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La vida como mentira


Llevo tres días dándole vueltas a la trama argumental de esa magnífica película que se exhibe actualmente, “La deuda” (2010). En realidad no sé decir cuál es exactamente el tema: ¿la fragilidad de esa especial situación personal que llamamos heroísmo? ¿la manipulación de la historia? ¿la condición humana y sus importantes contradicciones? ¿la falsedad de esa categoría ética a la que llamamos verdad? Sinceramente, son varios temas que se superponen y, según el estado de ánimo de cada momento, veo muy claro que uno de ellos es el prevalente, para vacilar acto seguido y cambiar al momento siguiente en función de no sé muy bien qué criterios.

Dicho en poquísimas palabras: no sé solucionar el conflicto que me reconcome desde que salí del cine el pasado viernes. Como no me gusta leer críticas antes de mi propia elaboración, abordo esta entrada con la intención de enseñarme a mí mismo (he sido maestro casi cuarenta años) y definir un hilo argumentativo que no sé a dónde me va a llevar, pero que me ayudará a aclarar ideas (las mías). Empecemos por una aproximación al argumento, aunque no puedo desvelar las claves esenciales de la trama.

En el Berlín de 1965, ya dividido por el muro, un equipo formado por tres agentes del Mossad prepara una misión: secuestrar a un criminal nazi para llevarlo a juicio en Israel. Se produce un fallo y se ven obligados a mantener al prisionero como rehén hasta que una nueva negociación les deje abierto un camino distinto para llegar a su meta. Un salto en el tiempo nos deja ver a esos tres agentes en 1997, dos de ellos ya retirados del servicio secreto israelí. En medio, una elipsis, un paréntesis de treinta y dos años en que cada cual ha sobrevivido como ha podido a las contradicciones que su servicio al país y la fidelidad a sí mismos les ha ido exigiendo.

Dicho de otra forma, la verdad es dúctil, maleable, manipulable como pocos materiales de naturaleza física. No es una reflexión nueva: toda la historia de la filosofía es una búsqueda de algo tan escurridizo como la verdad, una entelequia imposible de encontrar, que sacrifica las vidas de quienes intentan acercársele: los tres héroes de 1965 llevan una secreta lucha contra ellos mismos pues la verdad siempre es acomodaticia, como la historia, la justicia o la vida.

En literatura hemos visto  con qué facilidad se reescribe la historia (Orwell, “1984” o Rosa Montero, en su reciente novela “Lágrimas en la lluvia”) en función de los interese políticos del momento. También hemos visto en mil ocasiones con qué facilidad se pasa de héroe a villano (Mario Vargas Llosa, “El sueño del celta”) sin más elemento que un cambio en la mera apreciación social, algo subjetivo, incluso subjetivo-colectivo, lo que constituye una aparente paradoja.

El propio lenguaje es, a veces, la legitimación de algo falso hasta convertirlo en verdad. La publicidad comercial o la propaganda política no son más que una sacralización de unas ideas que, a base de insistencia, casi llegan a convertirse en verdades indiscutibles. Echamos la culpa de la crisis a los mercados, pero son personas con sangre, ADN, rostro, pasiones y pulsiones, nombres y apellidos, los que nos arruinan con su insaciable voracidad. Hitler llamaba “avances elásticos sobre la retaguardia” a lo que entendemos como retirada,  repliegue, derrota, huida. Franco llamó “democracia orgánica” a su poder omnímodo… La propia creación literaria es una mistificación de la realidad, una mentira, en definitiva, como lo son las artes plásticas, que suelen ennoblecer la realidad, como lo son los símbolos, las metáforas, los himnos. La vida está llena de contradicciones, pero el problema se acentúa cuando se vive en medio de una gigantesca mentira que envuelve a todos, verdugos y víctimas, y arrasa sus tristes vidas al socaire de la Historia.

La película “La deuda” sufre tres cambios muy bruscos en su hilo argumental, tres giros que arrastran al espectador y lo envuelven en el terrible conflicto moral planteado. Nadie puede permanecer indiferente ante tales recovecos. Mucho menos, a la reflexión que la película comporta de manera irrenunciable. Tampoco, ante la espléndida y sobria actuación de los siete actores, que se reparten los cuatro roles principales: la bellísima Jessica Chastain y Helen Mirren dan vida, en 1965 y en 1997 respectivamente, a Rachel Singer, una mujer sensible que soporta una presión extra por su condición de mujer y que tiene que hacer frente a su propia fragilidad.  Sam Worthington y Ciarán Hinds hacen lo propio con el atormentado David Peretz, el esclavo del deber hacia su país, el que interioriza las frustraciones y se siente culpable por ser el único miembro de su familia que sobrevivió al holocausto, tan concienciado siempre de que la vida es una simple misión que cumplir, un escueto deber, que se olvida de los sentimientos, del irrenunciable amor. El último miembro del comando, el más racional y pragmático, Stephan Gold, está desdoblado en las interpretaciones de  Marton  Csokas y Tom Wilkinson. Un único actor, Jesper Christensen, siguiendo un criterio distinto, representa en ambas épocas al doctor Bernhardt, en realidad un peligroso nazi llamado Dieter Vogel, un auténtico monstruo, inmutable en su maldad, capaz de jugar con los que van a ser sus verdugos. Siete actuaciones entre las que no sabría elegir, tal es la contundencia de su capacidad de convicción. El juego de primeros planos y silencios es toda una manera de narrar tan difusa trama (o tal vez de describir unas almas torturadas). Sólo unos cuantos secundarios para completar, con fugaces interpretaciones, el cuadro social en que transcurre la acción.

Tensión, cuatro biografías cambiantes, un conflicto ético de múltiples ramificaciones, una eficaz dirección a cargo de John Madden: sobria, convincente, directa y sin concesiones… Una película destinada al éxito por su seriedad y la hondura del problema que plantea, sea éste cuál sea: yo aún no lo tengo claro.

Alberto Granados

Imágenes tomadas de labutaca.net

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6 comentarios el “La vida como mentira

  1. Ni siquiera el “proverbial” Machado nos saca de dudas a la hora den enfrentarnos a ella :
    ¿Tu verdad?
    No, la verdad.
    Vente conmigo a buscarla;
    la tuya guárdatela.

    Y en esa búsqueda andamos siempre, casi perdidos. Si la buscamos en nuestro interior, los espejos cóncavos y convexos de nuestra conciencia nos devuelven imágenes distorsionadas o cambiantes, en su juego constante. El hombre atormentado, torturado casi. Si se obsesiona, se encamina al suicidio. Si, por el contrario, la buscamos fuera, el resultado es ese laberinto en movimiento constante (de rotación y de traslación) que es la vida. Donde la verdad de hoy es la mentira de mañana. Las medias verdades, las verdades a medias, los usurpadores, los manipuladores de la verdad…Esa gran galería de tipos que tan bien has reflejado en tu profundo y dubitativo (en el mejor sentido del término) análisis. Me dejas con unas enormes ganas de ver la película y completar así mi comentario con conocimiento de causa. Mientras, solo me queda felicitarte por este magnífico ejercicio de reflexión que, despejada la niebla de las dudas, es pura lucidez.

    Un abrazo, Alberto.

  2. Mírate El árbol de la vida.
    La vida hecha fotogramas.
    El universo condensado en una película.
    Todas las emociones humanas y todas las tramas posibles en una familia.

  3. Me ha parecido oportuno que, con tu permiso, espero, este ejercicio de buena escritura y buena argumento desarrollado en tu blog, vea la luz en el mío.
    Un abrazo

  4. Una vez más he disfrutado leyéndote, querido Alberto. Estoy de acuerdo contigo en cuanto a esta película grave y sobria cuyo final no acaba de gustarme. Tu honda reflexión me la hace más interesante así que gracias y un petó.

  5. Miguel, esa búsqueda es tan vomplicada que muchos nos perdemos en el camino y nos quedamos des-pistados: fuera de la pista, en algún recoveco de la vida. Dramático. Tendría que ser tan fácil como respirar. Y no veo como mi desconcierto pueda ser lucidez. Pero gracias.

    Jose, La peli de Malick entusiasma a unos y aburre a otros. Yo me aburrí soberanametne con La delgada línea roja (aunque debo decir que la vi en inglés), así que quedé con cierta prevención y esta nueva casi la dejo para cuando la pasen por tv.
    Me encantó saludarte el otro día.

    Ángel, estás en tu casa: sírvete tú mismo. Tambien ando en un blog grupal que se llama barralibre.blogspot.com, en que escribimos cinco santos bebedorres, siempre cada dos días y con un tema común.

    Glória: el final de la película es caso un cuarto giro argumental. A fin de cunetas, toda la peli es un puro cambio de rumbo.

    Miguel: ve a verla mañana que es tu santo. De paso aprovecho ara felicitarte.

    Abrazos mil,

    AG

  6. Me entretuvo “La deuda”. Esperaba más. El guión se desinfla al final; no se cuadra bien la fábula moral. El nazi está soberbio; cuando sale a escena, crece, se come todo y a todos.

    El resto del reparto está muy bien, que no es poco. El error está en un guión sin fuerza, que va apagándose. La intención moral es sugerente y de actualidad. Los ciclos trágicos de violencia institucionalizada siguen siendo una realidad. Por cierto, hace unas semanas revisité “Munich”, de Spielberg, y me gustó más que la primera vez.

    Recomendables:
    – El hombre de al lado, de 2009
    – Casa de arena y niebla, de 2003
    – La muerte y la doncella, de 1994

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