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Mario Montoro y “la Reina” de África


Mario Montoro no es escritor, aunque ha escrito un libro que ha agotado la tirada en un par de meses (“A trompicones por África”, Ediciones El caracol de Aitana, diciembre de 2011). Tampoco es un viajero en el sentido literario del término, aunque ha hecho un fascinante viaje por África. No es, ni mucho menos, aquel Bogart que atravesó el Ulanga en su barca, (“La reina de África”, de John Huston, 1951), aunque ha recorrido una buena parte del continente negro sobre una moto a la que él llama “la Reina”. Mario es un hombre de s. XXI, aunque parece fascinado por la aventura impensable, por el riesgo innecesario y por la llamada irresistible de sus impulsos, como si fuera un romántico del XIX. Es, ante todo, un ser vitalista que nunca renuncia a sus sueños, por descabellados que puedan parecer a la gente que lo rodea.

Portada del libro

 Mario Montoro y “la Reina” de África

Durante la presentación del libro en la Sala Cultural Nueva Gala el pasado 16 de diciembre, uno de los intervinientes habló de Mario: un hombre inquieto, incapaz de aceptar un no a uno de sus requerimientos; un ser machacón e insistente, una “mosca cojonera”, que desarma los argumentos convencionales en su lucha por sus sueños, pues él es uno de esos soñadores que se ponen el mundo por montera y pelean enérgicamente por conseguir lo que para otros podría ser un capricho pasajero. Por eso mismo y porque un buen día se le ocurrió pensar en el mítico árbol del Teneré (el que deben regar todos los que lo ven, como un metafórico compromiso con el futuro de África), empezó a organizar un azaroso viaje que había de llevarlo por varios países africanos.

El logotipo de la expedición Trans África 07 y los países recorridos

“La Reina” estuvo presente

Un momento de la presentación

Los asistentes brindando por el éxito del libro

En realidad Mario no es tan distinto a otros muchos viajeros: la literatura de viajes demuestra ampliamente, desde Marco Polo a nuestros días, que hay personas que sienten esa necesidad de enfrentarse a nuevos horizontes y descubrir pueblos, paisajes, sensaciones que lo aparten transitoriamente de la cotidianeidad y la rutina. Por otra parte, parece ser que África es un continente lleno de motivos para cautivar a quienes lo visitan: sus diversas culturas, los atardeceres del desierto, el abigarrado colorido, sus concepciones artísticas, la vastedad de su paisaje, su variedad ilimitada e inabarcable y sus gentes son acicates suficientes para espíritus inquietos, como el de Mario Montoro, quien asegura: «Puedo decir sin miedo a equivocarme que África te sacude, te cambia y no engaña o destiñe como tantas otras cosas en este redondo y cada día menos azul planeta. Se muestra tal como es desde el principio: para algunos es un amor “a primera vista”, “arrebatador”, “para siempre”, “verdadero”, “inconfundible”, “de verano”; para otros es un lugar “de pesadilla”, “terrores”, “miedos”; otros dirán un lugar “de paso”, “reencuentro”, “iniciación”, otros “de cine”, “literatura”, etc. Si me preguntáis a mí, sólo os podré contestar que es donde mis sueños se cumplen, se hacen realidad y donde una y otra vez quisiera volverme a perder». El autor confiesa en el prólogo haber tenido dos contactos previos con el desierto africano, dos viajes que le sirvieron como iniciación para ese viaje que aún estaba por llegar y que él relata en este apasionado libro.

Lector incansable de libros de viajes, como un don Quijote de la geografía africana, confiesa el enorme influjo de dichas lecturas: «…lejos de aplacar mi sed de aventuras y exploración por lo desconocido, avivaron en mí una poderosa llama interior que llegado el momento se hizo necesario apagar con un “gran viaje” para no morir carbonizado por un deseo no cumplido». Y Mario, tras asentar estos principios, nos cuenta con su prosa ágil y aventurera cómo comienza a buscar un socio que lo acompañe;  cómo el grupo se va ampliando hasta acumular dos motos y dos todoterrenos y un total de siete personas; las relaciones con los otros miembros de la expedición; los preparativos y puestas a punto de las motos; el logotipo; el complicado equipamiento; las impresiones variadas que los demás acompañantes le producen; la ruta, las vacunaciones, los permisos administrativos y los contactos con las embajadas… todo un ritual de preparativos que ninguna persona convencional se imaginaría.

Y el viaje comienza: siete participantes (atrás quedó el viejo proyecto de dos motoristas) inician la expedición, para la que han  inventado un nombre publicitario (Trans África 07), un vistoso logotipo, una ruta al fin decidida: «Ya era definitivo. El viaje empezaría en Marruecos, seguiría por Mauritania, Malí, Niger –con parada en el mítico árbol de Teneré- y acabaría en Argelia. La suerte estaba echada».

A partir de ahí, Mario reescribe a su regreso las impresiones del viaje; la relación, a veces tormentosa, con los demás expedicionarios; las paradas en hoteles o las acampadas en mitad del desierto; las averías mecánicas y los accidentes de “la Reina”, su moto, destinada a sobrevivir en medio del desierto con arreglos más o menos chapuceros, más o menos oportunos; la serie de ciudades que atraviesan –Nuadhibou, Nouakchott, Nema, Oualata, Djene-Mopti, Niamey, Agadez, Teneré…-, la enorme diferencia entre nuestro estilo de vida y el contacto con el desierto, siempre inhóspito y hostil, pero lleno de grandeza.

Muñoz Molina asegura que el ser humano tiene instinto de narrador y que la propia vida suele ser una apasionante materia narrativa. Si esto es verdad para la gente común, resulta mucho más acusado para un aventurero. Si además el relato fluye suavemente, con un ritmo natural y exacto; si se le añade un punto de humor, otro de ternura, otro de espontaneidad, de frescura, de autenticidad… el libro se va guisando al calor de lo humano y, pese a leves defectos formales (le hubiera hecho falta una revisión más concienzuda), resulta algo enormemente vivo, ameno y divertido. Mario incluye frecuentemente fragmentos de su diario de viaje. Son textos sin ninguna elaboración ni revisión posterior, surgidos directamente de la inmediatez, de lo vivido en el día a día del complicado viaje. Funciona perfectamente y suple crecidamente los pequeños defectos formales con la apasionada sinceridad que el texto rezuma.

Creo que es la gran baza de este libro: ser una literatura que habla de África y de Mario a partes iguales e indisociables. Escrito con el calor de lo emocional, en vez de la frialdad de la técnica, se trata de un libro arriesgado (aunque menos que el viaje) que ha llamado la atención de peñas de moteros y de viajeros, los principales degustadores de la prosa fascinante de Mario, entre los que han funcionado el boca a boca y los foros de la red, de manera que hay mucha gente esperando una segunda edición. Pero no sólo los aficionados a la moto o a la aventura disfrutarán de este libro: es una narración ágil, amena, que engancha y te arrastra en su mágica capacidad de relatar, como si Mario oficiara de brujo de una tribu que hechiza con su palabra, con el relato de las leyendas que conforman nuestro espíritu y nos explican de manera directa las complejidades de nuestra misma alma.

Mario ante el trasladado Árbol del Teneré

Durante la presentación, muy concurrida y amenísima, y con la legendaria moto, “la Reina”, presente, Mario nos dio a conocer la web del libro, donde se encuentra un enorme fondo fotográfico, sólo que planteado como un juego más, ya que hay que encontrar una clave oculta en el libro para insertarla como contraseña. Otra travesura de Mario, que, como el niño grande, soñador y travieso que es, nos ha hecho buscar por el libro para ver lo que no ha visto casi nadie.

Al final me queda una duda: saber si he aprendido más sobre un continente o sobre la materia de los sueños, si he comprendido mejor a Mario que a África.

Alberto Granados

NOTA: Las fotografías aquí usadas son mías (las de la presentación en Sala Cultural Nueva Gala) o del propio Mario Montoro (las del viaje). He usado estas últimas con la autorización expresa del autor.

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5 comentarios el “Mario Montoro y “la Reina” de África

  1. Tras leer tu reseña ilustrada (en todos los sentidos) uno arde en deseos de compartir este viaje y abordar, a su vez, la lectura de un tirón -que no a trompicones- de este maravilloso libro y la peripecia vital, aventurera, romántica, de su autor. No sin envidia, claro; ya que uno es consciente de no haber sido llamado por Dios ni por el destino a emprender proyectos odiséicos, más allá de las previsibles escapadas vacacionales. Uno ya no es Ulises, ni tan siquiera el mismo.

    Un abrazo, Alberto

  2. Muy interesante la reseña que dejas de este libro y de este autor. Hace un par de meses leí una novela de viajes, realista, ambientada en el Sahara, que me concienció de los muchos problemas que tiene África.
    Las fotografías -especialmente esos atardeceres en la piel del desierto- son maravillosas.
    Me has despertado la curiosidad por el libro en cuestión. Curiosearé por los enlaces que dejas.

    Gracias, Alberto.
    Un beso.

  3. Marisa y Miguel, gracias por esa fidelísima presencia vuestra y por vuestros comentarios. Un abrazo.

  4. Que grande eres Alberto, y sobre todo que vergüenza que alguien como tú, pierda el tiempo en alguien como yo jajaja, pero bueno, como la piedra ya esta en mi tejado, pues pecador tú y pecador yo!!! lo siento y mucho por los millones de seguidores de tú interesante blogs, que después de tú última reseña, huirán en desbandada a sitios no tan sórdidos y de dudosa reputación, porque no hay duda que con este libro y este no escritor, has tocado fondo!!!!!! pero a veces, siempre viene bien una dosis de realidad pura y dura, que para cosas lindas, útopicas y irreales ya están los programas rosas.

    A FUTUROS INTERESADOS EN ESTA OBRA CITADA: SOLO QUEDAN DOS EN VENTA Y ESTÁN EN VALENCIA. LIBRERIA ROMA Y ESTE ES EL TF963333757
    PORQUE YO NO SUELTO DE MI COLECCIÓN PARTICULAR NI UNO MÁS!!!!

  5. Mario, reseñar tu libro no es tocar ningún fondo, te lo aseguro. Me he pasado un fenomenal tiempo d electura con tus aventuras y además te he empezado a conocer (cosa que debería completarse con un cervezón delante).
    Mucho éxito y a por otro viaje y otro libro. Si me gusta, también lo reseñaré.
    Un abrazo para ti y Salo y un estrujoncillo a la chiquilla de su maestro.

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