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Escribir para niños


Hace unos meses, mis compañeros del colegio me pidieron un relato para unas pruebas de lectura en los colegios de la misma zona de inspección. Se trataba de un relato para niños de segundo (siete años) y, consecuentemente, tenía que usar una sintaxis muy simple, un vocabulario muy elemental, un planteamiento muy directo y sin esquemas abstractos.

Confieso que me dio miedo enfrentarme a los críos como autor de relatos. Llevo escritos más de cien y unos quince borradores más, así como un buen montón de notas, simples imágenes, para otros futuros relatos, si es que cuajan, pero esto de escribir para mis niños lo vi como una responsabilidad mucho más fuerte.

Me puse a ello y escribí esta historia sobre una Bea, torpe y desmañada, de las que he tenido unas cuantas en los treinta y nueve años que he estado en la escuela pública:

DEBERES

Beatriz va a cumplir siete años. Vive con sus padres y un hermanito muy pequeño. Le gusta el colegio, pero siempre se equivoca en los deberes. Eso hace que se desanime.

-¿Seré más torpe que los demás? -se pregunta.

Su maestro, don Antonio, la quiere mucho y siempre está dándole ánimos:

-¡Vamos, Bea, que esto lo sabes!

Pero ella cree que todo le va a salir mal. Se pone tan nerviosa, que siempre falla. Algunos se ríen de ella y llora cuando no la ve nadie. Cree que va a tener malas notas y que sus padres van a dejar de quererla. Por eso está muy triste.

Paco es muy listo y nunca se burla de ella. Todo lo hace bien y muy rápido. También es muy buen amigo y le ayuda.

El maestro le ha dicho que lea bien los deberes. Paco le ha dicho igual:

-Bea, si es que no te enteras de lo que hay que hacer. Fíjate bien y verás: es fácil.

Bea hace los deberes en su casa. Hoy quiere que le salga todo bien. Mañana es el cumpleaños de papá y desea hacer bien los deberes.

Se sienta en su cuarto y lee con atención las preguntas. Una, dos, tres veces… ¡Ahora lo ha comprendido! Sabe lo que hay que contestar.

-¡Pues no es tan difícil! Si es que no me fijaba… -piensa feliz.

Esa noche se acuesta llena de ilusión. Cree que sus deberes están bien. Al día siguiente, don Antonio le corrige el cuaderno. El profe le sonríe y la llama con un dedo.

-¡Muy bien, mi niña! –le dice y le da un beso.

Bea se siente tan feliz que se le saltan las lágrimas. Se acuerda del cumpleaños de su padre. Por la noche, le enseñará el cuaderno lleno de buenas notas. Será su regalo.

A mis compañeros les gustó y enviaron el cuentecillo a la selección. Allí gustó, aunque se le censuró el beso que el maestro le da a la niña y se eliminó la palabra “torpe”, que fue cambiada por algo parecido, pero más políticamente correcto. Finalmente, a la hora de la verdad, el relatillo no ha sido seleccionado y ese peso que me quito de encima. No es igual escribir en un blog para vosotros, que hacerlo para mis niños de siete años (yo los tuve hasta Infantil de cinco años): eso sí que es responsabilidad. Eso sí que produce miedo escénico.

Alberto Granados

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5 comentarios el “Escribir para niños

  1. Mi amigo el maestro. Mi amigo el buen cuentista. Bea lo sabe.

  2. Sí pasas la prueba del jurado más exigente, vanagloriate porque no hay público más crítico y objetivo. A ellos no lea vale de nada los adornos superfluos ni las formas compuestas, simplemente les llega, y sí eso pasa también serán el público más agradecido demostrandote lo mucho que les ha gustado.
    In abrazo querido amigo 😉

  3. A tus niños les habría encantado. Un beso del maestro debe de ser muy atrevido para según qué mentes. ¿Un eco de Lolita? je je!
    Un beso al maestro!

  4. Bea existió de verdad, Miguel.

    Kape, precisamehte por eso, prefiero que no lo lean. Al final todo se va a quedar en cosas de adultos.

    Glòria, no es que se vea a lolita, es que el galgo no está para ir de caza. Esto ha cambiado tanto que ahora nadie se atrevería a hacerle a su bebe una foto desnudo (siempre se hicieron) por si te llaman pronógrafo y nadie da un beso a su alumna por si te llaman pederasta… Hemos perdido, entre otras mil cosas, la espontaneidad.

    Gracias, amigas y amigo.

    Abrazos,

    AG

  5. Una de las cosas más complicadas que hay. Ellos no perdonan. Si no les gusta, pasan de ti. Y punto.

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