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Presentación


La presentación ha sido anunciada a bombo y platillo: la  prensa local ha glosado las características de la nueva novela (es decir: ha copiado lo escrito en la solapa), el suplemento dominical ofreció una amplia entrevista que el periodista de moda (él prefiere últimamente que le llamen comunicador) le había hecho al autor, la emisora local ha calentado motores todo el día, el entorno se ha elegido como para alfombra roja: la Biblioteca Magna, un edificio de diseño firmado por el arquitecto que estuvo a punto de ganar el Pritzker… Todo preparado para que sea una gran noche.

La sala está llena y han tenido que disponer cerca de ochenta sillas y una pantalla de vídeo en el vestíbulo para que puedan seguir el acto los espectadores que no han conseguido entrar en el amplísimo salón de actos. Han acudido varios periodistas especializados, un profesor universitario (en realidad, “un maestro”, pues creó una dudosa escuela en los setenta) que se considera una auténtica garantía, pues declina toda invitación si el libro no lleva aparejado el éxito fulgurante. También ha venido la cronista frívola del periódico, que mañana hablará de los asistentes y comentará los vestidos de las señoras, las joyas y complementos y hasta los perfumes, que esta mujer parece de otro planeta. Varios escritores, amigos o meritorios de amistad del novelista, también han acudido, ansiosos por acercarse a los editores. Éstos han venido con su mejor sonrisa instalada en la cara, pero en su fuero interno maldicen al autor, que no llegó a firmar el contrato ofrecido por muy escasa diferencia económica, total para caer en manos de…, que es un mero mercader de libros…

Hay dos habituales de las presentaciones que no se quitan el sombrero al entrar en la sala, otros dos que se sabe que se duchan poco, uno que acude con la mujer, aunque toda la sala sabe que la amante está en las filas del final. Como la misma vida: rica, diversa, variada. Expresiones tales como “poner en valor” o “lo que viene siendo” se oyen por doquier, que la lengua hay que renovarla.

Todos están expectantes y miran disimuladamente el reloj, pues ya hace casi media hora que el acto debería haber empezado. Una chica argentina, de la que se dice que fue novia del autor, no para de hablar por su “selular”. Lo hace de pie, dando cortos paseos y dejándose ver, esbelta, atractiva, deseable.

Con un notable retraso, llegan el autor, el editor, y dos escritores invitados. Algunos levantan un aplauso más bien frío por lo improcedente, y las sonrisas desmesuradas se dibujan en muchas bocas. Llegar hasta el escenario es cosa de varios minutos, pues los apretones de manos, las sonrisas desencajadas, los abrazos de cuerpo entero se llevan su tiempo. Por fin se apagan las luces cenitales y da comienzo el acto. Unos golpecitos en los micrófonos para comprobar lo que el técnico de sonido ha comprobado mil veces: que todo funciona.

La directora de la Biblioteca Magna: Buenas noches…, la nueva novela de…, todo un hito literario…, la originalidad de la trama…, el entramado de personajes llenos de vida…, la trayectoria de…, está llamada a ser una de las novelas del año…

El editor se felicita por haber aceptado la sugerencia de…, él siempre ha confiado en…, se considera un hombre feliz por…, no lo duden: estamos ante una novela que…

Uno de los autores invitados, visiblemente mamado, habla de forma incoherente de los méritos del autor, al que lo une una gran amistad desde… El autor lo interrumpe con un dudoso chiste cuando nota que está diciendo cosas sin sentido.

El otro acompañante, que es el erudito, empieza con un largo y prolijo repaso sobre el concepto actual de novela. Nota que la gente empieza a mirar el reloj y que dos acaban de abandonar los asientos amparándose en la nocturnidad de la sala. Decide cortar por lo sano, in media res, y cede la palabra al autor.

Éste opta por estar encantador y consigue hilar tres gracietas, una sobre religión, otra sobre las mujeres y el sexo y la tercera sobre política, que hacen que la Directora empiece a sudar: no quiere ningún episodio políticamente incorrecto en “su” biblioteca.

El autor empieza a leer su obra: ha seleccionado unos fragmentos –asegura- para dar a entender lo más significativo de su novela, pero los post-its parecen haber desaparecido o es que se ha confundido y se ha traído del hotel otro ejemplar distinto, así que empieza a buscar entre las trescientas ochenta páginas del libro, mientras se oyen carraspeos y toses.

La Delegada de Cultura, que no se pierde una, pero tampoco termina una, se levanta con su secretario y se marcha dando cabezadas a un lado y a otro, exactamente cuando deben de faltar no más de unos doce minutos para que el acto acabe. La moqueta de la sala no consigue acallar del todo los golpes de sus imposibles tacones.

Tras leer aleatoriamente varios fragmentos, el autor abre un turno de preguntas. Los del Ateneo Literario, que apoya la línea del autor (los de otro grupo, Literatura de Ateneo, que le son hostiles, no han venido) le preguntan por la diferencia entre novela y relato, por el futuro de la narrativa, por Joyce, por la posible o imposible relación de esta novela con Piglia, Borges, Faulkner o Vargas Llosa. El autor se defiende: es posible que en su subconsciente haya algo de esos autores y de otros muchos, pero lo que se dice influencia…

Una bloguera le pregunta cuándo va a escribir poesía, una señora totalmente vestida de negro le pregunta si esta novela no vuelve sobre un tema tocado en su anterior… y un chico jovencísimo lleno de rastas, que lleva por bandera la higiene alternativa, le pregunta si toda su obra no es una absoluta bazofia burguesa, a lo que el hombre, al que le está empezando a cambiar la cara, se defiende diciendo que no están los tiempos para revoluciones.

En ese momento, la Directora cierra precipitadamente el acto. La Biblioteca Magna agradece…, actos así conforman la política cultural de…, agradecer la asistencia…, el autor firmará ejemplares…

Al día siguiente la prensa, especializada o no, hablará de un rotundo éxito y una insana envidia producirá temblores en la espalda a miles de escritores aficionados. Tan aficionados como inéditos.

 

Alberto Granados

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8 comentarios el “Presentación

  1. Me da que este relato tiene mucho de verídico, !no veas qué pastel!. Tu forma de tratarlo me ha gustado mucho, directa y ligera.
    El final, qué decirte, ese amargo sentir lo he vivido alguna vez.

    Saludos Rigo!

  2. Alberto, si algún día fueras Delegado de Cultura, yo sería tu escudero. Gracias. Un saludo.

  3. Así es y así nos lo has contado.
    No solo has presentado esta crónica del devenir cultural de las ciudades de forma ingeniosa y ligera, sino que no se te ha escapado ni uno, o como dicen ahora, ni uno ni una.
    Muy bueno.

  4. ¡Madre mía, Alberto! Qué disección tan minuciosa y divertida de ese microcosmos, de ese ecosistema de esa ridícula feria de las vanidades. Toda un re-presentación. Creo que no falta nadie.

    Un abrazo, artista.

  5. JA,JA,JA muy bueno. me ha recordado a un escritor con sombrero negro de ala ancha (que nunca se quitaba) hace unos años allá en la BA….

  6. Letraherido, libroherido, pero ahí estaría yo en primera fila, degustando el licorcito.

    A propósito, ¿hay jamón? Cuando yo publiqué mi libro hubo rioja y aceitunas, todo modesto… repito… hay birra por lo menos?

  7. MJ, este relato tienen de verídico exactametne las mil y una presentaciones a las que he asistido más la envidia de inédito que profeso a los que se han consagrado. Luego le he añadido un poco de humor, algo de ironía y unas gotas de caricatura. Lo he agitado mucho y he llegado a la conclusión de que lo más seguro es que ya se verá.
    No sabes cuánto me alegro de volver a verte por aquí tras tanto tiempo.

    Pablo, seguro que serías un magnífico y sentencioso escudero. ¿Has reconocido a alguien, siquiera como arquetipo literario? Adivina, adivinanza…

    Coco, te aseguro que es una crónica benigna. En los últimos días, alguien muy cercano a ti y otro alguien del círculo me han enseñado mucho sobre la envidia entre escritores. En mi entrada sólo hago el retrato de todos, incluido yo, sin mala uva, con cierta nostalgia del éxito.

    Miguel, en esta feria hay algunos en los que priman la inteligencia, la honestidad y la lealtad sobe la vanidad. A esos los envidio sanamanet. A los otros les descargo esta modesta satirilla.

    Foces, qué alegrón verte por aquí. Me dirás a quién te refieres. Una de estas mañanas te llamo y te invito a un cefé.

    Emilio, los letraheridos tnemos esas cosas: nos gustaría publicar, pero nos reímos de los que lo hacéis. Siempre hablo de la sla culturla Nueva Gala, donde presentan libros con menos pretensiones (a veces, con las mismas) y hay música y vino al acabar…. Una maravilla.

    Amigas, amigos: gracias.

    AG

  8. Yo he ido a pocas presentaciones pero, desde luego, son clavadas a la que describes.
    Esta noche Premio Planeta tan legítimamente denostado y otro tema para un relato satírico y mordiente firmado por Alberto granados Palacios.
    Un petó, Albert!

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