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El sangriento convenio de la construcción en Granada en 1970


El diario Ideal (por entonces perteneciente a Prensa Católica) del miércoles 22 de julio de 1970 ofrecía en su portada noticias tan distintas como pueden ser que La Princesa Sofía ejerce de madrina en la botadura del “Castillo de la Mota”, por un lado, y Choque entre manifestantes y la Fuerza Pública, en Granada, por otro.

La primera constituía un acto más de propaganda de la pareja que Franco había previsto que lo sucediera al frente de la Jefatura del Estado, mientras que la segunda se refería a lo sucedido el martes 21 en la manifestación de obreros de la construcción y era todo un trallazo en la conciencia de un régimen cuya propaganda trataba de mostrar una arcadia de paz social y ausencia de conflictos, todo conseguido gracias al régimen del dictador, siempre según el discurso oficial, y a su gran creación, el sindicato vertical, que incluía a patrones y obreros dentro de la misma sección sindical en que se negociaban los convenios, todo ello vigilado desde dentro por representantes del Movimiento, un modelo en el que al trabajador no le quedaba más remedio que aceptar las condiciones laborales que su sindicato decidiera.

La noticia empezaba por una nota del Gobierno Civil en la que se explicaba que ante la reunión de manifestantes a las puertas del edificio de Sindicatos, la policía tuvo que intervenir y repeler un ataque previo de los albañiles concentrados a la espera de mejoras en el convenio que se estaba negociando. La noticia termina con tres nombres: los de los albañiles muertos, que fueron Antonio Cristóbal Ibáñez ,de 43 años, y Manuel Sánchez Mesa, de 27 años y residente en Armilla, junto a un tercero que en aquel momento no se había podido identificar y que a la postre resultó ser Antonio Huertas Remigio, de 21 años y residente en la vecina localidad de Maracena. Las noticias de los días siguientes hablan de los entierros, del abandono del encierro en la catedral, del avance del convenio… para ir diluyéndose como si no hubiera pasado nada y no hubiera tres familias vestidas de luto.

Antes de seguir, hay que asentar unas coordenadas históricas de los hechos, para comprender su significado. En 1970, el franquismo se preparaba para reciclarse, para lo cual las Cortes habían ratificado a Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco en julio de 1969, en virtud de una de las leyes orgánicas del régimen (Ley de Sucesión, de julio de 1947). Eran los tiempos en que se empezaban a comprender las verdaderas y patéticas claves de nuestra supuesta bonanza económica: los salarios más bajos de Europa, una ingente cantidad de emigrantes enviando remesas de divisas y un sindicalismo amaestrado. El engaño no podía mantenerse más, así que una serie de personas que intentaban cambiar el régimen desde dentro, los “aperturistas”, empezaron a crear una nueva ilusión controlada, para lo que se empezó a hablar de una nueva ley de educación, generalizadora y gratuita (la ley Villar Palasí, la que generó la EGB), una nueva ley sindical, un cambio en las relaciones Iglesia-Estado y hasta algo que parecía inviable: la entrada en el entonces llamado Mercado Común Europeo, hacia el que se estaban empezando a dar los primeros pasos, que a su vez exigían un inequívoco acercamiento a la democracia real.

En este panorama, los sindicatos de clase empezaron a tener cada vez más peso, incluso desde la clandestinidad, y en 1970 consiguieron organizar una serie de huelgas en Asturias y una en la construcción de Granada, ciudad que no había tenido ninguna huelga desde los tiempos de la República, así como la huelga del metro en Madrid. La bestial represión de la policía en esta ciudad, no sólo produjo tres inexplicables muertos y seis heridos, sino que dejó bien claro que el aperturismo era un mero maquillaje del régimen que, si iba a morir, lo haría matando. Nuestra ciudad, una vez más, se enfrentó a lo inexplicable, a lo fatalmente injusto e irremediable, como había sucedido en una cadena de hechos históricos que van desde la expulsión de judíos y moriscos, o lo autos de fe en Plaza Nueva, hasta la ejecución de Mariana de Pineda en la España de Fernando VII.

La prensa del Movimiento y de la iglesia se ocuparon de disfrazar los hechos y culparon a los curas obreros (aquella Acción Católica de los últimos años del franquismo, con su sección obrera, llamada HOAC: Hermandad Obrera de Acción Católica). Los falangistas, que consideraban que el sindicalismo vertical era cosa suya, también la emprendieron contra los curas rojos. Se usó tal grado de violencia verbal, que el arzobispo de Granada, Monseñor Benavent Escuín, hasta entonces muy conservador, escribió una pastoral denunciando el uso de la violencia contra personas indefensas y exigiendo canales de diálogo “reales”. El hecho de que los manifestantes estuvieran varios días en la catedral, “en sagrado” que se diría en los tiempos del Barroco, refugiados del cerco policial, marcó una tendencia: la de los encierros en las iglesias, que tan poco tiempo después generaría un absoluto divorcio entre la iglesia y el régimen y llevaría a los valientes chicos de extrema derecha a llenar el país de pintadas tan ingeniosas como “Tarancón, al paredón”.

(Monumento a los obreros de la construcción represaliados. Imagen tomada de  actiweb.es.esculturaurbana/pagina 2)

(El antiguo edificio de los sindicatos, reconvertido en hotel)

Mientras los encerrados estaban debatiendo soluciones a la huelga, las Mobylettes en que habían ido al sindicato la mañana de los muertos habían sido confiscadas por la policía y depositadas en el patio del Ayuntamiento, a la espera de que los dueños fueran a recogerlas para meterlos en cintura. Finalmente, se negoció la salida, la entrega de las motillos y los obreros fueron enterrados.

Algunos años después, se les dedicó un monumento en la Caleta, donde se produjeron los disparos (en la actualidad ha desaparecido, pues la zona está en obras por el trazado del metro ligero). Hace sólo un par de años, el edificio de aquellos sindicatos se ha convertido en un moderno hotel de cuatro estrellas y la tragedia de entonces ha dado paso a la ignorancia de los hechos, al olvido, a la incomprensión de aquella situación histórica en que vivíamos hace cuarenta años. Un escritor motrileño, Joaquín Pérez Prados, publicó un novela sobre los hechos. De ella os hablaré próximamente. No queda nada más. Por eso, esta entrada, dedicada a recuperar la memoria de los tres asesinados por las fuerzas de aquel cruel desorden.

Alberto Granados

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14 comentarios el “El sangriento convenio de la construcción en Granada en 1970

  1. Magnífico tu doble trabajo de hemeroteca , de exposición y de análisis de aquellos hechos, con el rigor y con el sentido de la memoria histórica -en su sentido más lireral- que te caracteriza.
    Recuerdo perfectamente la Ley Villar. Con ella empezamos a trabajar desde primera hora los maestros de nuestras promociones, allá por los primeros 70. Por cierto, poco tardaría en llegar nuestra primera gran huelga (curso 71-72) , que marcó un punto de inflexión en las justas reivindicaciones de nuestro colectivo (por utilizar la terminología al uso).

    Felicidades una vez más por tu excelente artículo.

    Un abrazo

  2. Miguel, yo creo que la prijera gran huelga fue mucho después, cuando ya estaba el PSOE en el poder y fue por la LODE, cuando etaba Maravall de ministro. ????

    Gracias por aparecer.

    AG

  3. Esa fue la 2ª. La 1ª fue con Franco. La recuerdo porque estaba destinado en Génave (justo recién licenciado de la mili) y recuerdo haber recorrido todos los pueblos de la zona, contactando con gente y asistiendo a reuniones (clandestinas, claro).

    Buen finde, amigo

  4. Pues no la recuerdo. En esa época yo estaba en la mili o me habían destinado a Radio Popular (la de entonces, no de ahora: con Tarancón al frene de la Conferencia Episcopal), donde daba clases en Radioenseñanza ECCA. No recuerdo esa huelga…. Y me choca, que yo ya era cañero por entonces…

    AG

  5. Aprender historia de tu mano es todo un lujo del que no pienso privarme mientras me quede vista y algo de entendimiento.
    Gracias mil y un abrazo 🙂

  6. Hombre, Alberto, la palabra huelga era tabú. Se trataba de las primeras movilizaciones (no sé si se llamaban “paros técnicos” u otros eufemismos), En Génave, nos reunió el Alcalde (y Jefe Local del Movimiento) y nos advirtió de las graves consecuencias que conllevaría el incumplimiento de nuestras obligaciones.

  7. Kape, me alegro verte por aquí de nuevo. No es que se aprenda historia, sino que cuento batallitas en plan Abuelo cebolleta (que ni sabrás quién era).
    Cosas de los años, de tantáisima juventud acumulada…

    Miguel, es cierto que los eufemismos en política siempre han sido elocuentes y nos enseñaban a leer entre líneas.

    Abrazos,

    AG

  8. Cosas terribles que se contaban en voz baja y, si podía ser, por los rincones por temor a ojos que miraban tomando nota de quiénes eran sospechosos de activismo y subversión. Aquel miedo del que muchos ni querían enterarse.
    Un torrente de recuerdos ha desatado en mí este estupendo artículo, Alberto.
    Una abraçada!

  9. Saqué el material allá por enero, cuando empecé a preparar un artículo sobre la novela. Me tocó ir a la hemeroteca de Ideal, donde no existe mecanismo de b´squeda, así que hay que encontrar lo buscado a base de paciencia. Me gustó recordar ese vago vestigio de cuhado yo era otro crío.

    Gracias, Glòria.

    AG

  10. […] Alberto Granados « El sangriento convenio de la construcción en Granada en 1970 […]

  11. Hubiera sido interesante que a la hora de documentarte hubieras hablado con algno de los más o menos 50 Policías que intervinieron en aquellos desgraciados sucesos.

    • Vamos a ver, ya me habría gustado a mí que alguno de aquellos policías me diera su versión, pero parece haber una cierta vergüenza en agentes de la época al hablar de lo que se les obligó a hacer. Conozco a un antidisturbios al que ayudé a preparar oposiciones. Nunca me ha querido hablar de sus actuaciones.
      No obstante, si es que puedes aportar algo en ese sentido, me encantaría que enriquecieras el post con tu visión.
      Saludos,

      AG

  12. grasias me a alludado muchisimo tengo una exposicion en el colegio y eres muy bueno

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