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Justicia, por favor


Cuando yo vivía en Jaén, por los setenta, se contaba la historia de un marqués que, en ejercicio de su carrera de abogado, defendió a un pobre hombre acusado de pequeños hurtos en el campo para darle de comer a su familia. El extravagante marqués afirmó en la defensa que en España no existía la justicia, con lo que se adelantó setenta años a Pedro Pacheco, que soltó aquella famosa frase de “En España la justicia es un cachondeo”.

Alegoría de la Justica, Imagen tomada de todocoleccion.net

Ni Pacheco ni el decadente marqués eran pioneros en la crítica al sistema de justicia: Aristófanes, la cuentística medieval, el Arcipreste de Hita, Quevedo, Cervantes, Shakespeare, Feijóo, Dostoyevski, Larra, Victor Hugo, Wewnceslao Fernández Florez, Kafka… son sólo algunos de los autores que ha abordado directamente el tema de los jueces, su ineficacia, su venalidad, su ignorancia o su incompetencia.

Tal vez, el inconsciente colectivo vea en la autoridad judicial, en los arcanos mecanismos de la justicia, una mera acechanza siempre contra los más débiles, cuando no un sesgado uso de las leyes, escritas siempre desde el lado de los poderosos. Algunos jueces también han contribuido a acentuar ese descrédito de la justicia: el juez que argumentó que dar más de ochenta puñaladas a su esposa no era ensañamiento; el juez que llamaba “maricones” y “putas” a los encausados o testigos; los que han mirado para otro lado en casos evidentes de corrupción política… han herido de muerte la fe en la justicia ante el pueblo que con  sus impuestos les paga el sueldo. Son jueces que se han dejado politizar y que han aumentado la distancia de la sociedad que espera de ellos, sencillamente, lo justo.

Dos casos judiciales son objeto de lamentable actualidad: la sentencia del caso de Marta del Castillo y el inminente juicio contra el juez Garzón.

En el primero, un profano en temas jurídicos, como lo soy yo, se queda con la sensación de que una serie de garantías procesales, nacidas siempre con la buena intención de evitar arbitrariedades, sólo sirven para dejar sin garantía alguna las evidencias. Se condena al principal responsable de la salvaje muerte de la chica, pero se deja libres a los tres cómplices, que han estado incurriendo en continuas contradicciones, lo que equivale a tomarnos el pelo a toda la sociedad, a crear una auténtica y nociva falta de confianza en la justica, la sensación de desamparo ante el delito y un ingente gasto en seguir las pistas falsas que estos cuatro angelitos han ido soltando aquí y allá, como el que está de bromas en una noche de juerga… sólo que con una chica violada, asesinada y desaparecida. Mal asunto.

Esta sentencia y otras, me dan la sensación de que un abogado defensor hábil y liante puede convertir la mentira en sentencia, la justica en burla, el sistema judicial en triste pantomima. Se presta a que todo lo que la civilización ha hecho por adormecer los instintos más rastreros del ser humano quede sin vigencia y surja el impulso emocional, destructivo en este caso, y alguien se tome la justicia por su mano.

Baltasar Garzón. Imagen de diariojuridico.com

El segundo caso, el del juez Garzón parece más sacado de algún relato kafkiano, repleto de metafísicos agobios: un juez se sienta en el banquillo por pretender juzgar ese franquismo que, ingenuo de mí, ya creía extinguido, al menos en las instituciones. Una de las ramas de una institución tan solvente como Falange y un sindicato acusan al juez por pasarse de atribuciones y Garzón vuelve a los juzgados, sólo que esta vez lo hace como imputado.

¿Qué está pasando con la justicia en España? ¿Se ha perdido definitivamente el norte? Si los amigos de Carcaño se van a estar paseando libres y el juez Garzón va a terminar con una condena, es, sencilla y definitivamente, que nos hemos convertido en uno de los países más miserables de la historia contemporánea y alguien tendrá que remediarlo. Me queda una última duda: ¿dónde están los indignados? Lo pregunto porque no los veo desde los tiempos de Zapatero y eso me extraña, dado el cariz de los acontecimientos, pues deberían estar tomándoles el relevo a Pacheco y a mi desolado marqués.

Alberto Granados

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7 comentarios el “Justicia, por favor

  1. Querido Alberto, creo que mezclar los asuntos de Carcaño y Garzón, por el simple hecho de que ambos coinciden en el tiempo, no le hace justicia a la Justicia.

    Si consideras que “un abogado defensor hábil y liante puede convertir la mentira en sentencia, la justica en burla, el sistema judicial en triste pantomima” en el caso de los defensores del caso Del Castillo, un grupo de niñatos sin oficio ni beneficio; ¿qué no podrían hacer los abogados defensores de un Garzón que, a buen seguro, cuenta con un gabinete de abogados superlativo?

    Cada caso es cada caso, Alberto. Y si en el caso de Del Castillo, no hay PRUEBAS (como así ha dictaminado la sentencia) es que no hay PRUEBAS. Salvo que el Tribunal superior al que recurrirá la familia Del Castillo dictamine lo contrario. Y no creo que condenar a nadie sin PRUEBAS, sea recomendable.

    Aquí hay que recordar el célebre dilema: un hombre aparece muerto en una habitación. Con el cadáver, aparecen dos hombres. Uno de ellos es el asesino. Pero ambos se acusan mutuamente. No hay ninguna otra prueba. ¿Qué hace el juez?

    Y sobre Garzón, teniendo en cuenta que aún ni ha comenzado el juicio, pues habrá que esperar y ver ¿no? Parece que sin que haya comenzado, ya está condenado. Y de forma injusta. Lo que me parece un exceso anticipatorio demasiado aventurado.

    No podemos dejar que la indignación, por justificada que sea, nos haga cuestionar un sistema que, pese a todo, funciona.

    • Precisamente es lo que me temo, Jesús: que la indignación le gane el pulso a la racionalidad, que surja ese salvaje que la civilización ha domesticado en cada uno de nosotros y alguien se toma le justicia por su mano.
      A diferencia de lo que dices tú, yo creo que el sistema no funciona. El sistema procesal es tan garantista que deja demasiados cabos sueltos y ahí tienes a los tres angelitos libres: no hay pruebas porque ha habido bastante negligencia, pero todos creemos que hay implicaciones más que evidentes.
      La sentencia habla también de que los 600.000 euros que han costado los rastreos por el vertedero, el río, etc. son cosas que pasan y que los tiene que asumir la dministración del estado… y los nenes en la calle.
      Pues creo que no es justicia: es un error, gigantesco, de algo que llamamos justicia pero que no lo es, aunque las garantías procesales se han salvado a rajatabla.

      Un abrazo, Jesús.

  2. Yo tampoco confío demasiado en la justicia Alberto. Los dos casos, muy distintos, que expones en tu estupendo artículo hacen que sea difícil tomarse en serio a nuestros jueces. En Cataluña sobresale y hiede hasta la nausea el caso Millet, ese ladrón que robaba imparablemente en el Palau de la Música junto a su secuaz, Montull. El caso es que ambos han pasado el verano, como siempre, en sus segundas lujosas residencias y andan por la calle más libres que los pájaros. Hace poco en un noticiario autonómico, Montull se quejaba del acoso de la prensa, de lo que le gritaban algunos ciudadanos y decía en catalán: “Ei! Jo no he matat en Kennedy!!!”. Es decir, aún podría haber deliquido más, por supuesto. Tengo ganas de que se cumpla la ley y esta gentuza vaya al trullo. Otro tema sería el yerno real que, claramente, ha sido encubierto por su poderosa e impune familia hasta que le han pillado…Total, una vergüenza.
    Un petó!

    • Mi marqués, Glòria. En España no existe la justicia: es todo un burdo montaje que aplica unas leyes que siempre benefician a los mismos. Mientras tanto, el preso más antiguo de España, un pobre diablo, lleva treinta y tantos años de trullo en trullo por delitos bastante menores.
      El Marqués de Blancohermoso ya lo dijo en la Audiencia de Jaén hace tantisimos años.

      Un abrazo,

      AG

  3. Solo has nombrado dos verguenzas de las muchas que nos rodean, Gloria ha dado dos más……….suma y sigue y seguimos teniendo la sensación de que la ley tiene más trampas que justicia.
    Cierto es que todos somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario, como cierto es que pesa más lo económico que la propia vida de un ser humano. No creo que haya tanto salfumán para eliminar del hedor del sistema actual en cuanto a amparo legal se refiere………para nosotros porque parece ser que estando del otro lado agudizas las artes para salir airoso y que los tontos somos los que no entendemos.
    Buen tema Alberto, aunque yo siga sin entender los por qués.

  4. Y que pese a la protección de la duquesa, siempre fue tratado como un extra o por algunos de sus hijos.

  5. ¿El marqués? No sé ese extremo. Sólo que se le llamó “de las tres mentiras”, porque ni era marqués, su aspectoera cetrino y era más bien feo, lo que no se correspondía con el título concreto.

    Gracias por aparecer por aquí.

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