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Empezar de cero


En la conocida novela de Golding “El señor de las moscas” (1954), un grupo de chicos, perdidos en una isla desierta tras un accidente de aviación, se ven obligados a organizar su nueva vida, lo que equivale a constituir una comunidad sin los criterios previos de los adultos. Esa situación podría suponer la vuelta a los orígenes, el nuevo génesis, el momento fundacional de una sociedad diferente a la que ellos han vivido en la Inglaterra del s XX, llena de contradicciones y guerras. Podría ser una esperanza para el derrotado ser humano, pero cuando los chicos empiezan a convivir, aparecen de nuevo los mismos tics, la misma distribución de roles, el mismo esquema jerarquizado (con la consiguiente lucha por el poder), la misma necesidad de buscarse un elemento sagrado (un dios: el señor de las moscas, en este paródico caso) al que poner por encima para someterse ciega, fanáticamente…

A medida que la acción narrativa avanza (la recuerdo muy vagamente) la naciente sociedad se ve cada vez más tintada por los mismos errores, las mismas pasiones, la misma ética difusa de nuestro modelo real. El lector observa cómo el edén vuelve a torcerse y se convierte de nuevo en un infierno en que predominan la ambición de poder, la envidia, el miedo, el sometimiento, la violencia, el asesinato… Golding, realista, no deja margen alguno de esperanza al género humano, marcado para ser como es sin posible solución ni alternativa.

 

 

 

 

 

 

 

 

Leí este libro cuando William Golding recibió, en 1983, el Nobel de Literatura y actualmente me queda de él poco más que el esquema que acabo de plantear, pero hoy me ha vuelto a la conciencia a través de una reflexión.

Cada mañana recorro una larga lista de blogs y de periódicos digitales y leo los comentarios que inserta la gente. Afortunadamente, hay reflexiones más o menos ingeniosas, pero hay otras en que predomina el tono agrio, desagradable, soez, petulante, pedante, envidioso, violento… Surgen alianzas, complicidades, envidia, comparaciones buscando el agravio, celos, imputaciones… situaciones absurdas todas que se refuerzan y retroalimentan, como una pelea de vecinos de un patio barriobajero, creando un estado de ánimo verdaderamente lamentable. El efecto se ve potenciado por el uso de nombres falsos (nicks) que ocultan la identidad verdadera, con lo que se puede actuar con absoluta impunidad, ya que pocos están dispuestos a ir a un juez por semejante ligereza.

 

 

 

 

 

 

 

La era digital acaba de empezar. Podría haberlo hecho desprendiéndose  del lastre que nuestra sociedad ha ido acumulando durante milenios, apostando por una comunicación sin impurezas, algo más limpio y directo, más humano, pero ha optado por reproducir y expandir los esquemas de siempre con esa potencia viral que tiene el mundo virtual. Miedo me da pensar que jamás seremos capaces de cambiar. Que no sabemos empezar de cero.

 

Alberto Granados

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7 comentarios el “Empezar de cero

  1. ¡Magnífico! Me da para reflexionar mucho y muy largo. Tienes razón en que podríamos haber empezado de nuevo descargándonos de lastres pasados, pero al final detrás de cada nick hay una persona, con intereses e ideales. Personalmente, suelo firmar mis posts en blogs, periódicos y demás, pero estoy más que acostumbrado a leer comentarios que agreden a mi propia persona incluso tras un nick. Dicho esto, no acaba con la impunidad, sino que un juez puede ordenar investigar de quién es ese nick que insulta porque detrás hay personas, como te digo. Por suerte, añadiría. El problema surge, a mi entender, en confundir la libertad de expresión con la libertad de insulto. Eso lo confundimos a diario, o lo confunden a diario, periodistas, políticos y, como no, ciudadanos. Por eso llevo tiempo pidiendo, tú lo sabes, asamblea tras asamblea, encuentro tras encuentro o foro tras foro un compromiso por parte del PSOE (que es donde tengo algo de influencia) para no usar las imputaciones como arma política. Al fin y al cabo, suelen ser el primer paso para esos insultos (no es el caso de tu ejemplo de perroflautas y drogatas). No me harán caso, pero pienso seguir insistiendo. Y poniendo mi nombre en cada comentario, palabra.

  2. Sí, da miedo comprobar que el hombre siempre vuelve a caer en los mismos errores. Desde la época de las cavernas hasta hoy se han venido repitiendo las guerras. El mundo de la informática, que históricamente acaba de nacer, ya lleva en su seno, como precisas en tu artículo, la larva del insulto, la desvergüenza y otros males parecidos, todos amparados en el anonimato. Es una pena, pero es así. Haces muy bien en recordarlo, para que al menos las personas sensatas sepamos a qué atenernos. Huelga añadir que yo jamás utilizo la artimaña del seudónimo. Todo cuanto escribo va con mi nombre y apellidos. Enhorabuena y un abrazo.-Francisco Gil Craviotto.

  3. Los personajes de la novela de Golding tan solo reproducen las normas, creencias, prejuicios, leyes y costumbres de sus padres, de su sociedad. El sueño de una sociedad que nace de la nada es una entelequia. Nunca se parte de cero. Es más sabio tener en cuenta la tradición, pero no como una losa trágica, sino como una oportunidad para edificar desde los andamios del pasado.

  4. Sería bueno saber cuántos de esos Trolls son nativos digitales (yo creo que los menos) o recién llegados a este mundo con los tics del anterior.

  5. Hace unos días asistí a una interesantísima conferencia-coloquio de Iñaki Gabilondo, Ana Pastor y otros sobre la sociedad de la información y las nuevas tecnologías, Comunicación 2.0 (ENRED2), en Eutopía. Con la lucidez y el talento que le caracteriza se refirió Iñaki a ese tono desabrido y áspero, plagado de exabruptos, descalificaciones e insultos que tanto se prodigan en estos medios a los que tú te refieres. Se malogra así la posibilidad de que las personas más juiciosas y preparadas expongan sus ideas u opiniones y salgan espantadas -y hasta escaldadas- de estos foros y renuncien a participar en ese desagradable juego. Yo creo que no hay que entrar al trapo de las provocaciones o, en todo caso, demostrar la máxima educación , inversamente proporcional a la del energúmeno de turno e ir dejando que se autorretraten. Aun así no se darán nunca por vencidos (son por demás cínicos) y entonces lo más sabio y prudente es hacer mutis por el foro.

  6. Esa reflexion la tenía yo hace dos días al comprobar con qué facilidad se abren grupos en las redes sociales para acabar muriendo por los comentarios allí vertidos. Menuda trampa para los que van de cara y que gozo para los oportunistas esto de internet.
    Un saludo, Alberto

  7. Francisco Gil Craviotto y Juan Andrés: mi crítica va más hacia los comentarios absolutamente fuera de tono que contra el anonimato (yo he sido anónimo los tres años de Rigoletto). Se puede ser anónimo en este ámbito y ser respetuoso. Yo tengo siempre una norma en esto: no decir nada que no sería capaz de decir en persona, ante el interesado. Y lo que no me explico es por qué eneste ámbito aparecen celos, envidias, rencores, miedos, sensación de ridículo, de exclusión… cuando debería ser libre hasta en el nombre que usas.

    Ramón, es cierto que los personajes parten de una cultuira previa, pero es curioso que en Golding hayan sobrevivido los chicos, mientras que los adultos no. Es un momento fundacional, se podría haber partido de otro esquema, pero en la amarga metáfora de Golding no queda resquicio: el ser humano vienen manchado de serie, con una tara indeleble enel alma que lo lleva a ser como somos y no hay posibilidad de cambiar el modelo cultural porque es casi genético. ¡Qué terrible conclusión!

    Jesús, toso venimos del mundo anterior, pero podríamos hacer algo por superar los defectos encontrados. No lo hacemos: los reproducimos.

    Miguel, comprendo lo que debe sentir Gabilondo cunado le contestan lo que le contestan cada día. Se necesita una soidez impresionante para seguir sin cejar.

    Kape, tú, que siempre te pasas de sincera en tu bloga, eres una persona en riesgo permeanetne de cornadas, ya te lo he dicho mas de una vez. No puedes ir contando tus cosas más íntimas (o al menos lo parecen) sin ponerte el casco.

    Amigas, amigos, gracias por vuestra presencia.

    AG

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