4 comentarios

Cuaversos de bitácora: Gonzalo Rojas


Leo en el diario Público que el gobierno chileno ha decretado dos días de luto por la muerte del poeta Gonzalo Rojas. La noticia me impresiona, pues yo había llegado a creer que para semejante reconocimiento público había que ser futbolista, polemista polivalente de tertulia radiofónica o polemista maleducado y chabacano de los programas de televisión del prime time. Por eso, el sensible gesto del gobierno de Chile me hace enamorarme otra vez de ese país, tan ligado a mis mitos de los setenta.

(Imagen tomada del blog mamapi-nelly, en blogspot.com)

 

Confieso no conocer nada de la poesía ni de la biografía de Gonzalo Rojas, pero eso no me resulta un obstáculo para dedicarle estos emocionados cuaversos. 

AL SILENCIO

 

 

Oh voz, única voz: todo el hueco del mar,
todo el hueco del mar no bastaría,
todo el hueco del cielo,
toda la cavidad de la hermosura
no bastaría para contenerte,
y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera
oh majestad, tú nunca,
tú nunca cesarías de estar en todas partes,
porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,
porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,
y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.

 

 

 

CONTRA LA MUERTE

 

Me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa.
No quiero ver ¡no puedo! ver morir a los hombres cada día.
Prefiero ser de piedra, estar oscuro,
a soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír
a diestra y siniestra con tal de prosperar en mi negocio.

No tengo otro negocio que estar aquí diciendo la verdad
en mitad de la calle y hacia todos los vientos:
la verdad de estar vivo, únicamente vivo,
con los pies en la tierra y el esqueleto libre en este mundo.

¿Qué sacamos con eso de saltar hasta el sol con nuestras máquinas
a la velocidad del pensamiento, demonios: qué sacamos
con volar más allá del infinito
si seguimos muriendo sin esperanza alguna de vivir
fuera del tiempo oscuro?

Dios no me sirve. Nadie me sirve para nada.
Pero respiro, y como, y hasta duermo
pensando que me faltan unos diez o veinte años para irme
de bruces, como todos, a dormir en dos metros de cemento allá abajo.

No lloro, no me lloro. Todo ha de ser así como ha de ser,
pero no puedo ver cajones y cajones
pasar, pasar, pasar, pasar cada minuto
llenos de algo, rellenos de algo, no puedo ver
todavía caliente la sangre en los cajones.

Toco esta rosa, beso sus pétalos, adoro
la vida, no me canso de amar a las mujeres: me alimento
de abrir el mundo en ellas. Pero todo es inútil,
porque yo mismo soy una cabeza inútil
lista para cortar, pero no entender qué es eso
de esperar otro mundo de este mundo.

Me hablan del Dios o me hablan de la Historia. Me río
de ir a buscar tan lejos la explicación del hambre
que me devora, el hambre de vivir como el sol
en la gracia del aire, eternamente.

 (Imagen tomada del blog islakokotero, en blogsome.com)

 

CARBÓN

 

 

Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir
mi Lebu en dos mitades de fragancia, lo escucho,
lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces,
cuando el viento y la lluvia me mecían, lo siento
como una arteria más entre mis sienes y mi almohada.

Es él. Está lloviendo.
Es él. Mi padre viene mojado. Es un olor
a caballo mojado. Es Juan Antonio
Rojas sobre un caballo atravesando un río.
No hay novedad. La noche torrencial se derrumba
como mina inundada, y un rayo la estremece.

Madre, ya va a llegar: abramos el portón,
dame esa luz, yo quiero recibirlo
antes que mis hermanos. Déjame que le lleve un buen vaso de vino
para que se reponga, y me estreche en un beso,
y me clave las púas de su barba.

Ahí viene el hombre, ahí viene
embarrado, enrabiado contra la desventura, furioso
contra la explotación, muerto de hambre, allí viene
debajo de su poncho de Castilla.

Ah, minero inmortal, ésta es tu casa
de roble, que tú mismo construiste. Adelante:
te he venido a esperar, yo soy el séptimo
de tus hijos. No importa
que hayan pasado tantas estrellas por el cielo de estos años,
que hayamos enterrado a tu mujer en un terrible agosto,
porque tú y ella estáis multiplicados. No
importa que la noche nos haya sido negra
por igual a los dos.
Pasa, no estés ahí
mirándome, sin verme, debajo de la lluvia
.

 

Él sí nos mira ahora desde debajo de la lluvia aunque su poesía está y estará por encima de las nubes. Descanse en paz.

Alberto Granados

Anuncios

4 comentarios el “Cuaversos de bitácora: Gonzalo Rojas

  1. Hermosos poemas que te agradezco. Yo tampoco conocía al poeta. Conocí a un señor chileno muy amante de la poesía y me contó que en Chile se hacen encuentros populares poéticos y se celebra a los cantores así que, en tu post, he recordado lo que el hombre me contó. Pienso que aquí apenas se cuenta con ellos, ni se les dedica días ni catédras. O tan poco que la poesía, para una mayoría, es un género muerto.
    Tengo posts tuyos anteriores pendientes de leer. Llegará y te diré.
    Un beso, Alberto.

  2. Poeta profundo y humano, con una voz muy personal telúrica y cósmica, “de carbón y silencio, contra la muerte”. Y confieso -no como su compatriota Pablo- que no lo había leído. Así que, una vez más, gracias, Alberto.

  3. Bello homenaje, Don Alberto.
    Un gran poeta.

    Besicos.

  4. Glória, Dª Alejandra y Miguel: muchas gracias por vuestra presencia. Se ve que los cuaversos despiertan un interés minoritario, así que doble agradecimiento.

    Y mañana, a ver vuestros blogs y comentar, que hoy llevo el día nada más que regular.

    Abrazos mil

    AG

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: