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Años marianos


Había salido exultante al balcón de la sede de Génova hacía sólo unos minutos. La grey popular lo aplaudió, le hizo dar ridículos saltitos, lo aclamó como el triunfador que, sin duda, era. Es cierto que el triunfo le había costado muchos sinsabores, que tal vez no fuera un triunfo en sentido estricto, sino una derrota puesta en bandeja por los socialistas… pero eso ahora importaba poco. Esa noche del 20 de noviembre de 2011 quedaría recogida en las hemerotecas  y en los libros de historia.

Rajoy en 2008. Imagen tomada de El Confidencial

Mariano agitó la mano una última vez, dio la espalda a la masa congregada y desmontó con prisa esa sonrisa que tanto le constaba armar. Comprendió que su instante de gloria había acabado. Que la vida del político es así: a partir de ese momento, la prensa afín miraría con lupa cada desliz, cada desacierto, mientras la prensa de la oposición desataría contra él toda una persecución. No pudo evitar recordar lo cómodo que él se sintió cuando la COPE y El Mundo orquestaron todo un montaje en descrédito de Zapatero. Él, que conocía mejor que nadie los entresijos del atentado de marzo de 2004, se había enrocado cómodamente en aquella sarta de embustes que tanto lo beneficiaban. ¿Qué dirían a la menor ocasión Público, la SER o la prensa de los nacionalistas?

Si él usó la religión, la negociación con ETA, el sagrado concepto de familia, el aborto, Educación para la Ciudadanía y mil trucos desleales más contra Zapatero, ¿qué le esperaba ahora? ¿Los indignados? ¿Muchos más parados? ¿El acoso de la prima de riesgo? ¿Reconocer, al menos para su capote, que nadie tenía recetas mágicas contra la crisis?

Viñeta de Erlich en El País de la semana pasada

Se preguntaba hasta cuándo podía echarle la culpa de todo a Zapatero, cuándo empezaría el electorado a comprender que su capacidad gestora era escasa y que el puesto que realmente le venía al dedillo era el de jefe de la oposición, cuándo empezarían los editoriales en contra suya en toda la prensa, incluida la más proclive.

Después de todas las estupideces que había mandado decir contra el gobierno de Zapatero, ¿qué le quedaba que soportar ahora? Buscó los ojos de su esposa, que lo acababa de besar ante la multitud enfervorecida y creyó ver ya una mirada de reproche, un gesto de desconfianza en su capacidad.

En ese momento le hubiera gustado darle marcha atrás al tiempo y no haberse metido en política, ni haber falseado la realidad, ni haber llegado a alcanzar la responsabilidad que ahora lo abrumaba. Se vio como un Sísifo que ha llegado con su carga hasta lo alto: desde ahora ya sólo podía descender hasta abajo. Sólo había una duda: ¿a qué ritmo sería el descenso? ¿qué se iría dejando en cada tumbo, en cada obstáculo, en cada encontronazo?

Su mujer le sonrió y él rehuyó la mirada, refugiando la suya en un espejo que había en la pared de enfrente. Se vio mucho más pequeño que nunca, más incapaz que nunca. Más triste y derrotado que nunca.

Alberto Granados

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4 comentarios el “Años marianos

  1. Yo me conformaría con que perdiera ese aire chulesco que adquiere cuando se siente arropado.
    Y con que su partido perdiera cuatro millones y medio de votos en las próximas generales, claro.

  2. Alberto:
    Últimamente te leo por capítulos porque los dos posts anteriores así me lo han exigido. Por cierto que ambos me han gustado, tanto el relato de la valiente escritora enfretada a su esposo como este poema que es el paseo por el Albaycín.
    El artículo sobre Rajoy me ha parecido suave. Me pregunto qué hay detrás de esta apariencia pacífica, del habla contenida, del talante decimonónico. Dicen que durará poco, que no es losuficientemente de derechas y que el mismo partido se lo cargará.
    Tiempo.
    Un petó!

  3. Chicas, gracias por vuestros comentarios. Creo que he reflejado (lo hice para barra libre) exactametne la mediocridad de nuestro Presidente, elegido por mayoría (iba a decir por “repugnante mayoría”).. Lo he visot siempre un paquete, torpe y sin más mérito que haber sido ungido por el dedo de Aznar.
    Estoy por exiliarme en mi estudio y no salir ni a por el periódico.

    Abrazos,

    AG

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