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Cucharillas robadas


Se cuenta que hay invitados que, haciendo gala de una desvergonzada capacidad para abusar del anfitrión, se echan las cucharillas de plata al bolsillo. A mí, afortunadamente, nunca me ha pasado: debe de ser porque soy mal anfitrión, o porque selecciono bien a mis invitados, o tal vez porque en mi casa nunca hubo cucharillas de plata, que todo podría ser. En cualquier caso, no me negaréis que es un mal asunto que invites a un amigo y que te haga semejante faena.

Esto viene a cuento de una costumbre que las nuevas tecnologías están generalizando en el ámbito de la producción discográfica: la de hacer álbumes en que las piezas musicales de un determinado autor o cantante se mezclan con la voz de otro. A veces, se riza tanto el rizo que aparece Cecilia cantando con los cantantes actuales, pese a que murió en 1976, o a Frank Sinatra, o Ray Charles , que ejecutan unos dúos muy agradables con gente que jamás cantó a su lado, ya que todo consiste en sincronizar las grabaciones originales y las nuevas en un estudio de grabación. Normalmente, el resultado es desalentador: ni está la voz original de la superestrella, ni el que se le ha acoplado hace otra cosa que empeorar lo original.

Si ya se trata de esos álbumes de pretendido homenaje, el resultado suele ser de juzgado de guardia, salvo alguna versión realmente meritoria. Me refiero a esos discos en que un grupo de cantantes le hacen el favor de pisotear las mejores canciones de aquel o aquella a la que admirativamente homenajean: “Mira que eres canalla, Aute” (en que una serie de cantantes versionan, innecesariamente, al gran Luis Eduardo Aute) “Serrat, eres único 1 y 2” (aquí se fusilan canciones serratianas con auténtico sadismo musical y partiendo, además , de la premisa de que el Nen es único, lo que hace dichos álbumes innecesarios), “Pablo querido” o “Querido Pablo” (una serie de cantantes latinos versionan las canciones de Pablo Milanés, mientras Gabriel García Márquez se encarga de leer un texto que sirve de prólogo al engendro) o “Entre todas las mujeres” (las chicas, que últimamente son guerreras, cantan hermosas canciones de Joaquín Sabina: sólo salvo a Adriana Varela, que hace una bellísima versión de “Con la frente marchita”).

En esos discos de colaboraciones es donde puede aparecer ese amigo díscolo que te deja en evidencia, superándote con su voz o su gusto musical y haciendo de invitado que se te lleva la cubertería. Es lo que pasa con los ingenuos que hayan cantado a dúo con Pablo Milanés y su hermosísima voz: que salen perdiendo. Que don Pablo, que es un músico de una vez y tiene una voz hermosa como un torrente, deja en evidencia alguna que otra carencia. Me imagino la cara que pondrían los acompañantes de Pablo al ver el resultado.

Veamos un primer ejemplo: No he conseguido localizar el álbum, pero nuestro Víctor Manuel y Milanés se hacen una versión de una vieja canción del primero, “Ay, amor” en que el autor queda muy por debajo del cubano.

Del álbum “Querido Pablo” (1986) es esta deliciosa canción, “Años”, de la que ya me ocupé en mi antiguo blog con cierta desesperanza al ver que, como dice la canción, pasan los años y de manera irremediable. La empieza una indiscutible Mercedes Sosa, que ejecuta la primera estrofa, pero después, Pablo se prepara unos arreglos gloriosos, con aire de minueto, y ataca la segunda, precedido por una contundente percusión. Francamente, ”la Negra Sosa” queda muy por debajo. Afortunadamente, todo termina con un dúo bastante bueno que los deja casi en un piadoso empate. Qué buena tenía que ser esta mujer para prestarse a una batalla perdida de antemano.

Para terminar, Joaquín Sabina coló esa tierna “Una canción para la Madalena”, del álbum “Diecinueve días y quinientas noches” (1999) en el disco “Pablo querido” (2002). ¡Pobre Joaquín! Su voz canalla no aguanta la comparación que se inicia cuando la canción lleva 1,03 minutos: un Pablo Milanés en estado de gracia lo hace trizas. Queda la empatía que el de Úbeda suscita, con su carácter de golferas impenitente, pero también queda la evidencia de que Pablo, tal vez sin querer, lo ha dejado KO.

¡Es que hay voces que no se pueden invitar! Por si te roban las cucharillas.

Alberto Granados

7 comentarios el “Cucharillas robadas

  1. Esta vez no estoy muy de acuerdo contigo en asuntos de argentinas “cucharerías”. Toda la vida se han hecho cantidad de versiones de temas más o menos estandars, con resultados desiguales, pero en muchos casos muy estimables , incluso excelentes. Y no todo radica en la voz, que puede ser poderosa y escaladora de “dos de pechos” (je,je,je, qué raro suenan), sino que existen otros matices que la arropan y embellecen (el timbre,la calidez, la sensibilidad, el carisma, el glamour…) susceptibles de arrebatar nuestro subjetivo gusto personal e intransferible. Claro, entre ellas, haberlas malas, hasta pésimas, haylas. Eso también.

    Abrazos, don Alberto melómano

  2. ladrones de cucharillas, qué interesante imagen. Estoy de acuerdo, Pablo es ese gran ladrón de cucharillas, magnífico Pablo. Ah, y magníficos tus comentarios y gracias por traernos estos temas, tanto que me voy a llevar alguno a mi muro.

  3. Miguel, cierta música es mejor no tocarla (que así es la rosa) y dejarla en su versión de toda la vida. Un “porejemplo”: Lucía, de tu amigo Serrat, cantada por Rosario Flores es vomitiva. Cantada por su autor es una de las mejores canciones de amor de todos los tiempos. Hay una gran diferencia.

    Inma, eso es lo que tienes que hacer: ponerme en favoritos y pinchar veinticino horas diarias y no comentar en el Facebook que es muy ordinario. (es broma).

    Chicos, gracias.

    AG

  4. Esto me recuerda aquellos dúos que hizo Sinatra con sus amigos, el de Julio Iglesias era para llorar, ¿Valentía, inconsciencia o petulancia? más bien diría yo que ganas de hacer el ridículo.

  5. Yo soy de las que se enfurece cuando, harta de escuchar una canción por la que siento adoración, llega alguien y la reedita con sus modos y modales cambiándole por completo la melodia, los tonos y hasta la respiración.
    Secundo tu robo de cucharillas de plata y es que a mi lo que me gusta no lo cambio ni lo mudo de estante.

  6. Coco, lo mejor del disco de dúos de Sinatra, es que Barbra Streisand coló una morcilla imprevista (parece que esta mujer siempre ha hecho lo que le ha dado la gana) y soltó un Frank, I love you. Los productores decidieron incorporarlo para dar cierta verosimilitud al negocio (Sinatra llevaba varios años bajo tierra) y rastrearon horas de grabación de Sinatra hasta poder aislar e incorporar al disco algo así como un “Me too” o algo “”So do I”.
    No he oído el dúo con nuestro inefable Hulio (la vida ya trae bastante sufrimiento) como para buscar una cuota extra).

    AG

  7. Kape, sólo he oído a un cantante que reversiona siempre sus viejos éxitos y lo hace muy bien: L. E. Aute. Sus revisiones siempre son ricas en matices, sus arreglos son muy buenos siempre y las canciones jamás salen perdiendo.
    Los demás suelen hacer unos bodrios manifiestos.

    AG

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