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Muñoz Molina y la construcción de una ética


Un día de julio de 1987, preparándonos para pasar unos días en casa de mi madre, fui a mi librería y pregunté por Antonio Muñoz Molina, un autor del que había leído muchas columnas escritas en la prensa local, pero que empezaba a sonar como novelista. Ginés, el librero, me sacó dos libros suyos: “Beatus ille” y “El invierno en Lisboa”. Los abrí, leí sus solapas y le pregunté, dubitativo y con cierta timidez, cuál me llevaba. Muy resuelto, el librero me dijo que las dos novelas. Y eso hice.

Los días que pasé en mi paisaje jiennense, con unas siestas tórridas y unas noches sofocantes, me embebí de la aventura lisboeta de Santiago Biraldo, de los acordes jazzísticos de los que hablaba continuamente la novela, difícil, apasionante, nada cómoda como lectura de verano, pero que ofrecía una enorme calidad. Después vino “Beatus ille”, una de sus mejores novelas en mi opinión, con una genial última vuelta de tuerca que siempre asocio a la de “El siglo de las luces”, de Carpentier.

A nuestro regreso a Granada, les hablé de ambas novelas a unos buenos amigos, recomendándoles que las leyeran. Les dije que había todo un novelista en esos dos libros. Poco después, como corroborando mi apuesta, “El invierno…” obtenía el Premio de la Crítica y el Nacional de Literatura. Desde entonces, he ido comprando (hubo momentos en que recortaba los relatos de verano que incluía día a día en El País) casi todo lo que ha publicado y he ido leyendo muchas de sus columnas de los sábados en El País. Es uno de esos autores que siempre he devorado con fruición lectora, si bien es verdad que he encontrado un gran placer en unos libros y algo de decepción en otros. Para mí es inolvidable el efecto que la lectura de “El jinete polaco” me produjo: parecía que estaba hablando de mis diecisiete años en Alcaudete, ahogado por las coordenadas sociales de mi época y por el deseo compulsivo de volar, de irme todo lo lejos que pudiera, como el protagonista de la novela. “Nada del otro mundo”, un libro de relatos, se justificaría aunque sólo fuera por el que lleva precisamente ese título, un gran cuento que pasa del costumbrismo estudiantil de esa época en Granada al terror psicológico más eficaz.

La crónica negra granadina (el asesinato de Aixa y el intento de asesinato de otra niña) dio una novela apasionante, “Plenilunio”, que me pareció magistral, como lo era la crónica de su (mi) servicio militar, “Ardor guerrero”, o esa novela de novelas que es “Sefarad”, donde se demuestra muy eficazmente la crueldad innata en el ser humano, novela magistral y dura, esencial para entender el siglo XX cambalache y los lodos que nos traigan aquellos viejos polvos.

Su última novela, “La noche de los tiempos”, me pareció demasiado revisionista al principio, aunque después la he visto valiente como pocas: atreverse a cuestionar, no los ideales, sino la práctica de la República, en esta España etiquetadora es casi suicida, a pesar de lo cual Muñoz Molina entra a saco en los grandes e intocables mitos de la izquierda y demuestra que no hay esquema político viable al margen de las estructuras de un estado y que las formas autogestionarias son más sueños llenos de romanticismo que formas políticas. Además dibuja un triste personaje que sucumbe a su capricho y llega a su propia autodestrucción a través de su inconsistencia.

En el otro lado, algunas de sus novelas me han dejado bastante frío. Novelas menores como “El dueño del secreto”, “Los misterios de Madrid”, o bien obras abiertamente fallidas (siempre según mi valoración) como ”El viento de la Luna” o “Ventanas de Manhattan”.

En cualquier caso, al margen de su novelística, sus artículos periodísticos son de una agudeza y de un sentido ético tan necesarios en una sociedad como la actual, que debería agradecérsele públicamente esa portentosa facultad que tiene para poner las ideas (las mías, sobre todo) en orden y construir(me) un sistema ético-personal al que agarrarme en estos tiempos de zozobra social. Su clarividencia resulta portentosa, su agudeza es casi una necesidad, su sentido crítico es todo un regalo en estos tiempos de vulgaridad, zafiedad y chabacanería.

Hace unos días, alguien enlazó su página web en Facebook. Se trataba de un artículo llamado “Hora de despertar”, en que analizaba el origen de la situación española actual. Desde entonces, su web está enlazada en mi blog, leo ávidamente sus artículos, le hago algún comentario que sé que se perderá en el enorme flujo de lectores que intervienen… Todo un reencuentro, aunque él no lo sabe, como no sabe, evidentemente, de mis ávidas lecturas de sus libros, ni de mi admiración. Hace años, lo veía alguna vez por la ciudad, siempre huidizo y cerrado. Nunca me dirigí a él ni hemos sido presentados, así que este post sólo pretende dejar constancia de mi agradecida admiración por él y por su obra y recomendar su web, tan llena de sencilla sabiduría.

Alberto Granados

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15 comentarios el “Muñoz Molina y la construcción de una ética

  1. Se nota tu apasionamiento por Muñoz Molina… y es que la buena Literatura siempre cautiva.
    Gracias por ese recorrido novelístico y el detalle de las portadas.
    Buen lunes, Alberto.

  2. Para mi también fue un gran descubrimiento Muñoz Molina. Debuté con El jinete polaco que me entusiasmó y luego seguí con todo lo que tenía publicado. El dueño del secreto me mostró un escritor con gran sentido del humor. Es un libro menor pero muy divertido. Ardor guerrero me pareció reiterativo como también lo es ventanas en Manhattan. Al igual que tú, Beatus ille me encantó. Ya ves, Alberto. Luego dices que leemos cosas distintas y en parte es cierto porque tu tienes que atender la gran literatura andaluza que yo ni vislumbro y a mi me toca cubrir el frente de autores catalanes, algunos muy notables.
    Una abraçada!

  3. El hecho de haber estudiado y vivido en Úbeda añade a mi lectura compulsiva de Muñoz Molina el conocimiento in situ del paisaje y del paisanaje. El reconocimiento exhaustivo de lugares y personas de su Mágina-Vetusta, produce un “efecto vivido” que convierte la lectura de sus libros en una experiencia personal apasionante. Mi padre solía comprar hortalizas a su padre en el puesto que tenía en el Mercado Municipal y , de paso, le comentaba con admiración los éxitos y la celebridad de su hijo. El hombre se lo agradecía con sano orgullo.

    Comparto tu opinión y te felicito por esta reseña tan personal.

    Un abrazo

  4. un intenso artículo que está dando la vuelta al mundo. Por cierto, me gustan mucho más los artículos de MM que sus novelas

  5. Marisa, es cierto que me gusta lo que leo de este hombre desde hace treinta años. Vivió aquí mucho tiempo y venía con cierta frecuencia. Seco, adusto, cerrado, serio… lo veías en cafés o heladerías, en su mundo… Yo siempre pensaba ¿qué estará empezando a crear en este momento de mirada perdida?

    Glòria, a mi parecer a Manhattan le sobraban mil ventanas y doscientas páginas. Pero he disfrutado tanto con El jinete polaco, Beatus Ille, Plenilunio, Sefarad, Beltenebros… que me lo quedo.

    Miguel, como sabes, mi mujer estuvo viviendo varios años en Úbeda y se sabe de memoria las claves de esa Mágina, que alguna vez hemos recorrido, dando un paseo de sábado.

    Jesús, me extraña que no te guste El jinete polaco. O Plenilunio.

    Abrazos y gracias por aparecer por este cada día más olvidado blog.

    AG

  6. Coincido plenamente contigo, incluso en lo de las novelas que no te gustaron, excepto en El viento de la Luna, que a mi si me gustó. Y con respecto a La noche de los tiempos, tengo que decir que aunque el principio se hacía eterno, que no sabíamos como a salir de la estación de Pensylvania, me parece tan magistralmente escrita que, solo con disfrutar de la literatura en si misma, me olvidé del revisionismo incluso de la lentitud del relato en esos capítulos. El resto de la novela me parece una maravilla, la historia del personaje con sus traiciones, el ambiente de la guerra civil desde ese punto de vista y me resulta curioso el aire de frivolidad con que viste a los poetas Rafael Albertí y a María Teresa León. Me mueve la curiosidad, tendremos que recurrir a algún amigo del escritor que lo conozca bien, un pintor de cuentos chinos cercano, para que nos ilustre sobre esos extremos.
    Desde sus primeros textos, tengo la seguridad, que Antonio Muñoz Molina será algún día, cuanto menos, candidato al premio Nobel.

  7. Coco, es que una buena parte de El viento de la Luna ya estaba en El jinete polaco.
    Yo también coincido contigoen el ritmo lento de La noche de los tiempos, en esas doscientas primeras páginas dedicadas a ver a Abel atravesar el vestíbulo de la estación y percibir ilusoriamente la voz de la chica. Después, la trama arranca y va jugando a anticiparte mil veces, gramo a gramo, la información para un enorme friso histórico de los desastres de la guerra, una guerra absurda, desenfocada y en la que, pese a nuestro mitos izquierdosos, la República se condenó sola al fracaso.
    Respecto a conocerlo a través de ese pintor, la verdad es que no lo considero necesario. Si acaso, contraproducente. No me gusta m,olestar a los VIPs por el mero hecho de que lo sean. Ha habido veces en que he coincidido en un bar con alguien del mundo de las letras y hasta le he pagado las cervezas que estaba consumiendo, pero siempre diciéndole al camarero que no se lo dijera al “estrella” hasta que yo me hubiera ido.
    Respecto a tu previsión del Nobel, el primer relato que yo escribí, hace algo más de tcuatro años, partía de un señor mayor y su esposa (mi mujer y yo) que se enteraban en su residencia de ancianos de que la habían dado a AMM el Nobel. Era un relato malo para llorar.

    Abrazo,

    AG

  8. No sería tan malo el relato, por lo menos era premonitorio, ya lo verás.
    Por lo que respecta al pintor, me refería a que podría ilustrarnos sobre las razones, si las sabe que las sabrá, que llevan al escritor a mostrarnos a un Rafael Alberti tan frívolo.
    Y sí, llevas razón en que parte del Viento de la Luna está en el Jinete Polaco, pero a mi, particularmente, esa época del verano d 1969, que cuenta Antonio en “El viento”, me resulta tan familiar y cercana, que me encantó.
    Y, otra cosa, hay quien dice que él también se sabe candidato al Nobel y que la prueba de ello es que en Sefarad, donde relata historias de los marginados del siglo XX, no incluyó a los palestinos ¿olvido voluntario?

  9. […] me había puesto en la pista a través de Facebook: fue el día 6 de junio y la entrada se llamaba “Muñoz Molina y la construcción de una ética”. Desde entonces, leo las entradas que, dentro del apartado “Escrito en un instante”, incluye el […]

  10. A mi me encanta Muñoz Molina .Quizás” La noche de los tiempos “sea su libro más denso .A mi me hubiera me hubiera gustado que tuviera más puntos y aparte porque a veces tienes que cortar y no sabes por donde, y eso me agobia.He leído los últimos libros so bre la Guerra de Eduardo Mendoza y María Dueñas y para mí el más profundo es el de A.M.M.Me gusta sobre todo la recreación que hace de Negrín .Es genial

  11. Coco, se me había pasado inadvertido tu comentario hasta este momento, y eso que es abiertamente interesante. Ummm! Muy astuto.

    Mari Paz, me alegro de verte por aquí. “La noche de los tiempos” tienen un ritmo deliberdamente lento, lleno de proceso interior, con avance narrativo mínimo y aveces exasperante, pero una vez terminada, compñrendes que esa lentitud reflexiva es casi el ritmo interior de Abel, el protagonista que se desvanece en su integridad y deja todo, como en el bolero de Los Panchos, por una mujer.

    Ese viaje a los infiernos debe ser un viaje lleno de mínimas rendiciones, de entregas irrecuperables de tu integridad moral… Tal vez esa sea la razón de que en las doscientas primeras páginas, sólo hemos asistido a un hombre que cruza el vestíbulo de una estación y cree haber oído su nombre.
    Después viene la desmitificación de santa república, que le puede valer al autor más de una corná.. pero que deja clara la idea de que un estado no puede estar en manos de mil facciones. Después hay toda una galería de personajes interesantísimos.
    Después seguiríamos hablando de detalles mil horas, pero esao ya sería cosa de tener un vino delante.
    Un beso (extensivo al Ruphino).

    AG

  12. […] He dicho en este blog que una de las facetas que más me interesan de Muñoz Molina es su sabia reflexión ética, de la que siempre he aprendido. Al leer la parte autobiográfica contenida en Como la sombra que […]

  13. Buenos días, AG.

    No sé muy bien como funciona un blog por dentro y no estoy seguro si este comentario a una entrada de hace tantos años te llegará.

    Sólo quería comentarte que lo he visitado varias veces y hoy he encontrado esta visión sobre la obra de AMM que me ha gustado mucho leer.

    Espero que vuelva a abrir el blog AMM pues ha sido una pena, aunque era lógico que ocurriera, porque se convirtió en un gallinero.

    Un saludo, Domingo González.

  14. Muchas gracias por toda la información Bsss

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