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Imágenes de Granada. 10: El carmen de las tres estrellas y otras albayzinerías


A Fuen y a mis amigos Marita, Rosa, María Luisa, Laura y Joaquín.

No voy a descubrirle a nadie que darse un paseo por el Albayzín y perderse por esa tupida red de callejuelas es uno de esos placeres que sólo se valoran cuando ya se han experimentado. Yo creo que hay que pasear el viejo barrio granadino siquiera una vez al mes, a distintas horas, con distintas luces, con distintos cielos y con las mil tonalidades del amplio colorido que despliega el barrio, patrimonio de la humanidad. Incluso con distintas etapas de la floración de las macetas que adornan las fachadas o se intuyen en sus recatados jardines interiores con sus distintos aromas.

Encontrarse con cármenes llamados con nombres tan sugestivos como son “Carmen del adagio”, “de los cipreses”, “de la luna y el sol”, “de las tres estrellas” o “del amor perdido” ya es, de entrada, todo un ejercicio poético.

El sábado, varios amigos y nosotros pasamos el día en este laberinto mágico. Habíamos hablado de visitar la fachada de un carmen, el de las tres estrellas, que algunos no conocían. Se trata de lo que fue  vivienda del autor granadino Antonio Joaquín Afán de Ribera, coetáneo de Ganivet y partícipe de las actividades, no siempre recomendables, que la Cofradía del Avellano llevaba a cabo. Él patrocinó en este carmen una tertulia literaria de bastante enjundia, con lo mejor de las letras locales del momento.

Recibe su nombre de las estrellas que aparecen en la dovela del arco de la puerta y el propio dueño escribió una desmadejada leyenda que incluyó en su obra “Las noches del Albaicín”. La casa fue dividiéndose y hoy sólo queda la fachada, prácticamente lo único que la escasa profundidad de la calle permite ver.

La leyenda aclara el origen de las estrellas que le dan nombre a la casa. Es esta:

LA LEYENDA DE LAS TRES ESTRELLAS

 Portada de la edición facsímil  (Editorial Albaida, 1992) de la original de 1902

I

Le qalib ile Alá; «No es vencedor sino Dios».

Esta es la divisa, el emblema del magnánimo, del valiente, del justiciero Rey Alhamar el grande.

El, edificó los alcázares de la Alhambra, para gloria del pueblo muslime y admiración de los siglos venideros.

El, primero de los soberanos nazaritas, llegó á competir por sus virtudes y gentileza con el modelo de los caballeros árabes, con el grande Álmanzor.

E!, decidido apoyo do los pobres y de los desgraciados, recibió en el año de 1217 en su corte Abén Abid, señor de la imponderable Sevilla, arrancada del poder de la morisma por la poderosa espada de Fernando el Santo.

El, que visitaba las escuelas, los colegios y los hospitales, para derramar beneficios sobre su pueblo, alentó de tal manera el comercio y la industria, que la comarca granadina fué la mas culta en su época.

¡Gloria á la casa de Nazar! Bien dicen los tarjetones africanos de la sala de Comarech: «La gracia que tenéis de Dios dimana, que es auxilio de cualquier tribulación.»

Y por ello añadió el poeta:

«Príncipes envidian

su linaje claro,

y temen los grandes

potente á su brazo.»

 Ilustración de R. Latorre

II

Ricos heredamientos de tierras por la llamada hoy cerca alta de Cartuja, y un palacio en la Alcazaba, dió el espléndido monarca al desronado sevillano.

Y Abén Abid, aunque agradeciendo en el corazón tantas mercedes, no podía calmar sus pesares.

Los frondosos olivares de la reina del Betis, y las caudalosas aguas del Guadalquivir, estaban siempre presentes ante su vista, al contemplar el torrente del Beiro y las accidentadas colinas de la Golilla.

Sólo endulzaban sus amarguras tres hijas que el cielo le había concedido.

Xacharatadur, que significa árbol de las perlas, era la mayor.

Leila, noche, la segunda.

Y Amina, ó sea fiel, la tercera.

Pocas veces la hermosura y el candor había esparcido sus tesoros con tanta largueza.

Amina tenía los ojos azules, como rayos del sol el cabello, y una sonrisa de bondad animando siempre sus labios de carmín.

Leila, en cambio, de morena tez, de mirada avasalladora, de trenzas Como el azabache, despedía efluvios magnéticos que abrazaban las almas y fijaban su imagen en el pecho donde quedaba, sin poder borrarse jamás.

Y Xacharatadur, blanca como la nieve del Solair, de abundante y rizada cabellera castaña, y de andar tan ligero y tan gracioso cual la gacela del Desierto, era la encarnación viva de esas vírgenes del Profeta, que todo buen musulmán aguarda encontrar en el prometido Paraiso y que por obtenerlas arriesgan su vida en las luchas contra los infieles.

Y más extraño aun que las tres estuviesen libres de las cadenas del amor.

Encerradas en el fondo del harén de su padre, conducidas á Granada en bien custodiadas literas, y al presente en los risueños jardines de la suntuosa mansión que donara Alhamar, su vida se deslizaba tranquila, no recibiendo otras caricias que el tierno abrazo conque las saludaba diariamente el autor de sus días.

Y pasaron los rigores del invierno, tanto más sensibles porque en él perdieron su querida patria, y las auras primaverales orearon los floridos cármenes, y las rosas de Mayo esparcieron sus perfumes, abriendo sus capullos bañados por el rocío de las fértiles lluvias de Abril.

Y una noche de luna, en la que el astro de la melancolía esparcía sus plateados rayos y sombreaba la naturaleza con tintas inexplicables, las tres hermanas se encontraban en los jardines.

Un susurro vago se dejó escuchar bajo una glorieta que cubrían enredaderas pasionarias, y una voz con eco celestial murmuraba estas palabras:

—Es en balde que los guerreros de la corte similita pretendan del Califa la mano de las huríes andaluzas. Ni Osmin el bravo, ni Aliatar el arrogante, ni Reduán el terror de las fronteras, son los llamados por Alá á poseerlas. Los genios de los alcázares han fijado en ellas su atención, y resuelven que gocen dichas extrañas á otros seres, haciendo inmortal su existencia.

Tan inesperadas frases llenaron de espanto á las tres hermanas.

El miedo embargó su ánimo, y se retiraron á sus habitaciones.

Pero á pesar de todo, anhelaron la puesta del sol, atraídas por una curiosidad irresistible.

La umbrosa enramada volvió á dejar sentir sus sonidos; y acentos cariñosos y conceptos de la pasión más profunda llegaron á escuchar.

Y el misterio llenaba sus almas de un encanto indefinible, y trémulas, anhelantes, querían profundizar el espacio para descubrir la figura de aquellos indefinibles amadores, que ocultos en nubes de gasa se perdían en los aires, impalpables é invisibles, vagando en las regiones del éter, pero sin mostrar formas humanas.

Aquella noche, al terminar sus amantes pláticas, sin saber por dónde, se encontraron tres magníficos anillos de brillantes en sus faldas.

Las jóvenes los colocaron en sus dedos y parecían hechos á la exacta medida de cada una.

En muchas otras ocasiones se repitieron con ideales escenas, y sus corazones se interesaron de tal modo, que el más tenue suspiro de la brisa les parecía el rumor de las alas de aquellos silfos extraños que las abrasaban de amor, y cuya figura se fingía cada una en su mente como un cúmulo de perfecciones.

Por fin, al acercarse las primeras auras del estío, el cielo resplandeciente de luceros brilladores, y el silencio y las sombras apoderadas de la ciudad, las tres princesas creyeron ver tomar forma corpórea á sus amantes, y un grito de admiración y de alegría se escapó de sus pechos. Tres gallardos mancebos, de una hermosura distinta á la del resto de los mortales, se les acercaban; y el primero agarrando la mano de Xacharatadur, le dijo:

—Princesa: la más bella del universo, yo soy el genio de las aguas, tengo palacios transparentes en los más recónditos subterráneos, y mis servidores esparcen la vida y la salud en estos ámbitos. ¿Quereis habitar conmigo este edén de delicias reservado á la que, cual tú, es llamada la perla do los mortales?

Xacharatadur inclinó la cabeza y un tímido sí se escapó de sus labios.

Y enseguida Leila oyó lo siguiente:

-Yo mando en los céfiros y en las brisas. Quiero compartir contigo un trono que se cierne en el espacio, y que tus ojos brilladores iluminen la esfera, encendidos por el fuego de la pasión. Desde el huracán que troncha los seculares árboles, hasta el vientecillo que apenas mueve las hojas, todos serán tus servidores y esclavos. Vente conmigo á las regiones del fuego, y la noche será eterna para nuestra ventura.

La joven enlazó sus manos con las del genio, y entonces el tercero se postró ante Amina exclamando:

—Yo habito en los jardines de Granada. Sus puras flores te brindarán eternamente sus perfumes y serán la alfombra de tus plantas. Tendrás por amigas las hadas bondadosas que se acogen en las grutas que cubren las frescas alamedas, y tu sonrisa abrirá los claveles moriscos, tan encendidos como tus labios.

Y entonces ¡cosa extraña! en las manos de aquellos seres sobrenaturales resplandecían otras sortijas semejantes á las regaladas á las princesas, aunque cada una en forma de una fulgurante estrella, las que por un movimiento unánime cambiaron á la vez por las que aquellas tenían; y hecho esto, rodeando con sus brazos las cinturas de sus amadas, sin que éstas opusiesen la menor resistencia, murmuraron con un acento dulcísimo:

Nuestra estrella os entregamos, sed siempre la de nuestra felicidad.

A poco una nube opaca envolvió el mágico cenador, formando una espiral, que, prolongándose indefinidamente hacia los cielos, se disipó á los primeros rayos de la aurora, sin que genios ni princesas volvieran nunca á parecer.

Esta es la leyenda de las tres estrellas. El buen exrey Abén Abid afirma escondió sus tesoros, y su memoria quedó perdida en esa horrible sima que se llama lo pasado y que tanto devora, á los hombres como á sus obras.

Sin embargo, algún cronista, menos entusiasta de los sueños maravillosos, pretende afirmar en un viejo libro que la desaparición de las bellezas sevillanas fué debida á las artes empleadas por ciertos guerreros famosos, de los que á las órdenes de García Pérez de Vargas conquistaron á la reina del Betis, quedando presos en cambio en las redes de amor por las hijas del rey, que galantemente escoltaron á la salida. Y aun asegura que ciertos soldados árabes, que después fueron bizarros escuderos castellanos anduvieron en la trama evaporándose todos por la honda mina que desde el palacio terminaba en la, que se llamó de Bib Blancha,

 El carmen, según una ilustración de E. Villar Yebra

III

Y el estandarte de la Cruz se plantó en las almenas de la Alhambra por mano del heróico Conde de Tendilla.

Y la rebelión de los monfíes fué sofocada, inundándose de sangre los fértiles y agrestes valles de la Alpujarra.

Y aquellos vecinos del Albaicín, que respondieron cobardemente: «andad, hermanos, que pocos sois y venís tarde,» vieron desvanecerse como el humo sus privilegios hasta salir expulsados del suelo donde nacieron.

Y los palacios y casas de recreo de los vencidos musulmanes perdieron poco á poco sus primitivas formas con los adosados y construcciones que lea añadían los conquistadores, trocándose en casarones destartalados, en patios irregulares y en habitaciones donde el macizo balcón gótico tapaba ó rompía la elegante columna marmórea del pulido ajimez arábigo.

Y esto ocurrió en el edificio de las Tres Estrellas. Pero siempre ya desde los finales del siglo XV, como en los que le subsiguieron, el tinte sombrío y misterioso que le rodeaba, no llegó nunca á perderse.

La memoria del tesoro de Abén Abid y la existencia de almas en penas en sus escondrijos eran pábulo de los vecinos, cuyas familias más pobres lo habitaban, dejándolo destruir poco á poco.

Uno de aquellos, por nombre Lorenzo Suarez, lo ocupó con su familia en 1740.

Desvalido y mal trabajador, el hacerse rico era su única deseo, y su conciencia no vacilaba en los medios para conseguirlo. Hubiera sido capaz de cualquier crimen, si su espíritu medroso y apocado no se lo impidiera.

Los relatos del nunca hallado tesoro le ocupaban constantemente. Sondeaba las paredes, registraba los desvanes, y en las noches más sombrías y silenciosas estaba como un ave agorera en la punta de un ruinoso corredor, acechando un murmullo, una sombra que inesperadamente le indicase el lugar donde podría saciar sus anhelos. Pero nada lograba. Entonces, según afirman las crónicas, desatentado, loco, pues no podía caber otra cosa en un cristiano viejo, vendió su alma al diablo.

Después del terrible pacto, la fortuna empezó á sonreírle.

En un ángulo de la escalera del segundo piso encontró al siguiente día un puchero de barro lleno dé monedas de oro. Verificó el cambio casa de un mercader, y comprando una ropilla nueva é introduciendo la abundancia en su miserable familia, que todo lo ignoraba, so encerraba horas enteras en su aposento, sin permitir que nadie entrase en el mismo.

Únicamente una enorme botella de vino era su compañía, como si la espirituosa bebida quisiera ahogar algún triste recuerdo que le atormentara.

El Lorenzo, cada vez más torvo y sombrío; su mujer é hijos, extrañando el rápido bienestar que los rodeaba; y el invierno aproximándose con sus helados vientos, con su entoldada atmósfera de nubes.

Y la noche que tanto celebraban pobres y ricos como recuerdo de que naciera Nuestro divino Salvador, el desgraciado Suárez quiso imitar á todos los demás, dejando su voluntario retraimiento.

Mandó encender la chimenea, no arrimándose á ella hasta que fueron rezadas las preces de las ánimas, cuyas frases piadosas le causaban terribles emociones.

Ya en el seno de la familia, pareció olvidar sus remordimientos, y hasta más expansivo, habló de trasladar su domicilio á un risueño pueblo de la Vega.

De repente, la tormenta que se iniciara en la punta de la sierra aquella tarde estalló con inusitado fragor. Un relámpago terrible, seguido de un trueno pavoroso, puso fin á la cena.

Las mujeres se pusieron á rezar de rodillas, y Lorenzo oyó una voz que le llamaba diciéndole:

—Llegó tu hora, cumple tu promesa.

Despavorido huyó á su habitación y de un trago se sorbió todo el líquido que encerraba la botella.

A las primeras horas del día lo encontraron tendido en el pavimento y cadáver. Los médicos afirmaron que era efecto de una combustión espontánea debida al uso inmoderado de las bebidas alcohólicas, explicando así lo negro de su rostro y lo carbonizado de sus miembros; pero no faltaron muchas personas que al mirarle se santiguaran, exclamando:

—Este hombre está endemoniado. Dios nos valga.

Verificóse el entierro, sin detenerse, por el estado de descomposición del muerto, pero á los conductores les extrañaba el ligero peso del ataúd.

Al descubrirlo en el Cementerio, se encontró vacío; y desde aquella época se tuvo á Lorenzo por insepulto.

Las ancianas de las cercanías, y especialmente una que hace poco pasó á mejor vida, afirmaban que todos los años por Noche Buena bajaba por las escaleras de la casa un entierro con acompañamiento de doce diablos con velas encendidas, hundiéndose en los sótanos, sin dejar la más mínima huella de sus pasos.

Y este es el cuento que circula sobre el local de tantas maravillas.

He respetado la acentuación original, así como algunas peculiaridades de la sintaxis del autor.

El Generalife y la Alhambra, dorados por la luz del atardecer

Después, una extensa visita a otras mil maravillosas “albayzinerías”. A veces (casi siempre), la vida es bella.

Alberto Granados

11 comentarios el “Imágenes de Granada. 10: El carmen de las tres estrellas y otras albayzinerías

  1. Me encanta este barrio… me encanta pasear por las calles del Albayzín, y como tu bien dices… que distinto es verlas en Verano/Invierno; o por la Mañana/Tarde/Noche.

    Cada momento del día lo hace único… Y merece la pena ser testigo de ello.

    Un saludo Alberto.

    • Creo que a cualquier persona que tenga un mínimo de sensibilidad le gustará recorrer un barrio como este: aljibes, recovecos de calles imposibles, el sonido del aire a través de los cipreses, fachadas que se caen de geranios… y al frente, la Alhambra y la Sierra. ¿Quién da más?

      Bienvenido a este blog.

      AG

  2. Muchas gracias por advertirme de tu entrada de hoy. Me gusta mucho el Albayzín. Suelo subir casi todos los fines de semana. Tienes razón: cada día, con cada luz, el paisaje es distinto. La semana pasada subí cuando casi anochecía y el día estaba muy nublado, incluso llovía (un milagro ver casi desierto el Mirador de San Nicolás). De frente, la Alhambra, a la izquierda la Sierra y nevada y a la derecha la luz del atardecer que se filtraba entre el manto de nubes. La imagen era digna de una fotografía -lamenté no haberme llevado la cámara-.

    Gracias de nuevo por advertirme de esta entrada -la he disfrutado mucho-.

  3. Para completar mi modesta crónica, tengo que decir que me tomé un suculento arroz con bogavante en la terraza de La Platería, con la Alhambra a la vista. Lo pasamos muy bien. Después vinimos a casa: hasta casi las dos de la mañana, dos generaciones de amigos.

    AG

  4. Como me ha gustado ese recorrido que me hace ir a la Ahlambra, que me gusta muchisimo ese atardecer donde se vuelve roja, Alhumbre dicen que la llamaban, esas calles de cármenes impresionantes, preciosas, no sé , imagino que habrá esos patios que un dia visité lleno de macetas de flores, son recuerdos e impresiones que no se borran. Gracias.

  5. I rented a room in a house in the Albayzin and spent my time in Granada walking those streets under the shadow of the Alhambra. I had studied much about its gardens, the Generalife, during my years in college and always wanted to go and see them for myself. I was not disappointed. Thank you for sharing this story with me.

    xxx

  6. Adoro el Albaycín. Gracias por compartir esta magnífica leyenda granaína. Me gustaría saber dónde documentarme sobre Antonio Joaquín Afán de Ribera y si conoces datos sobre su vida más íntima. Gracias

    • Marian, celebro verte por aquí y te respondo a la vuelta de un viaje, que hoy he reflejado en el blog. Gracias por aparecer por este blog, al que quedas invitada. Cuando tenga al alcance mi bublioteca, volveré sobre la figura de Afán de Ribera.

      Un saludo,

      AG

  7. Dory, muchas gracias por aparcer por este languideciente blog y muchas gracias por el benévolo comentario.
    Si me permite, le recomiendo los relatos. Creo que son lo mejor del blog. Con 25 de ellos acabo de publicar un libro electrónico descargable en Amazon.
    Le dejo información: https://albertogranados.wordpress.com/2013/06/22/hablar-de-mi-libro/

    Un saludo,

    AG

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