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La revolución de Loja


Muy pocos paisanos recuerdan que la cercana localidad de Loja, además de producir esos sabrosos roscos que siempre hemos comprado al pasar, protagonizó uno de los episodios revolucionarios más curiosos de la historia del s. XIX. Fue hace exactamente 150 años y se le llamó la revolución “del pan y del queso”. La protagonizó Rafael Pérez del Álamo, un trabajador que ejercía de albéitar (una mezcla de herrador y sanador de bestias que vagamente  podría equipararse a lo que entendemos hoy por un veterinario), personaje que hoy día ha llegado a tal punto de olvido oficial que ni siquiera apareció en la Gran Enciclopedia de Andalucía, cuando la recién nacida Comunidad Autónoma apostó por esta magna y frustrada obra para salvaguardar la historia y la cultura andaluzas.

Para entender la revolución de Pérez del Álamo, hay antes que precisar que la llegada del Nuevo Régimen no consiguió en Andalucía lo que sí se logró en otros puntos del Reino: que al abolirse los señoríos, la tierra afecta a los mismos pasara a ser propiedad pública. En Andalucía, los señoríos fueron abolidos, pero las tierras quedaron en manos de los que habían sido los señores, en ocasiones desde la misma época de la Reconquista. Es uno de los hechos que aún gravitan sobre la sociedad andaluza y que generó el notable atraso económico andaluz.

(Narváez, conocido como “el espadón de Loja”, creó una pequeña corte en esta localidad)

Por otra parte, los partidos liberales del s. XIX eran de un conservadurismo tan manifiesto, que algunos liberales bascularon hacia postulados más abiertamente republicanos, opuestos al centralismo  y antimonárquicos. Pérez del Álamo pertenecía a una de estas corrientes ideológicas que él llamaba republicanismo federal y que, a la larga, derivó en el llamado Partido Republicano Federal, claramente opuesto al mal llamado Partido Progresista, de tinte ferozmente pragmático y derechista.

El PRF proponía profundas reformas que llevaran a una democratización político-administrativa (federalismo) y a una democratización económica (reformas sociales), lo que se va a intensificar en el sexenio revolucionario, dando lugar a una serie de intentos de revolución campesina y a una serie de sociedades secretas en que se incuba la sublevación.

Para terminara de caldear el ambiente, el General Narváez se instala en Loja y configura una pequeña corte llena de arbitrariedades, petimetres aduladores y aristócratas arribistas, que no dan importancia alguna al hecho de asfixiar al campesinado a base de impuestos. Así las cosas, Pérez del Álamo inicia su revolución que, ciento cincuenta años después, ha sido considerada por algunos como social y por otros como una revolución política (de hecho se asentaba sobre una fuerte convicción antimonárquica).

El 21 de junio de 1861, surge un motín en Mollina (Málaga) capitaneado por Pérez del Álamo, lo que provocó que la Audiencia de Antequera dictara un auto de prisión contra él. Intentó entonces dar un sentido más amplio a las revueltas y el 27 de junio inició la revolución. Al día siguiente, un fuerte contingente de braceros entra en Iznájar (Córdoba) y toma el cuartel de la Guardia Civil. El lema es “Viva la República y muera la Reina”. Allí proclama un bando que dice:

Ciudadanos: Todo el que sienta el sagrado amor a la libertad de su patria, empuñe un arma y únase a sus compañeros: el que no lo hiciere será un cobarde o un mal español.
Tened presente que nuestra misión es defender los derechos del hombre, tales como los preconiza la prensa democrática, respetando la propiedad, el hogar doméstico y todas las opiniones.

En nombre del Centro Revolucionario,

Rafael Pérez del Alamo.

Iznájar, 28 de junio de 1861

 

 

El día 29 toma Loja al mando de más de 10.000 campesinos, a los que dirige con un sentido organizativo y logístico que siguen sorprendiendo, pues mantiene una calma y un orden absolutos y no se da el menor caso de pillaje o de intento de caos. Unos días después, el 4 de julio, tuvieron que evacuar Loja ante el enorme contingente de tropa regular que se les echaba encima y se dirigieron hacia Málaga a través de Alhama. Pérez del Álamo, ayudado por amigos, consiguió huir a Madrid, donde poco después lo benefició el indulto firmado por Isabel II, que iniciaba un viaje oficial a Andalucía y deseaba paliar en parte la antipatía que suscitaba.

El periodista y escritor sevillano Joaquín Guichot, tras hacer una admirada alabanza de la capacidad organizativa de Pérez del Álamo, confiesa en su Historia General de Andalucía, iniciada en 1868, no tener claros ni las ideas ni los motivos del cabecilla: “Ahora, si se nos pregunta qué bandera enarboló aquel jefe, de qué naturaleza eran sus aspiraciones, de dónde partía y adónde se dirigía, contra quién se levantó en armas, qué programa era el suyo, qué es lo que quería derribar, y qué tenía preparado para el día en que el éxito coronase su atrevida y temeraria empresa, responderemos que lo ignoramos hasta tanto que nuevos y fehacientes documentos vengan a arrojar suficiente luz sobre aquel suceso, cuyos resultados estuvieron muy lejos de corresponder al grandioso aparato con que se dio a la luz en los momentos menos oportunos que pudiera haber escogido”.

Pérez del Álamo se ve tan sorprendido por la incomprensión de sus coetáneos, que escribe sus “Apuntes sobre dos revoluciones andaluzas”, donde contesta los interrogantes del historiador sevillano:  “Pero voy a contestar una a una todas las preguntas del Sr. Guichot: ¿Qué bandera enarboló aquel jefe? La de la democracia. ¿De qué naturaleza fueron sus aspiraciones? De naturaleza republicana. ¿De dónde partía y a dónde se dirigía? Partía de una monarquía hipostática e iba a una república humana. ¿Contra quién se levantó en armas? Contra la monarquía y la dinastía. ¿Qué es lo que quería derribar y que tenía preparado para el día en que el éxito coronase sus esfuerzos? La primera parte de esta pregunta está ya contestada, la segunda parte puede ser contestada diciendo: Muchos de os que me rechazaron cuando me vieron vencido, habrían acudido presurosos en mi auxilio para preparar aquello con que habíamos de sustituir lo derribado”.

¿Resulta clarificadora la respuesta del caudillo? Parece que no, aunque no me considero experto en Historia, y menos en el confuso período a que estos hechos se refieren. ¿Fue un visionario, un líder, un estadista, sólo un soñador utópico? Habrá que rescatarlo de ese olvido y valorar con los parámetros actuales cuál fue el verdadero sentido de su extraña revolución. Hoy, al menos, deseo recuperar su memoria y el recuerdo de aquellos sorprendentes hechos, en su ciento cincuenta aniversario.

 

Alberto Granados

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7 comentarios el “La revolución de Loja

  1. Alberto es encomiable tu trabajo. Tu rigor en la investigación y en el tratamiento de los temas, tu claridad expositiva, tu prosa didáctica y amena…Espero y deseo que te lea mucha más gente de la que te comenta, porque detrás de cada artículo tuyo hay una inversión de tiempo y de talento que no pueden ni deben dilapidarse. Y conste que no lo digo a humo de pajas,dejándome llevar por el típico elogio amistoso ni por ánimo adulatorio alguno. Lo afirmo desde mi más íntimo convencimiento, por más reiterativo que parezca.
    Un abrazo y mi felicitación.

  2. Miguel, gracias por tus hiperbólicas alabanzas. Se te ve un poco a ffavor, en general, cosa que te agradezco, aunque no me lo creo.

    AG

  3. ¡¿Cómo que no te lo crees?!!…..Si te refieres a que no propicie tu engreimiento, vale: No somos personas muy dadas al envanecimiento y a las “verduras de las eras”; pero de ahí a no creerte lo que te digo… Ahora es cuando te voy a reñir , como dicen aquí en Córdoba (regañar en mi pueblo).

    Un abrazo y buen summertime.

  4. No, si yo me creo tu entusiasmo y la sinceridad de tus benevolas críticas, que hipócrita nu lo fuiste nunca. Lo que pasa es que creo que exageras en tu admirativa valoración.
    Riñegáñame si hace falta, pero así está el tema.

    AG

  5. Alberto:
    Miguel lleva toda la razón del mundo. Yo, poco dada a leer historia porque la asimilo mal, he valorado todas y cada una de las líneas de tu estupendo e interesante artículo.
    ¿Sabes que era Loja para mí hasta unos minutos? Una población andaluza que aparece en la copla “Antonio Torres Heredia” que, si no me engaña la memoria es de D. Rafael de león: “De Fuentegenil a Lucena, de Loja a Benamejí las mocitas de Sierra morena…”. Versión entrañable cantada por Imperio Argentina que tanto gustaba a mi madre. Y a mí.
    Discúlpame que haya pasado de la historia a la frivolidad. En este tema no doy para más.
    Un petó i bon cap de setmana!

  6. La Historia la escriben los ganadores, y el olvidar (ocultar,) es una forma muy extendida de tener memoria (histórica).
    Curiosamente la cubierta de este libro la diseñó un artista de Loja llamado Antonio Ramón.

  7. Glòria, gracias por aparecer por aquí a la vuelta de mi viaje: Madid, boda, cenas y almuerzos con familia, visitas a sobrinos… mucho ajetreo, mucho afecto, muchas sonrisas y besos llenoss de sincero sentiminmeto
    La única pena: me había prometido ir al Thyssen a ver la expo de Antonio López y no ha sido posible… Cachis en la mar.: sólo ayer pasé por la puerte (los lunes cierra, cosa que ya sabía) y los vigialntes me consoloraron: no habría encontrado entradas.

    Juan, a ti te habría encantado, aunque es posible que ya hayas estado.

    Un abrazo, amigos,

    AG

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