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Pánico en Europa


Lo que hoy entendemos por Occidente es un conjunto político basado en los elementos culturales que Europa ha ido forjando desde sus remotos orígenes. Conceptos como democracia, monarquía, república, religión católica o protestantismo, parlamentarismo, constitución… son los pilares del pensamiento occidental, que fue asentándose durante siglos con el sentimiento de que este era el mejor de los mundos posibles, un ámbito cultural incuestionable y poderoso, al que se tendrían que plegar los demás ámbitos ideológicos y culturales: países asiáticos y el mundo árabe, fundamentalmente.

Mientras nuestra vieja Europa se afanaba en esquilmar a las colonias, tanto en población y cultura autóctonas, como en el aspecto económico, no tuvo la preocupación de aculturar definitivamente a ciertos países, a años luz de nosotros en desarrollo y cultura en la época de la ocupación colonial: aquellas poblaciones servían para prepararles el té a los milords y miladys británicos, a acompañar al hombre blanco en las cacerías africanas y, sobre todo, servían de mano de obra barata, a veces esclavizada (la excelente novela “El sueño del celta”, de Mario Vargas Llosa, se ocupa de mostrar inquietantes similitudes entre el África congoleña y la América amazónica en esa constante que es la despiadada explotación del ser humano a cargo del hombre refinado, europeo y accionista de una compañía comercial).

(Mapa del imperialismo del XIX, tomado del blog  

annalesdehistoria en blogspot)

 

Los europeos se cargaron las culturas autóctonas argumentando sus modelos llenos de barbarie, pero instauraron una barbarie aún mayor y, sobre todo, muy rentable. Para ello, convenía mantener en su atraso a las poblaciones indígenas, fomentar en esos pueblos un sentimiento de inferioridad, de ser siervos de los señores coloniales, representados por las grandes compañías, voraces en su desmedido afán de riqueza. Dejaron a los indígenas en un sincretismo religioso-cultural, que no llegó  a ser suficiente.

Cuando, a lo largo del siglo XX, todo el montaje colonial se ha venido abajo, los nuevos estados han descubierto la magnitud de su miseria, la imposible recuperación de su inmensa deuda externa, la llamada de su propia cultura, en otras épocas pisoteada por el colonizador… Y ahora claman por su riqueza perdida, por sus desdibujadas señas de identidad, por su propia esencia, pisoteada durante tres, cuatro o cinco centurias.

(Bin Laden, en una imagen tomada de la web curiosidades punto org)

 

En estas coordenadas surge un mecanismo de ultra-afirmación cultural que, en casos extremos ha servido, para que aparezcan elementos tales como el terrorismo islamista radical, los nacionalismos extremos (estoy pensando en el caos de la antigua Yugoeslavia), unas corrientes migratorias exigiendo un futuro que se les ha esquilmado y una sensación de inseguridad que dejan a Europa en una perpleja falta de respuestas.

Pienso que si durante los siglos XVI al XIX se les hubiera dado alas a estos ámbitos geopolíticos y se le hubiera tratado como a iguales, estos pueblos no arrastrarían la insalvable miseria económica ni las ganas de revancha histórica. Habrían tenido acceso a sus propios recursos, se sentirían iguales y no verían en los países europeos una tabla de salvación, pues habrían llegado a unas cotas razonables de desarrollo económico. Tampoco habrían aparecido los condicionantes teocráticos asociados a la política, de manera que no habría que temerles a estas realidades.

Hoy día occidente duerme intranquilo y con un ojo abierto: vigilando los avances de los estados teocráticos y sus yihads y los núcleos terroristas, los flujos migratorios, la pérdida irrecuperable de autoridad y prestigio. Hoy Europa siente pánico: sabe que el final de su hegemonía ideológica y cultural está cerca…

Alberto Granados

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8 comentarios el “Pánico en Europa

  1. El ser humano, en su infinita prepotencia, toma las riendas de aquel al que cree inferior, sin darse cuenta de que todo aquello que trae nuevo se volverá en su contra cuando hayan aprendido.
    Se han visto barbaries a lo largo de la historia, pero se sigue sin aprender de ellas, relatándolas como si no fuese con nosotros.
    La opresión es una enorme olla expres que revienta cuando se le ha cogido confianza y perdido el miedo. Lo asombroso es que nos extrañe la respuesta……síntoma claro de esa prepotencia que antes nombraba

  2. de momento es pánici petrlero…

  3. fallos dediles… PANICO PETROLERO quiero decir…

  4. Excelente entrada, Alberto. Desde hace ya tiempo Europa viene pagando su pésima actuación en las colonias. El mal llamado “descubrimiento de América” es otro ejemplo de sometimiento de un pueblo para con otro. Corren malos tiempos, amigo.

  5. Si “lo que te pasa es que este mundo no lo entiendes”, qué bien los explicas “joío”. Fino y clarividente análisis, paradójico Alberto.

  6. Kape, somos así. Hobbes decái que el hombre es un lobo para el hombre y el egoísmo humano no parece tener ganas de cambiar ni de mejorar la especie.

    Petrolero o no, mi querido (y cada vez más ausente) Foces, hay un tercer mundo bien jodido, con rentas percapita mínimas y deudas externas que no pdrán pagar nunca. ¿Qué esperar de estos pueblos, sino la migración y el afán de revancha?

    Glòria, de verdad son malos tiempos. Te recomiendo que leas la novela de Vargas Llosa: te sorprenderá ver cómo el colonialismo exportaba y globalizaba modelos de barbarei, injusticia y explitación despiadada.

    Miguelito, no lo entiendo y por eso trato de explicármelo a mí mismo: así empiezo a entender algo.

    Gracias, amigas y amigos. Mañana irá la cosa del golpe.

    Alberto Granados

  7. Pero insisto, las penurias de esos ciudadanos le importan un bledo a los gobiernos… y el nuestro. Se preocupan y se reunen para la posible carencia del petroleo. Lo demas ? Un pesame señor de haberos ofendido… y a seguir igual. Algunos mejor.

  8. Foces, tal como lo cuentas. Ni más ni menos. Es que somos así de egoístas.
    Un abrazo y a ver cuándo nos hacemos un café.

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