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Mariana contemplando las mareas. 4.


Para los que se incorporen ahora a este pequeño folletín decimonónico, os dejo los enlaces de todo lo anterior: Capítulo 1, Capítulo 2 y Capítulo 3

 

 

IV

 

 

El padre Álvarez, confesor de Marianita, consiguió encender en ella la excitación, el fastidio, el asco y una prematura culpabilidad. El cura le contó en mitad de la confesión los mil infiernos reservados para aquella gente que se dejara llevar por las tentaciones de la carne, por los sucios placeres que el cuerpo sabe encontrar. Sin demasiada delicadeza, aquel pastor le habló de la vileza que suponía la entrega carnal; de lo resignada que tenía que ser ella, ya que el marido tiene derechos adquiridos que sólo consagra el santo vínculo del matrimonio; de sus sagrados deberes para la perpetuación de la especie, como  el Padre mandó a la raza humana en aquellos lejanos días de la pérdida de la inocencia en el Edén; de la modestia en las miradas, en el vestir, en el trato con otros hombres, extremos todos  que se requieren para una esposa cristiana, siempre que ésta sea decente y honrada …

Mariana se sintió sucia sin saber por qué, pero al mismo tiempo, el confesor había introducido algo más que la curiosidad que sentía desde que supo que se iba a convertir en la esposa de un desconocido. Ahora se sorprendía con un cierto grado de excitación que llenaba sus noches de zozobra y ansias húmedas. Miraba en el espejo la desnudez de su cuerpo con una nueva curiosidad, preguntándose qué podría encontrar su marido en aquel cuerpo lleno de redondeces y pliegues. Pensaba en los abrazos que iba a compartir, en el cuerpo de un hombre y en lo que tendría que hacer cada vez que su esposo lo requiriera, en los hijos que tendría que darle, en el buen nombre que debería mantener… A veces, se sentía desbordada por tanta responsabilidad, pero distraía su inquietud con la ilusión de toda joven por el ajuar, por la nueva casa, por los muebles, las cortinas, cristalerías, cuberterías y demás enseres, todos nuevos, lujosos,  hermosísimos e ilusionantes.

 

Elimino este relato por haber pasado a formar parte de mi libro “Mariana contemplando las mareas y otros relatos”, disponible desde el próximo mes de Abril en Librería Nueva Gala. Dejo el inicio, las imágenes y los comentarios que en su momento aparecieron en el blog (Granada, 24 de Marzo de 2017).

 

 

 

La Vicaría, Mariano Fortuny, 1870

 

 

Una boda en Buckingham Palace, The Graphic, 1870, vía Wikipedia

 

 

Mañana, en la última entrega, llegará el desenlace.

 

Alberto Granados

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4 comentarios el “Mariana contemplando las mareas. 4.

  1. Estos episodios demuestran con toda evidencia la capacidad de Alberto Granados para la novela. Es algo que hace mucho tiempo le venía diciendo y que ahora, una vez más, se lo vuelvo a repetir: inicia una novela. Espero y deseo que al fin me haga caso. Enhorabuena y un abrazo.-F. Gil Craviotto.

    • Querido amigo: Muñoz Molina (siempre Muñoz Molina) asegura que “escribir es la suma de mil tenacidades” y yo, que me conozco muy bien, sé de mi inconstancia.
      En cualquier caso, te agradezco tus siempre benévolas y motivadoras críticas.

      Un abrazo.

      AG

  2. Querido Alberto: Hoy he visto el primer correo de Mariana y no he podido resistir la tentación de leer los otros 3 capítulos (falta el 5º que ya leeré cuando lo escribas y publiques en este blog, y que como dice el refrán, no será malo). Chapeau!! Mil veces chapeau! Te lo he dicho antes y lo repito, como algún otro amigo tuyo, yo también creo que tus dotes para fabular son muy buenas, y de ahí al libro sólo hay un paso: que yo también te animo a dar, aunque, no te agobies, y sigue al menos alegrándonos a tus fieles con estos relatillos, como tú llamas. Un abrazo.

    • Manolo, muchas gracias. Ya tienes el desenlace con final feliz, como la chiquilla se merece.
      Respecto a publicar… eso está muy difícil, aunque confieso que ya me gustaría.

      Un abrazo y aparece pro aquí unas… mil veces al día, que las estadísticas suban.

      AG

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