialmente seleccionadas para crear un efecto estético?

La palabra es la materia del milagro, el pan y el vino del misterio, la sal y el condimento de la idea. Especialmente, si se sabe rodear de un aura de solemnidad, de arcano, de magia. Como en este fragmento que hoy selecciono en mi particular Antología: son las dos últimas escenas de “Divinas Palabras”, de Valle- Inclán, y recogen el momento en que Mari-Gaila es sorprendida en adulterio por la chusma, que desea sangre. El marido sólo sabe encontrar la calma necesaria a través de unas palabras, que disuelven instantáneamente la violencia del populacho, ávido de escarmiento.

ESCENA CUARTA

El río divino de romana historia es una esmeralda con mirajes de ensueño. Las vacas de cobre abrevan sobre la orilla, y en claros de sol blanquean los linos mozas como cerezas y dueñas caducas, del ocre melado de las imágenes en los retablos viejos. El campo, en la tarde llena de sopor, tiene un silencio palpitante y sonoro. MIGUELÍN EL PADRONÉS asoma por cima de una barda, y sin hablar, con guiños de misterio, abre los brazos convocando gentes. Algunas voces interrogan lejanas.

UNA MOZA.- ¿Qué es ello, Padronés?

OTRA MOZA.- Casca la avellana, dinos qué hay dentro.

MIGUELÍN.- ¡Llegad a mirarlo, que os alegrará la vista!

UNA MOZA.- Responde qué es ello.

MIGUELÍN.- Un nido de rulas.

SERENÍN DE BRETAL,  que como un patriarca hace la siega del trigo con los hijos y los nietos, se ladea la montera con aquel gesto socarrón de viejo leguleyo.

SERENÍN DE BRETAL.- ¡Ay, gran pícaro, ya me das luces…! ¡Dos que fornican!

UN GRITO MOCERIL.- ¡Jujurujú! ¡Vamos a verlo!

UNA MOZA.- ¡Eres muy Demonio, Padronés!

En lo alto de unas breñas cubiertas de retama amarilla, destaca sobre el sol un pastor negro, volteando la honda, y a su lado, el galgo, también negro.

QUINTÍN PINTADO.- Si sale mentira, no te vale ser ligero, Padronés. ¡Con la honda te malquiebro!

UNA VIEJA.- ¡Otro Demonio!

QUINTÍN PINTADO.- ¿Dónde es el casamiento?

MIGUELÍN.- En las brañas.

QUINTÍN PINTADO.- ¡Jujurujú! Vamos a verlo.

MIGUELÍN.- ¡Levántalos con el galgo!

QUINTÍN PINTADO.- ¡Caza real!

UNA VOZ.- Allá escapa el tuno.

OTRA VOZ.- ¡Dadle seguimiento!

GRITO MOCERIL.- ¡Jujurujú! Hay que hacer salir a la rapaza.

(Imagen tomada de laescenaenlacabeza.blogspot)

Viejos y zagales dejan la labor de las eras y acuden sobre los linderos. Los  más atrevidos entran por los verdes canavales de la orilla del río, azuzando los perros. Algunas mozas tienen una sonrisa avergonzada, furias en los ojos algunas viejas. MARI-GAILA, dando voces, sale al camino, la falda entre los dientes de los perros.

UNA VOZ.- ¿Con quién fornicaba?

OTRA VOZ.- ¡Con el titiritero!

MARI-GAILA.- ¡Ladrones de honra! ¡Hijos de la grandísima…!

UNA VOZ.- ¡Perra salida!

OTRA VOZ.- ¡Vas a bailar en camisa!

UNA VIEJA.- ¡Afrenta de mujeres!

CORO DE VOCES.- ¡Que baile en camisa! ¡Que baile en camisa!

MARI-GAILA.- ¡Así ceguéis! ¡Cabras! ¡Cabras! ¡Cabras!

MARI-GAILA, seguida de mozos y canes, corre por la ribera, sosteniendo en la cintura la falda desgarrada, que descubre por los jirones la albura de las piernas. MILÓN DE ARNOYA, un gigante rojo, que va delante de su carro, le corta el camino, y con ruda alegría brama su relincho. MARI-GAILA se detiene, alzando una piedra.

MILÓN DE LA ARNOYA.- ¡Jujurujú!

MARI-GAILA.- ¡Al que se me llegue lo descalabro!

MILÓN DE LA ARNOYA.- ¡Suelta la piedra!

MARI-GAILA.- ¡La levanto para mi defensa!

MILÓN DE LA ARNOYA.- ¡Suéltala!

MAR-GAILA.- ¡No te llegues, Milón!

El jayán, con bárbaras risas, adelanta de un salto, y la piedra le bate en el pecho. MARI-GAILA, con los ojos encendidos, rastrea por otra, y el rojo gigante la estrecha en los brazos.

MILÓN DE LA ARNOYA.- ¡Jujurujú! ¡Ya es mía!

UNA VOZ.- ¡Milón la tomó!

MARI-GAILA.- ¡Suelta, Milón! Si calladamente me lo pides, te lo concedo. ¡Suelta!

MILÓN DE LA ARNOYA.- No suelto.

MARI-GAILA.- ¡Eres bárbaro y no temes que en otra ocasión sea tu mujer la puesta en vergüenza!

MILÓN DE LA ARNOYA.- Mi mujer no es tentada de tu idea.

MARI-GAILA.- ¡Mal sabes tú a quién tienes en casa!

MILÓN DE LA ARNOYA.- ¡Calla, malvada!

MARI-GAILA.- Suéltame, y otra hora, donde me señales, te daré un aviso de provecho. ¡Suéltame!

MILÓN DE LA ARNOYA.- ¡Vete y confúndete, que ya me dejas la condenación!

MARI-GAILA huye de los brazos del gigante, desnudo el pecho y en cabellos. El CORO DE VOCES se desgrana como una cohetada en clamores diversos y gritos encendidos.

UNA VOZ.- ¡Que se escapa!

OTRA VOZ.- ¡No la dejéis!

CORO DE VOCES.- ¡A seguirla! ¡A seguirla!

QUINTÍN PINTADO.- ¡Que te malquiebro!

Azuza su galgo y corre por la ribera del río volteando la honda sobre la fugitiva. Rueda por los congostos un tropel de zuecos. MARI-GAILA se revuelve acorralada.

MARI-GAILA.- ¡Almas negras! ¡Salidos de los Infiernos!

QUINTÍN PINTADO.- ¡Vas a bailar en camisa! ¡Vas a lucir el cuerpo!

MARI-GAILA.- ¡No te me acerques tú, Caifás!

QUINTÍN PINTADO.- ¡Quiero conocer esa gracia que tienes oculta!

CORO DE RELINCHOS.- ¡Jujurujú!

MARI-GAILA.- ¡Sarracenos! ¡Negros del Infierno! ¡Si por vuestra culpa malparo, a la cárcel os llevo!

UNA VOZ.- ¡No te vale esa trampa!

OTRA VOZ.- ¡Has de bailar en camisa!

QUINTÍN PINTADO.- ¡Vas a lucir el cuerpo!

MARI-GAILA.- ¿Me corréis por eso, hijos de la más grande? ¡Bailaré en camisa y bailaré en cueros!

CORO DE RELINCHOS.- ¡Jujurujú!

MARI-GAILA se arranca el justillo, y con la carne temblorosa, sale de entre las sueltas enaguas. De un hombro le corre un hilo de sangre. Rítmica y antigua, adusta y resuelta, levanta su blanca desnudez ante el río cubierto de oros.

MARI-GAILA.- ¡Conformarse con esto!

CORO DE RELINCHOS.- ¡Jujurujú!

UNA VOZ.- ¡Milón que la suba en el carro!

OTRAS VOCES.- ¡Al carro de Milón!

QUINTÍN PINTADO.- ¡Que baile en su trono!

CORO DE RELINCHOS.- ¡Jujurujú!

Rodante y fragante montaña de heno; el carro, con sus bueyes dorados, , y al frente el rojo gigante que los conduce, era sobre la fronda del río como el carro de un triunfo de faunalias.

ESCENA ÚLTIMA

San Clemente. La quintana, en silencio húmedo y verde, y la iglesia de románicas piedras dorada por el sol, entre el rezo tardecino de los maizales. La sotana del sacristán ondula bajo el pórtico, y a canto del carretón, un corro de mantillas rumorea. Atropellando al sacristán, dos mozuelos irreverentes penetran en la iglesia y suben al campanario. Estalla un loco repique. PEDRO GAILO da una espantada y queda con los brazos abiertos, pisándose la sotana.

PEDRO GAILO.- ¡Qué falta de divino respeto!

MARICA DEL REINO.- ¡De falta supera!

LA TATULA.- ¡Son los mocetes que ahora entraron! ¡Juventud pervertida!

SIMONIÑA.- ¡Quiébreles un hueso, mi padre!

PEDRO GAILO.- ¡Alabado sea Dios, qué insubordinación!

MARICA DEL REINO.- ¡Carne de abstinencia!

UNA VOZ EN LOS MAIZALES.- ¡Pedro Gailo, la mujer te traen desnuda sobre un carro, puesta en vergüenza!

PEDRO GAILO cae de rodillas, y con la frente golpea las sepulturas del pórtico. Sobre su cabeza, las campanas bailan locas, llegan al atrio los ritmos de la alegre faunalia, y la frente del sacristán en las losas levanta un eco de tumba.

(Imagen tomada de la-ratonera.net)

MARICA DEL REINO.- ¡Vas a dejar ahí las astas!

PEDRO GAILO.- ¡Trágame, tierra!

LA TATULA.- ¿A qué tercio este escándalo?

LA VOZ DE LOS MAIZALES.- ¡Que si llegaron a verla de cara al sol con uno encima!

SIMONIÑA.- ¡Revoluciones y falsos testimonios!

LA VOZ DE LOS MAIZALES.- ¡Yo no la vi!

PEDRO GAILO.- ¡Ni la vio ninguno que sepa de cumplimientos!

LA TATULA.- ¡Así es! Casos de conducta no llaman trompetas.

PEDRO GAILO corre pisándose la sotana y se desvanece por la puerta de la iglesia. Sube al campanario, batiendo en la angosta escalera como un vencejo, y sale a mirar por los arcos de las campanas. El carro de la faunalia rueda por el camino, en torno salta la encendida guirnalda de mozos, y en lo alto, toda blanca y desnuda, quiere cubrirse con la yerba MARI-GAILA. El sacristán, negro y largo, sale al tejado, quebrando las tejas.

UNA VOZ.- ¡Castrado!

CORO DE FOLIADA:

¡Tunturuntún! La Mari-Gaila

¡Tunturuntún! Que tanto bailó.

¡Tunturuntún! La Mari-Gaila

Que la camisa se quitó.

PEDRO GAILO.- ¡El Santo sacramento me ordena volver por la mujer adúltera ante la propia iglesia donde casamos!

PEDRO GAILO, que era sobre el borde del alero, se tira de cabeza. Cae con negro revuelo y queda aplastado, los brazos abiertos, la sotana desgarrada. Hace semblante de muerte. De pronto se alza renqueando y traspone la puerta de la iglesia.

UNA VOZ.- ¡Te creí difunto!

OTRA VOZ.- ¡Tiene siete vidas!

QUINTÍN PINTADO.- ¡jujurujú! ¡Miray que dejó los cuernos en tierra!

El sacristán ya salía por el pórtico, con una vela encendida y un libro de misal.  El aire de la figura, extravío y misterio. Con el libro abierto y el bonete torcido, cruza la quintana y llega ante el carro del triunfo venusto. Como para recibirle, salta al camino la mujer desnuda, tapándose el sexo. El sacristán le apaga la luz sobre las manos cruzadas y bate en ellas con el libro.

PEDRO GAILO.- ¡Quien sea libre de culpa, tire la primera piedra!

VOCES.- ¡Consentido!

OTRAS VOCES.- ¡Castrado!

Las befas levantan sus flámulas, vuelan las piedras y llamean en el aire los brazos. Cóleras y soberbias desatan las lenguas. Pasa el soplo encendido de un verbo popular y judaico.

UNA VIEJA.- ¡Mengua de hombres!

El sacristán se vuelve con saludo de iglesia, y bizcando los ojos sobre el misal abierto, reza en latín la blanca sentencia.

REZO LATINO DEL SACRISTÁN.- Qui sine peccato est vestrum, primus in illos lapidem mittat.

El sacristán entrega a la desnuda la vela apagada y de la mano la conduce a través del atrio, sobre las losas sepulcrales… ¡Milagro del latín! Una emoción religiosa y litúrgica conmueve las conciencias y cambia el sangriento resplandor de los rostros. Las viejas almas infantiles respiran un aroma de vida eterna. No falta quien se esquive con sobresalto y quien aconseje cordura. Las palabras latinas, con su temblor enigmático y litúrgico, vuelan del cielo de los milagros.

SERENÍN DE BRETAL.- ¡Apartémonos de esta danza!

QUINTÍN PINTADO.- También me voy, que tengo sin guardas el ganado.

MILÓN DE LA ARNOYA.- ¿Y si esto nos trae andar en justicias?

SERENÍN DE BRETAL.- No trae nada.

MILÓN DE LA ARNOYA.- ¿Y si trujese?

SERENÍN DE BRETAL.- ¡Sellar la boca para los civiles, y aguantar mancuerna!

Los oros del poniente flotan sobre la quintana. MARI-GAILA, armoniosa y desnuda, pisando descalza sobre las piedras sepulcrales, percibe el ritmo de la vida bajo un velo de lágrima. Al penetrar en la sombra del pórtico, la enorme cabeza de EL IDIOTA, coronada de camelias, se le aparece como una cabeza de ángel. Conducida de la mano del marido, la mujer adúltera se acoge al asilo de la iglesia, circundada del áureo y religioso prestigio, que en aquel mundo milagrero, de almas rudas, intuye el latín ignoto de las

DIVINAS PALABRAS

Mágico Valle-Inclán, que derrota la barbarie con la palabra. ¡Ay, si en la vida real fuera así y se pudiera contener la violencia contra la mujer a base de palabras…!

Alberto Granados

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7 comentarios el “El poder de la palabra

  1. Hola Alberto:
    Siempre ha sido para mi muy importante la concepción de lo que es la palabra.
    Tiene un valor, que me faltan “palabras” en mi humilde vocabulario, para poder expresar lo que significa para mi la palabra.
    De todas formas te mando un pequeño poema de Luis Rosales sobre ella
    LA PALABRA QUE DECIMOS
    VIENE DE LEJOS,
    Y NO TIENE DEFINICIÓN,
    TIENE ARGUMENTO
    CUANDO DICES;NUNCA,
    CUANDO DICES; BUENO,
    ESTAS CONTANDO TU HISTORIA
    SIN SABERLO

  2. Como bien dices, todo fuera tan sencillo, pero da la sensación de que nos gusta jugar con las palabras otorgándole el significado opuesto a ella para que así se adapte a nuestra conveniencia.
    La palabra es el bien más preciado que tenemos, sin duda, pero también el que más tergiversamos en nuestro afan de tenerla siempre a nuestro servicio en vez de conocerla en profundidad para que así nos sea de más utilidad.

  3. cuando recuerdo lo del evangelista interpreto como un “aqui solo habla Dios” y las posteriores deformaciones autoritarias de “… ni dios”

    buena es la palabra pero a voces, que pueda uno rebatirla. democraticamente. por escrito ? no es lo mismo… quien discutiria con juanito ? en otra biblia ?

    yo prefiero lo de “hablando se entiende la gente”, en castellano a ser posible…

  4. Siempre he pensado que el sonido pretende expresar el pensamiento. Después, antiguas o nuevos, llegan las palabras. Así es, por lo menos, en los niños que tienen idioma propio antes de tomar el de los mayores.
    El fragmento de “Divinas Palabras” me ha traído hermosos recuerdos. Trabajé el estudio de esta obra del maravilloso y original Valle-Inclán y la vi representada por Núria Espert en una convincente Mari-Gaila pese a que, Núria Espert, no es una actriz que me entusiasme.
    Un abrazo, Alberto.

  5. La palabra se cuela en todo nuestro subconscinete y entra en abundante terminología y fraseología: palabra de honor, palabras huecas, palabras de amor (os acordáis de Gerardo Diego, ¿verdad?), palabrerío, medias palabras, en dos palabras, palabra de dios, santa palabra, palabrtas mayores…
    Parole, prole, parole, cantaba Raffaella Carrá…

  6. Alberto:
    No sé si lo cantaba la Carrá…yo recuerdo la bellísima versión de Mina.
    Un beso.

  7. […] unas semanas escribía sobre la palabra, sobre los distintos valores de esta y hablaba de un texto de Vargas Llosa (“El hablador”) en […]

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