6 comentarios

Cuaversos de bitácora: Eros, según Góngora


Eros, o el latino Cupido, es el dios del deseo amoroso, con todo lo que éste tiene de irrefrenable  impulso, de locura emocional, de sufrimiento. Dios de genealogía difusa (las cosmogonías le atribuyen distintas ascendencias), se le representa en la iconografía clásica como un niño alado, a veces con los ojos vendados, que lleva una antorcha y flechas. En ocasiones lleva también un arco y una aljama. Con tales elementos, inflama la pasión, hiere de amor el corazón, enloquece a otros dioses y a las dolientes criaturas humanas. Puede usar flechas de distintos materiales y en función de tal circunstancia el enamoramiento recaerá sobre personas más o menos nobles o despreciables, más o menos merecedoras de afecto.

Eros.  Copia de una estatuilla del s IV a. d. C.  atribuida a Lisipo

En cualquier caso, el sentimiento amoroso es resultado de una herida o una quemazón y el enamorado sufrirá los empujes irrefrenables de esa pasión nunca saciada. Es el regalo envenenado del diosecillo travieso e irresponsable, como refleja mi admirado Góngora en este magnífico poema.

Ciego que apuntas y atinas,

Caduco dios, y rapaz,

Vendado que me has vendido,

Y niño mayor de edad,

Por el alma de tu madre

Que murió, siendo inmortal,

De envidia de mi señora,

Que no me persigas más.

Déjame en paz, Amor tirano,

Déjame en paz.

Baste el tiempo mal gastado

Que he seguido a mi pesar

Tus inquïetas banderas,

Forajido capitán.

Perdóname, Amor, aquí,

Pues yo te perdono allá

Cuatro escudos de paciencia,

Diez de ventaja en amar.

Déjame en paz, Amor tirano,

Déjame en paz.

Amadores desdichados,

Que seguís milicia tal,

Decidme, ¿qué buena guía

Podéis de un ciego sacar?

De un pájaro ¿qué firmeza?

¿Qué esperanza de un rapaz?

¿Qué galardón de un desnudo?

De un tirano, ¿qué piedad?

Déjame en paz, Amor tirano,

Déjame en paz.

Diez años desperdicié,

Los mejores de mi edad,

En ser labrador de Amor

A costa de mi caudal.

Como aré y sembré, cogí;

Aré un alterado mar,

Sembré una estéril arena,

Cogí vergüenza y afán.

Déjame en paz, Amor tirano,

Déjame en paz.

Una torre fabriqué

Del viento en la raridad,

Mayor que la de Nembrot,

Y de confusión igual.

Gloria llamaba a la pena,

A la cárcel libertad,

Miel dulce al amargo acíbar,

Principio al fin, bien al mal.

Déjame en paz, Amor tirano,

Déjame en paz.

Eros coronando la fuente de Picadilly Circus, en Londres

Sirva este poema para recobrar la sana costumbre de enriquecer la sección Antología de este blog con esos casi abandonados cuaversos de bitácora de los miércoles.

Alberto Granados

Anuncios

6 comentarios el “Cuaversos de bitácora: Eros, según Góngora

  1. Sana costumbre que debe ser concelebrada con visitas y comentarios (jocosos o enjundiosos) a mayor gloria de un Rigoletto bloguero cuya versatilidad y cosmovisión nos hacen disfrutar de páginas como ésta. Decir que muchos conocimos antes estos versos de Góngora – y de otros- en la voz de Paco Ibáñez. Gratitud, por tanto, a los cantautores de aquella década que tanto hicieron por la divulgación de la poesía.

    Baste el tiempo mal gastado, que he seguido a mi pesar tus inquietas banderas, forajido capitán.

    Abrazos con-versos.

  2. Justo lo que yo esperaba. Y regresa con Don Luis al que necesito urgentemente releer. Bellísimo el poema que has puesto que, por si fuera poco, ya prefigura a los clásicos modernos. Recuerdo a Gil de Biedma, un entusiasta de Góngora.
    Una abrçada!

  3. Miguel y Glòria, gracias por acompañarme en estos cuaversos. Góngora siempre será ese viejo cascarrabias que se peleba con Quevedo enuna pugna entre conceptistas y culteranos, llena de mala uva e ingnio.
    He decidio resucitar los cuaversos: total, el blog ya no puede ir peor de lo que va, así que…

    Saludos desde Granada,

    AG

  4. Su página me resultó más que interesante. En cuanto a su pregunta, creí reconocer al autor pero dudé. Después de consultar unos catálogos, de tener la certeza, le envío el nombre. De los versos de Góngora, tan inusuales en este tiempo, al menos en mi país, son de una extraordinaria belleza y, justamente, estos, desmienten la acusada falta de claridad. Casualmente, y desde mi adolescencia, de Góngora, me han quedado grabado dos versos del poema que usted reproduce: “una torre fabriqué/del viento en la raridad”. Le dejo un abrazo.

  5. […] es insensible a los dardos del diosecillo caprichoso que levanta pasiones torrenciales. Los poetas (¡ay, los poetas!) han tocado el tema miles de […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: