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Elogio del vino


Hoy os ofrezco en mi particular Antología de textos el elogio del vino que hace la vieja Celestina al comienzo del noveno acto de la célebre Tragicomedia de Calixto y Melibea, de Fernando de Rojas. Sempronio y Pármeno acuden a la casa de la vieja alcahueta, donde los esperan sus prometidas Elicia y Areúsa. La anciana los invita a comer:

CELESTINA.- ¡Muchachas, muchachas! ¡Bobas! Andad acá abajo, ¡presto, presto!, que están aquí dos hombres que me quieren forzar.

ELICIA.- ¡Mas nunca acá vinieran! ¡Y mucho convidar con tiempo, que ha tres horas que está aquí mi prima! Este perezoso de Sempronio habrá sido causa de la tardanza, que no ha ojos por do verme.

SEMPRONIO.- Calla, mi señora, mi vida, mis amores, que quien a otro sirve no es libre. Así que sujeción me releva de culpa. No hayamos enojo, asentémonos a comer.

ELICIA.- ¡Así, para asentar a comer, muy diligente! ¡A mesa puesta con tus manos lavadas y poca vergüenza!

SEMPRONIO.- Después reñiremos; comamos ahora. Asiéntate, madre Celestina, tú primero.

 

 

 

CELESTINA.- Asentaos vosotros, mis hijos, que harto lugar hay para todos, a Dios gracias. Tanto nos diesen del paraíso cuando allá vamos. Poneos en orden, cada uno cabe la suya; yo, que estoy sola, pondré cabe mí este jarro y taza, que no es más mi vida de cuanto con ello hablo. Después que me fui haciendo vieja, no sé mejor oficio a la mesa que escanciar, porque quien la miel trata siempre se le pega de ella. Pues de noche, en invierno, no hay tal escalentador de cama. Que con dos jarrillos de éstos que beba, cuando me quiero acostar, no siento frío en toda la noche. De esto aforro todos mis vestidos cuando viene la Navidad; esto me calienta la sangre; esto me sostiene contino en un ser; esto me hace andar siempre alegre; esto me para fresca; de esto vea yo sobrado en casa, que nunca temeré el mal año, que un cortezón de pan ratonado me basta para tres días. Esto quita la tristeza del corazón más que el oro ni el coral; esto da esfuerzo al mozo y al viejo fuerza; pone color al descolorido; coraje al cobarde; al flojo diligencia; conforta los celebros; saca el frío del estómago; quita el hedor del anhélito; hace potentes los fríos; hace sufrir los afanes de las labranzas; a los cansados segadores hace sudar toda agua mala; sana el romadizo y las muelas; sostiene sin heder en la mar, lo cual no hace el agua. Más propiedades te diría de ello que todos tenéis cabellos. Así que no sé quién no se goce en mentarlo. No tiene sino una tacha, que lo bueno vale caro y lo malo hace daño. Así que, con lo que sana el hígado, enferma la bolsa. Pero todavía con mi fatiga busco lo mejor para eso poco que bebo, una sola docena de veces a cada comida. No me harán pasar de allí salvo si no soy convidada como ahora.

PÁRMENO.- Madre, pues tres veces dicen que es bueno y honesto todos los que escribieron. CELESTINA.- Hijo, estará corrupta la letra, por «trece», «tres».

Fernando de Rojas, “La Celestina” (1499)

Todo una genialidad, un parlamento que siempre me pareció realista, cínico y sublime: un canto al placer y la sensualidad que trataba de ser un manifiesto por la vida, por el abandono de la tenebrosa y triste Edad Media. Estoy preparando el texto, hoy domingo, a la hora de comer y delante tengo una copa de rioja. Estoy de acuerdo. ¡A tu salud, vieja y sabia Celestina!

Alberto Granados

NOTA: Hace casi cuatro años, escribí esta reinterpretación de la vida amatoria de la pareja protagonista:  http://blogs.ideal.es/rigolettobloguero/2007/7/24/eterna-melibea

6 comentarios el “Elogio del vino

  1. Entrometido como otras veces, con el abuso de cofianza que la amistad me procura, traigo aquí el único documento sonoro que he encontrado (su calidad técnica es deficiente, pero la pasión reivindicativa , insuperable) de este otro manifiesto vitivinícola y enológico de Horacio Guaraní, que nada más leer el título de tu post he recordado.
    Por otra parte, qué rico y expresivo el castellano de esta obra inmortal de nuestra literatura. Me ha atraído especialmente el término “anhélito”, como sinónimo de mal aliento. Algunos arcaísmos habría que rescatarlos.

  2. Me quedo con la riqueza del lenguaje, puesto que soy abstemia aunque no detractora 😀

  3. El vino, en toda la cuenca mediterránea, era algo que compartir con el “viajero”, cuando este era un hombre culto, analítico y noticioso. Era una forma de soltar lenguas y hacer hablar al forastero sin prevención ni reparo. Por la noche, cuando la señora de la casa se retiraba, el dueño y su huésped hablban apurando copas de vino y compartiendo la información que cada uo poseyera.
    En la puerta de la casa, el número de cipreses qye hubiera era indicador del grado y la calidad de la hospitalidad con que se iba a encontrar el peregrino.
    Me gusta ese concepto de la copa de vino.

  4. Kape y Miguel: se me olvidó el enlace:

  5. Excelente ´la selección de este párrafo de La Celestina, huella literaria y fehaciente del que el mundo había cambiado y que el “Carpe Diem” estaba ya muy cerca, como queda claro en este espléndido elogio del vino. Una joya esta obra.
    Tu versión de la vida amatoria de Calixto y melibea también es fantástica, de una originalidad para halagar, actual, porque el amor y la muerte (los dos ejes vitales) son atemporales.

    Un abrazo, Alberto.

  6. Marisa, celebro que te gusten, tanto el pasaje seleccionado, como mi cuentecillo, de los primeros que escribí.

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