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Miénteme, dime que me quieres


Hace unas semanas escribía sobre la palabra, sobre los distintos valores de esta y hablaba de un texto de Vargas Llosa (“El hablador”) en el que aparecía un seripigari, un hablador o cuentacuentos, que mantenía la atención de toda una tribu amazónica del siglo XX contándoles las leyendas de su propia cosmogonía.

En mi opinión, refleja como nadie el hecho mismo de escribir relatos o, en general, cualquier otra ficción literaria. Siguiendo con una reflexión que me he hecho muchas veces, pregunto: ¿En qué factor reside el hechizo de la narración? ¿Por qué el lector u oyente de una historia se rinde a la magia de la palabra narrada, incluso sabiendo que es sólo una ficción? ¿En qué consiste el milagro de la literatura?

(Imagen tomada del blog kekobola, en blogspot)

Los narratólogos hablan de un llamado  “pacto ficcional”, esto es, un acuerdo tácito entre el narrador y sus lectores, por el que estos últimos aceptan el relato, aun sabiendo que es una falsedad, a cambio de que les seduzca, de que el narrador ponga tal grado de convicción, creatividad y dominio narrativo que queden absolutamente embaucados por la mentira propuesta.

(Imagen tomada del blog sinnombreotravez, en blogspot)

En realidad, se trata de la cuestión planteada en el archiconocido diálogo que mantienen Vienna (Joan Crawford) y Johnny (Sterling Hayden) en un momento estelar de “Johnny Guitar” (Nicholas Ray, 1954):

JOHNNY: ¿A cuántos hombres has olvidado?

VIENNA: A tantos como mujeres tú, me imagino.

JOHNNY: No te vayas.

VIENNA: Pero si no me he movido.

JOHNNY: Dime algo bonito.

VIENNA: Claro, ¿qué deseas oír?

JOHNNY: Miénteme. Dime que me  has esperado estos cinco años. Dímelo.

VIENNA: Todos estos años te he esperado.

JOHNNY: Y que habrías muerto si no hubiese venido.

VIENNA: Habría muerto si tú no hubieras venido.

JOHNNY: Y que todavía me quieres como yo te quiero a ti.

VIENNA: Te quiero como tú me quieres a mí.

JOHNNY: Gracias.

Quizás este diálogo recoja el espíritu fundacional de la narrativa: miénteme y dime lo que yo deseo oír. Hazme olvidar las coordenadas de la realidad y sumérgeme en un juego de mundos posibles (e incluso imposibles) que produzcan la ilusión de otra realidad más seductora. Decide con resolución qué y cómo me vas a contar para encandilarme con tu relato. Organiza tramas, personajes, acciones secundarias, espacios y tiempos. Eres libre para hacerlo, pero adquieres una responsabilidad: la de no defraudarme. Ahí está tu grandeza.

(“Ana Ozores y don Fermín de Pas, de “La Regenta”,

imagen tomada de la web kalipedia punto net)

Opera el milagro, narrador, de reflejar la realidad, pero haz que me guste en tu relato, aunque me desagrade profundamente en lo cotidiano. Plantea ese crimen cuya resolución constituirá una trama que me sumerja en un misterio y una tensión que en la vida real me repugnarían.

Inventa personajes llenos de abyección, de impulsos destructivos, de lujurias incontenibles. Hazme reír, sonreír, enternecerme con las mil emociones de los personajes que creas, con esos problemas que un destino sacado de tu manga les va a deparar y que tal vez los lleve a la exultación, o a la demencia, o a una bajada sin retorno hacia los infiernos.

Vuelve al origen de una leyenda mitológica o adelántate al presente en la novela de anticipación que me transporte a un futuro tan imperfecto como nuestro presente.

Hazme viajar a geografías imposibles o inexactas. A épocas míticas, a ámbitos ajenos a la vida… Hazme conocer las islas de los piratas, los viajes de los viejos héroes, los castillos de Transilvania donde habitan criaturas no-muertas, los azules del Egeo en el regreso a esa Ítaca donde nadie me espera….

Crea. Escribe, filma o cuenta para mí. No te preocupes porque todo sea falso, que yo te lo agradeceré precisamente porque no se parece a lo real…: miénteme, narrador. Cumple tu parte del contrato. Miénteme. Demuéstrame que me quieres…

Alberto Granados

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11 comentarios el “Miénteme, dime que me quieres

  1. Grande Alberto, pedazo de entrada!!
    Y además comparto por completo todo lo que dices. Curiosa la manera que tenemos de aceptar las personalidades más extremas en los relatos y la poca aceptación de la misma en la vida real, pese a que sabemos que existir existen, pero no los queremos cerca.
    La mente humana es apasionante y poder llegar a ella, en la forma que sea, es todo un logro.
    Un abrazo, Alberto:)

  2. Es la pregunta que todos cuantos nos dedicamos a la pluma nos hemos hecho más de una vez: ¿Qué hace que un libro nos mantega en vilo y otro se nos caiga de las manos? En modo alguno está en la verdad o la mentira de lo que se cuenta. Desde el momento que compra la novela el lector sabe que lo que va a leer no es verdad. No le importa lo más mínimo: le basta con que sea verosímil. Acaso ni eso, simplemente que diga lo que quiere oír. Has dado en el clavo, amigo Alberto. Enhorabuena.

  3. Existen diversas vías o cauces para soñar, que es mentirse de manera voluntaria temporalmente. Un camino para crear esa dulce falacia, un mundo soñado, un sentimiento anhelado, un momento inesperado, un viaje a través del espejo, es la LITERATURA. Esta solo es un instrumento, un sendero sin huellas, un mercado sin especias orientales, una aventura sin cíclopes ni lestrigones: es realmente nuestra imaginación, nuestras ganas de evadirnos, quienes hacen posible ese viaje a las islas soñadas.
    “Los libros son espejos: sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro”. Carlos Ruiz Zafón, La sombra del viento.

    Tu texto me ha parecido una hermosísima metaliteratura, Alberto, interesante por su planteamiento, sólido por el material que aportas.

    Un abrazo.

  4. Como diría Manuel Rivas, eres “la boca de la literatura”. Miénteme otra vez, Alberto. Dime que no vas a seguir escribiendo posts como éste.

    (Como sigas así, no sólo Pablo se te va a declarar)

  5. Estupendo análisis, Alberto. Sigue hablándome de los demás, déjame hurgar en sus vidas sin sentirme entrometida. ¡Ah! El veneno de las letras.

  6. Kape, en la literatura aceptamos al mendigo nauseabundo, a la adúltera malísima, al cerdo especulador… que en la vida real rechazaríamos. ¿Por qué? Misterio insondable. Tal vez sea una catarsis, ina medicina para evitar que la realidad pueda con nosotros.

    Francisco, sigue mintiéndonos con tu obra. Demuéstranos que nos quieres, por favor. Cada una de tus ficcines es un placer irrenunciable.

    Don Pablo, yo también. Tendremos que tomarnos otro café y visitar algo.

    Marisa, son reflexiones que empecé a reformularme treinta años después de la carrera cuando preparaba materiales para un fallido club de lectura que yo iba a coordinar. Y sobre todo, mi gozosa experiencia lectora de muchos años.

    Miguel, gracias por tu ánimo de siempre.

    Glòria, el dulce veneno de las letras, tan adictivo como el del amor…

    Gracias queridos.

    AG

  7. […] En “Complicidades” he compartido con vosotros una serie de eventos, reseñas o presentaciones de libros, exposiciones…. Entre las reseñas, la del libro de relatos “El siglo que se nos fue” , de mi admirado Gil Craviotto,  “Morir en Granada”, del escritor motrileño Joaquín Perez Prados o un humorísitco libro de Andrés Cárdenas. También he comentado las exposiciones “Un cuento chino” , de Juan Vida;  La caja de galletas, con las impresionantes fotografías de Agustí Centelles (los herederos me agradecieron el post); Memoria de la escuela, tan próxima a mi niñez y a mi vida profesional; El Afganistán posible, de Rubén Guillem… Me he sentido muy satisfecho con la reivindicación del poeta Javier Egea o en el estudio de Mariana de Pineda como personaje histórico y literario, análisis que, por otra parte, me permitió conocer a su principal biógrafa, Antonina Rodrigo, una mujer encantadora, amable y divertidísima que se portó conmigo como si yo estuviera a su altura. También he incluido algún artículo sobre el propio proceso de la lectura y la creación literaria (Somos lo que leemos, El camino y el viaje, Miénteme, dime que me quieres…). […]

  8. Johnny tenia razón, amigo de estanco y de barra.
    Toda, además.

  9. […] de esa historia percibirá todo este entramado creativo y lo irá asumiendo como si fuera verdad (es el llamado pacto ficcional). Si la habilidad narrativa del autor lo seduce, disfrutará de ese placer inmenso de la lectura y […]

  10. Éfectivamente, Alberto, la literatura es embaucadora y a ella le permitimos cosas que en la vida real no serían posibles. Yo también he reflexionado sobre ello, la última vez, la semana pasada a partir de los comentarios que me surgieron en clase con dos textos a los que hago referencia en ese escrito. Te dejo el enlace: http://angelagutierrezjimenez.wordpress.com/2012/05/28/la-verdad-de-las-mentiras/

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