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¡Ding-Dong!


Uno, que es un pedazo de pan, está en casa. Ya ha leído la prensa, terminado el sudoku, hecho la compra, ordenado y preparado la comida, hecho la gestión que ya lleva mes y medio siendo inaplazable… es decir: uno está a punto de dedicarse a lo suyo, a escribir un post  “bonito” de esos que leéis tres o cuatro personas, cuando suena el timbre: ¡Ding-dong!

(Imagen tomada del artículo “La chica de la puerta”, en webalia.com)

Como uno es un  pedazo de pan, en vez de disimular y darle más volumen a Schubert, Edith Piaff o a Camarón, se levanta y abre la puerta. Te encuentras con dos sonrisas ortopédicas pegadas en las caras de dos chicas, o de dos chicos, o de una pareja mixta, vestidos, ellas con pinta de arreglá pero informal y ellos con las camisas y corbatas de morados imposibles de la última cena (quiero decir, de la última cena de la última boda). Antes de que reacciones, te han desarmado y te demuestran fehacientemente que eres un equivocado de la vida, que has elegido mal la operadora de teléfonos, el seguro del hogar, la conexión a Internet,  la compañía del gas, la religión (o su ausencia), pero que, pese a la irresponsabilidad de las decisiones que has ido adoptando durante años, ellos van a solucionarte tus pecadillos de juventud y a abrirte los ojos para que contrates, en ese mismo instante, el maravilloso servicio que ellos representan, para lo cual sólo tienes que firmar aquí y darles el número de cuenta bancaria, con sus veinte dígitos.

Uno (lo repito: que es un pedazo de pan) consigue colar un mínimo conjunto de palabras (sólo un sintagma, apenas una frase, nunca una oración completa) en un mínimo lapso de la tormenta verborreica que te ha caído encima y empieza a decir, tímidamente, como pidiendo perdón de antemano:

-Mire, no tengo intención de…

(Imagen tomada de  barcelonabuzoneo punto es)

Vano intento, error de sistema, pues redoblarán su tenaz esfuerzo para que te sientas mucho más imbécil, para que te preguntes en secreto por qué no prescindes de tus modales correctos, de tu sonrisa paternal y les cierras las puertas en las narices y, sobre todo, para que te hagan una pregunta que lleva implícita una alta carga de descalificación personal:

-¿Me va a decir usted que no le interesa pagar menos de lo que está pagando por el servicio? No me lo puedo creer…

La sonrisa ortopédica se convierte ahora en un gesto de reprobación, más propio de un fiscal americano que del pobre subempleado que tienes enfrente, que te hace preguntarte si es que los tiempos están aun peor de lo que habías llegado a imaginar.

-No, es que a mí me gusta decidir yo y…

Nuevo error. Has tocado el punto más sensible, pues te responderán:

-Es que es nuestro trabajo, caballero: explicarle las ventajas de…

Ahí ves que se trata del clásico “enseñar al pobre imbécil que no sabe”, que tanto te suena tras treinta y nueve años de docencia. Ahí también uno (que todavía es un pedazo de pan, aunque van apareciendo ya los primeros síntomas del asesino en serie) empieza a pensar en sus hijos, abocados a un empleo precario por culpa de la voracidad de los mercados, mira en la pareja a los chicos francos que podrían ser sus propios vástagos, se enternece… y decide cortar por lo sano:

-Vosotros decidme para qué empresa trabajáis y yo lo miro en Internet, que así tengo más criterio y…

(Un predicador. Imagen tomada del blog luispinomoyano, en wordpress)

El gesto de la pareja indica que los has ofendido profunda, cruel y gratuitamente. Ellos han venido a salvarte de tu propia estupidez, de tus equivocadas decisiones y tú les respondes con semejante desaire… La sonrisa prefabricada se torna un gesto adusto de genio incomprendido y se van (al piso de al lado, que no más lejos) dejando en tu alma el poso de un difuso remordimiento que nunca entenderás… que te hace volver a tu post, del que has perdido definitivamente el control, a tu música que ya ha parado de sonar tras los veinte minutos de fructífero diálogo y a un vago sentido de estar marcado por la culpa, como cuando te ibas a enfrentar al confesor de tu adolescencia que te preguntaba aquello de si solo o en compañía y que cuántas veces

Me ha pasado ya tantas veces que he organizado mi sistema de defensa, ese que hoy os ofrezco:

He recordado a Guillermo y Encarni, que en los setenta  se defendían de los predicadores diciendo que su cónyuge era enormemente celoso/a y, sobre todo, violento/a, por lo que era mejor que se esfumaran ya que se habían dado casos previos de ataques físicos con resultado de lesiones graves: no había más debate bíblico, ni más controversia ideológica, pues la palabra de Dios pasaba a un segundo término delante del que ponían su mera supervivencia, escaleras abajo.

Yo, más sutil (además de un pedazo de pan) les contesté a unos el otro día que un servidor era psicólogo y que trabajaba para una agencia de contactos serios: que estaba dispuesto a demostrarles que la mujer con la que se habían casado no era exactamente la que necesitaban y que mi agencia podía buscarle una nueva pareja más ilusionante, más joven, más apasionada y más atrevida en el sexo, algo que iba a revolucionar sus vidas…  Me dejaron un papel y dijeron que ya volverían, aunque no lo han hecho después de tres semanas.

Tal vez sea un perfecto mecanismo de defensa para los de Tontafone, Urbigás, Electresa, Locostar, Predicadores para Almas, S. A, Testigos de Quevá y demás publicitarios de mercaderías dudosas… ¿Debo patentarlo?

Alberto Granados

9 comentarios el “¡Ding-Dong!

  1. Sutil, eficaz, ocurrente y demoledor.

  2. Nunca está mal un poquito de humor. Alberto Granados sabe además añadirle un sello muy personal que hace el artículo inconfundible. Enhorabuena. Seguro que, contrariamente a lo que dice al comienzo, lo lean más de tres o cuatro.-F. Gil Craviotto.

  3. Si debes de patentarlo, sin duda, porque es muy bueno.
    Yo sugiero que pongamos aquí cada uno los métodos que nos han funcionado, es por aquello de ayudarnos los unos a los otros ante las agresiones gratuitas.
    Yo, lamentandolo mucho, porque se que los trabajos están muy malos, a las llamadas esas de las tres de la tarde, o de la hora que sea, solamente les digo que no pierdan el tiempo porque en ésta casa tenemos la norma de no comprar ni contratar nada que se nos ofrezca por teléfono, y que es una norma sagrada.
    Y en cuanto a los de las religiones les digo,lo que les decía mi padre: ¡Pero hombre si no me creo la mía que es la verdadera!¿Como me voy a creer la suya que es mentira?
    Pero a mi el que me gustó de verdad fue aquel que corrió por la web, que le contestaba con voz de hombre a la pobre señorita y le decía que se llamaba Angustias y que pagaba cuatro euros mensuales por la banda ancha, ese era bueno, bueno.

  4. ¡Qué tiempos aquellos los de AVON! (“-¡Uta tú!”)
    Mi táctica, por el contrario, no consiste en subir el volumen de la música o del televisor, sino bajarlo, y acercarme sigilosamente a la mirilla para cerciorarme de las presuntas intenciones de los “llamantes”, para hamletianamente abrir o no abrir, que esa es la cuestión. Aunque últimamente están desarrollando un sexto sentido, con un plus de agresividad, intuyendo tu presencia alienígena en tu propia casa, lo que les lleva a golpear la puerta, recriminando al tiempo tu actitud de espía.
    Entonces me retiro despacio y un tanto acojonado por si me han reconocido:¡Hay que joderse!

    Cuando llame a tu casa, me abres, c…cete.

  5. Me he divertido mucho,Alberto!!! la mejor defensa es un buen ataque ehhh 😉
    Todos hemos sufrido ese tipo de visitas (creo), pero si te ha dado para escribir algo tan entretenido y picaresco, bien ha merecido la pena!!

  6. Juan Antonio, además de felicitarte por tu san Juan (del que me olvidé) te quedo agradecido, reconocido, obligado y satisfecho por tu comentario.

    Francisco, gracias por tu benévola crítica de siempre.

    Coco, ¿dónde está la oficina de patentes? Habría que incorporar un nuevo aspecto: cuando te llaman en plena siesta y te hablan de la conveniencia de que cambies de operadora de telefonía móvil. Lo hacen con un incomprensible acento latinoamericano que te confunde aun más….

    Kape, este tipo de visitas fastidian, son agresivas, y el ciudadano pierde otro paso en su derecho a estar tranquilo en su casa sin que nadie lo moleste… Y con mala conciencia además.

    Gracias y abrazos para todo el mundo,

    AG

  7. No andaba al día con tu blog y acabo de actualizarme desde la noche de San Juan y la Casa del Castril. En ambos he dejado comentario que no hace falta que contestes. Sólo he querido que, como siempre, constara mi paso por tu casa y mi placer disfrutándola.
    En cuanto al presente post me ha parecido divertido y tu idea, estupenda pero yo soy más expeditiva: No dejo entrar a ningún desconocido. Me acosan por teléfono con ofertas y encuestas que rechazo bruscamente con un “No me interesa. Gracias”. Sé que quien llama hace su trabajo pero detesto la agresividad comercial imperante que no respeta domicilios, telefonos, correos electrónicos ni horarios…Lo siento.
    Una abraÇada!

  8. Coco, no sé si la lista funcionará, pero no creo que funcione con los puerta a puerta. Lo que me extraña es que no haya ningún tipo de ley que proteja al que está tranquilo en su casa de esta agresiva forma de vender.

    Ya he visto tus comentarios, Glòria, que te agradezco. Yo también detesto esta forma invasiva de liar al cliente desprevenido. Creo que debería estar prohibida, y el incauto protegido de semejants prácticas.

    Gracias,

    AG

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