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El bar nuestro de cada día


Se puede andar por esta vida sin pareja, sin familia, sin ideología o sin religión, pero no sin un bar de referencia, ese bar que sientes como la habitación más amplia de tu conciencia, como tu arcadia privada y exclusiva, ese paisaje construido con músicas y ruidos, estados de ánimo, recuerdos y situaciones indeleblemente ligados a tu propia vida, que asocias a un dueño amable al que conoces y tuteas desde hace tantos años, de cuya biografía conoces el más mínimo detalle, incluida la frágil salud de su mujer, el diente de leche que se le cayó al nieto, o el estado de las obras de la casita que se está haciendo en el pueblo, tan ilusionado, para cuando se retire.

 

 

Es ese lugar al que acudes a que te vendan pan un domingo de agosto cuando parece que han cerrado hasta los cementerios; también es ese paisaje de botellas, cafetera, tostadora, grifo de cerveza… que ha sido testigo de de las eternas tardes adolescentes viendo caer la lluvia y oyendo aquella canción lánguida en la máquina de discos;  y de aquellos tés a media tarde con la primera novia y del larguísimo momento de espera que terminó cuando ella te dijo, ilusionada e ingenua, que también te iba a querer para siempre; de la llamada telefónica que te hizo saber la muerte prematura de algún amigo que no se merecía esa ominosa forma de acabar (la muerte siempre es una indecencia)…

(El bar La Aurora, más o menos como en los setenta. Imagen tomada del blog de Paco Alcaudete)

Lo peor de estos bares de tu biografía es que son tan exclusivamente tuyos, que el cambio de padres a hijos, de decoración, de camareros, del grifo de la cerveza, de la marca del café y de su aroma o, peor aun, de los sabores de las tapas, te hacen sentir como un Ulises descolocado en el espacio y el tiempo, soñando con mil situaciones-penélope que hace años que no te esperan a ti, sino a aquél que fuiste hace siglos, tan irrecuperable ya como el propio bar nuestro de cada día.

Alberto Granados

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12 comentarios el “El bar nuestro de cada día

  1. ¡Qué bonito post! Cargado de melancolía… ¡Salud!

  2. Nostalgia, pura, dura y desinteresada, porque la vida es larga y no solo cambian de manos los bares de nuestro tiempo, sino que la mayoría, llega un día que desaparecen.
    Pero en tu barrio, siempre habrá un bar nuevo al que afiliarte, un bar de gente joven, que no tiene otra salida, y necesita que vayas y te sientes y los escuches, y que, aunque sea para estudiantes, agradecen que los mayores adornemos con nuestros cuerpos pesados algún rincón de su estético entorno.
    Yo tengo el mio, se llama “Tierra” y está enfrente de la facultad de Informática, cerca de Bellas Artes, y en sus paredes cuelgan sus trabajos los alumnos de la facultad, con toda la ilusión del mundo, la mayoría será la única exposición que harán en su vida, y pronto se verán dando clases en esos Institutos de dios, pero de vez en cuando, en esas paredes luminosas se ven auténticas obras de arte. ¿Cual será la suerte del autor?

  3. Ay ! que verdad tan grande !
    Recuerdo alguno en que !! hasta podias pensar !!
    Recuerdo a una vieja (muy vieja) socialista y a la vez amiga… que a su bar le llamaba “nido”.

  4. Artículo hermoso que ya viene avalado por un título acertado. ¿Lo has escrito en tu bar? Porque ya sabes cuánto ha sido escrito en mesas solitarias que si el escritor alcanza la fama se convierten en iconos visitables. Recuerdo mi escapada a Trieste en Marzo y sus cafeterías tan literarias como la propia ciudad.
    Un beso.

    P.S. Siento lo del botellón. Vergonzoso.

  5. ¡Ay!, amigo. Hace tanto tiempo que perdí la referencia de ese bar de culto…Hoy hasta esas barras son virtuales. El de mi adolescencia y primera juventud era Los billares del Alfonso Hortal. Tardes eternas entre “botellines” de “El Alcázar”, partidas de billar, futbolín o ping pong. Más tarde, además, las flipper, pinball, petacos (que tan bien describiste en otro post), jugadas entre dos, repitiendo hasta el hartazgo las partidas gratis, ante la desesperación de Alfonso “El Pepitero”, su dueño, porque el “Game over” definitivo no llegaba nunca. Y mientras echando los pocos duros disponibles en la Sinfonola para escuchar a “Lone Star” extasiados con su “Río sin fin” (se lo debo a mi Riografía, por cierto).

    Tiempos felices que no volverán (que cantaban Los Pasos).

    Abrazo y brindis, tío Alberto (o Alberto, tío…)

  6. Alejandra y Coco, ya no me va quedando más que la nostalgia o la melancolía, que casi las confundo, pero si consigo que os guste lo que escribo, pues se da por bien empleado. Coco, pienso ir al bar a ver los cuadros.

    Foces, me gusta eso del nido. También me gusta verte de nuevo por aquí.

    Glòria, lo tenía escrito para otro blog grupal al que Miguel me ha empujado, pero me equivoqué y no tenía nada que ver con el tema propuesto, así que lo puse aquí. Aunque la foto es de La Aurora, una antigua iglesia que una bomba echó abajo, yo era del bar de Quico, que parecía mi casa. Cuando voy ahora, me siento ese Ulises sin un lugar al que regresar.

    Miguel, si hablamos de futbolines, billares, máquinas de discos y petacos… pero sería como contarles nuestra mili a nuestra paciente parroquia.

    Abrazos,

    AG

  7. En efecto, amigo Alberto, como ya estoy cansado de decir, como se está en nuestro bar no se está en la casa de uno…

    Y a propósito de bares… ¿qué ha ocurrido con la entrada que escribiste sobre Motril? ¡Yo que iba a cantar las excelencias del Ron Pálido de Montero! :-)))

    Saludos.

  8. Sapientísimo Sap: el bar nuestro de cada día es como el claustro materno, el jardín del Edén, nadie te va a hacer reproches ni a decirte que te cuides…

    Respecto a la entrada de Motri, está en su sitio: en agosto de 2010 que es cuando la colgué. Te la enlazo:
    https://albertogranados.wordpress.com/2010/08/27/%c2%a1musho-motril/

    Salud(os)

    AG

  9. Te hacia mas del bar de Vicente, con su barril de Montilla que parecia Jerez.
    En la actualidad mantiene el mismo aspecto, las cañas siguen siendo las mejores y sus tapas y raciones siguen siendo las de la abuela Coral.
    En resumidas cuentas Carmelo es el dueño que te atiende siempre igual, y desde aqui invito a todos los que lean ente comentario a que lo comprueben.
    Primo tambien es el bar que llevo dentro.
    Un abrazo y en agosto me tomare una caña a tu salud, tu primo Miguel.

  10. Cuántas historias, cotidianas y literarias, encierran los bares y los cafés. Siguen el mismo camino, a mi parecer, que las historias que se fraguan y viajan en los vagones de un tren.
    Cuánta razón tienes en esas “reformas” que sufren, no siempre adecuadas, que hacen que el elemento que desaparece se lleve consigo años de nuestro pasado…

    Entrañable y ceertera tu entrada, Alberto.
    Un abrazo.

  11. Primo Miguel, es que soy más del bar de Vicente, después de Quico, concretamente, del escalón de la barra donde estaba la panera de los piquitos de pan. Los riñones al jerez insuperables, como las gambas al pil-pil o los flamenquines… Las últimas veces que he ido, ya era un bar modernizado que poco tenía que ver con lo que yo viví, claro que yo tampoco tengo mucho que ver con aquel atolondrado de entonces… Jodido, el tiempo. Tómate una caña a mi salud y saludalos.

    Marisa, esos cafés llenos de historia y, a veces de mito…. El Colón madrileño, el Brasileña (cre que se llamaba así) de Lisboa, con Pessoa en la puerta, el de Kafka en Praga, el Deux Magots parisino… Lo malo es que hoy son sólo sitio para guiris, sólo que en estos casos los guiris somos nosotros.

    Abrazos,

    AG

  12. El Suizo de Granada, que se lo cargaron metiendo dentro una marranada de esas americanas….

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