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Vietnam en la memoria


Hace sólo unos días, el pasado día 30 de abril, se cumplieron los 36 años de la finalización de la guerra de Vietnam, un conflicto que marcó mi adolescencia y juventud hasta hacerse indisoluble de lo que yo pueda ser hoy. Los noticiarios de radio y televisión, no cesaban de hablar del conflicto, que la ideología de la época presentaba como una valiente campaña contra el comunismo (después supimos que, en realidad, y durante una época, se defendía sólo las plantaciones de caucho de las que surgían los neumáticos que alimentaban la poderosa industria del automóvil de Detroit).

La Historia se escribe, la mayor parte de las veces, sesgada y dirigida hacia un fin previo. Eso ya lo habíamos aprendido cuando, a partir de “Pequeño gran hombre” (Arthur Penn, 1970) supimos que los indios de las praderas no eran esos crueles guerreros de los westerns, sino unos pacíficos propietarios de unas tierras que los rostros pálidos querían arrebatarles por mera ambición. También desmitificamos al Séptimo de Caballería y a los colonos, sólo movidos por el afán de asentarse a costa de los pueblos autóctonos. Y supimos que Buffalo Bill no fue sino un auténtico xenófobo, cruel y asesino, que no sentía el más mínimo respeto por aquellas familias, llenas de ancianos, mujeres y niños que él masacraba con aires de chulo de patio de colegio.

Respecto a Vietnam, nos pasó igual: supimos que nadie había llamado a Estados Unidos a ser el árbitro del mundo y que la guerra había sido un auténtico genocidio en el que se usó un tipo de armamento, tan cruel y tan nocivo, que después fue prohibido: el napalm.

La radio (la forma casi exclusiva de oír música por entonces) nos familiarizó con la problemática de la guerra. Recuerdo dos canciones: una de Adriano Celentano que hablaba de un “muchacho, que como yo, / amaba Beatles y Rolling Stones” y que es arrancado de su ámbito y de su música para llevarlo a una Indochina donde no se le había perdido nada a cambiar su guitarra por una ametralladora, que hace un tipo de música muy diferente. La canción nos impresionaba.

También Simon & Garfunkel combinaron el famoso villancico “Silent night” (nuestro “Noche de paz”) con un diario radiofónico en que se hablaba de los combates en los arrozales y de la sangría humana, marcando un extraño contraste.

Pero donde aprendimos a valorar esa guerra, varios años después de la rendición del 30 de abril de 1975, fue en el cine, cuando algunos realizadores abordaron valientemente el tema y nos fueron desgranando nuevas claves que nos hicieron comprender que nos habíamos caído de un guindo, inocentes y crédulos, con información,  mentes y sistemas críticos largamente adormecidos por casi cuarenta años de discurso único y controlado.

La primera película chocante fue “El cazador” (Michael Cimino, 1978), que nos presenta a tres chicos de Pennsylvania a los que la guerra marca para siempre, llevando a uno de ellos hasta el más amargo fondo de un proceso autodestructivo sin vuelta atrás.

Después vino “Coming home” (= Vuelta a casa), aquí traducida como “El regreso” (Hal Ashby, 1978), que trataba el doloroso tema de los soldados que volvían de Vietnam terriblemente mutilados, auténticos despojos que no encontraban ni su sitio, ni el reconocimiento épico que esperaban. El protagonista, que vuelve en silla de ruedas, sólo va a encontrar el amor de una mujer casada.

“Platoon” (Oliver Stone, 1986) y “La chaqueta metálica” (Stanley Kubrick, 1987) se ocupan de la formación de marines, destinados a matar (y, lamentablemente para las administraciones americanas, también a morir y llenar de cruces blancas el cementerio de Arlington).

En cualquier caso, la mejor película que se hizo sobre el conflicto de Vietnam fue, sin duda, la adaptación de la breve novela de Joseph Conrad “El corazón de la tinieblas”, que dirigió Francis Ford Coppola en 1979 con el título de “Apocalypse now”, en que el relato alcanza las mismas raíces del horror y nos muestra el sentido depredador del ser humano llevado a situaciones límite. Inolvidable, la secuencia en que un escuadrón de caballería ligera (formado por helicópteros, curiosamente) masacra una aldea llena de mujeres, ancianos y niños, simplemente por estar cerca de una bahía donde el Coronel quiere ver al campeón de surf deslizarse sobre las olas. La incursión se hace al cínico ritmo de la “Cabalgata de las walkirias”, la introducción de la ópera de Wagner “La walkiria”.

En el otro lado, Hollywood produjo un montón de subproductos centrados en la defensa fascista del empleo de la fuerza y la violencia, en la justificación del papel de guardianes de Occidente jugado por los americanos: las mil versiones de Rambo y otras imitaciones donde la testosterona gana al cerebro, las artes marciales a la estética y el negocio a la inteligencia.

Al margen de todo lo señalado, que aprendí en el cine o en la radio, tengo que decir que la guerra de Vietnam quedó en mi recuerdo por una fotografía, que después, por medio de Internet, se ha convertido en toda una secuencia: el momento en que Kim Phuc, la niña del napalm, de nueve años, corre desnuda –se había tenido que quitar el vestidillo que la cubría porque se había prendido de napalm y tenía la espalda abrasada-, con la cara del horror, huye de la pequeña población de Trang Bang, bombardeada con napalm el día 8 de junio de 1972.  Nic Ut, fotoperiodista, hizo varias fotos y después la llevó al hospital.

La foto se hizo famosa y ganó el Pulitzer de 1973. Más adelante descubrí otras, que guardé en mi disco duro, aunque no recuerdo si eran del mismo fotógrafo. Son estas, que forman una despiadada secuencia, tal vez desconocida para mucha gente.

Otra foto escalofriante es la ejecución sumarísima de un miembro del vietcong por parte de Nguyen Ngọc Loan, el jefe de policía de Saigón, una foto de Eddie Addams, de 1968, también ganadora del Pulitzer del 69.

Fueron muchos años de conflicto, así que hay miles de fotos, pero lo dejo aquí. No confío ya en ninguna guerra, ni en ningún papel mesiánico de nadie. No veo justificables las muertes de Bin Laden, ni de Saddam Hussein, ni las ocupaciones de territorios en nombre de la libertad, ni los bloqueos contra un régimen, que perjudican a un pueblo entero. El hombre, especialmente el arropado por su poder económico y armamentístico, es cada vez más lobo para otros hombres. Como en Vietnam.

Alberto Granados

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18 comentarios el “Vietnam en la memoria

  1. Siento leyéndote que mis ideas de justicia no son tas descabelladas, y me llena de orgullo tener la oportunidad de leer una defensa de los derechos, junto a un absurdo de las armas, tan bien expresada.
    No puedo por menos que felicitarte, querido amigo, quitarme el sombrero y aplaudir.
    Eres grande Alberto, aunque me taches de exagerada:)

  2. Quién me iba a decir que transcurrido el tiempo establecería un nexo sentimental con ese pueblo sufridor y valiente. Le acabo de enlazar tu artículo a mi hijo Alfonso en Facebook, y , a su vez, te enlazo su blog que hoy cobra un especial sentido aquí:

    http://cordobesenhanoi.blogspot.com/

    Un abrazo, Alberto

  3. Alberto,

    Maravillosa descripción del horror de la Guerra de Vietnam, de cualquier guerra. Todas ellas son crueles. A finales de abril estuve en Saigón donde tuve la desagradable, pero real, experiencia de visitar el museo de fotografía sobre recuerdos de la guerra. Es espeluznante ver los efectos que causó y que aún sigue causando a través de generaciones y más generaciones el napalm y el agente naranja.

    Se mancharon las manos de chapapote y gritamos nunca mais. Que así sea. Aunque bien parece una utopía.

    un abrazo, Alfonso

  4. Mostrar la cruda realidad de lo que fue la guerra del Vietnam y de camino lo que es toda guerra (no hay ninguna que se pueda calificar de buena) es una obligación moral de todos los que nos dedicamos a escribir. Tú la estás cumpliendo a maravilla. El ejemplo está a la vista.Sólo cabe felicitarte y decirte que prosigas en tu tarea. Un abrazo.-F. Gil Craviotto

  5. No hay nada, absolutamente nada que justifique una guerra y uno (o miles) asesinatos. Cualquier guerra es la forma más devastadora de expresión que puede tener el hombre, pero lo peor no son las guerras en sí, son mucho más temibles su efectos secundarios llenos de horror, odio y devastación: las posguerras.

    Estupendo este artículo y reflexión, Alberto. Hay episodios del libro de la vida que no debemos olvidar, no por rencor u odio sino para intentar aprender de ellos inteligentemente.

    Un abrazo.

  6. Gracias amigos. Recuerdo queen el otro blog también hablé de la guerra de Vietnam contando otra historia, pero no he conseguido encontrar el post.
    Soy de una generación que vio aquella película antimilitarista, “Johnny cogió su fusil” y quedó convencido de que no existe una guerra ni justa, ni justificable.
    Parece que sólo les gusta a gentes como Fedrico Trillo, a los que la épica de Perejil les da su punto de excitación… Allá ellos.

    Alfonso, bienvenido al blog.He visitado el tuyo y veo una población autóctona muy en paz. Que encuentren el camino de olvidar su tragedia.

    Un abrazo,

    AG

    AG

  7. Un reportaje excelente que encaja a la perfección con mi memoria de aquel tiempo cuando siendo jóvenes, otros jóvenes eran llamados a filas como en la inolvidable El cazador. Sí, es cierto que muchos realizadores fueron valientes y expusieron los hechos tal y como eran pero no es menos cierto que el sistema estadounidense lo fagocita todo, El cazador o Rambo, que más da si producen dinero. Por supuesto me apunto a los realizadores valientes y recuerdo al actor Tom Selleck, desertor, que alegó que nadie debería sentir venrgüenza de NO IR a una guerra.
    Un beso!

  8. Glòria, celebro que te guste este reportajillo de nuestros tiempos. En mi memoria, las cancioens, películas y fotos de esa guerra permanecen como si todo hubiera sucedido hace sólo un par de días.
    Por cierto, la niña del napalm pasó a la historia, pero del chavalillo de la boca desencajada de miedo nadie ha dicho ni pío… ¿Sobrevivió al horror?
    Alfonso, tú que eres periodista y estás en Vietnam, ¿le has seguido la pista?

    Abrazos,

    AG

  9. Ante tu análisis promenorizado de la Gerra de Vietnam, cabe recordar amigo Alberto, las palabras del fiscal jefe del tribunal de Nüremberg, Robert L. Jackson:
    “Debemos aclarar a los alemanes que el crimen por el cual se juzga a sus líderes caídos no es haber perdido la guerra, sino haberla iniciado. Y no debemos dejarnos arrastrar a un análisis de las causas del conflicto, porque nuestra posición es que nada justifica el recurso a la agresión. Renunciamos y condenamos la guerra como instrumento político”.

    Es paradógica la falta de memoria del “capitalismo imperialista”

  10. Juan Antonio, es una magnífica cita que, si se llavara hasta sus últimas consecuencias, no dejaba títere con cabeza.
    Un abrazo.

    AG

  11. odio las geurras mi tio lucho peliando una guerra idiotaa en el salvador la guerra cilvil fue una muerte innutil por ke los ke perdieron fueron lso soldados lso gobiernos sigen siendo gobiernso y ricos pero lso saodados siemrpe senar malpagados y maltratados como perro s:/

  12. Quien no conoce la historia está condenado a repetirla.
    Sin embargo Vietnam no es una guerra, es un país lleno de vida, ilusión y alegría. Os invitamos a descubrirlo

  13. En las guerras no hay ganadores, solo perdedores.
    Un saludo
    http://www.vietnamitasenmadrid.com

    • Cierto: una guerra ya es, en sí misma, una forma de perder (la vida, la normalidad, la dignidad…), y nunca hay ganadores.

      Espero que el pueblo vietnamita sepa enderezar el curso de su propia historia.

      Salud, prosperidad y paz.

      Abrazos,

      AG

      PS El hijo de un amigo, periodista de profesión, está en Vietnam. Cuenta su experiencia en un blog. Os lo enlazo:
      http://cordobesenhanoi.blogspot.com/

  14. […] 1971 apareció una canción antimilitarista. Quiero decir una más, pues crecíamos con la guerra de Vietnam como telón de fondo y el mayo francés junto al movimiento hippy eran unas vacunas contra el […]

  15. […] Kim Phuc corriendo del napalm el 8 de junio de 1972. Imagen de Nic Ut […]

  16. Enlace de un artículo en El País sobre la música que en su momento se refirió a la guerra de Vietnam:

    http://elpais.com/elpais/2014/01/13/planeta_futuro/1389636706_945278.html

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