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Planes frustrados de escapar a la realidad


Soy tan ingenuo que había llegado a creer que podía burlar a la mezquina realidad con una serie de gestos: bajarme a la playa, ir a mediodía al chiringuito, leer pocas y seleccionadas noticias de la prensa, dejar de lado el mundillo de los blogs… Siempre me ha bastado con cosas así de asequibles, así que nuestra desastrosa situación político-económica, el deterioro institucional, la solución a la crisis griega, la dimisión de Camps… todo me parecía algo de lo que me venía bien no ocuparme demasiado, algo como para pasar de puntillas, para leer sólo en titulares antes de rellenar el sudoku.

Sin embargo, el martes sufrí una auténtica inundación de realidad desbordada: un joven de veinte años (es decir, casi podría ser mi hijo) mató a su novia a base de patadas y puñetazos al lado de nuestra ciudad. Los motivos (¿motivos?) se ignoran, pero todo parece indicar que se trata de esa epidemia ideológica que permite que un hombre, de cualquier edad o condición socioeconómica, ante una diferencia con una mujer, saque a la bestia que todos llevamos adormecida dentro y demuestre su superioridad a base de insultos, descalificaciones, bromas humillantes, golpes, crimen.

Es algo de lo que ya he escrito más de una vez, pero la realidad se muestra tercamente reiterativa y obliga a reflexionar sobre el fenómeno. En escasos siete meses, van treinta y cuatro mujeres muertas por violencia machista, algo que adquiriría dimensiones de auténtica epidemia social si se tratara de jueces togados, cirujanos o estrellas de la telebasura, pero que sólo llega a un relativo nivel de alarma al tratarse de simple mujeres, de chicas jóvenes (esta pobre era casi una niña: ¡dieciocho años!), de inmigrantes, de mujeres de escasa formación o relieve social… Cosas de pareja, celos de hombres, ya se sabe: las cosas del querer…

La chica murió tras recibir una descomunal paliza a manos de su novio. No han trascendido los hechos, que la jueza se empeña en mantener bajo secreto de sumario, así que no sabemos el calado de los motivos que despertaron la hombría de semejante niñato. Si nos ponemos a imaginar, tal vez se tratara de una ruptura, de celos, de una negativa a las demandas del chico, de una discusión que jamás debería haber alcanzado semejantes proporciones…

 

 

 

(Imagen del entierro ofrecida por el diario Ideal. Autor: Alfredo Aguilar)

 

 

Si seguimos imaginando, y ahí está lo terrible, podemos casi vivir la angustia de los últimos minutos de vida de la chica agredida, la sorpresa al comprobar que el conflicto iba adquiriendo un cariz impensable, al sentir que no había nada de broma o malentendido, sino una amenazante situación. Podemos pensar en el primer grito al recibir la primera bofetada, en el gesto de sorpresa al saber que la bestia había despertado donde menos se lo esperaba: en ese chico al que alguna vez había amado. En los tirones de pelo, en el labio sangrante a base de bofetadas, en las patadas en el sexo o en el costado al caer al suelo, del que nunca se levantaría…

También cabe imaginar la fuerza bruta, irracional, de la  bestia que se creía humillada, pero que se humillaba a sí mismo con cada improperio, con cada amenaza, con cada golpe, en un imparable descenso a la animalidad, a su propio infierno, del que jamás podrá salir ya.

Podemos imaginar esa circunstancias y muchas más, pero no podemos devolverle la vida, ni solucionar el problema: está definitivamente muerta, con dieciocho años, con todos sus planes e ilusiones irreparablemente frustrados por el exceso de testosterona, por ese culto a la hombría como valor supremo, por esa estupidez que nos hace avergonzarnos a los que creemos en el diálogo, la sensibilidad y el respeto más que en la preponderancia de esa virilidad que nos lleva a estas situaciones.

 

Alberto Granados

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8 comentarios el “Planes frustrados de escapar a la realidad

  1. Jolín Ri… se me han saltado las lágrimas, y bueno, también me frustra esta situación de no poder darle cuatro hostias bien dadas y una patada en todos los huevos… eso para desahogarme… y luego hacerle sufrir lentamente… esto lo digo, pero evidentemente no puedo hacerlo, eso si, si yo me entero que alguna vez alguien le pone la mano a mi hija… que rece para que no lo pille…

    Saludos desde Garnata.

  2. Aquí es donde cobraría sentido la reiterativa pregunta de Mouriño, despojada de su mouriñidad, es decir interiorizada por la humanidad redundante del homo sapiens en su más alto grado de evolución, o sea por la Humanidad en su sentido globalizador y planetario, con su aura de dignidad universal: ¿Por qué…por qué…por qué…?

    Nada ni nadie tendría que haber turbado tu tan bien planificado letargo estival.
    Y ahora, para colmo, ese aire gélido procedente de Noruega.

    Imposible la larga siesta, amigo. La calma chicha resulta siempre más siniestra que los nubarrones.

    Un abrazo

  3. y si le añades que un humano (dicen que cristiano) ha resultado dueño de otros 92 pues… te entra un frio interno.

  4. Me parece horroroso. Vivimos el crimen como hecho cotidiano porque cada día hay alguno en alguna parte.
    Pienso en ese desgraciado y siento la bestia que hay en mi, perfectamente controlada, y siento, ya como ser humano, el dolor de la familia de esta desgraciada joven que tenía pendiente una larga vida y su hombre la segó.
    Un beso, Alberto!

  5. Al igual que Miguel: ¿Por qué?

  6. María, deja la violencia, que ya hay bastante, como señalan Miguel y mi recuperado Foces, que lo del impresentable ultracatólico nazi de Noruega…

    Miguel y Alejandra: A mí me preocupa el cómo: cómo se despierta la bestia. Qué convierte a una persona afable, cariñosa, enamorada… en un sucio y miserable maltratador asesino.

    Glòria, me suelo preguntar quién está libre de estos arrebatos. Una vez asistí a unas jornadas sobre patologías sociales y educación. Un especialista de la Pompeu Fabra nos habló de estadísticas: extrapolando datos, entre las sesenta personas que estábamos, debería de haber cuatro o cinco abusadores, otros violadores, varios maltratadores…
    Todos nos mirábamos con cara de “yo no, yo no”. Él lo dijo: “Aquí estáis los concienciados, así que a lo mejor estas estadísticas no van con vosotros… O sí.”
    Nos dejó con mal sabor de boca.

    AG

  7. Coincido contigo es que si fuesen togados, cirujanos, poíticos….esto no quedaría así, como de pasada, un algo que pasa y joroba que pase pero que nadie ataja. Ya, es dificil, pero lo es más que desarticular una banda? hallar a los causantes del 11 M, u 11 S?…..yo creo que no, se trata de querer, de concienciarse, de impartir clases en el colegrio sobre civismo, de dar charlas en casa cuando pasen estas cosas, En definitava de reeducar a los que suben para que rechacen este tipo de sucesos en vez de hacer como que no va con ellos. A los que ya están crecidos solo queda hacer que el peso de la ley caiga sobre ellos, tarde, como bien dices, pero los jóvenes, a esos sí se puede aun concienciar y educar, hacer que vean, que escuchen y que condenen. hacerlos en definitiva y como se decía antes, hombres de provecho y no de a-provecho.
    Un beso Alberto, totalmente solidario

  8. Siempre volveremos a lo mismo: Educación, Educación y Educación, para todos: para los padres, para los hijos, para los viejos, para los jóvenes, para las mujeres, para los hombres, para todo el mundo. Y si hay que destinar el triple de dinero del que se destina, pues vamos; y si hay que subir algún impuesto para costearlo, pues que lo suban: Es la única cosa que civilizadamente podemos hacer.Y entre tanto que la ley rotunda caiga sobre los maltratadores, sin paliativos y sin piedad. Y trabajando para costear la manutención.

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