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A las batucadas


Soy hijo del mayo del 68 (18 años tenía un servidor cuando los adoquines de la Sorbona ocultaban el mar y había que arrancarlos para encontrarlo y, de paso, levantar barricadas). Del mayo del 68 y del movimiento hippy, dos maneras de ver mi mundo realmente ingenuas, pero que me prestaron su estética y, especialmente, su ética.

En la fachada de un banco, se lee la pintada “Exprópiese”

Mucho más viejo, he sentido la necesidad de un profundo cambio, de un fuerte meneo al sistema, que está haciendo aguas por todos lados. En enero, escribí una entrada que me sigue gustando: Regeneración de la política, una reflexión sobre la figura del político convertido en lo contrario de lo que debe ser. A finales de abril me adelanté al movimiento del 15M al hablar de los Indignados, de los que volví a ocuparme unas semanas más tarde, cuando ya eran acampados en nuestras plazas. Estuve varias semanas visitando la acampada de Plaza del Carmen, oyendo sus ideas, viendo sus asambleas, contemplando su rebeldía, consciente de que este mundo tan absurdo necesita una buena dosis de utopía.

Me dio la sensación de que las ideas fueron desapareciendo a medida que pasaba el tiempo, especialmente tras haberse celebrado las elecciones del 22 de mayo. Tuve la sospecha de que alguien hubiera orquestado el movimiento para propiciar la abstención, e incluso me llegué a sentir culpable de ser tan mal pensado. En junio no quedaba –me pareció- una sola idea en Plaza del Carmen (tampoco las vi en un corto viaje a Madrid, que aproveché para visitar la acampada de la Puerta del Sol), sino un aferrarse a una sensación de colectividad, de tribu.

Hoy, medio mundo está manifestándose. Aquí, en Granada, la manifestación ha salido hace un momento de mi zona. La iniciaba una batucada en que unas chicas, todas con estética alternativa, marcaban el paso al ritmo de la música brasileña. Me han parecido muy buenas para un espectáculo, pero no para una reivindicación. Después los carteles y gritos de la otra manifestación, la de junio, a la que también acudí. Todo me ha sonado esta vez a falso, a un instinto de supervivencia más que a una búsqueda de una situación razonable. Me he sentido defraudado, pues llegué a pensar que estos miles de jóvenes iban a poder reparar alguno de los errores que sus padres hemos cometido.

He ido, con la duda cada vez más acuciante de la verdadera identidad de los indignados que promueven la manifestación. Son nuestros hijos, de acuerdo. Tienen mil motivos para estar abiertamente mosqueados con los partidos, que no han atajado la precariedad económica ni saben sacarnos de la crisis (nadie sabe cómo hacerlo sin perjudicar a los más débiles). Los he acompañado un rato oyendo, cada vez más serio, sus consignas. A medio camino, me he salido y he vuelto casa con una sensación de absoluta derrota. Tal vez, ni la nostalgia, ni las revoluciones son lo que fueron. Tal vez yo esté definitivamente desmantelado para la ilusión, para mis viejos afanes de justicia. O es que tal vez nunca se debieran confundir batucadas con barricadas.

Alberto Granados

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8 comentarios el “A las batucadas

  1. Pues yo nací en el mismo 68, así que imagínate cómo me creo el poder del ser humano para mejorar lo que es. En esto, como te he dicho en mi muro, Alberto, hay gente de todo tipo. Lo que es cierto es que no sólo ha sucedido en España, sino en muchísimos países. Para reflexionar

  2. Tan brillante como doliente tu artículo de hoy. ¡A las batucadas1 Con la tristeza que siento yo cuando escucho esta canción. Será porque he heredado la herida de la guerra que vivieron mis jovenes padres, el uno en el frente y la otra en el pueblo, a la eterna espera…Y ahora se reivindican las ideas como si de un carnaval se tratase. Alberto: El mundo está desierto de cerebros que puedan y quieran conducirlo con la honestidad necesaria. Los humanos parecen odiarse y, cuanto mayor soy, más execrable me parece su comportamiento.
    P.D. Tienes un comentario en “Presentación”.

    Una abraçada, amic!

  3. No lo dudes, tu sensación se debe a lo que apuntas en tu último párrafo. Con la edad rendemos a pensar que todos los gestos significativos deben tener la misma impronta que nosotros le dimos (o creimos darle) antaño.

    Hoy los jóvenes tienen su propio código con el que indignarse, sus propias contradicciones en la lucha. No son menos que aquellas que fabricó el 68, jipis transmutados en progresistas acomodados, yupis amorales o nostálgicos de sillón y mando a distancia.

    Hoy por lo menos los jóvenes indignados no se engañan con dobles morales. Quieren vivir mejor igual o mejor que ayer. No quieren doblegarse ante aquellos que les venden el hambre para mañana. Quieren vivir bien y defenderlo. Son hedonistas vindicativos. Nosotros, por el contrario, devenimos en hedonistas tras la estela ruinosa que dejaron nuestras quimeras.

    ¿Duele? Pues a arrascarnos.

  4. A pesar de todo, algo es algo,. Que yo me creía que no iban a reaccionar en la vida. A lo mejor su papel es solo el de manifestar el malestar, porque no se les ha preparado para otra cosa, la vida se les ha puesto difícil cuando ya estaban educados para el bienestar y siguen esperando que se lo resuelvan otros, como hasta ahora. Vamos a darles tiempo, tendrán que surgir las ideas, ¡digo yo!
    No te olvides que los que teníamos 18 años en el 68, veníamos de lo peor y todo lo que surgiera sería mejor que lo anterior, ahora es al revés, por lo que es de esperar que se desarrolle de otra forma.
    Y creo que si ha surtido algún efecto, los mismos partidos han tomado nota y han cambiado sus propuestas en cierto modo.
    Me esfuerzo por entonar aquí un canto de esperanza, creo que lo necesitamos.

  5. De donde menos nos esperemos surgirá la revolución. Los que gritaban a las barricadas no eran conscientes de estar gestando y protagonizando la Revolución francesa , un hecho crucial en la Edades del Hombre. Creo que los historiadores deben ir pensando en dar un nuevo paso en las marcas diacrónicas de este devenir, toda vez que la Edad Contemporánea como tal (aunque parezca paradójico) está ya amortizada. Acontecimientos singulares y determinantes jalonan la transición del s.XX al s. XXI con aires realmente revolucionarios: la sociedad de consumo, la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de la URSS, los atentados del 11S, las nuevas tecnologías (sobre todo Internet) , las graves crisis económicas y las nuevas formas de protesta sociales… Demos paso a la Edad Global, la Edad del Caos o la Postcontemporánea. Como dijo aquél, el futuro ya no es lo que era.

  6. Amigos, hoy llevo todo el día de cambio en el blog, pero aquí estoy ya de nuevo.

    Inma, es cierto que las movilizaciones de ayer se han globalizado, pero vuelven a la carga justo un mes antes de otras eleccines en España. Curioso, ¿verdad? También es cierto que hay de todo, lo que les resta fuerza. El tiempo dirá, pero yo ayer no llegué a encontrar un punto de aquiescencia.
    Y gracias por asomar por aquí.

    Glòria, no es que se reinventen las ideas como si fuera un carnaval, pero sí que choca una revolución tan “enrollá”, que más parece una cabalgata de feria.

    Y tal vez sea cuestión de cambio de código, de que la revolción se guíe por lenguajes a los que la edad nos va haciendo impermeables, como dices, Ramón. Hay una cosa: se meten con los bancos y con los partidos, pero he echado mucho de menos que se metan cin la iglesia y con el empresariado. Y me reconcome la duda. A lo mejor no es cosa del código, sino del mensaje.

    Coco, todos estamos de acuerdo en que movilizarlos ya es un adelanto, pero no puedo olvidar que poner en pie un sistema democrático de partidos, con todos los males, que conlleven, costó muchos palos, mucha cárcel y mucha represión.

    Miguel, no te quepa duda: estamos en una nueva época se llame como se llame. Los viejos parámetros no sirven. Pero yo no puedo decir lo de Groucho. Estos son mis principios, pero si no te gustan no tengo otros.

    Gracias por estar por aquí.

    Abrazos,

    AG

  7. Estos cambios en el Blog me desconciertan, a ver si me acostumbro alguna vez.

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